Maxwell 2

 CHAPTER 19:PROCURA CUIDAR EL LUGAR DONDE TE PELEAS

Hospital 

Bien Aiden Lopez Salas sigue en coma-dijo un Medico

John Williams aun tiene quemaduras de tercer grado-dijo Otro

Amm Doctor, esto debería verlo-dijo una enfermera

En la Sala de Emergencias 

Estos son Erica y Lucian ,Erica dice que se está desangrando se estaba duchando y empezó a sangrar y Lucian dice que se siente raro-dijo la enfermera 

Bien Erica quieres pasar con el medico Josh y Lucian ven conmigo-dijo el medico

Amm¿Podría pedir que me vea mi tia médica? se llama Johanna Karts-pidió Erica

Tu tia llegará en 15 minutos pero puedes ir con la enfermera ¿que edad tienes?

15 años acabamos de tener Luci y yo nuestro cumple número 15 somos mellizos 

Erica haz tenido tu menstruación antes?-dijo Josh

Mi que?-pregunto Erica

Lucian lo que tu tienes se le llama el crecimiento varonil-dijo el medico en otra sala-lo que les pasa a los varones en la pubertad es:Crecimiento repentino, cambios en la voz, aparición de vello, olor corporal más fuerte y acné. Estas creciendo, tu cuerpo cambia ¿tus papás no te explicaron esto?

Mis padres murieron en un incendio vivimos con nuestra tia médica ella tiene a su hijo pequeño Theo,tendríamos que estar con nuestra niñera bueno la niñera de nuestro primo aun no habia llegado

En la sala de revisión, el Dr. Josh intentaba calmar a una Erica asustada.

—Erica, quédate tranquila. Lo que te está pasando es un proceso natural. Se llama menstruación. Es parte de tu desarrollo —explicó el médico con paciencia—. No te estás desangrando, es simplemente que tu cuerpo está madurando.

​Mientras tanto, en la sala contigua, el médico jefe hablaba con Lucian, quien se miraba las manos como si pertenecieran a un extraño.

—Lo que tú sientes, Lucian, es el estirón puberal. Tu voz va a cambiar, aparecerá vello donde no había y tu cuerpo tendrá un olor más fuerte. Es el crecimiento varonil. ¿Nadie les habló de esto en casa?

​—Vivimos con mi tía, pero ella siempre está aquí —respondió Lucian con timidez—. Deberíamos estar con la niñera de nuestro primo pequeño, Theo, pero todavía no había llegado cuando nos asustamos y nos vinimos para acá.

Jueves 8:20 am

Ryan Wyatt Oliver Sullivan

El tipico chico que no busca pelea pero si se tiene que defender lo haría aunque salga perdiendo 

Ryan volvió a detención 

Antonio y yo lo volvimos a encontrar peleando quizá deba usar la pelea como modo de eliminar

Ryan es del mismo salon que Taro sexto grado salon 3 

El bravucon de Ryan,Silveri es un chico de noveno que siempre lo acosa,Silveri ya tiene 18 

Sería una pena que Ryan al pelear se golpee el cuello.

Max sabía que Silveri siempre acorralaba a Ryan cerca de las escaleras mecánicas en mantenimiento o en las de mármol del ala oeste, un lugar donde el suelo es traicionero y los bordes son afilados.

​—Procura cuidar el lugar donde te peleas, Ryan —susurró Max mientras pasaba por el pasillo, viendo cómo Silveri empujaba a Ryan contra la baranda.

​Max aprovechó un momento de distracción de los alumnos para derramar una pequeña cantidad de lubricante industrial transparente en el primer escalón de la bajada, justo donde Ryan solía retroceder para cubrirse de los golpes de Silveri.

​Cuando Silveri lanzó el primer puñetazo, Ryan intentó esquivarlo dando un paso hacia atrás, buscando espacio para defenderse. Su pie encontró la superficie resbaladiza.

​El cuerpo de Ryan perdió el equilibrio de inmediato. Al caer hacia atrás por la escalera, su cuello impactó directamente contra el borde de un escalón de mármol antes de rodar hasta el descanso. El sonido fue seco y definitivo.

​Para todos los testigos, fue un trágico accidente derivado de una pelea escolar: un chico que, al intentar defenderse de un bravucón mucho mayor, tuvo la mala suerte de golpearse el cuello en la caída. Silveri, por su parte, quedaría como el responsable de haber provocado la pelea que terminó en tragedia.

La policía llegó al ala oeste de la escuela pocos minutos después de que los paramédicos confirmaran que Ryan no tenía pulso. El ambiente era de puro terror; las estudiantes de sexto grado lloraban al ver el cuerpo de su compañero cubierto por una sábana blanca en el descanso de la escalera.

​Silveri estaba sentado contra la pared, en estado de shock. Sus manos temblaban y tenía el rostro pálido. La mancha de lubricante en el escalón superior ya había sido pisoteada y dispersada por la multitud que acudió al lugar, volviéndose invisible a simple vista.

​—¡Yo no quise! ¡Solo fue un empujón! —gritaba Silveri mientras dos oficiales lo ponían de pie de forma brusca.

​—Tenés 18 años, pibe. Ya sos un adulto legal —dijo uno de los oficiales mientras le ajustaba las esposas con fuerza—. Y acabás de matar a un chico de sexto grado en una pelea que vos empezaste.

​Max observaba la escena desde el final del pasillo, junto a Antonio. Su expresión era de una tristeza fingida perfecta, pero por dentro sentía la satisfacción de un trabajo limpio.

​—Es una tragedia —susurró Max a Antonio—. Silveri siempre fue un violento. Era cuestión de tiempo para que algo así pasara.

​Los oficiales sacaron a Silveri del edificio. El bravucón caminaba cabizbajo, escoltado entre los abucheos y gritos de "asesino" de los demás estudiantes. Su futuro estaba sellado: un cargo de homicidio preterintencional que lo sacaría de la vida de Taro para siempre.

Gracias Silverio por hacer mi trabajo-dijo Max en el baño del colegio tras que las clases se suspendan por lo de Ryan Sullivan 






















CHAPTER 20:ERES CULPABLE HASTA QUE DEMUESTRES TU INOCENCIA 

Estamos a 1 semana de terminar las clases, He eliminado a muchos rivales la última de elles Ruby Quinn Stone,una chica que será sencilla, ella viene de una familia de fumadores,su padre fuma,su tio fuma,su abuelo fuma. Incluso su primo Henry fuma 

Si le meto marihuana, la expulsan o la meten a rehabilitación,para mirar trabajo final de biología presente: los síntomas de distintas drogas,si logro que Ruby padezca los síntomas de marihuana no habrá duda ella también fuma..

Viernes, 10:15 a.m.: El Caballo de Troya

​Max aprovechó el proyecto final de Biología, donde casualmente el tema de exposición eran los efectos de los estupefacientes en el sistema nervioso. Mientras el salón 8 preparaba sus maquetas y presentaciones, Max se acercó a Ruby.

​Él sabía que Ruby solía comer gomitas de azúcar para quitarse el sabor a cigarrillo de encima cuando venía de su casa. Sin que nadie lo notara, Max cambió su bolsa habitual por una cargada con un potente comestible de marihuana.

​—¿Nerviosa por la presentación, Ruby? —preguntó Max con su tono más servicial—. Ten, come algo dulce, te ayudará con la ansiedad.

​Ruby le agradeció y empezó a comerlas mientras repasaba sus apuntes.

​Viernes, 11:45 a.m.: La Clase de Biología

​A mitad de la exposición del grupo de Ruby, el fármaco hizo efecto. Sus pupilas se dilataron, su habla se volvió lenta y pastosa, y empezó a reírse sin sentido mientras intentaba explicar la estructura de la neurona.

​—Ruby, ¿te encuentras bien? Tu cara está muy roja —intervino el profesor de Biología.

​—Es solo... el calor... profesor —balbuceó ella, tropezando con sus propios pies.

​Max, que estaba sentado en la primera fila con su carpeta del Consejo Estudiantil, aprovechó el momento exacto en que Ruby soltó su mochila y unas hojas de marihuana —previamente plantadas por él— cayeron al suelo a la vista de todos.

​—¡Oh, no! Ruby... —dijo Max en un susurro audible, fingiendo decepción—. No me digas que tú también seguiste los pasos de tu familia.

​La Sentencia

​El profesor no necesitó más pruebas. Los síntomas que Ruby estaba padeciendo eran exactamente los mismos que figuraban en el póster del trabajo final que ella misma estaba presentando. La ironía era perfecta: Ruby estaba demostrando, con su propio cuerpo, los efectos de la droga que Max le había suministrado.

​Para la dirección de la escuela, no hubo defensa posible. Dado su entorno familiar, asumieron que era una adicta en potencia. Ruby fue retirada por seguridad por la enfermera y, tras el hallazgo en su mochila, fue expulsada de inmediato y enviada a un centro de rehabilitación juvenil por orden de sus padres, avergonzados por el escándalo.

​En la Escuela de Élite, una vez que te señalan, eres culpable hasta que demuestres tu inocencia. Y Ruby no tendría tiempo para demostrar nada.





CHAPTER 21:LOS PROBLEMAS FAMILIARES....

Max habia terminado la escuela con puras A,B y B+ 

En recompensa por el esfuerzo 

Mauro y Adriana le compraron una computadora de edición profesional Max de grande quiere ser director de cine y ha hecho buenas películas con animaciones 

Michael está orgulloso 

Era una tarde de verano normal 

Michael seguia practicando letras 

Max editaba otra de sus películas animadas que sorpresivamente en YouTube tienen muchas vistas

Max estaba tan concentrado que no escucho que habia una discusión abajo 

Los hijos biológicos de Mauro y Adriana:AnaPaula,JuanJosé,JoséLuis,IndaJani,AnaMaria,AnaBelén,LuisÁngel,JoséDavid y CristianAlberto vinieron a reclamar porque toda la herencia multimillonaria iría a Maxwell y Michael los hijos adoptados y unos desconocidos que a los hijos biológicos y sus nietos.

Mauro fue claro.

Max y Mike fueron mejores hijos que los propios biológicos.Mike sacrifico su educación para darle a su hermano una mejor vida y ayuda en el mercado sin quejarse sin problema Mike va hasta cuando tiene un leve resfrío,no suele faltar salvo que tenga 40 grados de fiebre,los biológicos fueron unos irrespetuosos,desobedientes,vagos,

Las niñas desobedecieron la orden de nada de novio hasta maximo los 15 o 17,AnaMaria se embarazo con 13 años pero desafortunadamente perdió al bebé-dijo Mauro-Porque Maxwell y Michael son mejores hijos,ellos tienen la herencia y será decisión de ellos ver si la comparten o no con ustedes y sus hijos 

—¡Es una burla! —gritó Luis Ángel—. ¡Somos tu sangre, papá! ¡No podés dejarle todo a un par de desconocidos que sacaste de la calle!

​Mauro se mantuvo firme, con una calma que imponía respeto, mientras Adriana lo apoyaba desde el umbral de la cocina.

​—La sangre no hace al hijo, la hace el respeto y el esfuerzo —sentenció Mauro—. Max y Mike han sido mejores hijos que cualquiera de ustedes.

​Miró a sus hijos biológicos con una decepción profunda.

—Mike sacrificó su propia educación para que su hermano tuviera una vida mejor. Trabaja en el mercado conmigo sin quejarse nunca; viene incluso cuando está resfriado. Solo falta si la fiebre lo tumba a 40 grados. ¿Ustedes? Ustedes fueron irrespetuosos, desobedientes y vagos.

​Adriana intervino, mirando a las mujeres del grupo:

—Les pusimos límites por su bien, pero prefirieron rebelarse. Ana María, quedaste embarazada a los 13 años... y aunque perdiste al bebé, fue la prueba final de que nunca les importaron nuestras reglas.

​La Decisión Final

​Mauro cruzó los brazos, cerrando la discusión:

—La herencia es para Maxwell y Michael. Punto. Ellos se lo ganaron con lealtad. Será decisión de ellos, cuando nosotros no estemos, si quieren compartir un solo centavo con ustedes o con sus hijos. Pero por ahora, esta es mi casa y ellos son mis herederos.

​Max, que finalmente se había quitado los auriculares al sentir las vibraciones de los portazos, se asomó por la barandilla de la escalera. Vio a la multitud de "hermanos" biológicos mirándolo con un odio puro.

​Michael levantó la vista de su cuaderno de práctica, un poco confundido por el ruido, pero al ver la mirada de Mauro, entendió que su padre los estaba defendiendo como siempre.

La salida de los hijos biológicos fue un espectáculo de furia y resentimiento. Lejos de aceptar las palabras de Mauro con humildad, el grupo salió a la calle como una jauría herida, vociferando maldiciones que se escuchaban en toda la cuadra.

​—¡Esto no se va a quedar así! —gritó Cristian Alberto, pateando una de las macetas de la entrada antes de llegar a la vereda—. ¡Esa plata es nuestra por ley, no de esos dos recogidos!

​Ana Paula y Ana Belén lloraban de rabia, mientras se subían a sus autos.

—¿Vieron cómo nos miró el "estudiosito"? —dijo Ana Paula, refiriéndose a Max—. Se cree el dueño de la casa solo porque saca buenas notas. Es un bicho raro, siempre lo fue.

​Luis Ángel, el más violento del grupo, se detuvo junto a su auto y miró hacia la ventana del piso superior, donde sabía que Max solía estar con su computadora.

—Disfrutá tus animaciones mientras puedas, Maxwell —masculló entre dientes—. Y el bruto de tu hermano también. Papá no va a estar vivo para siempre, y cuando llegue el momento, vamos a ver si las letras que está aprendiendo le sirven para defenderse de nosotros.

​Inda Jani intentaba calmar a Ana María, quien todavía estaba resentida por la mención de su pasado.

