CAPITULO 10:

 Semanas después 

Todo seguía igual 

Leo estaba al borde de la locura 

Entre la discriminación de Carmen y Sofia 

El bullying de Austin y sus amigos 

El acoso de Amelia 

Y la negligencia de Lorena y Saúl 

Leo estaba al borde de sacar su pistola y disparar pero Manuel y Danielle son los únicos que lo mantienen cuerdo y calmado aunque no pueden evitar que Leo vaya a golpear a los bullies y le grite a Amelia de forma desesperada que lo deje en paz

Era una noche donde Leo debía hacer un trabajo extra de Geometría porque según Carmen la profesora Leo no está a la altura de un chico de cuarto año de secundaria y además es que lo odia por zurdo 

Leo trata de explicarle que es por su dislexia que le cuesta más pero Carmen no le interesa 

Leo estaba a punto de rendirse porque le cuesta demasiado pero finalmente decide ir a pedirle ayuda a Saúl sin embargo la respuesta de Saúl no era la que esperaba 

¿No puedes resolver un simple problema de geometría Leonardo?Eres una decepción con tu edad deberías hacerlo solo ve a tu habitación y resuelvelo iré a verte en 15minutos y si no lo resolviste eres tremendo burro-cachetada-pero que?-cachetada otra vez-basta Leo-tercera cachetada consecutiva

Soy un burro según tú ¿y vos qué eres tremendo tarado?eres un imbecil cabeza de termo metetelo por el...-le pega otra cachetada

Al Día siguiente 

Era lunes 

Después de francés y geografía 

Llego la hora de Escritura 

En la cual Sofia eligió a Leo para que escriba algo en el pizarrón 

Leonardo Gómez Padilla pasa y escribe por favor-dijo Sofia-

No-dijo Leo concentrado en su cuaderno-

Que pases Leonardo te estoy ordenando pasa al frente y escribe-Leo le lanza una silla la cual se rompe al chocar el pizarrón 

El aula quedó en completo silencio tras el impacto de la silla contra el pizarrón. Los estudiantes, algunos sobresaltados y otros expectantes, miraban a Leo con una mezcla de asombro y temor. La silla rota en el suelo era una prueba tangible de la explosión de su rabia, acumulada durante semanas de humillación y maltrato.

Sofía, atónita, dio un paso atrás, con la cara pálida pero aún con un destello de autoridad en sus ojos. 

¡Leonardo Gómez Padilla! ¿¡Qué demonios crees que estás haciendo!?- gritó, tratando de recuperar el control de la situación.

Leo, todavía de pie junto a su pupitre, respiraba pesadamente, sus manos temblaban de furia contenida. Miró a la profesora directamente a los ojos, con una intensidad que hacía que todos los presentes sintieran el peso de sus palabras.

¿Quieres que pase y escriba?¡Bien! Te escribiré algo que nunca vas a olvidar, Sofía. Porque estoy harto de ti, de tus órdenes, de tu falta de respeto, de todo.- Su voz era grave, llena de una mezcla de frustración y desafío.

Sofía intentó interrumpirlo, pero Leo levantó una mano, indicando que no había terminado. 

¡No! Ahora vas a escucharme. Porque todo este maldito tiempo he intentado explicarte que tengo dislexia, pero a ti no te importa. Me humillas frente a todos, me tratas como si fuera un idiota, y crees que tienes el derecho de pisotearme solo porque eres la profesora. ¿Sabes qué? Ya no pienso tolerarlo más.

La clase observaba en completo silencio, algunos de los compañeros de Leo compartiendo miradas nerviosas entre ellos, mientras otros parecían disfrutar del espectáculo.
Sofía, finalmente recuperándose de su sorpresa inicial, señaló la puerta con el dedo tembloroso.
¡Sal de mi aula ahora mismo, Leonardo!¡A la oficina de la Directora!¡No quiero verte más aquí!

Leo agarró su mochila y comenzó a caminar hacia la puerta, pero antes de salir, se giró y lanzó una última mirada hacia Sofía.

