CAPITULO 19:
Con un suspiro frustrado, rayó el papel con el lápiz, dejando una marca de su frustración. En ese momento, la puerta de su habitación se abrió lentamente, y Lorena asomó la cabeza. Al verlo tan concentrado -y claramente angustiado- decidió entrar.
¿Qué haces, Leo?-preguntó, acercándose con cautela.
Leo ni siquiera levantó la mirada.
Tarea de gramática. Algo que para los demás es fácil, pero para mí es como escalar una montaña con las manos atadas-respondió con un tono seco.
Lorena se detuvo junto a él y miró el papel. Por un momento, se quedó en silencio, observando los intentos de Leo por resolver los ejercicios.Su corazón se apretó al darse cuenta de cuánto estaba luchando.
Déjame ayudarte -dijo suavemente, tomando una silla para sentarse a su lado.
Leo la miró, desconfiado, pero finalmente asintió.
Está bien, pero no esperes milagros. Esto es imposible.
Lorena sonrió con empatía.
Nada es imposible, Leo. Solo hay que encontrar la forma correcta de hacerlo. Vamos, empecemos con la primera oración. Léemela despacio.
Leo tomó el papel y comenzó a leer, pero las palabras se mezclaban, y cada vez que intentaba enfocarse, sentía que su cabeza iba a explotar.
Es inútil -dijo, soltando el papel con frustración. -No puedo hacerlo. No importa cuánto lo intente, siempre me equivoco.
Lorena colocó una mano en su hombro, dándole un leve apretón.
No es inútil, Leo. Es difícil, sí, pero eso no significa que no puedas hacerlo. Mira, intentemos esto. Divide las palabras en partes más pequeñas y léelas una por una.
Con paciencia, Lorena guió a Leo, ayudándole a descomponer las oraciones y a entenderlas paso a paso. Aunque el progreso era lento, poco a poco Leo comenzó a sentirse un poco más seguro.
Ves, lo estás haciendo bien -dijo Lorena con una sonrisa. No tienes que hacerlo perfecto, Leo. Lo importante es que lo intentes, y eso es lo que estás haciendo.
Leo se quedó en silencio por un momento, mirando a su madre. Aunque aún había una barrera entre ellos, este pequeño gesto de apoyo era un paso hacia algo mejor.
Gracias-murmuró finalmente.-Por no gritarme, ni decir que no me esfuerzo.
Lorena le devolvió una sonrisa cálida.
Siempre estaré aquí para ayudarte, Leo. Solo tienes que dejarme hacerlo.
Aunque las heridas emocionales entre ellos no sanarían de la noche a la mañana, este momento fue un pequeño rayo de luz en la relación rota entre madre e hijo.
Mientras Leo y Lorena estaban en el cuarto, trabajando en la tarea con una tranquilidad inusual, en el otro extremo de la casa, Saúl estaba en su oficina, revisando algunos documentos de trabajo. De repente, su teléfono comenzó a sonar. Al ver el nombre de Uriel en la pantalla, suspiró, ya anticipando que la conversación no sería agradable. Con cierto fastidio, respondió.
¿Qué sucede, Uriel? -preguntó, intentando mantener un tono neutral.
La voz de Uriel del otro lado del teléfono era autoritaria y fría:
Saúl, no voy a andarme con rodeos. Estoy harto de esta situación. Si el lunesno veo a Leonardo y Amelia juntos como la pareja que deben ser, considera tu empleo terminado.
Saúl se quedó mudo por un momento, apretando el teléfono con fuerza mientras procesaba las palabras de Uriel.
Uriel, esto es ridículo. Estamos hablando de adolescentes. No puedes poner en juego mi trabajo por algo así.
¡Oh, claro que puedo! -respondió Uriel con una risa seca.-No olvides que estoy donde estoy porque sé mantener las apariencias. Y tú estás donde estás gracias a mí. Así que si no quieres perder tu posición, haz que tu hijo entre en razón. No me importa cómo lo hagas.
Saúl sintió un nudo en el estómago. Por un lado, sabía que lo que Uriel pedía era injusto y manipulador, pero también sabía lo que significaría perder su empleo: inestabilidad financiera para su familia.
Hablaremos con Leo esta noche -respondió finalmente, con voz tensa.