—Es una injusticia —decía Inda Jani—. Le dan todo a los que no tienen nuestra sangre. Mauro se volvió loco. Tenemos que hablar con un abogado, tiene que haber una forma de impugnar ese testamento alegando que Mike y Max los tienen manipulados.

​El ruido de los motores rugiendo y el chirrido de los neumáticos al salir arando el asfalto dejó un silencio denso en la propiedad. Los vecinos se asomaron por las cortinas, testigos del escándalo familiar.

​Desde adentro, Max observaba a través de la ventana cómo los autos se alejaban. No sentía miedo, sino una fría curiosidad. Para él, sus hermanos adoptivos no eran familia, eran simplemente obstáculos que acababan de declararle la guerra.

​Michael, que se había acercado a la ventana detrás de Max, puso las manos en los hombros de su hermano menor.

—No les hagas caso, Maxi. Papá sabe lo que hace. Yo voy a seguir practicando... mirá, ya me sale bien la "R".

​Max asintió, pero su mente ya estaba editando un nuevo guion: uno donde esos nueve "hermanos" aprendían que meterse con su herencia y con Michael era el peor error de sus vidas.


















CHAPTER 22:SIGUEN LOS PROBLEMAS FAMILIARES Y LAS NUEVAS RIVALES

Se acercaba el inicio de clases 

Max recibió en el correo que entran nuevos alumnos:los hijos de los hijos de Mauro y Adriana 

Estaban Maxwell,Michaela(con Max)Juan Manuel,Simón y Antonio en una reunión virtual con el director para decidir en que salones iban

Bien Bruno Nicolas Rafael 15 años-dijo el director-

Bien yo digo salon 6 de sexto -dijo Antonio-

Ahora Diego Alejandro de 13 y Alex Emanuel de 12-dijo el director 

En salon 2 de cuarto para Diego y salon 7 de tercero para Alex-dijo Maxwell 

Mateo Alejandro de 16,Iker Gael de 14,Juan Carlos de 10,Tiago Alessandro de 11,Juan Martin de 12 y Liam Alexander de 14 años

Mateo salon 7 de séptimo,Iker salon 5 de quinto,Juan Carlos salon 4 de primero,Tiago salon 2 de segundo

Juan Martin salon 3 de tercero y Liam emm salon 8 de quinto-dijo Simón 

Axel Santiago de 17,Samuel David de 16,Ethan Mateo de 15 Javier David de 13 y Noah Gabriel de 13-dijo el director 

Bien Axel en octavo salon 1-dijo Michaela

Samuel en séptimo salon 6-dijo Antonio

Ethan en el salon 1 de sexto-dijo Simón 

Javier en el salon 4 de cuarto-dijo Maxwell 

Y Noah salon 8 de cuarto-dijo Juan Manuel

​Cuando la reunión terminó y las pantallas se apagaron, Max se quedó mirando el mapa de los salones. Había dispersado a la familia biológica por toda la institución. Sabía que sus padres, Mauro y Adriana, esperaban que él los ayudara a "encarrilarse", pero Max tenía otros planes.

​Eran demasiados rivales nuevos de golpe. Quince chicos con el mismo objetivo: hacerle la vida imposible para que sus padres recuperaran la herencia. Pero Max tenía una ventaja que ellos no: él conocía cada rincón de la escuela, cada regla y, sobre todo, cómo hacer que un accidente pareciera una simple negligencia.

​—Bienvenidos a mi mundo —susurró Max a la pantalla vacía—. Espero que hayan aprendido a defenderse, porque lo van a necesitar.

Finalmente inician las clases el 15 de marzo,Michael cumplió 24 el 12 de marzo

Primer dia de clases

Gimnasio escolar 

Bienvenidos a Élite School un nuevo año comienza y un nuevo año para los de primer grado,muchachos y señoritas les presento al consejo estudiantil: Simón Rubio Gomez Quintana,Antonio Antonucci,Juan Manuel Fernández,Michaela Garcia y Maxwell Davidson

Qué?-grito Luis Ángel que acompañaba a sus hijos Axel Santiago y Samuel David-como que ese adoptado es del consejo?

Si señor Luis Ángel,Maxwell es parte del consejo desde los 14 años,su papá Horacio estudio aqui en los años 80-dijo el director-y le pediría respeto,bien antonio llevas a primer grado a sus salones,Simón llevas a segundo y tercero,Juan Manuel lleva a cuarto y quinto,Michaela a sexto y séptimo,Max a octavo ¿ok?-dijo el director-

Si señor Director-dijo el consejo

Clase 6-6

Bien Bruno Nicolas Rafael este es tu salon asiento 13-dijo Michaela

Clase 4-2

Bien Diego Alejandro aqui es tu salon asiento 15 Alex Emanuel tu salon es el 3-7 asiento 2-dijo Juan Manuel-debes irte

3-7

Alex Emanuel tu salon aqui-dijo Simón 

Clase 7-7

Mateo Alejandro aqui esta tu clase asiento 12-dijo Micha

5-5

Iker Gael tu Clase asiento 23

1-4 

Juan Carlos asiento 15

2-2

Tiago Alessandro asiento 25 

3-3 

Juan Martin asiento 12

5-8

Liam Alexander asiento 38

8-1

Axel Santiago asiento 32

7-6

Samuel David asiento 1

6-1

Ethan Mateo asiento 23

4-4 

Javier David asiento 8 

4-8

Noah Gabriel asiento 6-dijo Antonio 

Oye porque a Javier y Noah los separan si tienen la misma edad-pregunto Cristian Alberto 

Porque ya hemos tenido problemas en años anteriores donde habia familiares en un mismo salon y han hecho travesuras

​Max, que pasaba por allí escoltando a Axel Santiago (el mayor y más peligroso del grupo) hacia el salón 8-1, se detuvo un segundo. Miró a Cristian Alberto a los ojos y luego a los dos niños.

​—En esta escuela, la disciplina está por encima de la sangre, Cristian —dijo Max con voz gélida—. Noah y Javier estarán mejor separados; así podrán concentrarse en estudiar en lugar de planear cómo recuperar lo que no les pertenece.

​Salón 8-1: El Enfrentamiento Directo

​Max dejó a Axel Santiago en su asiento, el número 32. Axel, de 17 años, era casi un hombre y lo miraba con un desprecio evidente.

​—Crees que ganaste, ¿no? —susurró Axel mientras Max le entregaba el reglamento escolar—. Mis tíos y mi viejo no van a parar hasta que tú y el analfabeto de tu hermano estén de vuelta en la calle.

​Max se inclinó levemente sobre el escritorio de Axel.

—Tu padre y tus tíos ya perdieron, Axel. Ahora estás en mi terreno. Procura no romper las reglas... o descubrirás por qué los rivales anteriores ya no están en esta escuela.

​Max se dio la vuelta y salió del salón, dejando a Axel con la palabra en la boca. El tablero estaba listo. Quince nuevos objetivos distribuidos en catorce salones diferentes. La verdadera clase estaba a punto de comenzar.

Ahora tenia 2 rivales nuevas 

Las Hermanas gemelas Chloe y Leah Martinez

CHAPTER 23:ES MEJOR LLEVARSE BIEN AUNQUE SE ODIEN PORQUE A LA QUE UNA SE LASTIMA NADIE LES CREERA

Leah Olivia Martinez y Chloe Rachel Monica Martinez dos nuevas chicas de Noveno grado 

En el salon somos todos los 8 salones osea somos 212 es un privilegio por ser nuestro ultimo año nos dejan estar juntos. Yo y Michaela estamos cerca a la puerta delantera por si hay alguna emergencia.

Estas hermanas se acercan a Taro necesito eliminarlas 

He visto que Chloe es torpe y se lleva mal con su hermana por lo que puedo usar su rivalidad para culpar a una de deshacerse de la otra..empujó a Chloe y culpan a Leah por empujar a su hermana

Eran hermanas, pero su relación era un campo de batalla de resentimiento y celos. Lo peor de todo: ambas habían puesto sus ojos en Taro, intentando destacar cada una por encima de la otra.

​Viernes, 10:30 a.m.: El Observatorio de Max

​Max analizó la dinámica de las hermanas Martinez durante una semana. Chloe era la definición de la torpeza; tropezaba con sus propios pies y siempre dejaba caer sus cosas. Leah, en cambio, era perfeccionista y vivía regañando a su hermana, avergonzada por su falta de gracia. Su rivalidad era pública y ruidosa.

​—Se odian —murmuró Max a Michaela mientras observaba a Leah gritarle a Chloe por haber derramado jugo en su bolso—. Solo necesito un empujón en el lugar correcto.

​El Incidente 

​La clase masiva de noveno se realizaba en el anfiteatro de la escuela, que tenía gradas de madera altas y empinadas. Al terminar la sesión, los 212 alumnos comenzaron a bajar por las estrechas escaleras laterales para salir al almuerzo.

​Chloe iba bajando con dificultad, cargada de libros pesados, mientras Leah caminaba justo detrás de ella, murmurándole insultos sobre lo lenta que era.

​—¡Apúrate, estúpida! ¡Nos vas a dejar sin mesa! —le gritó Leah, dándole un pequeño empujón en el hombro.

​Era el momento. Max, que bajaba por la fila paralela oculto entre el mar de uniformes, estiró el pie con precisión quirúrgica y, al mismo tiempo, aplicó una fuerza seca y fuerte en la espalda de Chloe, simulando que el impulso venía desde arriba, desde la posición de Leah.

​Chloe perdió el equilibrio por completo. Sus libros volaron por los aires y ella rodó varios metros hacia abajo por los escalones de madera, impactando con fuerza contra el suelo de concreto del escenario.

​El Veredicto Social

​—¡Tú me empujaste! —gritó Chloe desde el suelo, llorando de dolor mientras se sujetaba el brazo, que claramente estaba roto—. ¡Leah, me tiraste a propósito!

​—¡Yo no hice nada! —gritó Leah, pálida al ver a todos los alumnos deteniéndose para mirar—. ¡Solo te dije que te apuraras!

​Max se acercó rápidamente con su brazalete del Consejo, fingiendo autoridad y preocupación.

​—Yo lo vi, Leah —dijo Max con voz grave para que todos los presentes, incluido Taro, lo escucharan—. Te vi ponerle la mano encima. Tu frustración con ella no justifica esto.

​Varios alumnos que ya estaban predispuestos por las peleas constantes de las hermanas asintieron. "Siempre se llevan mal", "Leah siempre le pega", "Lo hizo a propósito", empezaron a susurrar.

​Nadie creyó la versión de Leah. Para la escuela, para el director y para sus propios padres, la rivalidad entre las hermanas había escalado a un nivel criminal. Chloe fue llevada a enfermería con una fractura y múltiples contusiones, mientras que Leah fue suspendida de inmediato bajo investigación por agresión física.

​Max miró a Taro, quien observaba la escena con horror y distanciamiento. "Mejor así", pensó Max. "Dos distracciones eliminadas con un solo movimiento".








CHAPTER 24:TARO SOSPECHA?Y EL NUEVO RIVAL DE MAXWELL 

Tras el incidente de las gemelas 

Taro Simone Ignasio Torres de 15 años estaba en su habitación sospechando 

Todas las víctimas tenian un patrón: las víctimas hablaron o tenian vínculo con él 

Violet fue la mas shockeante

Era su amiga del jardín 

Ahora estaba preocupado tras el accidente de Chloe y Leah siendo expulsada,llega uno nuevo:Hugo Vidal,estaba preocupado de que lo vean hablar con él ya que si el detective o la policía lo descubría sería un sospechoso

Quien haría algo tan feo?-pregunto Taro

Mientras tanto,los hermanos AnaPaula y la pandilla planeaban y hablaban

Mientras las esposas y esposos de cada uno intentaban hacerlos reflexionar sobre la situación 

Ana Paula lideraba la charla, golpeando la mesa con frustración.

​—¡Ese mocoso de Maxwell nos está quitando lo que es nuestro por derecho! —gritaba Ana Paula.

​—Tenemos a los chicos adentro —dijo Luis Ángel, refiriéndose a Axel y los demás—. Ellos nos informarán de cada movimiento. Si Maxwell cree que puede esconderse detrás de un título del Consejo, está muy equivocado.

​Sin embargo, no todos estaban de acuerdo. En los rincones de la sala, las esposas y esposos de los hijos biológicos intentaban inyectar un poco de cordura.

​—Luis, por favor, detente —le rogaba su esposa—. Mauro fue claro. Max y Mike han sido leales. Lo que están haciendo es peligroso, están usando a sus propios hijos como espías en una escuela de élite. Si los descubren, arruinarán el futuro de los chicos.

​—¡Cállate! —replicó Cristian Alberto—. No entiendes nada. Esos dos "adoptados" son unos manipuladores. Solo queremos justicia.

​La división en la familia era total: los hijos biológicos cegados por la codicia, y sus parejas temiendo las consecuencias legales y sociales de una guerra abierta contra los protegidos de Mauro.

Gaspar el esposo de AnaPaula 

Juliette la esposa de JoséLuis 

Montserrat de JuanJosé 

Baltasar de AnaMaria 

Marcos de IndaJani 

Andrew de AnaBelén 

Scarlett de LuisÁngel 

Sophia de Cristian Alberto 

Evelyn de JoséDavid 


El lunes 

Max despertó algo descompuesto 

Mike que lo fue a despertar entró y encontró a su hermano saliendo corriendo al baño,Mike lo siguió en la puerta

Maxi estas bien?

Max se apoyó en el lavamanos, respirando hondo para controlar las náuseas que amenazaban con volver. Se secó la cara con la toalla y miró a Michael, que no se movía de la puerta con una expresión de preocupación absoluta.

​—De verdad, Mike. Estoy bien. Fue la cena, nada más —insistió Max, tratando de recuperar su tono de voz firme.