Voy a salir porque no quiero seguir viendo tu cara, no porque me lo ordenes. Pero algún día, Sofía, vas a aprender lo que significa respeto. Porque hasta ahora, no tienes ni idea. Y no es tu aula, idiota es el aula de la escuela

Con esas palabras, salió del aula, dejando tras de sí una atmósfera cargada de tensión y una profesora visiblemente afectada, intentando mantener la compostura frente a la clase.
Leo salió del aula caminado mientras sus pensamientos lo consumían 
Se detuvo en una ventana y saco in cigarrillo empezando a fumarlo 
La Directora Maria Graciela caminaba cerca y lo vio fumando
¡Leonardo Gómez Padilla!¿Qué crees que estás haciendo?-preguntó, con una voz tan fría como el aire que entraba por la ventana abierta.
Leo la miró de reojo, sin molestarse en apagar el cigarrillo. Su semblante era desafiante, pero también agotado. Fumando.¿Qué parece?-respondió con indiferencia, llevando el cigarrillo nuevamente a sus labios.
La Directora cruzó los brazos, claramente conteniendo su enfado. 
Este no es un comportamiento aceptable, Leonardo. Y mucho menos en la escuela. Dame ese cigarrillo ahora mismo.
Leo la miró fijamente, su rabia aún burbujeando debajo de la superficie. 
¿Y qué si no?¿Va a suspenderme por fumar?Tal vez debería. Así tendría una excusa para no volver a este infierno disfrazado de escuela. Y el comportamiento de Carmen y Sofia tampoco es aceptable y lo siguen haciendo 
María Graciela, aunque molesta, percibió algo más profundo en las palabras de Leo. Sus ojos se suavizaron ligeramente mientras estudiaba al joven que claramente estaba al borde de perder el control por completo.
Leonardo, sé que estás atravesando muchas cosas, pero este no es el camino. Apaga el cigarrillo y ven conmigo. Necesitamos hablar.
Leo vaciló, su mirada oscilando entre el cigarrillo y la Directora. Finalmente, apagó el cigarrillo contra el marco de la ventana con un gesto brusco y dejó caer la colilla al suelo.
Está bien, vamos. Pero no espere que le cuente nada que ya no haya escuchado antes. Nadie escucha de verdad, de todos modos.
Con esas palabras, siguió a la directora, sus pasos cargados de una mezcla de resignación y desafío, mientras se dirigían a la oficina para una conversación que ambos sabían que no sería fácil.
Cuando llegaron a la oficina, María Graciela cerró la puerta detrás de ellos y señaló una silla frente a su escritorio.
Siéntate, Leonardo.
Leo se dejó caer pesadamente en la silla, cruzando los brazos. Sus ojos oscuros reflejaban más cansancio que rebeldía en ese momento. La Directora se sentó frente a él, entrelazando las manos sobre el escritorio mientras lo observaba en silencio durante unos segundos, intentando encontrar las palabras correctas.
Quiero entender que está pasando contigo, Leo. Esto no se trata solo del cigarrillo o de lanzar una silla en clase. Hay algo más profundo, algo que te está consumiendo. Si no me lo dices, no puedo ayudarte.
Leo soltó una risa amarga. 
¿Ayudarme?¿De verdad cree que alguien puede ayudarme? Mis padres no lo hacen. Los profesores me odian. Mis compañeros se burlan de mí. Y cuando intento defenderme, soy el problema. Así que dígame, Directora, ¿qué puede hacer usted?
María Graciela mantuvo la calma ante sus palabras llenas de veneno. 
Quizás no pueda resolver todo, pero puedo escuchar. Y te aseguro que eso ya es un paso. Habla, Leo. Dime lo que realmente sientes.
Leo miró al suelo, apretando los puños. Durante un momento, pareció que no iba a decir nada, pero finalmente, las palabras comenzaron a salir en un torrente.
Estoy cansado. Cansado de que me llamen burro porque tengo dislexia. Cansado de que Carmen y Sofía me traten como si fuera un defecto andante.Cansado de que Austin y sus amigos me golpeen, de que Amelia no entienda que no quiero nada con ella. Y mis padres... ellos solo ven mis fallas. No me escuchan, no me apoyan. Me siento solo. Todos los días estoy al borde de explotar. Hoy... hoy casi lo hice. Quería hacerle algo terrible a Sofía. Y ni siquiera sé si estoy arrepentido de haberlo pensado.
La Directora respiró profundamente, dejando que las palabras de Leo resonaran en la habitación antes de responder.
 Lo que estás describiendo, Leonardo, es un peso que nadie debería cargar, mucho menos alguien de tu edad. Tienes razón en estar enojado. Lo que te está pasando no es justo. Pero también sé que la violencia no es la solución, incluso si parece la única salida.