Más te vale, Saúl. No estoy jugando. Mañana quiero ver resultados.
Uriel colgó, dejando a Saúl con un peso en el pecho y una creciente sensación de desesperación. Por un momento, se quedó sentado en su silla, mirando fijamente el teléfono en su mano. Luego se levantó con determinación y caminó hacia el cuarto de Leo.
Cuando entró, vio a Lorena y a Leo trabajando juntos en la tarea. La escena, que debía ser reconfortante, solo alimentó su frustración.
Lorena, necesito hablar contigo-dijo, tratando de no sonar demasiado brusco frente a Leo.
Lorena levantó la mirada y notó la expresión seria de Saúl.
¿Qué pasa? -preguntó, levantándose del escritorio.
Saúl no dijo nada, solo hizo un gesto para que lo siguiera al pasillo. Una vez fuera, cerró la puerta y, con un susurro urgente, explicó lo que Uriel había dicho.
¿Qué vamos a hacer, Saúl? -preguntó Lorena, visiblemente preocupada. -Leo no va a aceptar volver con Amelia, y honestamente, no puedo culparlo.
Saúl se pasó una mano por el rostro, sintiendo la presión aumentar.
No sé, Lorena. Pero si no hacemos algo, vamos a perder todo.
Ambos se quedaron en silencio, conscientes de que cualquier decisión que tomaran esa noche podría tener consecuencias graves, no solo para ellos, sino también para Leo.
El lunes
Leo llega a la escuela donde es encarado por Óscar (el hermano mellizo de Verónica) y por David y Amelia
Los tres le reclaman
Porque estas con mi hermana bicho raro?-dijo Óscar
Porque no te mueres y me devuelves a Vero ella es mía-dijo David
Mi papá dejo claro Leo que tu y yo debemos ser novios así que te ordenó que cortes con Verónica y me beses a mi-dijo Amelia
Leo, quien había llegado con tranquilidad a la escuela, sintió cómo su paciencia se evaporaba al ver a Óscar, David y Amelia bloqueándole el paso. Se cruzó de brazos, observándolos con una mezcla de incredulidad y fastidio.
¿De verdad? -murmuró, arqueando una ceja.
Óscar dio un paso adelante, mirándolo con desprecio.
¿Porqué estás con mi hermana, bicho raro? Ella merece algo mejor que un tipo como tú.
David no tardó en añadir su queja:
¡Exacto! Deberías morirte y devolverme a Verónica. Ella es mía.
Amelia, como siempre, no se quedó atrás y lanzó su habitual exigencia, con un tono cargado de arrogancia:
Leo, mi papá fue muy claro. Tú y yo debemos ser novios. Así que termina con Verónica ahora mismo y dame un beso.
Leo, con una calma que hacía evidente su enojo, dejó que las palabras se asentaran antes de responder. Dio un paso adelante, mirando a cada uno directamente a los ojos.
Primero que nada, Óscar -dijo, su voz helada- no tienes ningún derecho a decidir con quién está tu hermana. Si realmente te importara, te preocuparías por su felicidad, no por tu ego herido.
Óscar intentó interrumpir, pero Leo levantó la mano para detenerlo.
Segundo, David, deja de tratar a Verónica como si fuera un trofeo que puedes reclamar. Ella es una persona, no una posesión. ¿Y que me muera? Lo siento, amigo, pero vas a tener que aprender a vivir con tu fracaso.
Finalmente, Leo giró hacia Amelia, su expresión endureciéndose aún más.
Y tú, Amelia... -su tono era casi un susurro, pero lleno de desprecio-Deja de vivir en un mundo de fantasía. No te debo nada, y mucho menos un beso. Si tu papá tiene un problema, que lo resuelva conmigo, pero no volveré a ser tu marioneta.
Amelia abrió la boca, pero Leo no le dio oportunidad de responder.
Les diré esto a los tres, para que lo graben bien: mi vida, mis decisiones. Ya no soy el niño débil que pueden controlar o manipular. Si tienen un problema con eso, pueden seguir llorando mientras yo sigo viviendo mi vida con la persona que amo.
Sin esperar una respuesta, Leo los dejó plantados y continuó caminando hacia el aula. Sabía que habría más enfrentamientos, pero también sabía que no estaba solo. Con Verónica y sus verdaderos amigos a su lado, estaba listo para enfrentar cualquier cosa que viniera.