​—No me gusta nada, Maxi. Estás blanco como una hoja —respondió Michael, cruzándose de brazos—. Si te sentís mal, te quedás. Yo le digo a papá que te cuide.

​Max entró en pánico internamente. Si se quedaba, Hugo Vidal tendría vía libre con Taro y los "sobrinos" harían desastres en los salones. Tenía que estar allí.

​—Hagamos un trato —dijo Max, acercándose a su hermano y poniéndole una mano en el brazo—. Voy a ir. Pero te prometo que, a la mínima que me vuelva a sentir mal, voy directo a la enfermería y pido que te llamen al mercado. No voy a hacer ninguna locura, ¿está bien?

​Michael lo evaluó en silencio durante unos segundos largos. Sabía lo testarudo que era su hermano, pero también confiaba en su palabra.

​—Está bien... pero lo digo en serio, Max. Si la profesora Ignacia me llama diciendo que te desmayaste, te traigo de los pelos a casa —advirtió Mike con un tono mitad broma y mitad advertencia seria—. Tomá un poco de té antes de salir, por lo menos.

​8:45 a.m.: En la Escuela de Élite

​Max llegó a la escuela sintiéndose como si caminara sobre nubes, con una debilidad en las piernas que le molestaba profundamente. Se sentó en su puesto del Consejo Estudiantil, tratando de mantener la fachada de autoridad.

​Sin embargo, Hugo Vidal no tardó en notar que algo andaba mal. Durante el cambio de clase, Hugo pasó por el lado de Max y se detuvo, observando las ojeras y la palidez del chico del Consejo.

​—Vaya, el "Perfecto Maxwell" no parece tener su mejor día —le susurró Hugo con una sonrisa de suficiencia—. Deberías irte a casa, Max. Yo me encargo de cuidar a Taro mientras no estés... le vendría bien un amigo que no lo vigile como si fuera un prisionero.

​Max apretó los puños bajo la mesa, sintiendo un nuevo vuelco en el estómago. Sabía que Hugo estaba probando su resistencia.

1:03 pm almuerzo 

Max vio que Hugo tenia una hermanita la hermanita entró al baño tras comer y pego un grito que Michaela que estaba cerca entró 

Marina estas bien?

Eh Micha estoy con sangre en la ropa interior-dijo con pánico 

Tranquila traigo a la enfermera y te ayudamos-dijo saliendo-

Con que sangra eh?-dijo Max saliendo del baño de varones-quizá deba poder hacerle una herida en otro lado y que muera desangrandose

Max sabía que Hugo era protector con su hermana. Si algo le pasaba a Marina, Hugo perdería el control, y un Hugo desesperado era un Hugo fácil de eliminar.

​Max recordó que Marina solía practicar gimnasia rítmica en el gimnasio secundario después del almuerzo, un lugar que a esa hora estaba prácticamente vacío. Allí había estantes con trofeos de vidrio y repisas de metal mal aseguradas que el personal de mantenimiento aún no había revisado tras las vacaciones.

​—Si ella tiene un "accidente" con un vidrio roto mientras Hugo está distraído con Taro... —maquinó Max.

​Sin embargo, el estómago de Max volvió a retorcerse. El dolor era ahora punzante. Sabía que tenía que moverse rápido si quería preparar la escena antes de que su propio cuerpo lo obligara a ir a la enfermería y llamar a Michael.

Gimnasio 

1:15 pm la jugada 

Max siguió a Marina al gimnasio donde esta sin ver los vidrios porque eran pedazos muy chiquititos,paso por encima y se clavo uno y al querer correr a buscar el botiquín se tropezó y se clavo en la cara, manos y brazos donde Max aprovechó y la dejo encerrada en el cuarto del botiquín 

1:45 p.m.: El Colapso de Max

​Max no se quedó a escuchar. Su cuerpo finalmente había llegado al límite. Caminó por los pasillos con la vista nublada, apoyándose en las paredes, hasta que llegó a la enfermería.

​—Max... ¡por Dios! Estás gris —exclamó la profesora Ignacia al verlo entrar.

​—Me siento... muy mal... —alcanzó a decir Max mientras se desplomaba en la camilla blanca.

​Justo cuando la enfermera le acercaba un balde metálico, Max vomitó violentamente, vaciando su estómago mientras el sudor frío le empapaba el uniforme. El esfuerzo lo dejó temblando y sin aliento.

​—Voy a llamar a tu hermano ahora mismo, Max. Esto no es una simple indigestión —dijo Ignacia, tomando el teléfono con urgencia.

​Mientras Max cerraba los ojos, exhausto y enfermo, sabía que en el gimnasio el silencio empezaba a reinar. Había cumplido su parte. Ahora, mientras él recibía atención médica y la protección de su hermano, Marina se desangraba en la oscuridad del depósito, lejos de los ojos de Hugo.

CHAPTER 25:TE METISTE CON EL EQUIVOCADO ALEX
Michael fue a buscar a Max llego a la enfermería a las 2:05 pm y mientras salían escucharon que ya era hora de volver a clase. Hay un grupo de 5 chicas y 5 chicos conocidos como "delicuentes"
Llegan al hospital
Se llevan rápidamente a Max para revisarlo
15 minutos después
Señor Michael,su hermano tiene neumonia,tiene fiebre de 40grados y necesitará reposo de al menos 10 días puede pasar a verlo,esperaremos a que su fiebre no sea tan alta antes de enviarlo a casa
En la Habitación del Hospital
​Max estaba recostado, conectado a una vía intravenosa que le suministraba antibióticos y antitérmicos. Al ver entrar a su hermano, intentó incorporarse, pero Michael lo detuvo suavemente.
​—Quedate quieto, Maxi. Casi te nos vas —dijo Michael, con los ojos empañados—. Neumonía, ¿podés creerlo? Todo por no decirme que te sentías mal desde temprano.
​Max asintió débilmente. Su pecho ardía con cada respiración, pero en su mente, la satisfacción era mayor que el dolor. Estar en el hospital con un diagnóstico oficial de neumonía y 40 de fiebre era la coartada perfecta.
​Nadie podría acusar a un chico que está agonizando en una cama de hospital de haber encerrado a una niña en un depósito a kilómetros de distancia. Mientras Michael le acomodaba las mantas, Max pensaba en Hugo Vidal. Cuando encontraran a Marina, Hugo estaría destrozado, y Max estaría aquí, siendo la víctima de una enfermedad, totalmente libre de toda sospecha.
​—Gracias, Mike... —susurró Max, cerrando los ojos.
​—Descansá, enano. Yo me quedo acá. No te va a pasar nada —respondió Michael, sentándose en la silla junto a la cama.
Al dia siguiente en el colegio
Hugo llego preocupado por Marina,habia desaparecido y ni una pista del paradero
Eran a mediados de las 11:00am cuando primero A y B fueron al gimnasio todo iba bien hasta que Angelina de Primero B fue a buscar el botiquín ya que se lastimo el pie.
Quizo abrir la puerta pero noto que estaba trabada por lo que busco a la profe y cuando abrieron la puerta,ahi estaba Marina Vidal de tercero D muerta con vidrios clavados en cara,piernas y brazos
​Mientras la policía acordonaba el gimnasio y Hugo Vidal caía de rodillas gritando el nombre de su hermana, a kilómetros de allí, en el Hospital Central, Max abría los ojos lentamente.
​—Mike... ¿qué hora es? —preguntó Max con voz débil. Su fiebre había bajado a 38.5 grados, pero seguía conectado al monitor de signos vitales.
​—Son casi las once y media, Maxi. Dormiste mucho —respondió Michael, pasándole un paño fresco por la frente—. Papá llamó, dice que hay un lío bárbaro en la escuela, parece que encontraron a una nena muerta en el gimnasio.
​Max fingió una expresión de horror absoluto, aunque su corazón latía con una calma gélida.
—¿Una nena? Qué espanto, Mike... menos mal que estoy acá con vos. Si hubiera estado ahí, no sé qué habría hecho.
​Michael asintió, agradecido de que su hermano estuviera a salvo y bajo supervisión médica constante. Para la policía y para Hugo, Maxwell Davidson era un paciente grave con neumonía que no se había levantado de esa cama desde el día anterior.
Esa noche ya en su cama en casa
Max tenia su tablet y miraba las redes cuando encontro el perfil de Alex sintió rabia
Tenia una foto con Taro
Pero Max no se preocupo
Sabía que Alex era rebelde y con frecuencia se metía en problemas
El grupo de delicuentes liderados por Derek siempre tenian su lugar solo debo buscar la forma que Alex Emanuel se meta ahi y que tenga un problema con esos chicos
Se creo una cuenta falsa de un estudiante asociado a un Gmail de otra persona "Santi" y envío solicitud a Alex Emanuel este la acepto y empezaron a hablar de gustos,intereses,familia etc hasta que Max usó su astucia y le pidió a Alex si le podría hacer un favor
Asegurándo que estaba con un viaje de familia le contó que el grupo de delicuentes de Derek le robarían su lugar del almuerzo la mejor mesa de la cafetería exterior donde no daba ni mucho sol ni mucha sombra cerca de las maquinas expendedoras y medio cerca a una de las salidas al exterior
Le pidió a Alex si podía cubrir esa mesa de los delicuentes y Alex acepto
Al dia siguiente en el almuerzo
Se sentó en esa mesa para cuidarla
Cuando Derek y los demás delicuentes llegaron y  Alex se negó a irse por las buenas los delicuentes lo golpearon
Uno incluso le agarro la corbata y empezó a afixiarlo
La situación en la cafetería exterior escaló a un nivel crítico en segundos. Alex luchaba por una bocanada de aire mientras la corbata le cortaba la respiración, hasta que una voz autoritaria rompió el círculo de violencia.
​—¡Suficiente! ¡Sueltenlo ahora mismo! —rugió Antonio, abriéndose paso entre la multitud con su brazalete del Consejo Estudiantil brillando bajo el sol.
​Los delincuentes, reconociendo la autoridad de Antonio y sabiendo que no se andaba con juegos, soltaron a Alex, quien cayó al suelo tosiendo y sujetándose el cuello, que ya mostraba marcas rojas profundas.
​—Derek, vos y tu grupo a la dirección. Y vos también, Alex —sentenció Antonio con frialdad—. No me importa de quién seas nieto, en esta escuela no se pelea por una mesa. Estás suspendido hasta nuevo aviso por participar en este altercado.
La Estocada Final desde las Sombras
​Mientras tanto, en la casa de los Davidson(ese es el apellido original de Max pero el apellido Adoptivo es Buendia), Max ya había recibido el alta del hospital bajo la condición de reposo absoluto. Aunque su cuerpo todavía luchaba contra los restos de la neumonía, sus dedos volaban sobre el teclado de su laptop profesional.
​Había visto los reportes internos de los grupos de la escuela. Sabía que Alex estaba siendo llevado a la oficina del director. Era el momento de asegurar que la suspensión se convirtiera en algo mucho más grave.
​Utilizando un servidor proxy para ocultar su ubicación, Max redactó un correo electrónico anónimo dirigido directamente al director:
De: Alumno_Preocupado_88@elite-mail.com
Para: Dirección General
Asunto: Denuncia formal - Incidente Cafetería Exterior
Estimado Director, escribo esto desde el anonimato por miedo a represalias. Presencié cómo Alex Emanuel inició la pelea hoy. Estaba gritando que, como es nieto de los dueños reales de la herencia, él puede decidir quién se sienta en cada mesa y que va a "limpiar" la escuela de los que no le agradan. Los otros chicos solo reaccionaron ante su prepotencia de querer marcar territorio. Es peligroso que alguien con ese complejo de superioridad esté entre nosotros.

​Max envió el correo y cerró la laptop con una sonrisa de satisfacción. Sabía que el director, presionado por mantener la imagen de igualdad en la Élite School, no tendría más remedio que ser implacable con Alex para demostrar que no había favoritismos por su apellido.
​Minutos después, Michael entró a la habitación con una bandeja de sopa caliente.
​—¿Cómo vas, Maxi? —preguntó Michael, viendo a su hermano recostado y aparentemente tranquilo.
​—Mejor, Mike... mucho mejor —respondió Max, acomodándose las mantas—. Me enteré de que Alex se metió en problemas en la escuela. Una lástima, parece que los problemas familiares lo están afectando.
​Michael suspiró, sintiendo pena por el lío en el que se metían sus sobrinos adoptivos sin sospechar que el arquitecto de todo el desastre estaba justo frente a él, descansando "pacíficamente".
La noticia de la suspensión de Alex cayó como una bomba en la familia de los biológicos. Juan José llegó a la escuela hecho una furia, irrumpiendo en la oficina del director sin siquiera golpear. Estaba convencido de que todo era una conspiración para desprestigiar a su rama de la familia.
En la Oficina del Director
​—¡Esto es inaudito! —gritó Juan José, golpeando el escritorio—. Mi hijo Alex nunca ha sido un chico violento. ¡Sé perfectamente quién está detrás de esto! Es ese mocoso de Maxwell. Él manipuló a los otros chicos para que atacaran a mi hijo. ¡Lo conozco, es un bicho frío y calculador!
​El director, que acababa de terminar de leer el correo anónimo sobre el "complejo de superioridad" de Alex, miró a Juan José con una mezcla de cansancio y lástima. Lentamente, giró su monitor y suspiró.
​—Señor Juan José, le pido que baje el tono. Entiendo que esté molesto, pero sus acusaciones carecen de todo sentido común —dijo el director con voz calmada—. ¿Usted es consciente del estado de salud de su hermano adoptivo?
​—¡Es todo una actuación! —replicó Juan José, rojo de rabia.
​—Por favor... —el director negó con la cabeza—. Maxwell Davidson está en su casa con un diagnóstico médico certificado de neumonía y 40 grados de fiebre. Recibí el informe del Hospital Central. El chico no puede mantenerse en pie, apenas puede respirar sin dolor y, según su hermano Michael, no puede ni levantarse para ir al baño sin ayuda.
​El director se cruzó de brazos, mirando fijamente a Juan José.
​—¿Cómo sugiere usted que un chico que está postrado en una cama, bajo el cuidado constante de Michael y bajo supervisión médica, ha provocado una pelea en el patio de esta escuela? Maxwell ni siquiera estuvo presente ayer ni hoy. No tiene forma física de estar involucrado. En cambio, tengo testimonios de que su hijo Alex estaba alardeando de su apellido para reclamar territorio.
Juan José se quedó mudo. No tenía argumentos contra un diagnóstico de neumonía. La coartada de Max era perfecta: el dolor físico real que había sufrido era ahora su mayor escudo.
​—Si quiere culpar a alguien —concluyó el director—, culpe a la mala conducta de su hijo. Alex queda suspendido por diez días. Y le sugiero que se retire antes de que llame a seguridad.
¿Y porque inicio la pelea?-pregunto Montserrat
Pues por una mesa-dijo el director-y le digo a Diego Alejandro lo vigilare
​Juan José salió de la oficina masticando su rabia. Sabía que Max era el culpable, lo sentía en las entrañas, pero Max había logrado lo imposible: ser el sospechoso principal y la víctima más débil al mismo tiempo.
