 ¿Y qué se supone que haga? No sé cómo manejar todo esto. Solo... solo quiero que todo pare.
María Graciela lo miró con seriedad 
Leo levantó la mirada, sus ojos llenos de lágrimas que luchaba por Graciela asintió con seriedad.
 Vamos a buscar una solución juntos, Leo. Hablaré con tus padres y con los profesores, pero también quiero que hables con alguien que pueda ayudarte a lidiar con lo que sientes. Un psicólogo, alguien capacitado. Esto no será fácil, pero no estás solo. Yo no voy a abandonarte.
Por primera vez en mucho tiempo, Leo sintió un pequeño rayo de esperanza. Asintió, aunque su expresión seguía siendo cautelosa. 
Está bien. Pero si ellos no cambian, no sé cuánto más podré soportar. 
María Graciela se inclinó hacia él, mirándolo a los ojos. 
Lo sé, Leonardo. Pero quiero que sepas que yo voy a estar aquí. No te daré la espalda.
Leo se levantó lentamente y salió de la oficina 
Leo caminaba con pasos pesados hacia la enfermería, el eco de sus botas resonando en los pasillos vacíos. Su mente aún estaba cargada de pensamientos oscuros, pero al menos sentía un pequeño respiro después de hablar con María Graciela. Sin embargo, su calma momentánea se interrumpió cuando, al girar en un corredor, se encontró de frente con Carmen.
¿Adónde crees que vas, Leonardo Gómez Padilla?-La voz de Carmen resonó como un látigo en el aire. Su postura autoritaria y su mirada de desprecio dejaban claro que no estaba dispuesta a permitir ningún desafío.
Leo se detuvo, pero no porque quisiera hablar con ella. La miró de reojo, su mandíbula apretada, y siguió caminando sin pronunciar una palabra.
Carmen, indignada por la falta de respeto, aceleró el paso para interponerse en su camino. 
¡Te estoy hablando! ¡No puedes irte así como así! Tienes que volver a clase y hacer el trabajo que no quisiste hacer antes.
Leo se detuvo nuevamente, esta vez dejando escapar una risa amarga.
¿En serio, Carmen?¿Aún no entiendes? No voy a seguir soportando tus órdenes ridículas ni tu odio hacia mí por ser zurdo o disléxico. Ya basta.
Carmen dio un paso hacia él, su rostro enrojecido de furia. 
No es odio, Leonardo. Es disciplina. Si no haces lo que te digo, nunca aprenderás nada y seguirás siendo un burro.
Leo se detuvo en seco al escuchar la palabra "burro". Algo dentro de él se quebró, y en un arranque de furia, se giró hacia Carmen con una mirada que helaría la sangre de cualquiera. Antes de que ella pudiera reaccionar, Leo la agarró por el cuello y la levantó del suelo, acercándola lo suficiente como para que sintiera la rabia en su voz.
La burra aquí es usted- dijo, su tono grave y cargado de desprecio.-Usted actúa como un bebé, como alguien que se quedó estancado en el tiempo. Los zurdos ya no somos un 'defecto', ¿entiende? Pero usted sigue aferrada a su ignorancia como si fuera lo único que tiene en la vida.
Carmen intentó forcejear, pero el agarre de Leo era firme, casi inmóvil. Los pocos estudiantes que pasaban por el pasillo observaban la escena en completo silencio, demasiado atónitos para intervenir.
Escúcheme bien-continuó Leo, acercando su rostro al de ella.-Si sigue molestándome, si sigue empujándome al límite, le voy a quitar la vida para que se vaya directamente al infierno, que es donde pertenece.
Carmen, pálida de miedo, apenas podía articular palabra. Su orgullo y autoridad parecían desmoronarse frente a la intensidad de Leo.
Unos segundos después, como si algo en su interior le recordara que debía detenerse, Leo soltó a Carmen, quien cayó al suelo tosiendo y recuperando el aliento
Leo la miró directamente a los ojos, sus palabras cargadas de cansancio y rabia contenida.
 Llámame burro una vez más, Carmen, y te juro que vas a arrepentirte. Ahora, quítate de mi camino.
Si te vas ahora, te aseguro que no solo reprobarás mi materia, sino que hablaré con la Directora para que te expulsen de la escuela.
Leo dio un paso hacia ella, acercándose lo suficiente como para que su presencia la incomodara. 
Haz lo que quieras, Carmen. ¿Sabes qué? Expúlsame, castígame, arruíname si eso te hace feliz. Pero no voy a seguir perdiendo el tiempo con alguien que no es capaz de entender que la dislexia no me hace menos inteligente. Ahora, apártate. Debo irme a la enfermería y si tu me sigues molestando te voy a disparar y ni te molestes en hablar con la Directora ella está de mi lado.

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