CAPITULO 16:
La última clase del día antes de finalizar la escuela era álgebra para la buena suerte de Leo
Ana Lucía Bonnet quien era la profesora no era como Carmen y Sofia ella lo dejaba ser zurdo ya que lo entendía porque también era zurda y sabía la difícil historia que vivieron los zurdos hasta que fueron considerados personas
En el aula 20
Ana Lucía le pidió pasar al frente para resolver un problema
Leo con ayuda de la profesora resolvió el problema lo resolvió mal pero al menos lo intento y eso ya es un logro para Leo
Bien, chicos, hoy trabajaremos en algunos problemas básicos de ecuaciones lineales. -dijo la profesora, escribiendo un problema en la pizarra. Luego miró a Leo con una sonrisa alentadora.- Leonardo,¿quieres intentar resolver este problema?
Leo miró la ecuación con cierta inseguridad, pero al ver la expresión cálida de Ana Lucía, decidió intentarlo. Se levantó y caminó al frente, sintiendo las miradas de sus compañeros.
Tranquilo, tómate tu tiempo. No estamos aquí para juzgar, sino para aprender -le dijo la profesora mientras le daba el marcador.
Leo observó la ecuación. Aunque sentía que las letras y números bailaban frente a sus ojos por su dislexia, respiró hondo y comenzó a trabajar en el problema, paso a paso, con la orientación de Ana Lucía.
Eso es, Leonardo. Ahora, ¿cuál crees que sería el siguiente paso? -le preguntó ella con suavidad.
¿Dividir ambos lados entre dos? -respondió Leo, con un tono que mostraba más duda que confianza.
¡Correcto! Sigue así.
Muy bien, Leonardo. No importa si no obtuviste la respuesta correcta esta vez. Lo importante es que lo intentaste y diste un paso adelante. Eso es un gran logro.
Algunos de sus compañeros también aplaudieron, incluidos Manuel, Danielle y Verónica, quienes le dedicaron sonrisas de ánimo desde el fondo del aula.
De vuelta en su asiento, Leo susurró a Verónica:
Creo que es la primera vez que no me siento un completo fracaso en matemáticas.
Porque no lo eres, Leo. Y que Ana Lucía sea zurda y te apoye, hace toda la diferencia -le respondió ella, tomando su mano por debajo del pupitre.
La clase terminó con Ana Lucía agradeciendo el esfuerzo de todos y repartiendo hojas de práctica para llevar a casa.
Mientras salían del aula, Leo no pudo evitar pensar que, aunque su relación con las matemáticas seguía siendo complicada, con personas como Ana Lucía, las cosas parecían menos imposibles. Verónica, como siempre, caminaba a su lado, dándole la fuerza que necesitaba para enfrentar el día a día.
El regreso a casa fue tranquilo
Leonardo y Verónica caminando de la mano
Leo como buen caballero llevaba la mochila de Vero
Al llegar a casa
Osvaldo de 4 años jugaba en el living
Al ver a Vero fue hacia a la pareja
¿Eres la novia de Leo?-pregunto curioso
Eh Osvaldo vete a tu cuarto por favor-dijo Leo cortante
Pero antes de que el niño se alejara,Verónica se agachó para estar a su altura, con una sonrisa amable en el rostro.
Amor no seas así con tu hermanito es solo un curioso y respondiendo a tu pregunta chiquitín si soy la novia de Leo-dijo Vero-
Los ojos de Osvaldo se iluminaron.
¿De verdad? ¡Qué bien! Porque Leo siempre está gruñón, pero contigo parece más feliz -dijo el niño con una sonrisa inocente.
Leo no pudo evitar sonrojarse ante las palabras de su hermano, mientras Verónica soltaba una risita.
Bueno, prometo cuidarlo, chiquitín -le dijo Verónica, guiñándole un ojo.
Osvaldo asintió feliz y volvió a jugar, mientras Leo tomaba la mano de Verónica y la guiaba hacia la cocina.
No tenías que decirle eso -murmuró Leo, aunque en el fondo no podía ocultar una pequeña sonrisa.
