CAPITULO 23:
"Venga Leo ven a mamá-decía una Lorena joven a su pequeño hijo de un año-venga de pie y da un paso
Dada mamá-dijo Leo de un año de edad-
Venga un paso y el otro-ve como Leo lo hace-Saúl!! Leo está caminando
Saúl llegó a la sala justo a tiempo para ver a Leo tambaleándose hacia Lorena, sus pequeños pies moviéndose con torpeza pero llenos de determinación.
¡Míralo! -exclamó Lorena emocionada, con los ojos brillando de orgullo mientras animaba al pequeño.-¡Leo, lo estás haciendo!
Saúl se arrodilló cerca, con los brazos abiertos.
¡Vamos, campeón! Ven con papá.
Leo, aunque con un poco de miedo al principio, miró a su papá y dio un paso más. Luego otro. Y finalmente, se lanzó hacia Saúl con una risita llena de felicidad, cayendo en sus brazos.
¡Eso es, Leo! -gritó Saúl, alzándolo en el aire mientras Lorena aplaudía.
¡Eres un campeón, mi amor! -dijo Lorena mientras besaba la mejilla de Leo, que reía sin parar.
En ese momento, todo era felicidad. Era un recuerdo puro, una etapa de amor incondicional, donde la pequeña familia estaba llena de esperanza y orgullo.
Felicidad hasta que el pequeño Leo se hace en el pañal
Y ahí esta nuestro pequeño regalo de nuestro campeón-dijo Saúl tapándose la nariz y pasandole a su hijo a Lorena
¡Oh, no! -dijo Lorena entre risas mientras tomaba al pequeño, quien parecía completamente despreocupado por el desastre en su pañal. -Leo, eres todo un campeón... ¡pero vaya regalito que nos diste!
Saúl retrocedió, aún haciendo gestos cómicos.
Lorena, creo que este regalo es todo tuyo. Yo me encargo la próxima vez, lo prometo.
Lorena lo miró con una ceja levantada.
¿La próxima vez? Llevas diciendo eso desde que nació.
¡Eso no es verdad! -dijo Saúl fingiendo indignación. -Bueno... tal vez un poquito.
Leo, ajeno a todo, soltó una carcajada, como si disfrutara de la situación.
Vamos, gruñóncito -dijo Lorena, acariciando la nariz de su hijo mientras lo llevaba a cambiar. -Tu papá es un cobarde, pero yo siempre estaré aquí para limpiar tus travesuras.
Desde la sala, Saúl respondió divertido:
¡No soy un cobarde! ¡Solo soy... tácticamente prudente!
Las risas llenaron la casa, convirtiendo el incidente en un momento más de esos primeros años llenos de amor y caos.
Gracias, Saúl, siempre tan dispuesto a compartir las partes más emocionantes de la paternidad -respondió con sarcasmo mientras llevaba al pequeño gruñón al cambiador.
Leo, ajeno a la incomodidad de sus padres, seguía riendo y jugando con las manos de Lorena mientras ella lo cambiaba.
¿Sabes, campeón? -dijo Lorena mientras hacía su trabajo rápidamente. -No importa cuántos pañales tengamos que cambiar, siempre serás nuestro pequeñito.
Pero que el próximo "campeonato" sea en el orinal, ¿eh, Leo?
Lorena rodó los ojos mientras terminaba.
Ya veremos, papá. Por ahora, déjalo disfrutar de ser un bebé.
Cuando terminó, lo alzó y le dio un beso en la frente.
Listo, mi amor. Eres el campeón más limpio del mundo.
Leo respondió con su característica risita y estiró los brazos hacia Saúl, como si pidiera que lo cargara.
Ah, no. Ahora le toca a mamá -dijo Saúl, fingiendo horror mientras retrocedía.
Cobarde -respondió Lorena con una risa, abrazando a Leo mientras el pequeño comenzaba a bostezar. Era un momento cotidiano, pero lleno de la calidez y la sencillez de una familia unida.