CHAPTER 26:CUIDA LO TUYO O VÍCTIMA DE UNA VENGANZA SERAS
Omar Gabriel Rafael Suleimán un chico con ataques de pánico a no tener su celular cerca,según su reporte de la otra escuela tiene nomofobia y necesita tenerlo cerca
Una broma del otro colegio donde le escondieron el teléfono llego al extremo en que Omar casi mata al chico porque no se lo devolvían
Quizá deba robar su teléfono y hacer que sufra un ataque de pánico....
Max ya estaba mejor
Era el lunes por la mañana
Max con su traje blanco del consejo desayunaba
El uniforme del consejo era una camisa blanca corbata roja saco blanco con bordes rojos pantalón blanco zapatos negros y en su brazo izquierdo un brazalete rojo del consejo estudiantil
Max bien peinado agarró su mochila y Mike lo dejo en la escuela
Max dejó su mochila en su asiento el número 32 fila de grada 3
Max observó a Omar
Omar de séptimo estaba mirando su teléfono
Durante el cambio de hora hacia la clase de Educación Física, Omar dejó su teléfono momentáneamente sobre su banco para ponerse la campera del uniforme. Fue un error de apenas tres segundos.
​Max, que pasaba por el pasillo lateral fingiendo revisar unos papeles del Consejo, utilizó la manga de su saco blanco para cubrir su movimiento. Con una rapidez asombrosa, deslizó el teléfono de Omar dentro de un compartimento oculto de su propia mochila.
El Inicio del Colapso
​Cuando Omar terminó de cerrarse el cierre de la campera y estiró la mano hacia su banco, el vacío lo golpeó. Sus ojos se abrieron desmesuradamente. Empezó a palpar el banco, luego el suelo, luego sus bolsillos.
​—¿Dónde está? ¿Dónde está? —empezó a susurrar Omar, con la voz quebrada.
​Max se quedó a unos metros, observando la escena con una calma aterradora. Vio cómo el rostro de Omar pasaba de la confusión al terror puro. Las manos del chico empezaron a temblar violentamente y una gota de sudor frío recorrió su frente.
​—¡MI TELÉFONO! ¡ALGUIEN SE LLEVÓ MI TELÉFONO! —gritó Omar, rompiendo el silencio del pasillo.
​El ataque de pánico estaba comenzando. Omar empezó a hiperventilar, cayendo de rodillas mientras buscaba desesperadamente entre las piernas de los demás alumnos. La falta del dispositivo estaba fracturando su mente en tiempo real.
​Max se acercó lentamente, manteniendo su postura de líder del Consejo.
—Omar, ¿qué sucede? Estás alterando el orden del pasillo —dijo Max, con una voz que sonaba preocupada para los testigos, pero que para Omar era solo ruido blanco en medio de su crisis.
​Max sabía que si Omar no encontraba el teléfono en los próximos cinco minutos, su reacción violenta estallaría, y el Consejo tendría que intervenir para "neutralizar" a un alumno peligroso.
Max aprovechó el caos inicial del pasillo para desplazarse hacia la zona de ventilación del aula magna. Con un movimiento rápido y discreto, deslizó el teléfono de Omar por la rejilla de un ducto de aire acondicionado que bajaba tres pisos. El dispositivo cayó en una zona técnica a la que solo el personal de mantenimiento con llaves especiales tenía acceso. Era, para fines prácticos, inalcanzable.
El Descenso a la Locura
​Para las 11:15 a.m., Omar ya no era un estudiante; era un animal herido. Sus pupilas estaban dilatadas, su rostro estaba empapado en sudor y sus manos sangraban ligeramente de tanto rasguñar la madera de los bancos buscando su dispositivo.
​—¡Necesito encontrarlo! ¡Está ahí! ¡Siento que vibra! —gritaba Omar, aunque el teléfono estaba en silencio total a metros de profundidad.
​Max, cumpliendo su rol de "mediador" del Consejo, guio a un Omar completamente desestabilizado hacia la oficina del Director.
​—Señor Director, el alumno Suleimán está sufriendo una crisis de ansiedad severa —dijo Max con una calma sepulcral, mientras sujetaba a Omar del brazo—. Dice que alguien le robó su teléfono, pero nadie ha visto nada. Se está volviendo violento.
El Colapso Final
​En cuanto entraron a la oficina, el olor a incienso y el silencio del despacho del Director actuaron como un detonante para Omar. Al ver que el Director no le entregaba su teléfono de inmediato, el chico perdió el último rastro de humanidad.
​—¡USTED LO TIENE! ¡DÉMELO! —bramó Omar, lanzándose sobre el escritorio del Director, tirando la computadora, los trofeos y los marcos de fotos al suelo—. ¡SI NO LO TENGO, ME VOY A MORIR! ¡LO VOY A MATAR A USTED!
​Omar empezó a arrancarse mechones de pelo mientras golpeaba las paredes con la cabeza. El Director, aterrorizado, se pegó a la pared mientras Max retrocedía un paso, observando la escena con una curiosidad científica.
​—Llamen a emergencias psiquiátricas —ordenó el Director con voz temblorosa—. ¡Ahora mismo! ¡Este chico es un peligro para sí mismo y para los demás!
​Minutos después, tres paramédicos de la unidad de salud mental ingresaron a la oficina. Tuvieron que sedar a Omar a la fuerza mientras él gritaba incoherencias sobre señales invisibles y baterías agotadas.
​Mientras subían a Omar a la ambulancia en una camilla con correas, el Director se secaba el sudor de la frente.
​—Gracias por traerlo, Maxwell. Quién sabe qué habría pasado si se quedaba en el salón con los otros chicos. Claramente, su condición es mucho más grave de lo que decía su expediente. No podrá volver a una escuela regular por mucho tiempo.
​Max asintió solemnemente, ajustándose el brazalete rojo del Consejo.
—Es una lástima, señor Director. La salud mental es algo que no debe tomarse a la ligera. Me aseguraré de informar al Consejo que esa vacante en séptimo queda libre.
​Cuando la ambulancia se alejó, Max sintió una paz inmensa. Un rival inestable menos. Un espacio más para respirar cerca de Taro.












CHAPTER 27:NO SEAS UN PUERCO ASQUEROSO
Eric Mantterrazzos un chico normal pero con una peculiaridad indebida
El uniforme femenino es de una camisa blanca saco gris pero a diferencia del masculino que es un pantalón el femenino es una falda y ha habido denuncias de...fotos panties
Solo debo robar el teléfono
Tomar las fotos panties yo con mi rostro tapado y con algún disfraz y acusarlo de cerdo asqueroso que espia a las chicas bajo la falda
El miércoles, durante la clase de natación, Eric dejó su teléfono en el casillero 104. Max, aprovechando su llave maestra del Consejo Estudiantil, entró a los vestidores masculinos cuando estaban desiertos. En menos de diez segundos, el teléfono de Eric estaba en su poder.
​Max ya tenía todo preparado en el cuarto de limpieza del subsuelo, un lugar sin cámaras. Se puso una sudadera negra con capucha y una máscara facial neutra. Con guantes quirúrgicos para no dejar huellas, utilizó el teléfono de Eric para tomar una serie de fotografías comprometedoras a maniquíes que había vestido con el uniforme femenino de la escuela, recreando ángulos de "espionaje" desde el suelo.
​Las fotos quedaron guardadas en la galería privada de Eric, mezcladas con fotos reales de la escuela para que pareciera que habían sido tomadas durante los recreos.
La Trampa Pública
​A la hora del almuerzo, Max esperó a que Eric estuviera rodeado de gente en la cafetería. Utilizando una función de "rastreo de dispositivo" que había activado previamente, hizo que el teléfono de Eric empezara a emitir una alarma estridente y un mensaje en pantalla que decía: "ARCHIVO DE VIGILANCIA FEMENINA COMPLETO".
​Eric, confundido, sacó el teléfono de su bolsillo (donde Max lo había devuelto minutos antes mediante un choque fingido en el pasillo).
​—¿Qué es esto? —balbuceó Eric, tratando de apagar la alarma.
​—¿Qué tienes ahí, Eric? —preguntó Max, acercándose con Michaela y otros miembros del Consejo—. El sistema de seguridad de la escuela detectó una señal de carga de archivos no autorizada desde tu IP.
​Max le arrebató el teléfono antes de que Eric pudiera bloquearlo. Con un movimiento rápido, abrió la galería y la proyectó en la pantalla gigante de anuncios de la cafetería, la cual Max ya había hackeado desde su tablet.
La Humillación y el Destierro
​El silencio en la cafetería fue sepulcral, seguido de un estallido de indignación. Las fotos (las que Max había tomado con el disfraz) se veían reales, asquerosas y degradantes.
​—¡Eres un puerco asqueroso! —gritó una de las chicas de noveno, lanzándole su bebida en la cara.
​—No... yo no hice esto... ¡yo no estaba en ese lugar! —gritaba Eric, pero las pruebas estaban en su propio teléfono, con los metadatos de su cámara.
​Max miró a Eric con un desprecio fingido que convenció a todos los presentes.
—Como miembro del Consejo Estudiantil, no puedo permitir que un depredador camine por estos pasillos. Eric Mantterrazzos, quedas bajo custodia de seguridad hasta que tus padres y la policía lleguen.
​Mientras Eric era arrastrado fuera de la cafetería entre insultos y empujones, Max se ajustó el saco blanco de su uniforme. No sentía remordimiento. Había eliminado a un "sucio" y, de paso, había reforzado su imagen de protector de las alumnas.
​Taro, que había presenciado todo desde una mesa cercana, miró a Max con una mezcla de respeto y temor. Max le devolvió una pequeña y tranquilizadora sonrisa.
















CHAPTER 28:¡NO VENGAS BORRACHO!
Era un dia normal en el mercado
Mauro en la caja y Michael reponiendo
Mauro fue a atender una llamada
Michael esperaba en la caja cuando Mónica una de las niñas del barrio entró con la pierna raspada
Michael cerro para poder curarla pero esto visto por AnaBelén fue de chismosa a las vecinas diciendo que Michael se la llevo para hacerle daño
Llamaron a la policía y esta fue al mercado
Michael terminó de curarle la pierna a la niña y la dejo en el cuarto para que descanse
Abrió de nuevo y ahi estaba la policía con las vecinas entre ellas la madre de la niña
​—¡¿Dónde está mi hija?! ¡¿Qué le hiciste, monstruo?! —chillaba la mujer.
​—¡Yo... yo solo la estaba curando! —alcanzó a decir Michael, con los ojos llenos de lágrimas por el susto y la confusión.
​—¡Miente! —gritó Ana Belén desde atrás de la policía—. ¡Yo vi cómo la arrastró y cerró la puerta para que nadie escuchara los gritos!
​Los oficiales sujetaron a Michael por los brazos, poniéndole las esposas mientras entraban al local para buscar a la niña. Michael miraba a su alrededor, buscando a Mauro o a Max, pero solo encontraba los rostros llenos de odio de sus propios hermanos adoptivos, quienes observaban la escena desde lejos,
​—¡Suelten a mi hermano ahora mismo! —ordenó Max, caminando con paso firme hacia los oficiales.
​—¡Tú no te metas, niño! —gritó Ana Belén con veneno—. ¡Tu hermano es un peligro, lo vimos todos!
​Michael estaba medio perdido sabiendo que con este escándalo, Servicios Sociales se llevaría a Max esa misma tarde.Porque si los hermanos biológicos inconformes con que en la escuela no podrían tocar a Maxwell decidieron atacar por donde le doliera:su relación con Mike