Claro que sí. Osvaldo es un encanto. Y tú también lo serías si dejaras de ser tan gruñón -respondió Verónica con picardía.
Leo resopló, pero se inclinó para besarle la frente.
Gracias por siempre encontrar la manera de hacerme sonreír -susurró.
La felicidad de ese momento duró poco. Mientras Leo y Verónica estaban en la cocina disfrutando de su tiempo juntos, Lorena y Saúl aparecieron en la entrada, con rostros serios y determinación en su actitud.
Leonardo -comenzó Lorena, cruzando los brazos- necesitamos hablar contigo.
Leo, al escuchar ese tono, inmediatamente supo que el tema no iba a ser agradable. Soltó un suspiro pesado y miró a Verónica, quien le apretó la mano para darle apoyo.
¿Qué pasa ahora? -preguntó Leo, girándose hacia sus padres, sin ocultar su molestia.
Es sobre Amelia -dijo Saúl, y la simple mención del nombre hizo que Leo frunciera el ceño aún más.
No otra vez-gruñó Leo, cruzando los brazos.- Ya les dejé claro que no voy a estar con ella.
Esto no se trata solo de ti -dijo Lorena, intentando sonar comprensiva pero fallando. -Esto es por el bien de nuestra familia.
¿"Por el bien de nuestra familia"?¿O por el de ustedes? -interrumpió Leo, alzando la voz. -Porque no parece que les importe lo que yo quiero. Solo piensan en su beneficio.
¡Mide tu tono, jovencito! -le reprendió Saúl. -Uriel me llamó de nuevo, y si tú no retomas esa relación con Amelia, voy a perder mi trabajo. ¿Eso es lo que quieres?¿Dejar a tu familia sin sustento?
LO QUE QUIERO ES QUE SE DEN CUENTA DE LO EGOISTAS QUE SON LOS DOS AL QUERER USARME COMO PEÓN DE SU JUEGO SOY UN SER HUMANO CON SENTIMIENTOS Y AMELIA ES UNA PSICOPATA QUE SI ME SIGUEN OBLIGANDO A ESTAR CON ELLA LA ENCIERRO CON UN PSIQUIATRA PORQUE ES CLARO QUE ME VEN COMO A UN BEBÉ Y NO UN ADOLESCENTE DE 16 AÑOS-dijo Leo muy enojado
Será tu culpa si me despiden-dijo Saúl
Leo soltó una risa amarga y sarcástica.
¿Mi culpa? ¿De verdad quieren ponerme esa responsabilidad encima? ¿Porqué no se enfrentan ustedes a Uriel? ¡No es mi problema que él sea un chantajista ni que ustedes le tengan tanto miedo!
Lorena dio un paso hacia él, intentando mantener la calma.
Leo, no estamos pidiendo que te cases con ella, solo que finjas ser su novio.
¿Fingir? -repitió Leo, con incredulidad. -¿Qué clase de padres hacen esto?¿No entienden lo ENFERMO que está todo esto?¿ustedes son estúpidos o se hacen?Amelia es una LOCA que debería estar en el PSIQUIATRA porque la OBSESIÓN que tiene CONMIGO es ya ENFERMIZA cuando debía estar con ELLA porque USTEDES me OBLIGARON ella me PERSEGUIA hasta al BAÑO osea me tiene que ver DESNUDO me tiene que ver MEAR para que se quede TRANQUILA que no la ENGAÑO.
Verónica, que había permanecido en silencio, finalmente intervino.
Con permiso, señora, señor. Pero Leo tiene razón. Esto no es justo para él. Ni siquiera están pensando en lo que siente, solo en ustedes.
Esto no es asunto tuyo, jovencita -respondió Lorena, mirándola con frialdad.
Leo se interpuso entre ellos.
Sí lo es, porque ella es mi novia. No Amelia. ¡Y eso no va a cambiar!
Saúl intentó calmar las cosas, pero su tono solo empeoró la situación.
Mira, Leo, tienes dos opciones: o cooperas con esto, o tendremos que tomar medidas más drásticas.
Leo los miró con una mezcla de furia y desilusión.