Al final del día cuando Leo llega a casa y escucha que lo volverán a obligar a estar con Amelia porque Saúl ya fue despedido golpeó la mesa tan fuerte que la partió al medio y grito tan enojado que hasta Nicholas de 12 y Osvaldo de 4 se asustaron y se fueron arriba
YO NO SERE NOVIO DE AMELIA ENTIENDANLO YO YA TENGO DE NOVIA A VERO Y ME VALE LO QUE SUCEDA CON USTEDES SAÚL ¿SABES QUE PUEDES DENUNCIAR A URIEL VERDAD?LO QUE ÉL HACE ES ABUSO DE PODER Y ES ILEGAL NO PUEDE DESPEDIRTE SIMPLEMENTE PORQUE SU HIJA FUE RECHAZADA NO TIENE EL DERECHO DE DESQUITARSE CONTIGO SOLO PORQUE NO PUDO CUMPLIR EL CAPRICHO DE AMELIA
Leo... -intentó Lorena, con un tono conciliador- no entiendes lo difícil que es...
¡Claro que lo entiendo! -la interrumpió Leo, señalándola con firmeza.- ¡Lo que no entiendo es porqué siguen permitiéndolo!. ¿De verdad están dispuestos a sacrificar mi felicidad, mi vida, solo para evitarse problemas? ¡Si tanto les importa ese trabajo, entonces arreglen las cosas legalmente!
El silencio que siguió fue sepulcral. Lorena y Saúl se miraron entre sí, sin saber qué responder.
No soy un objeto que pueden intercambiar por conveniencia -dijo Leo finalmente, con un tono más bajo pero lleno de convicción. -Y no voy a permitir que nadie, ni ustedes ni Uriel, controle mi vida.
Sin decir más, Leo se dio media vuelta y subió a su cuarto, cerrando la puerta con un portazo que dejó claro que no había más que discutir.
Lorena y Saúl se quedaron en la sala, rodeados por los fragmentos de la mesa rota, enfrentándose a la realidad de que su hijo ya no estaba dispuesto a callar ni a ceder.
Lorena se dejó caer en el sofá, pasando las manos por su rostro con un suspiro tembloroso.
Esto se nos está yendo de las manos, Saúl -dijo en voz baja, mirando los pedazos de la mesa rota como si fueran un reflejo de su familia.
Saúl, aún de pie, apretó los puños. Había algo de vergüenza en su mirada, pero también frustración.
Es fácil para él hablar de denunciar -replicó, aunque sin mucha convicción.-Pero, ¿qué hacemos si Uriel decide hacer algo peor? ¿Y si nos arruina por completo?
Lorena lo miró con severidad.
¿Peor que lo que estamos haciendo con Leo? -preguntó, su voz casi un susurro, cargada de reproche. -¿No ves cómo lo estamos perdiendo? Lo estamos empujando al límite... otra vez.
Saúl bajó la mirada, incapaz de responder. En el fondo, sabía que Lorena tenía razón.
Tenemos que detener esto antes de que sea demasiado tarde continuó ella, poniéndose de pie con decisión. -Si Uriel quiere jugar sucio, que lo haga. Pero no a costa de nuestro hijo.
¿Y si no podemos con él? -preguntó Saúl, casi en un murmullo.
Lorena se acercó y le tomó la mano.
No podemos perder a Leo, Saúl. Si seguimos así, un día se irá y no lo volveremos a ver. Y esta vez, no será porque lo secuestraron.
El peso de esas palabras cayó sobre Saúl como un yunque. Cerró los ojos, dejando escapar un largo suspiro.
Está bien -dijo finalmente, con voz cansada.-Hablaré con Uriel. Haré lo que pueda.
Lorena asintió, aunque su expresión seguía siendo de preocupación.
Mientras tanto, en su habitación, Leo estaba sentado en su escritorio, respirando con dificultad mientras intentaba calmarse. Había desparramado sus libros de gramática por el suelo en un ataque de frustración, pero ahora miraba el desastre con una mezcla de agotamiento y desconsuelo.
Su teléfono vibró sobre la cama. Era un mensaje de Verónica:
"¿Estás bien? Me preocupé por ti cuando no me respondiste después de clase."
