CAPITULO 15:
Después de la clase de biología
El grupo de amigos salió para ir a comprar algo al kiosco antes de la siguiente clase
Vero compro una gaseosa con la que Leo de vez en cuando le robo un sorbo y cuando se la robaba le daba a Vero un beso para que no se enoje aunque claro después Vero se la devolvía
La siguiente clase era italiano con Mariana Bravo en el aula 48
Después de salir del kiosco, el grupo de amigos caminaba tranquilamente por los pasillos de la escuela. Verónica sostenía su gaseosa con una mezcla de diversión y cautela, sabiendo que Leo probablemente volvería a robarle un sorbo.
Deberías comprar la tuya, gruñón -dijo Vero en tono juguetón mientras lo veía acercarse nuevamente.
¿Y perder la excusa para besarte? Ni loco -respondió Leo, quitándole la botella con rapidez y tomando un sorbo antes de devolvérsela con una sonrisa traviesa.
Verónica le lanzó una mirada fingidamente molesta antes de inclinarse y darle un rápido beso en los labios.
Ahí está tu "pago", ladrón -dijo con una sonrisa.
Detrás de ellos, Manuel soltó una carcajada mientras abrazaba a Danielle por la cintura.
¡Vaya pareja! Ustedes dos no pierden ni una oportunidad, ¿verdad?
Calla, Manu -dijo Leo, girándose un poco para verlo. -Tú y Dani son igualitos, no disimulen.
Danielle, que sonreía recargada contra Manuel, rodó los ojos con una sonrisa.
Al menos nosotros no robamos gaseosas para conseguir besos.
¡Es estrategia! -replicó Leo, riéndose.
Finalmente llegaron al aula 48, donde la profesora Mariana Bravo ya estaba acomodando unos papeles en su escritorio.
Buongiorno, ragazzi! -saludó con entusiasmo al ver entrar a los estudiantes.
Buongiorno, professoressa! -respondieron en coro mientras se acomodaban en sus asientos.
Leo y Verónica tomaron su lugar juntos, con Manuel y Danielle justo detrás de ellos.
Hoy vamos a practicar nuestras habilidades de conversación -anunció la profesora Mariana. -Así que espero que estén listos para trabajar en parejas.
Leo miró a Verónica con una sonrisa.
¿Lista para aplastar a los demás con nuestras habilidades lingüísticas? -preguntó en broma.
Siempre, Leo -respondió ella, dándole un leve empujón en el brazo.
Mientras tanto, adelante tercera fila mas o menos del aula, David observaba en silencio, apretando los puños al ver la complicidad entre Leo y Verónica. Pero esta vez, no se atrevió a decir nada.
Óscar el mellizo de Vero miraba la escena furioso no podía creer que su hermana lo haya desobedecido
La clase de italiano comenzó con risas, conversaciones y un ambiente ligero, mientras los amigos disfrutaban del momento, dejando atrás las tensiones de la mañana.
Después de que la profesora Mariana Bravo explicara la dinámica de la clase de italiano, los estudiantes comenzaron a formar parejas. Leo y Verónica se miraron automáticamente, mientras detrás de ellos, Manuel y Danielle hacían lo mismo, compartiendo una sonrisa cómplice.
¿Lista para mostrarles a todos que somos la pareja perfecta, Dani? -preguntó Manuel, guiñándole un ojo.
Siempre lo hemos sido, Manu -respondió Danielle, dándole un beso rápido en la mejilla antes de que él le tomara la mano con seguridad.
Leo giró ligeramente hacia ellos, arqueando una ceja con curiosidad.
¿Y ustedes? ¿Desde cuándo son tan melosos?
Manuel le lanzó una mirada desafiante, pero divertida.
Desde hace mucho, pero seguro estabas demasiado ocupado con tus dramas para notarlo.
¡Oye! -protestó Leo, aunque no pudo evitar reír.
Verónica intervino, sonriendo.
Son una pareja adorable, ¿no crees, Leo?