¿Medidas más drásticas? Háganlo. Pero les advierto algo: el día que crucen esa línea, no vuelvan a buscarme. Porque en ese momento, ustedes ya no serán mi familia.
Lorena y Saúl se miraron incómodos ante la explosión de Leo, pero no dijeron nada, dejando que el silencio en la cocina se volviera aún más tenso.
¿No van a decir nada? -continuó Leo, alzando la voz. -¡¿De verdad no entienden lo enfermo que es esto?! ¡Amelia me sigue como una sombra, se mete en mi espacio personal, y ustedes piensan que está bien! ¡¿Qué clase de padres son ustedes?!
¡Leonardo! -interrumpió Lorena, intentando sonar firme. -¡Modera tu lenguaje!
¡¿Moderar mi lenguaje?!-repitió Leo, dando un paso hacia ellos. -¡Lo que deberían moderar son sus decisiones absurdas! Amelia es una loca que necesita ayuda profesional. ¡La obsesión que tiene conmigo no es normal! ¿O les parece normal que me persiguiera hasta el baño porque necesitaba asegurarse de que no estaba engañándola?¿De verdad creen que eso es sano? ¡Se metió al baño mientras yo estaba ahí! ¿Eso es lo que quieren para mí?
Lorena y Saúl parecían cada vez más nerviosos, pero Saúl intentó recuperar el control de la conversación.
Leonardo, estamos hablando de algo serio. Uriel es mi jefe y su palabra tiene peso. Si no haces esto, podríamos perderlo todo.
Leo dejó escapar una risa amarga y sarcástica.
¿Perderlo todo?¿Qué es "todo"? Porque claramente no soy yo. A mí ya me perdieron hace mucho. Solo soy un peón más en su juego para mantener contento a Uriel.
Verónica, que había estado en silencio, tomó la mano de Leo, tratando de calmarlo.
Amor, tranquilo. No vale la pena gastar energía con ellos si no quieren entenderte.
No, Vero -respondió Leo, mirándola brevemente antes de girarse nuevamente hacia sus padres. -Tienen que escucharlo, porque parece que no lo entienden. ¡Yo no soy su propiedad! ¡No soy algo que puedan usar para su conveniencia!
Lorena intentó acercarse, pero Leo levantó una mano para detenerla.
No. No quiero escuchar más excusas. Si quieren que yo vuelva con Amelia, olvídenlo. NO voy a SACRIFICAR MI DIGNIDAD MI BIENESTAR y MI FELICIDAD solo para salvar su relación con Uriel.Son Egoístas
Con esas palabras, Leo tomó a Verónica de la mano y salió de la cocina, dejando a sus padres en silencio, enfrentándose por primera vez a las consecuencias de su egoísmo.
Verónica le dio un apretón en la mano mientras salían al jardín.
Estoy contigo, Leo. No importa lo que pase -le dijo con firmeza.
Leo la miró, con los ojos llenos de gratitud y algo de tristeza.
Gracias, Vero. Porque, al menos por ahora, parece que tú eres la única familia que tengo.
Días más tarde
Era un viernes
Vero había faltado ese día a la escuela por lo que Leo aprovecho para visitar al Jefe sicario en la cárcel a quien Leo ve como su verdadero padre
Al llegar al área de visitas, Leo pasó por el procedimiento habitual: registro, entrega de pertenencias, y finalmente, la espera en una sala llena de mesas. Pronto, el hombre al que admiraba apareció escoltado por dos guardias. A pesar del uniforme y el entorno, su presencia seguía siendo imponente.
Leo-dijo el hombre, esbozando una sonrisa genuina mientras tomaba asiento frente a él. -No esperaba verte hoy.
Tenía que venir, papá-respondió Leo, sin pensarlo dos veces al usar esa palabra.-Necesitaba hablar contigo.
El hombre lo observó detenidamente, notando la tensión en su postura.
¿Qué pasó, hijo?
Leo suspiró profundamente, mirando las cicatrices en sus propias manos antes de alzar la vista.
Mis padres biológicos…están intentando obligarme a fingir que soy el novio de una chica que está obsesionada conmigo, solo porque su papá es el jefe de mi "papá" Creen que es lo mejor, pero claramente solo lo hacen para proteger su propia comodidad.
