CAPITULO 22:
El lunes empezó normalmente aunque para Leo sería lidiar con Sofia y Carmen de nuevo ya estaba hasta las pelotas con su discriminación que no sorprendería a nadie que un día las profesoras aparezcan muertas
Leo ese día había llegado un poco más dormido de lo habitual ya que anoche Osvaldo estaba medio enfermito y fue a habitación de Leo y se subió a su cama alta para dormir con él
En la clase de francés
Con Gabriela Hernandez
Leo se quedo dormido en el escritorio
Verónica a su lado lo vio y le acarició el cabello despeinandolo y con cuidado lo despertó
El tener a Leo bajando la guardia le recordó al pequeño Leo que había conocido con 3 años que aunque fueran muy pequeños ya se notaba que podían ser buenos amigos sino fuera porque Óscar el mellizo de Vero no le permitía acercarse a Leo
"Vero, no te acerques tanto, Leo es mío, no tuyo -le decía Óscar de 3 años en aquel entonces con un tono que no admitía réplica, cruzando los brazos y plantándose entre ambos.
Verónica de 3 años también solía bufar, cruzándose de brazos.
¡No es un juguete, Óscar! Además, solo quiero jugar con él, no quitártelo.
Óscar la miraba con escepticismo, pero la mantenía alejada de todos modos. Aun así, cada vez que lograba compartir un momento con Leo, él la recibía con una sonrisa que iluminaba su día. Era amable y divertido, aunque algo gruñón cuando estaba cansado, un rasgo que aún conservaba.
"Hola Leo-decía una Vero de 3 años acercándose al pequeño Leo que jugaba con unos autos-¿puedo jugar contigo?
Claro Vero serás el rojo yo soy el este color que no se cual es-dijo señalando un azul y dándole a Vero un violeta-
Leo cariño este es violeta no rojo-dijo la Seño que escucho la conversación-y este es un azul como el mar
Ah-dijo el pequeño Leo que ya mostraba los síntomas de la dislexia
Quién diría que, años después, seríamos tan cercanos-pensó Verónica ya de vuelta en la realidad y en la clase de francés
Recordando a nuestro gruñón cuando era pequeño eh?-dijo Manuel con Danielle delante de Vero y Leo- este era un gruñón cuando no tenía su comida a tiempo por lo que la seño siempre le daba a él primero la comida y luego a los demás y para el momento de la siesta Leo siempre dormía en brazos de la seño mientras nos leía un cuento-dijo Manu-
Y eso porque?-preguntó Dani ya que ella llegó en la primaria a los 6 años-
Leo siempre fue un poco gruñón si lo dejabas en el suelo junto a su almohada y manta-explico Manu-
¿En serio?¿Porque?-preguntó Danielle, sorprendida.
Leo siempre fue un poco...especial -dijo Manuel, mirando a Leo con un toque de cariño burlón.-Si lo dejabas en el suelo junto a su almohada y manta, se ponía a llorar o gruñir, así que la Seño lo subía a sus brazos, y ¡zas! Gruñón apagado.
No era gruñón-interrumpió Leo con un tono seco, cruzándose de brazos mientras trataba de ocultar el rubor que le subía a las mejillas.-Solo sabía lo que quería.
Sí, claro-respondió Verónica, rodando los ojos con una sonrisa divertida.-Aunque la verdad, hasta dormido eras adorable, Leo.
Leo soltó un suspiro y miró hacia otro lado, tratando de disimular su incomodidad mientras los demás reían suavemente. Aunque no lo admitiera, una pequeña sonrisa se asomaba en el rincón de sus labios.
Chicos por favor pueden no hablar-dijo la profesora Gaby notando como el grupo no prestaba atención
Perdón profe-dijeron los 4 en francés
Gabriela los observó un momento, tratando de ocultar su ligera sonrisa ante la actitud relajada de los estudiantes. Sabía que el grupo tenía una buena conexión, pero a veces se dejaban llevar por la conversación.