Sí, claro, pero nosotros somos más geniales -respondió él con una sonrisa pícara, ganándose un codazo suave de Verónica.
Silencio, ragazzi -interrumpió la profesora Mariana. -¡Comencemos con el ejercicio! Quiero que cada pareja practique cómo pedir indicaciones en italiano. ¿Listos?
Los grupos se concentraron en el ejercicio, aunque con risas ocasionales y algunas bromas entre Leo, Verónica, Manuel y Danielle.
Entre las parejas, Leo y Verónica se mostraban más competitivos, mientras Manuel y Danielle trabajaban de manera sincronizada, complementándose con naturalidad.
Scusi, dov'è la stazione più vicina?(Disculpe, ¿dónde está la estación más cercana?) -practicó Verónica con Leo, quien respondió con su mejor imitación de un acento italiano exagerado, lo que hizo que todos se rieran.
¡Leo! Serio, por favor -dijo Verónica, aunque estaba conteniendo una carcajada.
A medida que la clase avanzaba, los cuatro amigos disfrutaban de la actividad, dejando en claro que tanto Leo y Verónica como Manuel y Danielle formaban un equipo unido, lleno de complicidad y apoyo mutuo.
Al terminar la clase de italiano Leo estaba en el baño cuando recibe una llamada de Lorena como en ese momento no puede atender se corta la llamada. Cuando Leo termina y se lavaba las manos Lorena lo vuelve a llamar Se seca las manos y atiende
Resopló con fastidio y deslizó el dedo para atender.
¿Qué quieres ahora, Lorena? -dijo con voz fría, dejando claro que no estaba de humor para largas conversaciones.
Leonardo, más respeto. Soy tu madre -respondió Lorena, con un tono autoritario que a Leo ya no le intimidaba.
¿Madre? No recuerdo que las madres obligaran a sus hijos a relaciones falsas para salvar sus propios intereses. ¿Qué quieres? Estoy ocupado.
Lorena guardó silencio unos segundos antes de hablar.
Uriel está furioso, y no me importa si no quieres escucharlo, pero necesitamos que reconsideres lo que hiciste con Amelia.
Leo apretó la mandíbula, tratando de contener su enojo.
Ya te lo dije, Lorena. No voy a estar con Amelia. No es mi novia, nunca lo fue, y no pienso sacrificar mi felicidad por tus errores ni por el trabajo de Saúl.
¡Leonardo, entiéndelo! Si no vuelves con ella, tu padre perderá su empleo. ¡Nosotros podríamos perderlo todo! -exclamó Lorena, ahora con un tono casi suplicante.
Leo soltó una risa amarga.
¿"Nosotros"? Qué conveniente que ahora sí me incluyes en tus preocupaciones. Pero no, Lorena, ustedes son los que van a perderlo todo. Yo no voy a perderme a mí mismo otra vez.
Eres un egoísta. Después de todo lo que hemos hecho por ti...
Leo interrumpió.
¿Todo lo que han hecho por mí? ¡Me dejaron solo, me obligaron a ser padre de mis hermanos, me ignoraron cuando más los necesitaba, y ahora esperan que sacrifique mi vida para salvar su pellejo! -dijo, su voz elevándose con cada palabra.
Hubo un silencio incómodo al otro lado de la línea antes de que Lorena hablara nuevamente.
Uriel no va a aceptar un no por respuesta. Ya me lo dejó claro.
Pues dile a Uriel que si vuelve a meterme en sus problemas, lo voy a denunciar por acoso.
Lorena jadeó al escucharlo, pero Leo no le dio tiempo para responder.
No me llames de nuevo para este tema. ¿Está claro?
Sin esperar respuesta, Leo colgó y guardó el teléfono en su bolsillo. Se miró en el espejo del baño, notando que sus manos temblaban ligeramente. Respiró hondo varias veces para calmarse antes de salir, decidido a no dejar que esa conversación arruinara su día.
Al regresar al pasillo, encontró a Verónica esperándolo junto a la puerta del baño.