"El ambiente en la casa de los Davidson se volvió gélido. Los hijos biológicos, liderados por Luis Ángel y Ana Paula, habían encontrado el vacío legal perfecto. No podían tocar a Max en la escuela, pero podían destruir su hogar atacando la capacidad de Michael como tutor.
La Emboscada de Servicios Sociales
​Eran las 5:00 p.m. cuando el timbre sonó con una insistencia burocrática. Michael abrió la puerta y se encontró con dos agentes de la Niñez y Adolescencia y un oficial de policía. Desde un auto estacionado a media cuadra, Cristian Alberto observaba con una sonrisa de satisfacción.
​—Señor Michael Davidson, hemos recibido una denuncia formal y detallada —dijo la trabajadora social, entrando a la sala sin esperar invitación—. Se alega que el menor, Maxwell, vive en un entorno de riesgo. Usted no tiene estudios secundarios concluidos, no posee un empleo formal que garantice estabilidad y, recientemente, el menor casi muere por una neumonía que, según la denuncia, fue atendida tarde por negligencia de su parte.
​Michael sintió que la sangre se le retiraba del rostro. Se puso delante de Max, protegiéndolo instintivamente.
​—¡Eso es una mentira! —gritó Michael, con la voz temblorosa—. Yo cuido a mi hermano con mi vida. Mi papá Mauro me dejó a cargo porque confía en mí. ¡Miren a Max! Es el mejor alumno de su escuela, está impecable. La neumonía fue un accidente, el médico dijo que...
​—Lo que diga el médico se verá en el juzgado —interrumpió el agente con frialdad—. El punto aquí es su idoneidad. Usted es, legalmente, un desertor escolar sin recursos propios suficientes.
Max intervino, tratando de usar su tono más diplomático y adulto, a pesar de que por dentro sentía una furia volcánica.
​—Señores, por favor. Cumplo 18 años en solo unos meses. Falta muy poco para que sea legalmente responsable de mí mismo. ¿Realmente van a causar este trauma por una cuestión de semanas?
​La trabajadora social lo miró con una mueca de lástima administrativa.
—Maxwell, la ley no entiende de "casi". Mientras seas menor de edad, aunque falte un solo segundo para tu cumpleaños, si el tutor no es idóneo, debemos intervenir. La denuncia sugiere que estarías mejor bajo la custodia de tus hermanos adoptivos, quienes sí tienen títulos universitarios y estabilidad económica.
​Michael sintió un golpe en el estómago. Sabía que si Max caía en manos de Luis Ángel o Ana Paula, su vida sería un infierno y le quitarían todo lo que Mauro le había dejado.
​—Tienen diez días para presentar pruebas de que el entorno es apto —concluyó el oficial—. De lo contrario, procederemos con el traslado preventivo a un centro de acogida o a la familia denunciante.
La Declaración de Guerra
​Cuando los agentes se fueron, Michael se desplomó en una silla, sollozando de impotencia.
—Maxi... no voy a dejar que te lleven. Voy a estudiar, voy a hacer lo que sea... pero no tengo tiempo. Esos cerdos ganaron.
​Max se acercó a su hermano y le puso una mano firme en el hombro. Sus ojos ya no eran los de un estudiante; eran los de un depredador que había decidido que ya no habría más juegos sutiles. Miró por la ventana y vio el auto de sus hermanos adoptivos alejándose lentamente, celebrando su pequeña victoria.
​—No llores, Mike —susurró Max con una voz que helaba la sangre—. Ellos creen que usaron la ley para separarnos. Pero lo único que hicieron fue quitarme la última razón que tenía para tenerles piedad. Si quieren jugar con "estudios" y "estabilidad", vamos a ver cuánta estabilidad les queda después de lo que les voy a hacer."
De vuelta a donde Michael estaba esposado
Señor Michael necesitaremos que nos acompañe a comisaría-dijo un oficial-
Son necesarias las esposas?soy un pan de dios no lastimo ni a una mosca-dijo Michael mientras se lo llevaban
Max se quedo en el local viendo cómo su hermano mayor aquel chico que sacrifico su educación para cuidarlo aquel niño que calmaba sus pesadillas que aguanto cuando estaba en los  terribles 2 años aquel chico que ahora era llevado a la comisaría
Mónica salió del cuarto y agarro a Max de la mano
Mónica mi amor ¿que te hizo ese monstruo?-pregunto su madre preocupada
Que monstruo mami?Mike me curo mi piernita hasta me dio caramelos por ser valiente-dijo la niña inocente
La voz de Mónica cortó el aire como un cristal rompiendo el silencio. La madre de la niña, que un segundo antes estaba lista para linchar a Michael, se quedó petrificada.
​¿Ves, mami? —insistió Mónica, levantando el borde de su falda para mostrar la rodilla perfectamente limpia y con una venda de colores—. Mike cerró porque no quería que entrara tierra en mi herida. Es mi amigo, mami. Es el mejor.
El policía que sostenía a Michael lo miró a los ojos. Michael no tenía la mirada de un criminal; tenía los ojos rojos de tanto aguantar el llanto y una expresión de pura decepción hacia la humanidad.
¿Son necesarias las esposas? —repitió Max, con una voz tan gélida que el oficial soltó las llaves casi por instinto—. Mi hermano es un "pan de Dios", como él mismo dijo. Lo que ustedes han hecho hoy, basándose en el testimonio de esa mujer —señaló a Ana Belén, que estaba empezando a temblar—, es una violación a sus derechos.
​El oficial le quitó las esposas a Michael. Los metales cayeron al suelo con un tintineo que sonó como una campana de victoria.
​Michael abrazó a Mónica y luego a Max, sollozando de alivio. Pero Max no devolvió el abrazo con suavidad. Su cuerpo estaba rígido. Mientras los vecinos se dispersaban pidiendo disculpas y la madre de Mónica intentaba hablar con Mike, Max buscó la mirada de sus hermanos adoptivos en el auto a lo lejos.
​Les dedicó una sonrisa leve, casi imperceptible, pero cargada de una promesa de destrucción total.
"Creen que por tener un título universitario son mejores",- pensó Max. -"Creen que su 'estabilidad' los protege. Voy a quitarles sus empleos, sus reputaciones y sus casas. Para el final de esta semana, Michael será el único de los "Buendia" que camine con la cabeza en alto."
El miércoles amaneció con una nueva ficha en el tablero: Enzo García Janer. Enzo llegó a la Élite School con un aura de perfección que irritaba a Maxwell. Pero lo que realmente selló su destino fue su intento de acercarse a Taro. Enzo creía que su historial impecable lo protegía, pero Max sabía que hasta el árbol más alto tiene raíces que se pudren en el lodo. Y las raíces de Enzo se llamaban Sebastián, su hermano, un joven conocido en los bajos fondos por sus constantes problemas con la ley.
​Max ya había estudiado la rutina de Enzo. Sabía que el chico "ejemplar" siempre llevaba una botella de agua deportiva opaca y que Sebastián solía merodear cerca de la escuela para pedirle dinero.
Durante el recreo de las 10:00 a.m., Max observó cómo Sebastián se acercaba a la reja trasera para hablar con Enzo. En un descuido, mientras los hermanos discutían, Sebastián dejó caer una botella de vodka barato que traía en su chaqueta. Max, moviéndose como una sombra con su impecable saco blanco, recuperó la botella de alcohol y, simultáneamente, sustrajo la botella de agua de Enzo del banco donde la había dejado.
​En el cuarto de limpieza, Max vació el agua de Enzo y la reemplazó íntegramente con el alcohol puro.
Peor error cometiste, Enzo —susurró Max, cerrando la tapa con fuerza—. Acercarte a lo que es mío tiene un precio que tu hígado no va a olvidar.
​Max regresó y dejó la botella exactamente donde estaba. Enzo, estresado por la pelea con su hermano, volvió al banco y, sin mirar, tomó un largo y profundo trago para calmar sus nervios.
11:45 a.m.: El Colapso de la Imagen
​El alcohol en ayunas golpeó a Enzo con la fuerza de un camión. Para cuando empezó la clase de Historia con el estricto profesor Arístides, Enzo ya tenía los ojos vidriosos y una sonrisa boba que no podía borrar.
​Max, sentado dos filas atrás, observaba cómo Enzo intentaba mantenerse erguido. El olor a alcohol empezó a flotar en el aire acondicionado del salón.
​Señor García Janer —dijo el profesor Arístides, golpeando el escritorio—. Lea el siguiente párrafo sobre la Revolución Industrial.
​Enzo se puso de pie, pero sus piernas fallaron. Se apoyó en el pupitre, soltando una carcajada inoportuna.
La... la revolu... ¡es que todo da vueltas, profe! —balbuceó Enzo, antes de tropezar con su propia mochila y caer estrepitosamente al suelo, derramando el resto de su botella "de agua".
​El olor a vodka invadió el aula. Los alumnos soltaron exclamaciones de asco y sorpresa.
​—¡Está borracho! —gritó una de las chicas—. ¡Enzo está ebrio en plena clase!
​La Sentencia de Max
​Max se levantó con fingida indignación y preocupación, acercándose al profesor.
​—Profesor, esto es inaceptable para la reputación de nuestra escuela —dijo Max, mirando al desastroso Enzo con desprecio—. Un chico que trae alcohol de alta graduación en su botella personal es un peligro. Claramente, las influencias de su hermano Sebastián han terminado por corromperlo.






CHAPTER 29:FLASHBACK HERMOSO Y LA REALIDAD DURA
"El cielo era de un azul infinito y el aire olía a sal y a protector solar de coco. Michael, a sus siete años, ya caminaba con esa seguridad protectora que lo definiría siempre. Llevaba a un pequeño Max, de apenas un año, sujeto firmemente de la mano.
​—Mira, Maxi... la arena —decía Mike con una sonrisa gigante, señalando el suelo dorado que se extendía ante ellos.
​Max, con sus piernitas tambaleantes y sus ojos grandes llenos de asombro, miró hacia abajo y luego hacia el agua que iba y venía.
​—Paya —balbuceó el pequeño Max, señalando el horizonte.
​Michael se rió, una risa limpia que el viento se llevaba hacia el mar. Se agachó para quedar a la altura de su hermanito, sin soltarle la mano ni un segundo.
​—Playa, enano. Se dice pla-ya —corrigió Michael con paciencia infinita.
​Max frunció el ceñito, concentrándose como si estuviera resolviendo el problema más difícil del mundo. Miró a Michael, el niño que era su sol y su refugio, y abrió mucho la boca.
​—Pla-ya —logró decir finalmente, con una claridad que hizo que Mike diera un salto de alegría y lo cargara en brazos, dándole vueltas mientras Max soltaba una carcajada cristalina.
Michael cielo ayuda a papá con la carpa-dijo Adriana
Si mamá ¿oye Max puede probar el agua del mar?
Si Mike ahora que Papá se meta contigo lleva a tu hermano y que pruebe el mar-dijo Adriana"

La rabia volvió a su pecho. "Ese chico que me enseñó a caminar en la arena es al que quieren quitarme", ‐pensó Max, mirando cómo se llevaban a Enzo.Cuando citaron a los padres de este y Sebastián en la escuela- "No voy a dejar que destruyan el mundo que Michael construyó para mí."

Era viernes por la tarde. Después de la humillación de Ana Belén en el mercado y el éxito de Max al limpiar su nombre, Michael decidió celebrar. Había horneado un pastel de chocolate, el favorito de Max, y había decorado la pequeña mesa del comedor con globos y una pancarta que decía: "Siempre juntos, Maxi".
​—Sé que todavía falta para tu cumple —dijo Michael con una sonrisa radiante mientras encendía una velita—, pero hoy celebramos que nadie pudo con nosotros esta semana.
​Max, quitándose el saco blanco del Consejo, sintió por un momento que la paz era posible. Se sentó a la mesa, mirando a su hermano con una ternura que solo él lograba despertar. Pero justo cuando Max iba a soplar la vela, el sonido de cristales rotos estalló en la sala.
El Ataque de los Biológicos
​Una piedra grande había atravesado la ventana principal, rompiendo el jarrón favorito de Adriana que estaba en el aparador. Segundos después, la puerta fue golpeada con violencia. Eran Luis Ángel y Cristian Alberto, quienes entraron aprovechando que la cerradura estaba floja.
​—¡Qué linda fiestita de perdedores! —bramó Luis Ángel, caminando hacia la mesa—. ¿Festejan que Michael todavía no está preso?
​—¡Váyanse de mi casa! —gritó Michael, poniéndose de pie y tratando de proteger el pastel como si fuera un tesoro—. ¡No tienen derecho a estar aquí!
​Cristian Alberto, con una sonrisa burlona, se acercó a la mesa y, de un manotazo, tiró el pastel al suelo. El chocolate se desparramó por la alfombra, destruyendo el esfuerzo de Michael.
​—Mañana viene la inspección final de Servicios Sociales —dijo Luis Ángel, acercándose a Michael y dándole un empujón en el pecho—. Y ya nos encargamos de que el informe diga que esta casa es un nido de violencia. Disfruten su última noche juntos, porque el lunes, Maxwell viene a vivir con nosotros, y tú, Michael, vas a terminar en la calle como el muerto de hambre que eres.
El dia de la audencia
La jueza, una mujer de mirada severa llamada Elena Varela, revisaba un informe que Max no reconocía. Lo que ellos no sabían era que Luis Ángel y Ana Paula habían movido sus influencias y dinero para manipular el reporte de la trabajadora social.
​—Señor Michael Davidson —comenzó la jueza—, el informe final de los peritos indica que el entorno en el que vive Maxwell es "altamente inestable". Se mencionan incidentes de violencia reciente en el domicilio, ventanas rotas y un historial médico de negligencia que derivó en una neumonía grave.
​—¡Pero la ventana la rompieron ellos! —exclamó Michael, poniéndose de pie—. ¡Ellos entraron a atacarnos!
​—¡Silencio! —ordenó la jueza—. Además, se ha comprobado que usted, Michael, no posee la formación educativa mínima requerida para guiar a un alumno de tan alto rendimiento como Maxwell. Los señores Luis Ángel y Ana Paula, por el contrario, ofrecen una estabilidad económica y académica superior.
Max sintió un frío que no tenía nada que ver con la enfermedad que había pasado.
—Su Señoría, yo soy un alumno de honor. Michael me ha cuidado toda la vida. Mi voluntad es quedarme con mi hermano —dijo Max con una voz que intentaba desesperadamente mantener el control.
​La jueza ni siquiera lo miró.
—La voluntad del menor es escuchada, pero no es vinculante cuando el bienestar integral está en juego. Se dictamina la guarda provisoria inmediata de Maxwell Davidson a favor de su hermano adoptivo, Luis Ángel. Michael Davidson tiene prohibido el contacto con el menor por los próximos 30 días hasta que se evalúe su capacidad mental.
​—¡NO! —el grito de Michael desgarró el silencio de la sala—. ¡Maxi, no! ¡Suéltenme!
​Dos oficiales de seguridad se interpusieron entre los hermanos. Michael intentó llegar a Max, pero fue empujado hacia atrás. Max, por primera vez en años, sintió que sus ojos se llenaban de lágrimas de impotencia mientras Luis Ángel se acercaba a él con una sonrisa de victoria asquerosa.
​—Vamos, hermanito. Vas a ver lo que es vivir en una casa de verdad —susurró Luis Ángel, agarrando a Max por el brazo con una fuerza innecesaria.
​—¡Sueltenlo! ¡Maxi! —Michael gritaba mientras los oficiales lo sacaban de la sala.
​Obligado por la ley y rodeado de policías, Max fue escoltado hacia el auto de Luis Ángel. Antes de entrar al vehículo, Max se giró para ver a Michael, que estaba de rodillas en la vereda del juzgado, destrozado, llorando como aquel niño que alguna vez lo llevó de la mano en la playa.
​Luis Ángel cerró la puerta del auto con un golpe seco y arrancó. Max miró por la ventana trasera cómo la figura de Michael se hacía pequeña.
​—Cometiste un error, Luis —dijo Max, con una voz que ya no tenía rastro de lágrimas, solo un vacío absoluto—. Creíste que separándome de Michael me debilitarías. Pero ahora que ya no tengo que fingir ser un buen chico para que él no se asuste... ya no hay nadie que te proteja de lo que te voy a hacer en tu propia casa.
​Luis Ángel soltó una carcajada, sin saber que acababa de meter a un caballo de Troya letal en su propia sala de estar.
Aunque personalmente no podía verse con su hermano
Michael hablaba todos los días con él
Esto fue un dia descubierto por José Luis y fue a denunciar a la jueza que Mike rompió las reglas
La Jueza dijo que comunicarse por teléfono no era romper reglas era solo hablarle a su hermano POR TELÉFONO
Era una tarde normal
Michael y Michaela en una cafetería
Mike comparte su preocupación sobre Max no sobre la custodia sobre lo que Mike llama la hora del enamoramiento aunque Max no haya salido del closet para confesarle que le gustan los chicos
Michael sospechaba de que esos "accidentes" no eran accidentes y ahi le contó la raíz de su familia materna
Por parte de su madre la primera Mountbatten se enamoro de un chico pero al ver a otras chicas dijo que eran amenazas y con el paso del tiempo esas chicas murieron luego esa chica se caso con el chico y tuvieron hijos y esos hijos tuvieron hijos con el mismo problema y a medida que la tecnología avanzaba se le llamó Limerencia o Obsesión Compulsiva Del Amor
A Mike no le toco porque dejo la escuela y aunque le hubiese tocado ese transtorno no hubiera matado a nadie porque él y Micha se enamoraron a primera vista pero Max si lo tiene y aunque tiene sus dudas no puede de repente acusar a su hermanito sin pruebas y aunque lo haga la cárcel solo lo empeoraría