Está bien, pero por favor, concentren su atención en la clase. ¿Cuál es el significado de bonsoir? -preguntó, mirando a Leo, que parecía el más distraído.
Buenas noches-respondió Leo, recuperando la compostura rápidamente, y miró a la profesora con una sonrisa algo tímida.
Muy bien, Leo -dijo Gabriela, aprobando la respuesta. Luego se dirigió a todos con una mirada divertida.-Si siguen así, vamos a tener que hacer una prueba sorpresa.
¡No, profe! -exclamaron todos, riendo al unísono.
Gabriela no pudo evitar sonreír ante la reacción de sus estudiantes.
En la hora de geografía, la profesora Ana Paola Sánchez, cansada del constante desorden que causaban Austin y sus amigos, decidió enfrentarlos de una manera educativa.
Muy bien, chicos-dijo Ana Paola, cruzando los brazos mientras miraba a Austin, Edward, Héctor, Richard, William, Donovan, Óscar, David, Amelia, Norma y Amber. -Si tienen tanta energía para hablar y distraer, entonces supongo que están listos para responder algunas preguntas.
El grupo se quedó en silencio por un momento, intercambiando miradas nerviosas.
Austin, dime, ¿cuál es la capital de Canadá? -preguntó la profesora, fijando su mirada en él.
Uh…¿Toronto?-respondió Austin, inseguro.
Incorrecto. Es Ottawa. Vamos con Edward. ¿La capital de Brasil?
Fácil, Río de Janeiro.
Mal. Es Brasilia. Héctor, tu turno. ¿La capital de Alemania?
¿Berlín? -preguntó Héctor, aunque más como una duda.
Correcto. Al menos uno se salva. Sigamos con Richard. ¿La capital de Australia?
Sídney.
No, es Canberra. William, ¿Italia?
Roma.
Bien hecho. Ahora, Donovan, ¿Sudáfrica?
Ehhh… Johannesburgo.
Incorrecto. Sudáfrica tiene tres capitales: Pretoria, Bloemfontein y Ciudad del Cabo. Óscar, ¿la capital de Japón?
Tokio.
Correcto. David, ¿España?
Madrid.
Bien. Amelia, Norma y Amber, espero que estén listas. Amelia, ¿México?
Ciudad de México.
Norma, ¿India?
Nueva Delhi.
Amber, ¿Rusia?
Moscú.
La profesora sonrió, complacida de que al menos algunos respondieran correctamente.
Quizás si invirtieran más tiempo en aprender que en hablar, todos habrían sacado buenas respuestas. Ahora, ¡presten atención!-dijo, mientras continuaba con la lección.
Profe Leonardo y Verónica también están hablando-dijo Austin
Leo¿que estas haciendo?-dijo Ana Paola-
Amm-dijo nervioso Leo-debido a que soy disléxico Vero me esta ayudando a enumerar los países y del numérito escribo la capital
Ana Paola levantó una ceja al escuchar la respuesta de Leo, notando su nerviosismo. Sin embargo, su explicación parecía plausible.
Bien, Leo, entonces dime -dijo mientras señalaba el mapa en el proyector-¿cuál es la capital del país 23?
Leo miró el mapa, enfocándose en el país indicado. Era España.
Madrid -respondió con calma, intentando no demostrar inseguridad.
La profesora asintió lentamente.
Correcto. Verónica, ya que estás cerca, ¿qué tal tú? ¿La capital del país 17-preguntó Ana Paola, señalando México.
Ciudad de México-respondió Verónica con confianza.
Muy bien. Ahora, Austin-dijo Ana Paola girándose hacia él- ya que has señalado que ellos hablan, dime tú, ¿cuál es la capital del país 7?
Austin miró el mapa, tratando de identificarlo. Se trataba de Canadá.
¿Toronto? -respondió, repitiendo su error anterior.
Ana Paola soltó un suspiro.
Incorrecto, otra vez. Es Ottawa. Creo que deberías dedicarte más a aprender y menos a observar lo que hacen los demás, Austin. Ahora sigamos con la clase -dijo mientras escribía algo en su libreta, claramente apuntando el comportamiento del grupo de Austin y sus amigos.