¿Todo bien, gruñón?-preguntó ella, inclinando la cabeza con preocupación al verlo con el ceño fruncido.
Leo asintió lentamente.
Nada que no pueda manejar.
Sabes que puedes hablar conmigo, ¿verdad?-dijo Vero
Leo la miró, su expresión suavizándose mientras tomaba su mano.
Lo sé. Y gracias por eso, Vero.
Ambos caminaron juntos hacia la siguiente clase, dejando atrás el eco de las palabras de Lorena y concentrándose en disfrutar del tiempo que compartían.
Llegaron al aula 24 donde la profesora Ana Clara DeLuca los esperaba
La profesora de artes visuales los miraba con una sonrisa
¡Buenos días, chicos! -saludó la profesora con entusiasmo.-Hoy vamos a explorar algo especial en el arte: la expresión emocional a través de los colores.
Leo rodó los ojos ligeramente, pero Verónica le dio un pequeño codazo.
Vamos, gruñón, podrías disfrutar un poco esto -susurró ella con una sonrisa divertida.
Intentaré no dormirme -respondió Leo en voz baja, haciendo que Verónica soltara una risita.
Se dirigieron a la parte trasera del aula, donde se unieron a Manuel y Danielle, quienes ya estaban preparando sus materiales.
¿Listos para convertir sus emociones en arte? -preguntó Manuel, levantando una ceja mientras sacaba unos pinceles.
Más que listo -dijo Leo con sarcasmo, mientras Verónica negaba con la cabeza, divertida.
La profesora DeLuca comenzó la clase mostrando una rueda de colores en la pizarra.
Hoy exploraremos cómo los colores pueden representar estados emocionales. Por ejemplo, el rojo puede significar pasión o enojo, el azul puede ser tristeza o calma, y el amarillo puede reflejar felicidad o energía. Quiero que cada uno de ustedes cree una pintura que represente lo que están sintiendo ahora mismo. No hay respuestas incorrectas, chicos, así que dejen que sus emociones hablen.
Leo tomó un pincel, miró el lienzo en blanco frente a él, y luego a Verónica, quien ya había comenzado a trabajar con trazos de colores cálidos.
¿Qué vas a pintar? -le preguntó ella, sin apartar la vista de su obra.
Leo se encogió de hombros.
Aún no lo sé. Supongo que algo oscuro y caótico.
Verónica levantó la vista y le sonrió suavemente.
Pero también algo brillante al final, ¿no? Como tú.
Leo resopló, pero no pudo evitar sonreír un poco.
Mientras la clase avanzaba, los alumnos comenzaron a llenarse de manchas de pintura, y el aula se llenó de risas y creatividad. La profesora DeLuca caminaba entre ellos, ofreciendo consejos y comentarios alentadores.
Interesante elección de colores, Leonardo -dijo, deteniéndose junto al lienzo de Leo.- Ese contraste entre tonos oscuros y claros dice mucho.
Leo miró su pintura: una mezcla de negros y rojos, con un rayo de amarillo brillante que atravesaba el caos.
Supongo que es... cómo me siento últimamente admitió en voz baja.
Es un gran reflejo de tu fortaleza, aunque tal vez no lo notes -respondió la profesora con una sonrisa antes de continuar su recorrido.
Verónica, a su lado, le dio un suave codazo y le mostró su lienzo, lleno de tonos cálidos y vibrantes.
¿Ves? Tú eres ese rayo de luz en mi pintura también, gruñón.
Leo rodó los ojos, pero su sonrisa decía lo contrario.
La clase terminó con la profesora pidiendo a todos que expusieran sus pinturas al frente, creando una galería improvisada que reflejaba un caleidoscopio de emociones. Mientras los chicos salían del aula, Leo no pudo evitar sentirse un poco más ligero.
Supongo que no fue tan terrible después de todo -admitió, mirando a Verónica mientras salían tomados de la mano.
Sabía que te gustaría -respondió ella, dándole un beso rápido en la mejilla antes de dirigirse a su próxima clase.
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