CHAPTER 30:CUIDADO CON TU PROPIA ALMOHADA O...PODRIAS AFIXIARTE
El lunes Maxwell llego con Axel Santiago y Samuel David
Axel creyéndose importante le exigía a Max que lo uniera al consejo estudiantil pero Max le dejo claro que eso se lo debe ganar no exigir aunque Axel queria ser superior no insistió porque Max sacaría su gas pimienta de lo contrario
Samuel por el contrario a su hermano mayor y padre
Era curioso y Max le iba contando lo que es ser parte del consejo y como era tener un "uniforme distinto" que en realidad era igual al normal solo que en vez de gris y corbata verde era blanco y corbata roja
Había que implementar camaras de seguridad y Samuel ayudo a Max,Antonio y Simón a colocar las camaras de seguridad
Alan Flores era la nueva amenaza acercándose a Taro
Max lo observó por unos días y vio que despues del almuerzo iba a dormir a la enfermería
Por lo que aprovecho se puso un impermeable y una máscara fue a laenfermería y afixio a Alan con la almohada hasta que estuviese muerto una vez muerto huyo por la ventana

Quemo la máscara
La enfermera encontró el cuerpo de Alan y llamó a la policía
Minutos después, Max entró al baño de hombres, se quitó el impermeable y la camisa del Consejo y sumergió su cabeza bajo el agua fría. Se secó superficialmente, dejando su cabello húmedo y desordenado, y se colocó de nuevo el saco blanco.
​Cuando salió, se encontró con Simón y Antonio.
¿Max? ¿Dónde estabas? —preguntó Simón, notando el cabello mojado.
​Necesitaba una ducha rápida en los vestidores para despejarme —respondió Max con una voz plana y tranquila—. El estrés de vivir con Luis Ángel me está matando. Vamos, tenemos que revisar el reporte de las cámaras del patio.
El Caos
​No habían caminado ni diez metros cuando la alarma de emergencia de la escuela comenzó a sonar. La enfermera salió al pasillo, pálida y temblorosa, gritando que un alumno no despertaba.
​La policía no tardó en llegar. Patrullas y ambulancias rodearon el edificio. Max, como líder del Consejo Estudiantil, se mantuvo en primera línea, observando cómo sacaban la camilla con el cuerpo de Alan cubierto por una sábana blanca.
​Qué tragedia —comentó el Director, secándose el sudor—. Un paro cardiorrespiratorio mientras dormía... es lo que dice la enfermera.
​Max miró hacia donde estaba Taro, quien observaba la escena con ojos llenos de terror y tristeza. Max sintió una satisfacción retorcida: Alan ya no era una amenaza. Nadie tocaría lo que le pertenecía por derecho de sangre.
​Es lamentable, señor Director —dijo Max, acomodándose la corbata roja—. Pero el Consejo se encargará de mantener la calma entre los alumnos. La seguridad es nuestra prioridad.
​Mientras la policía interrogaba a los presentes, Max sabía que sus cámaras no habían grabado nada en la enfermería (él mismo había desactivado ese circuito minutos antes) y su "ducha" en los vestidores era la coartada perfecta avalada por sus compañeros.
Tras los 30 días y un plan de Max donde Luis Ángel se enfoco tanto en él que olvidó que tenia hijos
Samuel David que no queria ver a su tio cool sufrir se maquillo para parecer muy mal cuidado
Se pinto ojeras y parecía que bajo varios kilos
El dia del juzgado llego
La jueza observó la evaluación de Michael y si estaba estable para cuidar a un menor en cambio Luis Ángel descuido a Samuel David Buendia de 16 años
LuisÁngel intento decir que Samuel ya era lo suficientemente mayor para cuidarse pero Sam mostró marcas de moretones asegurando que cuando su papá se enojaba con Maxwell y castigarlo a él como lógica pura no no no el tipo se desquitaba con su hijo
El mazo de la jueza Varela golpeó el estrado con una contundencia final. El silencio que siguió fue sepulcral, solo roto por los sollozos ahogados de Michael y la respiración agitada de Luis Ángel, quien veía cómo su fachada de "padre ejemplar" se desmoronaba frente a los ojos de la justicia.
¡Mentira! ¡Ese niño miente! —gritó Luis Ángel, señalando a su propio hijo con un dedo tembloroso—. ¡Yo jamás le puse una mano encima! ¡Maxwell lo ha corrompido!
​Pero la jueza no escuchaba. Las marcas en los brazos de Samuel y su aspecto cadavérico eran pruebas físicas que ninguna explicación lógica podía borrar en ese momento. Samuel, con la cabeza baja, fingía un temblor que convenció a todos los presentes, mientras Max, desde su asiento, mantenía una expresión de absoluta neutralidad.
​Señor Buendía, sus palabras solo confirman su incapacidad —dictaminó la jueza—. Se ordena el traslado inmediato de Maxwell Davidson a la tutela de su hermano Michael. Además, se abre una investigación penal por maltrato y negligencia contra usted. Oficiales, retiren al señor Buendía.
​Minutos después, en las escalinatas del juzgado, el aire se sentía más puro. Michael abrazó a Max con una fuerza que amenazaba con romperle las costillas.
​Maxi... no puedo creerlo. Volvemos a casa —decía Michael entre lágrimas—. Nunca más, te lo juro. Nadie va a volver a entrar en nuestra casa a hacernos daño.
​Max correspondió el abrazo, pero sus ojos estaban fijos en Samuel, que salía del juzgado escoltado por una trabajadora social. Antes de subir a la camioneta que lo llevaría a una evaluación médica, Samuel miró a Max y le dedicó una pequeña sonrisa triunfal, pasándose la mano por las ojeras de maquillaje que empezaban a correrse con el calor.
​Esa noche, de vuelta en casa, el silencio era diferente. Michael preparaba la cena mientras Max ordenaba sus libros de la Élite School. Michael se detuvo con el cuchillo en la mano, mirando a su hermano menor.
​Max... —llamó Michael suavemente—. Samuel... él se veía muy mal hoy. ¿Realmente Luis Ángel le hacía eso?
​Max levantó la vista. Su mirada era cristalina, casi inocente.
Luis Ángel es un hombre violento, Mike. Ya viste lo que hizo con nuestra ventana y con el pastel. Samuel solo mostró la verdad que el mundo necesitaba ver para dejarnos en paz.
​Michael asintió lentamente, pero en el fondo de su corazón, la semilla de la duda que sembró su charla con Michaela empezó a germinar. Sabía que Luis Ángel era un imbécil, pero también sabía que Max era un genio. ¿Había Max manipulado a su propio sobrino para cometer perjurio? ¿O era la Limerencia la que estaba empezando a tejer una red donde todos eran piezas de ajedrez?
Mientras Michael servía la comida, el teléfono de Max vibró. Era una notificación de las cámaras de seguridad que instaló con Samuel: Taro estaba en el patio de la escuela, solo, llorando por la muerte de Alan Flores.
​Max apretó el teléfono. La rabia por ver a Taro sufrir por "otro" empezó a quemarle las venas. Alan ya estaba muerto, pero su fantasma seguía ocupando un lugar en el corazón de Taro.








