CAPITULO 13:
Al Día siguiente
Leo y Vero Caminaban juntos hacia la escuela
Fueron encarados por Amelia y su padre Uriel quienes al verlos bajaron de su auto y se detuvieron frente a la pareja
Leonardo-dijo Uriel con voz autoritaria, mientras ajustaba su corbata.-Necesitamos hablar.
Leo frunció el ceño, colocando instintivamente a Verónica detrás de él.
No tengo nada que decirle, señor Romero -respondió con firmeza.
Amelia dio un paso al frente, con los ojos fijos en Verónica.
¡Tú! -espetó, señalándola.-¿Qué haces con mi novio?
Verónica alzó una ceja, claramente ofendida, pero Leo intervino antes de que pudiera responder.
Primero que nada, Amelia, no soy tu novio.Y segundo, no tienes ningún derecho a cuestionar con quién camino o dejo de caminar.
Uriel dio un paso al frente, su presencia imponente.
Escúchame bien, muchacho. Lo que hiciste ayer fue un error. Amelia es la pareja que tus padres y yo elegimos para ti. Es hora de que te comportes como un hombre y cumplas con tu responsabilidad.-cachetada-
Leo dejó escapar una risa amarga, mirándolo directamente a los ojos.
¿Responsabilidad?¿Desde cuándo ser una marioneta de ustedes es mi "responsabilidad"? No me interesa lo que ustedes quieran. Mi vida es mía, no su negocio. Es un idiota ve a morir en guillotina
Amelia intentó intervenir, con lágrimas en los ojos.
Leo, yo...yo solo quiero que todo vuelva a ser como antes. Por favor...
¿Antes?-interrumpió Leo, su voz cargada de sarcasmo.-¿Te refieres a cuando tú y tu padre pensaban que podían controlarme? Eso no va a pasar, Amelia.
Uriel apretó los dientes, claramente irritado.
Muchacho, te advierto que esto tendrá consecuencias. No solo para ti, sino también para tus padres.
Leo dio un paso adelante, enfrentándolo sin miedo.
¿Consecuencias?Haga lo que quiera, señor Romero. Pero le aseguro una cosa: no voy a regresar con su hija.
Verónica, que había permanecido en silencio, finalmente habló, con una voz firme pero tranquila.
Señor Romero, con todo respeto, creo que debería dejar a Leo en paz. Esto no le está haciendo ningún bien ni a usted ni a Amelia.
Uriel la miró con desprecio, pero antes de que pudiera decir algo, Leo tomó la mano de Verónica y dio un paso hacia adelante.
Vamos, Vero. No vale la pena perder el tiempo con ellos.
Sin esperar respuesta, Leo y Verónica continuaron su camino, dejando atrás a Uriel y Amelia, quienes permanecieron inmóviles junto al auto, derrotados por la seguridad y determinación de Leo.
Una vez alejados hablaron
Son unos imbéciles mis "padres" primero me traen un hermano menor sin que yo quisiera luego con 5 años me hacen trabajar después yo fui olvidado e ignorado claro yo tengo 6 años y todo gira alrededor de Nicholas después con 13 años me traen otro hermano menor y me hacen ser el responsable de ellos luego soy secuestrado para ser sicario y en vez de al menos preocuparse no hacen luego de 4 años regreso con ellos ya re cambiado y creen que sigo siendo su puto niño de 5 años
Leo!tu eres un chico increíble eres guapo inteligente y muy tierno gruñón pero tierno-dijo Vero-ellos no tienen el derecho de elegir por ti como en aquellos años de matrimonio infantil
Leo esbozó una ligera sonrisa, aunque sus ojos todavía reflejaban algo de la carga que llevaba por dentro.
¿De verdad piensas eso de mí?-preguntó, arqueando una ceja con una mezcla de incredulidad y gratitud.
Verónica asintió con firmeza, tomando sus manos entre las suyas.
Claro que sí, Leo. Eres increíble. Guapo, inteligente, y aunque a veces actúas como un gruñón...eres una de las personas más tiernas que he conocido. Y la única a la que he conocido ya que la relación obligada era una prisión psicológica David no me dejaba sola en ningún momento y Óscar ni hablar siempre debía ir con él o con alguno de sus amigos si no estaba con David tampoco
Leo dejó escapar una risa seca, mirando hacia el suelo.
Tierna no es precisamente la palabra que usaría para describirme, Vero.
Lo eres -insistió ella, inclinándose un poco hacia él para mirarlo a los ojos.-Y también eres valiente. Has pasado por tanto, Leo, y sigues aquí, peleando por lo que crees, aunque todos te quieran llevar por un camino que no es el tuyo. Eso dice mucho de ti.
Leo respiró hondo, dejando que las palabras de Verónica lo calaran.
Ellos no tienen derecho a decidir por ti, Leo. Ni Amelia, ni Uriel, ni siquiera tus "padres". No estamos en esos tiempos en los que las niñas eran obligadas a casarse con hombres que ni conocían. Tú no eres un objeto, y ellos no son dueños de tu vida.
Leo levantó la mirada hacia Verónica, sus ojos brillando con una mezcla de emociones.
Eres increíble, ¿sabes?-dijo en voz baja, apretando ligeramente sus manos.-No sé cómo lo haces, pero siempre sabes que decir para que todo sea más fácil de soportar.
Verónica sonrió suavemente y se inclinó para darle un beso rápido en la mejilla.
Porque te quiero, Leo. Y porque tú mereces ser feliz, sin que nadie decida por ti.
Leo suspiró y asintió lentamente, dejando que las palabras de Verónica le dieran algo de paz.
Gracias, Vero. En serio.-Levantó una mano y le acarició la mejilla con ternura.-Contigo a mi lado, siento que puedo enfrentar cualquier cosa.
Verónica sonrió y apoyó su frente contra la de él.
Y puedes. Porque no estás solo.
¿Gruñón pero tierno? -repitió, arqueando una ceja mientras una ligera sonrisa asomaba en su rostro. -Nunca pensé que esas palabras se usaran para describirme.
Pues lo son. Eres increíble, Leo. No importa lo que tus padres intenten, ellos no tienen derecho a elegir por ti, como en esos tiempos horribles de matrimonios infantiles donde las niñas ni siquiera podían decidir su propio destino.
Eso es exactamente lo que me hicieron con Amelia. Me vendieron como si fuera un objeto, sin importarle a nadie lo que realmente quiero o siento. -Su voz se endureció un poco, pero la suavidad de las manos de Verónica sobre las suyas lo tranquilizó.
Eso no define quién eres -dijo Verónica con firmeza, mirándolo a los ojos.- Eres guapo, inteligente y fuerte, Leo. No necesitas que ellos dicten tu vida. Puedes escribir tu propia historia, y yo voy a estar aquí para apoyarte.
No sé si puedo cambiar todo esto, Vero. Pero... gracias. Gracias por creer en mí.
Verónica le dio un suave apretón en las manos y le sonrió.
No tienes que hacerlo todo solo. Vamos paso a paso, juntos.
Leo dejó escapar un suspiro profundo, esta vez más aliviado, y asintió.
Sí, juntos. -Levantó una mano para acariciar su mejilla con delicadeza. -No sé cómo logras soportar mi lado gruñón, pero gracias por estar aquí.
Es mi superpoder -bromeó Verónica, y ambos rieron suavemente antes de continuar su camino hacia la escuela, sabiendo que, aunque el camino era difícil, no lo recorrerían solos.
Solo una cosa si tu hermano nos llega a molestar ¿le puedo romper la nariz de un puñetazo?-preguntó Leo
Comentarios
Publicar un comentario