Leo y Verónica compartieron una mirada rápida, pero esta vez se mantuvieron en silencio para evitar problemas.
Durante la hora de Escritura con Sofia
La tensión en el aula de escritura era palpable mientras Sofía Müller, con su habitual actitud autoritaria, anunciaba su decisión:
Leonardo, tendrás tarea extra. Si no la terminas antes de que termine la hora, nadie saldrá al almuerzo.
Los murmullos comenzaron a extenderse entre los estudiantes, mientras las miradas se dirigían a Leo. Él estaba sentado, apretando los puños, tratando de contener su frustración.
Esto es injusto -murmuró entre dientes, pero lo suficientemente alto como para que Sofía lo escuchara.
¿Dijiste algo, Leonardo?-preguntó ella con una sonrisa sarcástica, disfrutando el control que tenía sobre él.
Leo se levantó de golpe, sus ojos llenos de furia.
Estoy harto de tus abusos -dijo con voz grave y fría.Sin pensarlo dos veces, agarró el libro que tenía frente a él y se lo lanzó directamente a Sofía.
El golpe fue certero. El libro impactó en su cabeza, y Sofía cayó al suelo, desmayada. Un silencio sepulcral invadió el aula mientras todos los estudiantes miraban la escena, completamente atónitos.
¡Leo! ¿Qué hiciste?-gritó Verónica desde el fondo del salón.
Esto tiene que parar Leo tanto el abuso que sufres como tu violencia-dijo Manuel
Leo respiraba con dificultad, sus manos temblaban. En ese momento, se dio cuenta de las consecuencias de lo que acababa de hacer.
Antes de que alguien pudiera reaccionar, el timbre sonó, anunciando el final de la clase. Los estudiantes salieron corriendo del aula, dejando a Leo solo con la inconsciente Sofía en el suelo.
Leo sabía que había cruzado un límite, pero en su mente solo resonaba una frase: "Esto tenía que terminar."
Cuando la campana sono los estudiantes salieron incluidos Vero Manu y Dani
Leo se quedo solo en el salón
Leo respiró hondo, controlando su rabia. Miró a Sofía, desmayada en el suelo, y sin inmutarse agarró sus cosas con calma. No sentía culpa; para él, ella se había ganado ese destino.
Con la misma frialdad que había mostrado durante el incidente, tomó la llave del aula, cerró la puerta con un chasquido y guardó la llave en su bolsillo. Caminó con determinación hacia la oficina de la Directora María Graciela.
Al llegar, dejó la llave sobre el escritorio sin decir nada. Nadie estaba en la oficina, lo cual le facilitó las cosas. Se fue directamente al comedor donde
Sus amigos lo esperaban para calmarlo
Leo amor se que estas alterado pero la violencia solo te dará problemas
Lo se pero yo fui sicario 4 años lo único que conozco como defensa es la violencia no hay otra manera que sepa como defenderme que no sea pegando un tiro en la cabeza
El sonido del grito resonó en todo el patio, haciendo que los estudiantes y profesores se giraran hacia la dirección de donde provenía. Era el profesor de primer año, quien corría agitado con varios de sus alumnos detrás de él.
¡Alguien venga rápido! ¡La profesora Sofía está desmayada en el aula 18! -gritó el profesor, mientras los alumnos lo miraban con asombro y algunos cuchicheaban.
la directora María Graciela apareció en el comedor con paso apresurado, seguida de dos auxiliares. La atmósfera en el comedor se tensó mientras ella se dirigía al aula donde estaba Sofía.
El rumor comenzó a extenderse rápidamente por la escuela.
Dicen que alguien la dejó encerrada...-susurró un estudiante de otra mesa.
Tal vez fue uno de los chicos de cuarto año -agregó otro.
