CAPITULO 25:

Al final del día...

Leonardo Gómez Padilla -dijo la Directora- a mi oficina ahora 

Lo siento Directora Maria Graciela pero me debo ir a casa-dijo Leo yéndose del edificio de secundaria y se fue a la salida junto a Verónica  

Vamos gruñón te ganaste un chocolate-dijo Vero 

Chocolate-dijo Leo 

LEONARDO LEONARDO VUELVE AQUI-dijo la Directora

Una vez en casa

Y por eso yo creo que deberan darle mas disciplina a su hijo es un irrespetuoso y ademas un tremendo burro-dijo...Carmen hablando con Lorena y Saúl

Lorena apretó los labios, intentando mantener la compostura.

Profesora Carmen, entiendo su preocupación, pero no creo que sea correcto venir a nuestra casa para criticar a Leo de esta manera.

¡Ah, pero alguien tiene que decirlo!-insistió Carmen, elevando la voz.-Ese muchacho ni siquiera intentó resolver el ejercicio que le puse, y además tuvo el descaro de hablarme con insolencia frente a toda la clase.

Saúl, cruzando los brazos, intervino:

¿Y el ejercicio que le puso era algo que ya habían visto en clase?

Carmen titubeó un momento antes de responder:

Bueno... no, pero...

Entonces, el error fue suyo, no de Leo -dijo Saúl con firmeza.-No puede exigirle que resuelva algo que no ha enseñado.

En ese momento, Leo entró en la sala con su chocolate en la mano, seguido por Verónica.

¿Qué pasa aquí?-preguntó Leo con desinterés.

¡Leonardo! -exclamó Carmen, poniéndose de pie.-Estoy aquí para hablar con tus padres sobre tu comportamiento inaceptable.

Leo dio un mordisco al chocolate y se encogió de hombros.

Pues si van a hablar de mi comportamiento, hablemos también del suyo, profesora. ¿Quiere que les cuente a mis "padres" cómo me humilló frente a toda la clase?¿O cómo me hizo resolver un ejercicio de un tema que nunca enseñó?¿debería explicar el hecho que usted y Sofia me odian por zurdo y disléxico?¿debería decir que usted me llama todas las clases para que resuelva ejercicios incluso si hay manos levantadas solamente para gritarme que debería escribir con la mano "correcta" o que Sofia sabiendo de mi dislexia piensa que es una excusa y me llama al frente para leer y se enoja si no puedo leer bien un reglón que buen ejemplo está siendo para los niños profesora claro en el futuro cuando ellos sean maestros ¿deberán discriminar a los zurdos y los que tengan algún problema de aprendizaje como dislexia autismo disgrafia trastorno de déficit de atención deberían tratarlos como fenómenos por algo que ellos no decidieron tener?

Carmen, visiblemente incómoda, retrocedió un paso.

Eso no es...no es lo que quise decir...

Leo levantó una ceja, su mirada penetrante.

¿No es lo que quiso decir? Porque eso es exactamente lo que usted y Sofía hacen cada día. Tal vez no lo diga en palabras claras, pero lo demuestran con sus acciones. Y créame, profesora, las acciones pesan más que las palabras.

Lorena se cruzó de brazos y se dirigió a Carmen con un tono firme:

Creo que mi hijo ha dicho todo lo que necesitaba decir. Le pido que se retire de nuestra casa ahora mismo.

¡Pero...!

Buenas tardes, profesora Carmen -intervino Saúl, señalando la puerta con un gesto claro.

Carmen, con el rostro rojo de vergüenza y rabia, tomó su bolso y salió de la casa sin mirar atrás.

Leo, aún con el chocolate en la mano, miró a sus padres.

¿Algo más que quieran decirme? -preguntó, con un dejo de desafío en su voz.

Lorena suspiró y se acercó a él.

Hijo, no estoy de acuerdo con la forma en que manejaste las cosas en la escuela, pero no puedo negar que tienes razón. Vamos a hablar más tarde sobre esto, ¿de acuerdo?

Claro-dijo Leo, sin mucho entusiasmo, mientras subía las escaleras hacia su habitación.

Cuando cerró la puerta detrás de él, Verónica lo miró con una sonrisa.

Eres un gruñón, pero me alegra que al menos alguien le haya dicho sus verdades a esa mujer.

Leo sonrió de medio lado.

Alguien tenía que hacerlo.

Lorena esperó a escuchar la puerta del cuarto de Leo cerrarse antes de girarse hacia Saúl.

¿Te das cuenta de lo que acaba de pasar? -preguntó en voz baja, pero su tono estaba cargado de emoción.

Saúl asintió, apoyándose en la mesa con las manos. 

Sí, y me siento como un completo idiota. No teníamos idea de lo que estaba enfrentando en la escuela.

¡Y todo porque no quisimos escuchar! -Lorena apretó los puños, tratando de contener las lágrimas. -Lo hemos dejado solo durante demasiado tiempo, Saúl.

Lorena, tampoco sabíamos que esto estaba pasando -intentó justificar Saúl, aunque sabía que era inútil.

¡Eso no es excusa! -replicó Lorena, mirándolo fijamente.- Leo nos ha dado señales, Saúl. Muchas señales. Pero siempre le echamos la culpa a su actitud, a su forma de ser, sin preguntarnos por que estaba tan enfadado con el mundo.

Saúl suspiró y se dejó caer en una silla.

Tienes razón... He sido demasiado duro con él. Pensé que estaba siendo rebelde, que necesitaba disciplina. Nunca me detuve a pensar que... tal vez estaba pidiendo ayuda.

Está pidiendo ayuda de la única forma que sabe. Y nosotros no hicimos nada. -Lorena dejó caer las manos sobre la mesa, su voz temblando. -¿Cómo pudimos ser tan ciegos?

Saúl guardó silencio por un momento antes de hablar.

Mañana iremos a esa escuela. No solo para hablar con la directora, sino para exigir explicaciones de esas "profesoras". Nadie tiene derecho a tratar a nuestro hijo de esa manera. Leo ya no confía y no lo culpo no fuimos los que debíamos protegerle fuimos los causantes 

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