¿En que momento cambiaste pequeño gruñon?-dijo Lorena viendo el album de fotos en el sofa
Mami ¿que haces?-pregunto Osvaldo acercandose a ella.
Miraba fotos de cuando tu hermano Leo era bebe-dijo Lorena
Lorena suspiró, pasando suavemente las páginas del álbum mientras Osvaldo se subía al sofá junto a ella, curioso por lo que veía.
¿Leo era gruñón? -preguntó el pequeño, mirando una foto de un bebé Leo haciendo un puchero mientras sostenía un peluche.
Oh, sí, muchísimo -respondió Lorena con una sonrisa nostálgica. -Mira esta foto. Aquí tenía como un año, y ese día no quería soltar su biberón. Si se lo quitábamos, hacía una rabieta que podía durar horas.
Osvaldo se rió.
¿De verdad? Ahora Leo parece más tranquilo… aunque a veces se ve muy serio.
Lorena asintió, su expresión cambiando a una mezcla de tristeza y reflexión.
Sí, Osvaldo. Leo ha cambiado mucho con el tiempo. Antes era tan risueño, tan lleno de vida. Siempre quería que lo cargáramos, que jugáramos con él. Pero poco a poco... algo cambió.
Osvaldo miró a su madre, confundido.
¿Porqué cambió, mami?
Lorena suspiró profundamente y acarició la cabeza de Osvaldo.
A veces, hijo, los adultos cometemos errores. Nos enfocamos tanto en otras cosas que olvidamos lo más importante: estar ahí para quienes amamos.
Osvaldo frunció el ceño, aún tratando de comprender.
¿Por eso Leo a veces se ve triste?o que se ve molesto todo el tiempo y parece que quiere atacar a alguien como a sus seños
Tal vez, cariño. Pero quiero que sepas algo: estamos tratando de arreglarlo. Queremos que Leo vuelva a sentirse feliz y amado, como en estas fotos.
Osvaldo sonrió levemente y abrazó a su madre.
Yo también quiero que Leo esté feliz, mami. Yo lo quiero mucho.
Lorena le devolvió el abrazo, emocionada por la inocencia y el amor de su hijo menor.
Y él te quiere mucho también, Osvaldo. Tú y Nicholas son muy importantes para él, incluso si a veces no lo demuestra.
Mientras hablaban, Lorena se prometió a sí misma que haría todo lo posible para recuperar esa conexión con Leo y para que su familia estuviera completa nuevamente.
Pero explica eso de que Leo quiera atacar a sus profesoras-dijo Lorena
Pues eh escuchado cuando estoy en el recreo como a Leo le dicen cosas feas como que es un mal nacido o que debería morirse o nunca debio haber existido
¿Estás seguro de lo que oíste, Osvaldo? preguntó Lorena, tratando de confirmar la gravedad de lo que su hijo le estaba contando.
Sí, mami. A veces, cuando estoy jugando cerca del pasillo o esperando para entrar al baño, escucho cómo las seños le gritan a Leo. Dicen cosas feas, como que es un mal nacido o que debería morirse.
Lorena sintió un nudo en el estómago mientras escuchaba a su pequeño.
¿Y tú no le dijiste nada a Leo?
No, mami. Yo no puedo entrar a su aula, pero una vez escuché que Leo les contestó algo y luego la seño lo castigó.
Lorena suspiró, abrazando a Osvaldo.
Gracias por decírmelo, mi amor. Eres muy observador y muy valiente.
Osvaldo la miró con seriedad, preocupado.
¿Vas a hacer algo, mami? Yo quiero que Leo esté bien, y no quiero que esas seños le digan cosas feas.
Voy a hacer algo, cariño. Nadie tiene derecho a tratar así a Leo, y mucho menos esas profesoras.
Lorena sabía que debía actuar rápido. Leo había tolerado el comportamiento de la escuela por demasiado tiempo, pero esto iba más allá de lo aceptable. Haría todo lo posible para proteger a Leo y para que él supiera que no estaba solo.
Comentarios
Publicar un comentario