El hombre frunció el ceño, su semblante volviéndose serio.
¿Y qué piensas hacer al respecto?
Ya les dije que no lo haré. Que no soy su herramienta, ni su forma de salvar su reputación. Pero eso solo ha empeorado las cosas en casa. Cada día siento que estoy más solo.
El Jefe sicario asintió lentamente, entendiendo el dolor en las palabras de Leo.
Hiciste lo correcto al decirles que no, Leo. Nadie tiene derecho a controlar tu vida, ni siquiera tus padres biológicos. Siempre lo supe…desde que eras un niño. Eras fuerte, incluso cuando el mundo estaba en tu contra.
Leo sintió un nudo en la garganta al escuchar esas palabras. No recordaba la última vez que alguien lo había elogiado de esa manera.
Pero, hijo, también tienes que saber elegir tus batallas. Hay momentos en los que enfrentar a quienes te lastiman puede ser peligroso. Si necesitas un refugio, no dudes en buscarlo. Hay gente que te quiere y te valora. Verónica es una de ellas, ¿verdad?
Leo asintió, sonriendo levemente.
Sí. Vero es…lo mejor que me ha pasado.
El hombre le dedicó una mirada cálida, algo raro viniendo de alguien con su historia.
Entonces lucha por ella y por ti mismo, Leo. No dejes que nadie te haga sentir menos. Si tus padres no pueden ver tu valor, eso es su pérdida, no la tuya.
Leo tu eres un muchacho increíble no dejes que ellos te controlen tu tienes tu vida y elijes con quien estar ellos podrán no estar de acuerdo pero no pueden elegirte novia y en el hipotético caso ¿que hubiera sucedido si te gustaban los varones?¿ellos te obligarian a estar con esa loca?
El jefe sicario miró a Leo con una intensidad que solo un hombre con experiencia en la vida podía tener. Las palabras que le había dicho eran claras, pero el mensaje era más profundo de lo que Leo había anticipado.
Leo, escúchame bien -continuó el hombre con un tono firme pero lleno de cuidado. Tú tienes derecho a vivir tu vida como tú lo elijas. Nadie puede obligarte a estar con alguien, sea quien sea, ni por la razón que sea. Y en un mundo donde las personas intentan controlar todo a su alrededor, lo más importante es que mantengas tu autonomía.
Leo miró al suelo, pensando en las últimas semanas, en cómo todo parecía fuera de su control, en cómo sus padres y la sociedad intentaban empujarlos a un molde que no encajaba con lo que realmente quería.
Leo se quedó en silencio, las palabras del hombre calando profundamente en él. Nunca lo había visto de esa manera antes. Todo el tiempo había vivido bajo la presión de complacer a los demás, sin cuestionar realmente lo que él sentía, lo que quería.
Tienes razón, papá. A veces siento que soy solo una ficha más en un tablero que otros mueven a su conveniencia. -Leo levantó la vista, sus ojos ahora más decididos.-Pero no voy a dejar que me controlen más.
El Jefe sicario asintió, satisfecho con su respuesta.
Esa es la actitud que siempre quise que tuvieras. Recuerda esto, hijo: tú vales mucho más que cualquier expectativa que los demás tengan de ti. Nunca olvides quién eres ni lo que eres capaz de hacer. Si tienes que luchar, lucha. Y si tienes que romper las reglas para ser libre, hazlo. No te rindas por nadie, ni por nada.
Leo sonrió, por fin sintiéndose comprendido. Salió de la prisión con una nueva determinación en su corazón. No iba a dejar que su vida fuera dirigida por las expectativas de otros, ni siquiera por sus propios padres. La lucha por su libertad personal, por el derecho de decidir su vida, acababa de comenzar.
La visita terminó poco después, pero las palabras del Jefe sicario quedaron grabadas en el corazón de Leo. Mientras salía de la prisión, sintió una renovada fuerza. Si alguien como su verdadero padre podía ver su valor, entonces estaba decidido a no dejar que los demás lo aplastaran.
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