En la clase de geometría con Carmen Weber Papadopoulos
No fue la mejor del día después del incidente con Sofia
Carmen se quiso desquitar con Leo y lo llamo al frente para que resuelva un ejercicio de un tema que no vieron simplemente para humillarlo y desquitarse con él porque ella sabe sin pruebas pero lo sabe que Leo es el culpable del incidente de Sofía
Carmen, con su mirada afilada, observó a Leo desde su escritorio. Sabía que no le gustaba ser el centro de atención, y con una sonrisa maliciosa, decidió aprovechar esa debilidad.
Leo- dijo con voz firme, mirando al chico con desprecio,-ven al frente y resuelve este ejercicio.
Leo pasó al frente con vagancia sabía que Carmen solo lo quería humillar vio el ejercicio algo que nunca vieron en clase
¿No sabes cómo resolverlo, Leo? -preguntó Carmen con un tono sarcástico, cruzándose de brazos.
¿Y como voy a resolverlo estúpida si no lo vimos?¿tu tienes un cerebro o esa cabeza está vacía porqué no hay un cerebro?Esto es algo que no vimos y es imposible resolverlo ¿a ver tú sabes con que edad Remedios de Escalada se caso y a que edad murió?-dijo Leo
Eh con 22 años y murió a los 60-dijo Carmen
Incorrecto se caso con 14 y murió a los 25 años con su hija Mercedes cuidándola al igual que su madre a la cual nunca le gustó José de San Martín-dijo Leo regresando a su asiento
No te creo Leonardo no es posible que una niña de 14 se haya casado
Es que en aquellos tiempos estaba el matrimonio infantil en donde los padres vendían a sus hijas como objetos y las obligaban a casarse con hombres mayores de entre 30 y 50 años y no les importaba los sentimientos de la niña
Así como en el caso de Remedios ella debió casarse con San Martin-dijo Vero
Carmen, que intentaba mantener su postura de autoridad, frunció el ceño ante la explicación de Leo, como si no le gustara que un estudiante le corrigiera de esa manera.
Algo que decir profesora?-preguntó Manuel-
Seguro esta procesando que debería volver a primer grado porque eso se aprende desde la primaria-dijo Leo con burla
Leo dejó que esas palabras calaran en la clase, mirando a Carmen con una intensidad desafiante. Los compañeros de Leo intercambiaron miradas, sorprendidos por su conocimiento y por cómo había expuesto la verdad sin dudar. Carmen, en cambio, parecía no saber cómo reaccionar ante las palabras de Leo.
El aula quedó en silencio, con algunos de los compañeros de Leo mirando a Carmen con desconfianza, mientras otros trataban de procesar lo que acababa de ocurrir. Carmen, claramente irritada por la situación, apretó los labios y dejó escapar un suspiro profundo, intentando recuperar la compostura.
Sigue pensando lo que quieras, Leo -dijo Carmen, su tono ahora un poco más bajo y molesto. -Pero si no resuelves el ejercicio, nadie saldrá a almorzar.
Almorzar profesora?-dijo Juan Pablo-que yo recuerde es la última clase del día y nos vamos a casa
Ademas-dijo Maria Laura hermana de Juan Pablo-es injusto que nos castigue a todos solo porque Leo se equivoque somos personas profesora y hay equivocaciones por lo que es injusto que solo por odiar a Leo nos perjudique a todos
Finalmente, Carmen respiró hondo y, con voz más baja, dijo:
Está bien, pueden irse a casa. Pero no olviden que en esta clase no toleraré más distracciones.
Con una última mirada fulminante hacia Leo, Carmen soltó su actitud autoritaria y, aunque no estaba contenta con cómo se desarrolló la situación, permitió que los estudiantes se marcharan. Sin embargo, los compañeros de Leo, al ver cómo la situación se resolvía, intercambiaron miradas de complicidad. Leo había logrado no solo defenderse, sino que también había hecho que algunos de sus compañeros se unieran a su causa.
Mientras los estudiantes recogían sus cosas, algunos se acercaron a Leo, dándole una pequeña sonrisa de apoyo. Aunque la lucha contra profesores como Carmen no se había terminado, Leo sabía que había ganado un pequeño triunfo ese día.
