CAPITULO 99:

 Isa corría por la sala con sus pequeños pasitos, jugando con su muñeca favorita. Sin embargo, cada cierto rato, detenía su juego para mirar de reojo a Leo y Verónica, quienes estaban sentados en el sofá conversando. Su expresión era una mezcla de curiosidad y una pizca de "supervisión".

Leo se dio cuenta y sonrió, inclinándose un poco hacia Vero.
Con su mirada curiosa, parecía querer asegurarse de que no estuvieran haciendo algo que ella no entendiera o que, según su lógica infantil, considerara "prohibido".
Creo que Isa está vigilándonos. Debe pensar que planeamos algo sospechoso.
Verónica rio, mirándola con ternura.
Sí, tiene esa mirada de "los estoy viendo, no hagan nada raro".
Isa, al notar que la miraban, se cruzó de brazos por un segundo, como si quisiera dejar claro que estaba al tanto de todo.
Siempre lo hace -respondió Leo con una sonrisa mientras seguía a su hermanita con la mirada. -Es como si pensara que soy capaz de hacer algo raro delante de ella.
Bueno, eso demuestra que es más lista de lo que parece -bromeó Vero, riendo suavemente..
Pero al ver que ambos solo le sonreían, volvió a jugar, aunque con un ojo siempre pendiente.
Es increíble lo rápido que crece -dijo Verónica, apoyándose en el hombro de Leo mientras observaban a Isa.
Leo asintió, observando cómo su hermanita se reía mientras movía su muñeca de un lado a otro.
Sí, parece que fue ayer cuando aprendió a caminar. Le cambiaba los pañales ahora corre por toda la casa como si fuera dueña del lugar.
Verónica lo miró con cariño.
Y tú, siendo el hermano mayor que siempre está ahí para ella. Isa tiene suerte de tenerte, ¿sabes?
Leo sonrió, ligeramente sonrojado, y se encogió de hombros.
Es mi deber, ¿no? Además, es imposible no quererla.
Mientras seguían observándola jugar, Isa volvió a mirar hacia ellos, pero esta vez les lanzó una gran sonrisa antes de continuar corriendo por la sala, como si hubiera decidido que todo estaba bajo control.
Leo estaba en la cocina, moviéndose con habilidad mientras terminaba de preparar la tortilla de verduras. Isa estaba sentada en una silla alta cerca del mesón, observando atentamente cada movimiento de su hermano mayor, como si estuviera supervisando el proceso.
¿Qué tal va, pequeña jefa? -preguntó Leo, volteándose para mirarla con una sonrisa.
Isa sonrió ampliamente y asintió, moviendo la cabeza como si aprobara el trabajo de su hermano.
Bien, Leo.
Leo rió y sacó la tortilla del sartén, colocándola en un plato. Luego la cortó en pequeños trozos, asegurándose de que estuviera perfecta para Isa.
Listo, aquí está tu cena favorita, señorita supervisora.
Isa aplaudió emocionada mientras Leo le servía su plato en la mesa. La pequeña se sentó, emocionada, y comenzó a comer sin quejarse, disfrutando cada bocado de la tortilla de verduras.
¿Está rica? -preguntó Leo, sentándose frente a ella con su propio plato.
Isa asintió rápidamente, con la boca llena.
Mmm... ¡Deliciosa!
Leo sonrió con orgullo.
Sabía que te gustaría. Siempre eres mi mejor crítica culinaria.
Isa rió y continuó comiendo mientras Leo la observaba, sintiendo una calidez especial en su pecho. Aunque la responsabilidad de cuidarla era grande, momentos como ese lo hacían sentir que valía la pena.
Cuando Isa terminó su plato, miró a Leo con una sonrisa llena de satisfacción.
¿Postre? -preguntó con ojos brillantes.
Leo se inclinó hacia ella, cruzando los brazos sobre la mesa con una sonrisa traviesa.
¿Y quién dijo que habría postre?
Isa hizo un puchero, cruzando los brazos, pero su expresión rápidamente cambió cuando Leo se levantó y abrió el refrigerador. Sacó un pequeño recipiente de yogur con frutas.
¡Postre! -gritó Isa emocionada, agitando los brazos.
Leo rió mientras se lo servía en un bol pequeño.
Sí, pero solo porque te comiste toda la tortilla sin protestar.
La niña comenzó a comer su yogur con entusiasmo, mientras Leo lavaba los platos. De vez en cuando, Isa trataba de alcanzarlo con la cuchara en alto.
¿Quieres? -preguntó Isa, extendiéndole un poco de yogur.
No, gracias. Es todo tuyo, pequeña glotona -respondió Leo con una sonrisa, secándose las manos.
Isa, con su pequeña estatura de un año, se deslizó de su silla después de terminar el helado y tropezó un poco mientras corría hacia Leo. Apenas alcanzando su pierna, la abrazó con fuerza, apoyando su cabecita en él.
¡Leo! -dijo con su vocecita dulce, llena de agradecimiento.
Leo sonrió y se agachó para levantarla, asegurándose de no aplastarla mientras la sostenía con un brazo.
¿Qué pasó, enana? ¿Te gustó el helado?
Isa asintió con entusiasmo, su cabello despeinado de tanto corretear por la casa. Luego, frotó su naricita contra la de Leo en un gesto cariñoso.
¡Mamá y papá dirán "no helado" si saben! -dijo con un tono travieso, aunque apenas lograba pronunciar las palabras claramente.
Leo soltó una carcajada.
Sí, así que será nuestro secreto, ¿de acuerdo?
Isa rió también, a su manera infantil, y Leo la acomodó en su cadera mientras se dirigía al sofá.
Muy bien, Isa. Ahora toca relajarse. Vamos a ver un poco de televisión antes de que te toque dormir, ¿te parece?
Isa asintió nuevamente y Leo se sentó en el sofá con ella. Aunque la pequeña parecía emocionada por las caricaturas, no pasó mucho tiempo antes de que empezara a pestañear, cansada del día.
Cuando terminaron de comer, Leo la levantó de su silla y la llevó a la sala para jugar un rato antes de acostarla. Isa tomó sus bloques de colores y comenzó a construir torres mientras Leo la ayudaba.
Leo, ¿puedes hacer una grande? -preguntó Isa, señalando los bloques.
Claro, pero solo si tú me ayudas, Isa.
Ambos comenzaron a trabajar juntos, riendo cuando las torres se caían. Isa se sentía segura y feliz bajo la atención de su hermano mayor, y Leo no podía evitar sentirse orgulloso de ser ese pilar en su vida.

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