CHAPTER 31:AXEL SANTIAGO BUENDIA COMETISTE TU MAYOR ERROR...ACERCARTE AL AMOR DE TU TÍO
Axel parecía que lo hacía a propósito
Se acercó a Taro para molestar a Max
Max gruñía pero tenia un plan..
Conocía perfectamente la fauna de la Élite School. Sabía que, así como existían los delincuentes juveniles, existía un grupo femenino mucho más letal liderado por María Ramona. Eran chicas que no respondían a leyes ni a uniformes; se apropiaban de los sectores del patio con una jerarquía de hierro. Quien invadiera su territorio o les faltara al respeto, pagaba el peaje con sangre.
​Max, a través de sus nuevas cámaras y su red de informantes del Consejo, sabía que ese jueves a la 1:00 p.m., el grupo de María Ramona estaría en el sector de las viejas canchas, un lugar que Axel solía cruzar para "interceptar" a Taro.
A la hora señalada, Max estaba en el segundo piso, con una vista privilegiada del patio trasero. Vio la escena desarrollarse como una tragedia griega:
Axel, en un intento de demostrar superioridad frente a Taro, intentó apartar a una de las chicas del grupo de María Ramona para pasar. Cuando ella lo empujó de vuelta, Axel cometió el error definitivo: levantó la mano para golpearla.
​La reacción fue instantánea. El grupo femenino lo rodeó como una jauría. María Ramona no dudó; un golpe seco lo mandó al suelo. Axel intentó defenderse, pero eran demasiadas y mucho más feroces.
​Max lo observaba todo a lo lejos. Sus ojos de Mountbatten brillaban con una frialdad absoluta. Axel gritó, buscando con la mirada a algún miembro del Consejo, a algún guardia, a su tío...
Max lo vio. Sus miradas se cruzaron por un breve segundo. Axel extendió una mano, suplicando ayuda. Max, con una calma aterradora, simplemente ajustó su corbata roja, dio media vuelta y miró hacia el lado opuesto, caminando hacia el interior del edificio. Para Max, Axel ya no existía.
​El grupo de María Ramona dejó a Axel tirado entre la maleza, inconsciente y con el uniforme destrozado. No fue hasta las 3:30 p.m., cuando los chicos encargados del mantenimiento salieron a limpiar los exteriores, que encontraron el cuerpo.
​¡Hay alguien aquí! ¡Es Axel Buendía! —gritó uno de los alumnos.
​La noticia corrió como pólvora. Cuando la ambulancia llegó, Max estaba allí, junto al Director, con su libreta del Consejo en mano.
​Es una lástima —dijo Max mientras anotaba en su reporte—. Le advertí que el patio podía ser peligroso para quienes no conocen las reglas. Al parecer, Axel nunca aprendió a respetar los límites... ni a las personas.
​El Director asintió, abrumado por la violencia del ataque. Max miró hacia la habitación de la enfermería donde alguna vez estuvo Alan Flores. Un obstáculo más eliminado, y esta vez, sin haber tenido que tocar una sola almohada.
La tensión que se había acumulado durante años finalmente estalló en la oficina del Director. Luis Ángel, fuera de sí y con la cara enrojecida por el odio, irrumpió señalando a Max con un dedo tembloroso mientras Michael intentaba mantener la calma.
​¡Tú! —rugió Luis Ángel hacia Max—. ¡Tú lo viste! ¡Mis informantes dicen que estabas en el segundo piso! ¡Dejaste que esas salvajes casi mataran a mi hijo porque eres un monstruo envidioso! ¡Director, este chico es un cómplice por omisión!
​Michael, que había soportado humillaciones, el robo de la custodia y el maltrato a su hermano, sintió cómo algo dentro de él se quebraba. Ya no era el hermano mayor paciente; era el hijo de Mauro y Adriana defendiendo lo suyo.
El Estallido de Michael
​¡Cállate la boca, Luis Ángel! —gritó Michael, perdiendo los estribos de una manera que nadie había visto jamás.
​Antes de que el Director pudiera intervenir, Michael se abalanzó sobre Luis Ángel. Con una fuerza nacida de la pura rabia, lo agarró firmemente de la camisa. Luis Ángel, a pesar de sus 40 años, quedó paralizado por la mirada de fuego de su hermano adoptivo.
​Michael se sentó con fuerza en una de las sillas de la oficina, jaló a Luis Ángel y lo colocó atravesado sobre sus piernas, inmovilizándolo como si fuera un niño berrinchoso. El Director se quedó de piedra, sin poder creer lo que veía: un hombre de 40 años siendo sometido por otro de 24.
Michael empezó a descargar golpes firmes y sonoros con la palma de la mano, mientras empezaba a cantar con una voz rítmica y cargada de autoridad, ignorando los pataleos de Luis Ángel:
"Malcriado saliste, malcriado eres... ahora te disciplino con lo que necesitaste desde niño..." —recitaba Michael entre cada golpe—. "Malcriado saliste, malcriado eres..."
​¡Suéltame! ¡Director! ¡Me está agrediendo! ¡Es un loco! —chillaba Luis Ángel, moviendo las piernas desesperado, sonando exactamente como un niño pequeño haciendo un berrinche.
​El Director, saliendo de su estupor, corrió a separarlos.
¡Michael! ¡Por favor! ¡Basta, esto es una institución educativa! —logró apartarlo, mientras Michael respiraba agitado, con el pecho subiendo y bajando.
Incapaz de manejar la situación solo, el Director llamó de urgencia a Mauro y Adriana. Cuando los padres llegaron, encontraron una escena surrealista: Luis Ángel estaba sentado en un rincón, sollozando de rabia y acomodándose los pantalones, mientras Michael permanecía de pie, custodiado por Max, quien observaba todo con una sonrisa interna de pura satisfacción.
​¡Papá! ¡Mamá! —exclamó Luis Ángel en cuanto vio a Mauro, con un tono de queja infantil—. ¡Miren lo que me hizo Michael! ¡Me pegó! ¡Me puso sobre sus rodillas y me dio nalgadas frente al Director! ¡Tienen que denunciarlo! ¡Es un animal!
​Mauro caminó hacia el centro de la oficina. Miró al Director, luego a Michael, quien bajó la cabeza un poco por respeto, y finalmente miró a Luis Ángel, que seguía quejándose como si tuviera cinco años.
La Sentencia de Mauro
​Mauro soltó un suspiro profundo y se cruzó de brazos. La decepción en su rostro era más pesada que cualquier golpe.
​Luis Ángel, cállate —dijo Mauro con una voz de trueno que hizo que el hombre de 40 años se encogiera en su silla—. Lo que hizo Michael fue incorrecto por el lugar y el momento... pero fue lo que necesitaste desde que eras niño.
​Luis Ángel abrió la boca, indignado, pero Mauro no lo dejó hablar.
​Siempre fuiste envidioso, siempre fuiste cruel y nunca aprendiste el valor de la familia. Michael solo hizo lo que yo debí hacer hace décadas —sentenció Mauro, acercándose a él—. Debí haberte dado yo unas buenas nalgadas para disciplinarte antes de que te convirtieras en el hombre patético que eres hoy.
​Adriana, al lado de Mauro, no dijo nada, pero su mirada de desprecio hacia Luis Ángel fue suficiente. Max se acercó a Michael y le puso una mano en el hombro, dándole un apretón de apoyo.
​Luis Ángel se quedó mudo, dándose cuenta de que incluso sus padres biológicos estaban del lado de la justicia de Michael. Había perdido la custodia, había perdido el respeto de sus hijos y ahora, finalmente, había perdido su dignidad.
La oficina del Director quedó en un silencio tenso tras la humillación de Luis Ángel. Max, con la pulcritud que lo caracterizaba, se acomodó la corbata roja y se puso de pie para dar su declaración oficial. No había rastro de culpa en su rostro, solo una eficiencia administrativa que resultaba inquietante.
El Reporte de Maxwell
​Señor Director, entiendo que para mi... hermano adoptivo, la lógica sea un concepto ajeno —comenzó Max, mirando de reojo a un Luis Ángel que aún se sobaba el trasero—, pero como Presidente del Consejo Estudiantil, mi deber es la preservación del orden y la integridad de la institución. Estas son las razones por las que no intervine en el altercado de Axel:
1:Imprudencia del Sujeto: Axel Santiago es un chico terco. Se le ha advertido en múltiples ocasiones sobre los sectores de recreo. Él buscó activamente el conflicto para alardear frente a otros. Lo que ocurrió no fue un ataque aleatorio, fue una consecuencia directa de su propia conducta. Él se lo buscó.
2:Obstáculo Logístico: Yo me encontraba en el ala norte del segundo piso supervisando el cableado de las cámaras. Desde que visualicé el inicio del conflicto hasta que bajara las escaleras y cruzara el patio, Axel ya habría perdido el conocimiento. Hubiese llegado tarde de todas formas.
3:Protocolo de Género: Soy un varón y represento la autoridad máxima de los alumnos. No puedo, bajo ninguna circunstancia, entrar en una riña física contra un grupo de mujeres. Si hubiera golpeado a las delincuentes para rescatarlo, hoy no estaríamos hablando de Axel, sino de mi expulsión por agresión de género. Mi prioridad es proteger la reputación del Consejo y de mi hermano Michael.
4:Desproporción de Fuerzas: El grupo de María Ramona es letal y numeroso. Para separar a Axel de ese grupito de forma segura, yo hubiera necesitado al menos a seis varones más  para realizar un cordón de seguridad. Intentar un rescate en solitario hubiera sido una negligencia que terminaría conmigo en el hospital también.
La Reacción Final
​El Director asintió lentamente, anotando cada punto. Los argumentos de Max eran fríos, pero administrativamente perfectos. No había nada legalmente que reprocharle.
​Sus razones son válidas, Maxwell —dictaminó el Director—. Actuó con la cabeza fría para evitar un escándalo mayor.
​Mauro miró a su undecimo hijo con una mezcla de respeto y escalofrío. Sabía que Max tenía razón, pero también sentía que esa "lógica" era el escudo perfecto para la Limerencia de Max: Axel se había acercado a Taro, y Max simplemente dejó que la naturaleza (y María Ramona) siguiera su curso.
​Luis Ángel, derrotado en todos los frentes, fue escoltado fuera de la escuela por la seguridad privada. Michael, finalmente calmado, puso una mano sobre el hombro de Max.
​Vámonos a casa, Maxi. Ya tuvimos suficiente de esta familia por hoy —dijo Michael, ignorando la mirada de odio de su hermano adoptivo.
​Al salir, Max miró hacia el patio. Las cámaras seguían grabando. Todo estaba bajo control. El "monstruo" Mountbatten estaba en casa, y ahora tenía a Michael y a Taro exactamente donde quería.
El ambiente en la casa de Mauro y Adriana era de un silencio denso tras el caos en la escuela. Mientras Max se encerraba en su habitación, sus dedos volando sobre el teclado de la computadora con una calma casi robótica, en la sala la situación era muy distinta.
​Mauro y Adriana sentaron a Michael en el sillón. El joven aún temblaba, no de miedo, sino por la descarga de adrenalina. Adriana le trajo un té de hierbas, mientras Mauro le ponía una mano firme pero cariñosa en el hombro.
​Respira, Mike. Ya pasó —dijo Adriana con suavidad.
​Michael ocultó el rostro entre sus manos. Sabía que su reacción había sido extrema. Siempre había tenido ese problema: una mecha muy corta para la injusticia y una dificultad enorme para procesar las emociones negativas antes de que se convirtieran en furia.












CHAPTER 32:MIKE...
El Origen de la Herida
​Mauro y Adriana recordaban perfectamente cuándo nació esa ira. Fue poco después de la adopción. Querían que Michael tuviera una vida normal, que fuera ese "niño normal" que merecía ser. Pero la sociedad no siempre es amable con lo que no entiende.
​El primer día de clases de Michael, cuando tenía solo 6 años, fue el detonante. Michael, con su cabello oscuro y esos ojos verdes intensos heredados de su linaje biológico, resaltaba demasiado al lado de Mauro, que era rubio de ojos azules.
​La maestra, una mujer de mente estrecha, soltó un comentario mordaz frente a toda la clase:
“Vaya, Michael, es obvio que no te pareces en nada a tu papá. ¿Seguro que no te recogieron de algún basurero?”
​Las risas de los otros niños fueron como puñaladas para el pequeño Mike. Él amaba a Mauro; Mauro era su héroe, el hombre que le había dado un hogar. Ver cuestionado ese vínculo de una forma tan cruel hizo que algo se rompiera en su interior. Sin pensarlo, el pequeño Michael agarró su silla de madera y se la lanzó a la maestra con una fuerza nacida de la pura desesperación.
​El resultado fue una injusticia que marcó su carácter para siempre: la directora, en lugar de sancionar el acoso de la docente, decidió que el "niño adoptado y violento" no tenía lugar en su institución. Michael fue expulsado ese mismo día, cargando con la etiqueta de "problemático" antes de cumplir los siete años.
El Presente
​Ese día te juramos que nadie te volvería a humillar por ser nuestro hijo, Mike —dijo Mauro, sacándolo de sus pensamientos—. Lo que hiciste con Luis Ángel hoy... fue una explosión de todos esos años de aguantar sus burlas y sus desprecios hacia Max y hacia nosotros.
​Lo sé, papá —susurró Michael—. Pero me asusto. Me asusta perder el control así. Siento que si no me detengo, podría destruir todo.
Mike, hijo, mírame —dijo Mauro con firmeza—. Lo que pasó hoy con Luis Ángel fue un eco de ese día. Has pasado toda tu vida intentando proteger a Max y a nosotros de la gente que nos señala por no ser "de la misma sangre".
​Michael levantó la vista, con los ojos verdes empañados.
Es que me duele, papá. Me duele que sigan intentando romper lo que tenemos. Y cuando exploto... siento que me convierto en lo que esa directora dijo que yo era: un problema.
​No eres un problema —intervino Adriana, acariciándole el cabello—. Eres un protector. Pero tienes que aprender que no puedes cargar con todo el odio del mundo tú solo.
En la quietud de la noche, con Michael profundamente dormido en el sofá y Max sumergido en sus planes digitales arriba, Mauro y Adriana compartían un café en la cocina, refugiados en la luz tenue de la campana extractora. El peso de la tarde aún se sentía en el aire, pero sus mentes viajaban hacia atrás, tratando de entender la extraña y hermosa naturaleza de sus hijos adoptivos.
El Corazón de Michael
​Es increíble, ¿verdad? —susurró Adriana, mirando hacia la sala—. Criamos a nuestros hijos biológicos con todo el amor y los recursos, y salieron tan... así. En cambio, Michael llegó a nosotros con seis años, con el mundo ya habiéndolo golpeado, y es el alma más pura que conozco.
​Mauro asintió, con la mirada perdida en el vapor del café.
Ese corazón suyo es contagioso. ¿Te acuerdas de aquel invierno, cuando Mike tenía nueve años y Max apenas tres? Fuimos al supermercado a hacer las compras del mes.
​Adriana sonrió con nostalgia.
Cómo olvidarlo. Hacía un frío que calaba los huesos.
​Vimos a esa madre con su hijito en la vereda —continuó Mauro—. Michael se plantó frente a mí con esa mirada que tiene cuando algo le parece injusto. Me convenció de vaciar medio carrito para ellos, de comprar mantas y bebida caliente. Y no solo eso... me sacó hasta el último peso que llevaba encima para que pudieran dormir en un hotel esa semana.
​Y fue él quien te insistió para que le dieras trabajo en el supermercado como conserje —añadió Adriana—. Tenía nueve años y ya entendía que la caridad ayuda un día, pero la dignidad de un trabajo ayuda para siempre. Sigue trabajando con nosotros, ¿sabes? Es nuestra mejor empleada.
La Lógica del Pequeño Max
​Mauro soltó una risita suave, recordando la otra parte de la historia.
Pero lo que hizo Max... eso fue lo que me dejó helado. El bebé de la mujer tenía una bronquitis terrible, estaba morado del frío. Max, con sus tres añitos y esa lógica tan suya, se acercó al pequeño.
​No dijo nada —recordó Adriana con los ojos empañados—. Solo lo abrazó. Se pegó a él como si quisiera transferirle toda su energía. Fue casi milagroso; le dio tanto calor humano que la fiebre bajó y la bronquitis no pasó a mayores. Los médicos dijeron que ese calor constante en el momento crítico le salvó los pulmones.
La Dualidad de los Hermanos
​Mauro suspiró, volviendo al presente.
Michael le enseñó a Max a amar, a ser empático. Pero Max... Max procesa ese amor de una forma diferente. Michael ama para construir, pero Max ama para proteger lo que Michael construyó.
​Me asusta un poco —confesó Adriana en voz baja—. Max es capaz de todo por Michael. Hoy lo vimos en la escuela. Michael puso el cuerpo y la ira, pero Max estaba ahí, observando, analizando... Como si estuviera calculando cuánto daño más puede permitir que le hagan a su hermano antes de borrarlos del mapa.
​Mauro tomó la mano de su esposa sobre la mesa.
Mientras Michael sea el norte de Max, estaremos bien. El problema será el día que alguien intente apagar la luz de Michael. Ese día, el pequeño niño que daba calor a los bebés enfermos va a incendiar el mundo entero.
La mañana siguiente trajo consigo una calma engañosa que se rompió al primer rayo de sol. Cuando Adriana fue a despertar a Michael, lo encontró empapado en sudor, temblando bajo las mantas y con las mejillas encendidas por una fiebre abrasadora. El estrés postraumático de la explosión de ira y el enfrentamiento con Luis Ángel finalmente le habían pasado factura a su cuerpo.
​¡Mauro! ¡Max! ¡Michael está ardiendo! —gritó Adriana con angustia.
​Max salió de su habitación como un rayo. Al ver a su hermano en ese estado, el pánico, esa emoción que Max creía tener bajo control, lo golpeó como un mazo. En su mente, una imagen de hace años se superpuso a la realidad: recordó el frío de aquel invierno y al bebé de la conserje que estuvo a punto de morir.
​Sin pensarlo, Max apartó a sus padres con una fuerza inusual.
Yo me encargo. Yo sé cómo darle calor —susurró Max, con los ojos fijos y vidriosos.
​Se subió a la cama y abrazó a Michael con desesperación, tal como hizo con aquel bebé a los tres años. Su lógica, distorsionada por el miedo a perder su único pilar, le decía que su propio calor corporal era lo único que mantendría a Michael con vida.
​No te vayas, Mike... no me dejes solo con ellos —susurraba Max, pegando su frente a la nuca ardiente de su hermano. Adriana y Mauro observaban desde la puerta, conmovidos y aterrados por la intensidad del vínculo; Max no cuidaba a Michael como a un hermano, lo cuidaba como si Michael fuera su propio corazón latiendo fuera de su cuerpo.
​En medio de ese trance de protección extrema, el teléfono de Max vibró en su bolsillo. Con una mano aún rodeando a Michael, Max contestó sin mirar.
​¿Diga? —su voz era un gruñido bajo.
​¿Max? Soy Taro... —La voz al otro lado del teléfono era suave y llena de alivio—. Solo quería llamarte para darte las gracias. La escuela hoy se siente... diferente. Más tranquila. Gracias por poner orden y por no dejar que las cosas con Axel pasaran a mayores. Eres realmente alguien en quien se puede confiar.
​Al escuchar la voz de Taro, la pupila de Max se dilató. La gratitud de Taro era el combustible que su obsesión necesitaba. Mientras sentía el calor de la fiebre de Michael en su pecho y escuchaba la dulce voz de Taro en su oído, Max sintió una embriaguez de poder absoluta.
​Haré lo que sea necesario para que el mundo sea un lugar seguro para ti y para Michael, Taro —respondió Max con una calma gélida que hizo que Taro se estremeciera al otro lado de la línea sin saber por qué—. No dejes que nadie más se te acerque. Yo me encargaré de todo.
​Max colgó y apretó más fuerte a su hermano. En su mente, el plan era perfecto: Michael era su pasado y su alma, Taro era su presente y su deseo. Y él era el guardián que quemaría a cualquiera que se atreviera a tocarlos.
Max se quedo dormido encima de Michael como cuando era bebé que solo los latidos de su hermano mayor lo tranquilizaba
Maxi oye dormilón arriba ya son las 10:00 am hoy no fuiste a clase cabezón por cuidarme-dijo Michael aun con fiebre pero un poco mejor–Te encanta dormir en brazos, ¿eh? —continuó Michael con ternura, sintiendo cómo Max se aferraba a su camiseta—. Como cuando eras bebé... Recuerdo la primera vez que te vi. Estabas ahí, dormido en esa camita del hospital. Llorabas reclamando atención, con una fuerza que asustaba a las enfermeras. Pero en cuanto me acerqué y te sostuve la manito, dejaste de llorar... e incluso me agarraste el dedo con fuerza, como si no quisieras que me fuera nunca.
​Max abrió los ojos lentamente. Esas palabras de Michael eran como un bálsamo, pero también una confirmación de su propia naturaleza. Desde su primer día de vida, su instinto no había sido el de jugar o explorar, sino el de poseer y asegurar lo que amaba. Aquel bebé que agarró el dedo de Michael era el mismo joven que hoy vigilaba las cámaras de la escuela y eliminaba amenazas con almohadas.
​No te iba a dejar solo, Mike —dijo Max finalmente, levantando la vista con una seriedad que contrastaba con su cabello desordenado—. La escuela puede esperar. Taro está a salvo, y tú estás aquí. Es lo único que importa.
​Michael le dio un beso en la frente, sin saber que mientras él recordaba con amor a ese bebé que buscaba consuelo, Max estaba reafirmando su promesa interna: nadie, ni Luis Ángel, ni los delincuentes, ni el pasado, volvería a soltar ese "dedo" que él decidió agarrar en el hospital.