Leo soltó un suspiro al leerlo. A pesar de todo, ella siempre lograba traerle un poco de paz. Respondió:
*Hazme videollamada en mi computadora y te contaré todo*
Mientras abajo
¿Qué vamos a hacer, Saúl? -preguntó en voz baja, casi derrotada.
Saúl permaneció de pie, mirando los restos de la mesa con una mezcla de frustración y culpa. Sabía que Leo tenía razón, pero el peso de la amenaza de Uriel lo agobiaba.
No lo sé... -admitió finalmente, con voz temblorosa. -Pero Leo tiene razón en algo: no podemos seguir permitiendo que Uriel nos manipule.
Lorena lo miró con sorpresa.
¿Estás diciendo que... denunciarás a Uriel?
Saúl asintió lentamente.
Sí. Estoy harto de vivir bajo su control. Si me despide, ya está hecho, pero no voy a permitir que arruine la vida de nuestro hijo solo por el capricho de su hija. Esto no es justo para nadie, y menos para Leo.
Lorena se quedó en silencio unos momentos, procesando lo que Saúl acababa de decir.
¿Y si... y si perdemos todo? -preguntó con un hilo de voz.
Si perdemos todo -respondió Saúl con determinación- al menos podremos mirar a Leo a los ojos y decirle que hicimos lo correcto.
Lorena asintió con un suspiro pesado, aunque la preocupación seguía reflejada en su rostro.
Voy a hablar con un abogado -dijo Saúl, más para sí mismo que para Lorena. -Esto no puede seguir así.
Con Leo
Hiciste bien en decir eso amor es verdad Uriel no tiene el derecho de desquitarse con tu "papá" solo porque Amelia fue rechazada
Verónica hija hora de cenar-dijo entrando al cuarto de Vero Angélica su madre-tu hermano nos contó lo que paso entre tu y David y de como tienes nuevo novio lo quiero conocer
Hola señora González-dijo Leo atravez de la pantalla
Angélica González se detuvo un momento al escuchar la voz de Leo. Observó la pantalla de la computadora donde el rostro de Leo aparecía claramente, serio pero educado.
¿Así que tú eres Leonardo? -preguntó, acercándose a la computadora con una ceja levantada.
Sí, señora González. Es un placer conocerla, aunque sea de esta forma. -respondió Leo con firmeza, tratando de mostrarse tranquilo.
Verónica miró a su madre con un poco de nerviosismo, pero también con orgullo.
Mamá, Leo es un gran chico. Y sí, es mi novio, como ya te contó Óscar Chimoso
Angélica cruzó los brazos y se inclinó un poco hacia la pantalla.
Dime, Leonardo, ¿qué intenciones tienes con mi hija? -preguntó con un tono serio, pero no agresivo.
Leo respiró hondo antes de responder.
Mis intenciones son sinceras, señora. Quiero a Verónica y quiero cuidarla como se merece. Sé que no soy perfecto, pero estoy dispuesto a dar lo mejor de mí por ella.
Angélica observó a Leo durante unos segundos que parecieron eternos. Finalmente, esbozó una pequeña sonrisa.
Tienes carácter, muchacho. Me gusta eso. Pero te advierto algo: si lastimas a mi hija, te las verás conmigo.
Leo asintió con respeto.
Lo entiendo perfectamente, señora González, y le prometo que nunca lastimaré a Verónica.
Verónica sonrió ampliamente y se acercó a la cámara para darle un beso en la mejilla a Leo, aunque fuera a través de la pantalla.
Mamá, Leo no es como David o los demás. Es especial, y estoy feliz con él.
Angélica soltó un suspiro y asintió, aunque aún con cierta cautela.
Está bien, confío en ti, Verónica. Pero espero verlo en persona pronto, no solo por videollamada.
Claro que sí, señora González -dijo Leo con una pequeña sonrisa.
Angélica salió del cuarto, dejando a Verónica y Leo solos nuevamente en la videollamada.
Bueno, eso salió mejor de lo que esperaba -comentó Leo, soltando una pequeña risa.
Te lo dije, amor, mi mamá puede parecer dura, pero es justa -respondió Verónica con una sonrisa tierna.
Leo asintió, sintiéndose un poco más tranquilo. A pesar de todo el caos en su vida, tener a Verónica y su apoyo lo hacía sentir que todo valía la pena.
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