Llegando a casa Leo y queria subir a su cuarto pero a pocos escalones fue detenido por ¿Uriel?si Uriel el padre de Amelia estaba en la casa
Leonardo te ordenó que seas el novio de mi hija y lo quiero que seas ya.Te vas a arrodillar y le vas a pedir que sea tu novia y me importa poco tu opinión lo haces porque debes obedecer a tus mayores
¿Perdón?-respondió Leo, cruzándose de brazos. Su tono era seco y frío.-¿Quién te crees que eres para venir a mi casa a decirme qué hacer?
Uriel, con una actitud autoritaria, dio un paso adelante.
Soy el padre de Amelia, y te estoy diciendo que hagas lo correcto.Te arrodillas, le pides que sea tu novia y lo haces ahora mismo. Es tu deber como joven respetar y obedecer a tus mayores.
Leo soltó una risa irónica, cargada de desprecio.
¿Mi deber?-dijo, inclinando la cabeza con sarcasmo.-Mi único deber es con mi dignidad, y no pienso tirarla a la basura porque tú lo digas. No soy un juguete ni una propiedad para que tú o Amelia decidan que hacer conmigo.
Uriel se puso rojo de furia y dio un paso más hacia Leo, alzando la voz.
¡No estoy pidiendo, Leonardo! Estoy ordenando. Si no lo haces, te aseguro que te arrepentirás.
pi ni ti hacis ti arripintiras-se burla Leo-De lo único de lo que podría arrepentirme es haber sido su juguete pero ya usted se ira por las buenas y si no-saca su pistola-Amelia quedara huérfana de padre
El ambiente se volvió tenso en un instante. Uriel se quedó petrificado al ver el arma en las manos de Leo. Aunque no era la primera vez que alguien lo enfrentaba, nunca esperó que un adolescente lo hiciera de una manera tan directa y peligrosa.
¿Qué...qué estás haciendo? -balbuceó Uriel, retrocediendo un paso.
Leo sonrió fríamente, sosteniendo la pistola con calma, pero con firmeza.
Haciendo algo que debería haber hecho desde que empezó a acosarme con sus tonterías. No soy su juguete, Uriel. Y si piensa que puede controlarme, está muy equivocado.
Lorena y Saúl, que habían estado observando, corrieron hacia él.
¡Leo, baja eso ahora mismo!-gritó Lorena, alarmada.
¡Leonardo, por favor!-dijo Saúl con desesperación.
Leo no apartó la mirada de Uriel, pero su voz se dirigió a sus 'padres'.
No se preocupen. Esto no va a dispararse...todavía. Solo quiero que este señor entienda que no puede venir a mi CASA a dar órdenes como si fuera dueño de mi vida.
Uriel levantó las manos, tratando de calmarlo.
Está bien, muchacho. No quise decirlo de esa manera. Fue un error...
Leo dio un paso hacia él, su voz ahora era un susurro helado.
¿Un error? No. Usted sabía exactamente lo que decía. Ahora, escúcheme bien: salga por esa puerta y no vuelva a aparecer. Porque la próxima vez, puede que no sea tan paciente.No tienes ningún poder sobre mí, Uriel. Y si crees que voy a arrodillarme o hacer algo solo porque vienes aquí a gritarme, estás más loco de lo que pensaba. Ahora, haznos un favor a todos y sal de mi casa antes de que llame a la policía por acoso.
Uriel, pálido y tembloroso, asintió rápidamente antes de dar media vuelta y salir corriendo de la casa.
Cuando la puerta se cerró, Leo bajó el arma, su expresión aún fría. Lorena se acercó rápidamente, tomando su brazo.
¡Leo! ¿En qué estabas pensando?
Leo la miró con dureza.
En protegerme, mamá. Porque está claro que ustedes no lo harán. Es claro que no les importo que no les intereso como hijo
Sin decir más, subió las escaleras y cerró la puerta de su cuarto de un portazo, dejando a Lorena y Saúl en silencio, preocupados por la oscuridad que consumía a su hijo.
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