CHAPTER 33:SI QUIERES DESHACERTE DEL PROBLEMA HAZLO TÚ MISMO
Raúl Rivera chico frágil.. fácil de manipular
Quizá deba lograr que MATE A ALGUIEN
Era un sábado por la mañana
Michael se fue con Micha a cuidar a algunos de los niños que ella cuida mientras que Max en casa miraba las redes sociales
Cuando vio en el perfil de uno de los bravucones de séptimo grado burlándose de Raúl Rivera
Se creo una cuenta falsa y empezó a hablar con el chico fingiendo ser un pibe que también "al sufrir bullying " buscó una solución MATO A SUS BULLIES Y LA UNICA CONSECUENCIA QUE TUVO FUE QUE LO EXPULSARON
Con la rapidez de un profesional, Max creó una cuenta falsa. Usó una foto de perfil genérica de un chico con capucha y un nombre de usuario que denotaba misterio. Buscó a Raúl en línea y le envió un mensaje directo.
Ángel_C1: "Vi el video de Bruno. Es patético que te sigan haciendo eso, Raúl."

​Raúl respondió casi al instante, desesperado por un poco de validación.
Raúl_R: "¿Quién eres? ¿Otro más que se va a burlar?"

​Max sonrió. Empezó a tejer la red. Le contó una historia fabricada con precisión quirúrgica: le dijo que él también había ido a la Élite School hace años, que sufrió el mismo infierno, hasta que encontró la "solución definitiva".
Ángel_C1: "Yo estuve en tu lugar. Nadie me ayudó. Ni los profesores, ni el Consejo. Así que una noche me cansé. Me encargué de mis bullies de una forma... permanente. ¿Y sabes qué fue lo mejor? Solo me expulsaron. La policía no pudo probar nada porque fui inteligente. Ahora soy libre y nadie se atreve a mirarme a los ojos."
Max escribía con una calma aterradora, recordando cómo él mismo se había deshecho de Alan Flores. No estaba sugiriendo un castigo escolar; estaba incitando a un asesinato. Sabía que si Raúl cruzaba esa línea, Max tendría un peón de por vida, alguien que le debería su libertad y su alma.
Ángel_C1: "Si quieres que el dolor pare, tienes que ser tú quien lo detenga. El miedo es la única autoridad que respetan. Si Bruno desaparece... tu infierno termina."

​Raúl no respondió por diez minutos. Max veía el ícono de "escribiendo..." aparecer y desaparecer. El chico estaba aterrado, pero la semilla de la violencia ya estaba plantada.
​Max cerró la computadora cuando escuchó la puerta de abajo. Era Michael regresando, con olor a aire libre y galletas, hablando maravillas de los niños que había cuidado.
​¡Maxi! Deberías haber venido, te habría hecho bien despejarte —dijo Michael asomándose a la habitación.
​Max lo miró con esa máscara de inocencia perfecta que solo usaba para él.
Estaba estudiando, Mike. Ya sabes que el Consejo no descansa.
Era el Domingo por la tarde
Michael y Michaela cuidaban a un pequeño niño llamado Rafael "Rafita" que tenia apenas 10 meses y ya parecía mas encariñado con Mike
Estaban comprando mas pañales cuando mientras Micha elegía el talle Mike vio a AnaMaria con JuanCarlos su hijo y Baltasar su esposo,El pequeño Juan Carlos de 10 años elegía entre que dulces llevar
Mientras esperaba a que su hijo decidiera lo vio a Mike y al verlo con un bebé pensó literalmente que lo habia secuestrado(¿en serio esta gente no tuvo educación?¿que no podria haber pensado que quizás Mike "era el padre del bebé")
Mira pequeñín esta es la manzana,esta la mandarina,la pera,la banana y este es el kiwi tu favorito-decia Michael mientras lo acomodaba-
En lugar de pensar que Michael estaba trabajando, o que incluso podría ser el padre del niño, su primer pensamiento fue el más oscuro posible.
​¡Baltasar, mira! —susurró ella, señalando con horror—. Es Michael... ¡y tiene un bebé! ¡Ese chico no tiene hijos! ¡Seguro lo secuestró para vengarse de lo que pasó en la escuela!
​Sin dudarlo, y demostrando la nula educación y sentido común que reinaba en su rama de la familia, Ana María corrió hacia el personal de seguridad.
El Incidente en Frutería
​Minutos después, mientras Michael le mostraba a Rafita el color vibrante de un pimiento rojo, dos guardias de seguridad se le acercaron de forma agresiva, rodeando el carrito.
​¡Quieto ahí! ¡Suelte al niño y ponga las manos donde pueda verlas! —gritó uno de los guardias, llamando la atención de todos los clientes.
​Michael se quedó helado, protegiendo instintivamente a Rafita con su cuerpo. El bebé, asustado por los gritos, empezó a llorar.
​¿De qué están hablando? Es mi trabajo, soy su niñero —explicó Michael, tratando de mantener la calma a pesar de que la ira empezaba a hervir en su interior.
​¡Mentira! —gritó Ana María apareciendo por detrás de los guardias—. ¡Ese bebé no es tuyo! ¡Eres un peligro para la sociedad, Michael! ¡Llamen a la policía!
Michaela llegó corriendo al sector de frutería, atraída por los gritos de seguridad y el llanto desgarrador del pequeño Rafita. Al ver a Ana María señalando a Michael y a los guardias rodeándolo, su paciencia se evaporó instantáneamente.
​Sin mediar palabra, Michaela se abrió paso entre los guardias y, antes de que Ana María pudiera soltar otra acusación, le cruzó la cara con una cachetada tan sonora que el eco rebotó en las góndolas de limpieza.
​El silencio fue absoluto. Los guardias retrocedieron, y Michael se quedó en un estado de shock total, sosteniendo a Rafita contra su pecho mientras veía a su compañera de trabajo transformarse.
​Ana María, sujetándose la mejilla ardiente y con los ojos desorbitados por la sorpresa, intentó balbucear algo, pero Michaela no le dio espacio.
​¡Cierra la boca! —sentenció Michaela con una voz cargada de veneno—. Estás asustando al bebé con tus delirios. No sé en qué clase de burbuja de ignorancia vives, pero Michael y yo estamos trabajando.
​Michaela se acomodó el cabello, mirándola con un desprecio infinito de arriba abajo.
​Vuelve a la primaria, querida, y termina de educarte. Deja que los "adultos" —dijo señalándose a ella misma y a un Michael que aún no reaccionaba— nos encargaremos de trabajar en paz. Tu paranoia es un problema psiquiátrico, no un asunto de seguridad.
​¡Él no es el padre! —gritó Ana María, recuperando un poco de aire—. ¡Yo lo sé!
​¡Y yo tampoco soy la madre, pedazo de analfabeta! —remató Michaela—. Somos sus niñeros. Se llama "empleo", algo que claramente no entiendes porque pasas demasiado tiempo metida en la vida de los demás.
​En ese momento, Max entró al pasillo caminando con una elegancia aterradora. Había visto la cachetada desde lejos y una pequeña y macabra sonrisa se dibujó en sus labios. Se acercó a los guardias de seguridad, mostrándoles su identificación del Consejo Estudiantil y la credencial digital de la agencia de niñería en su teléfono.
​Mi hermano y cuñada están bajo contrato legal —dijo Max con voz gélida—. Y usted, señora Ana María, acaba de cometer calumnias, injurias y hostigamiento de menores en un lugar público. Todo está siendo grabado por las cámaras del supermercado... y por las mías.
El lunes fue un caos
Raúl hizo lo que Ángel_C1 le "aconsejo" llevo un cuchillo y asesino a Bruno y sus compañeros y ese Bruno que Raúl Rivera mato era el hijo de AnaPaula
Cuando la policía llegó e interrogó a Raúl este dijo que un tal Ángel lo incitó a hacer esa macabra acción y cuando mostró el perfil lograron marcar el Gmail (Max habia eliminado su cuenta pero un Ángel real habia obtenido esa cuenta cambiando el Gmail)
​Cuando los peritos informáticos de la policía rastrearon el IP y el correo vinculado, llegaron directo al Ángel equivocado.
​¡Yo no hice nada! ¡Yo ni tengo cuenta! —gritaba el joven Ángel mientras era esposado y subido a la patrulla.
​La policía, ante la presión del escándalo y las pruebas técnicas que Max había plantado, no le creyó ni una palabra. El chico fue enviado a la cárcel de menores, mientras que Raúl Rivera, debido a su estado catatónico, fue derivado a un hospital de salud mental de máxima seguridad.
El Silencio del Verdugo
​Max bajó a la entrada de la escuela justo cuando Michael llegaba, pálido tras enterarse de que el hijo de su hermana Ana Paula había muerto. Michael estaba devastado, intentando procesar que su propia familia adoptiva  estaba siendo destruida por la violencia.
​Es horrible, Max... Bruno era un abusador, sí, pero era un niño —sollozó Michael, apoyándose en la pared—. ¿Quién pudo haberle hecho esto a Raúl? ¿Quién es ese "Ángel"?
​Max se acercó y, con una frialdad que Michael interpretó como fortaleza, le puso una mano en el hombro.
​El mundo es un lugar oscuro, Mike. Hay gente que solo quiere ver el caos. Lo importante es que tú estás conmigo y estás a salvo —dijo Max, mirando hacia la patrulla que se llevaba al falso culpable.
​En su mente, Max tachó un nombre más de su lista. Se había deshecho de los bullies, había incriminado a un extraño y había destrozado emocionalmente a Ana Paula, todo sin mover un solo músculo.

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