CAPITULO 26:

 Ahora patada patada puño y esquivar-decia el Jefe sicario que aunque este en la cárcel no va a dejar de entrenar a Leo para su torneo de karate-bien hecho Leo toma un poco de agua y seguimos

Mientras Leo va a tomar agua ve que tiene varios mensajes 12 son de Lorena preguntando donde esta 

23 son de Vero preguntando como esta y que esta haciendo 

123 son de Amelia diciendo porque no quiere andar con ella y otras cosas más que Leo la tacha de rompehuevos 

Leo apagó la pantalla de su teléfono, suspirando con irritación al ver la cantidad de mensajes acumulados. Tomó un sorbo de agua mientras observaba al Jefe sicario, quien lo miraba con una ceja levantada desde el otro lado de la pequeña sala de entrenamiento improvisada.

¿Problemas con la fanática de siempre? -preguntó el Jefe, ajustándose los guantes de boxeo.

Más que eso -respondió Leo, dejando el teléfono sobre una banca cercana.- Es como una mosca que no deja de dar vueltas. Amelia no entiende que no me interesa, por más claro que se lo diga.

El Jefe soltó una risa ronca.

Parece que tienes tus propios combates fuera del tatami.

Más de los que quisiera -replicó Leo, llevándose una toalla al cuello.- Aunque algunos de esos mensajes son de Lorena.

El Jefe asintió, aunque su expresión cambió a algo más serio.

Deberías responderle. Es tu madre, Leo. No siempre va a estar ahí para preguntarte dónde estás.

Leo lo miró por un momento, indeciso.

No sé que decirle. Seguramente quiere hablar de lo que pasó en la escuela, y no tengo ganas de escuchar sermones.

Tal vez no sea un sermón, muchacho -dijo el Jefe, dándole una palmada en el hombro. -A veces las madres solo quieren saber que estás bien.

Leo asintió, aunque no estaba convencido. Tomó el teléfono y escribió un mensaje breve para Lorena:

"Estoy bien.Hablamos más tarde."

Luego, decidió responder a Verónica con algo similar:

"Todo tranquilo. Te veo después."

En cuanto a Amelia, simplemente ignoró los mensajes. No tenía paciencia para sus tonterías en ese momento.

Listo -dijo Leo, dejando el teléfono nuevamente sobre la banca.- Sigamos con esto.

Eso me gusta escuchar -respondió el Jefe, sonriendo. -Ahora, quiero que practiques una combinación rápida. Piensa que tu oponente es esa profesora de geometría que te discrimina.

Leo soltó una pequeña risa y se colocó en posición.

Esto será fácil.

El Jefe lo observó con orgullo mientras Leo lanzaba una serie de golpes y patadas con precisión y fuerza. Aunque estaba encerrado, sabía que aún podía ser un mentor para Leo, guiándolo en su camino, incluso desde la distancia.

Bien hecho, chico -dijo cuando terminaron la ronda.- Ahora, recuerda, no se trata solo de fuerza. Es sobre control y enfoque.

Leo asintió, secándose el sudor de la frente.

Lo sé. Y gracias por todo, Papá

El hombre sonrió, satisfecho.

Para eso estamos, muchacho. Ahora, descansa un poco antes de la próxima ronda.

Leo tomó asiento, su mente dividida entre el entrenamiento y los mensajes de su madre. Aunque intentaba mantener una coraza de dureza, una parte de él sabía que eventualmente tendría que enfrentar esa conversación.

En una de esas mientras daba patadas dio un mal golpe y se lastimo el pie cayendo sentado 

LEO!-grito el Jefe acercándose al muchacho herido-tranquilo parece un esguince de grado 1 debes tener el pie con vendas y capaz debas usar una bota ortopédica pero en 2 semanas volverás a estar bien-lo ayuda a pararse

Aquí esta el medico de la carcel-dijo un guardia acercándose-y trajo la bota-el medico le pone a Leo la bota ortopédica

Leo soltó un quejido de frustración mientras el Jefe sicario lo ayudaba a sentarse en un banco cercano.

Te lo dije, chico. Control y enfoque -dijo el Jefe con un tono serio pero preocupado.- Aunque tengas fuerza, si no cuidas los movimientos, te puedes lastimar.

Leo asintió, apretando los dientes por el dolor.

No pensé que fuera a golpear mal… fue un descuido.

Es un esguince de grado 1. Necesitarás mantenerlo inmovilizado. Te pondré una bota ortopédica para que no hagas más presión en el pie. También necesitarás vendas y reposo.-dijo el Médico  

¿Y el torneo? -preguntó Leo, mirando al Jefe con preocupación.

Tranquilo, muchacho. Esto solo son dos semanas -dijo el Jefe, dándole una palmada en el hombro. -Mejor te recuperas bien y luego regresas al entrenamiento. Es mejor perder un par de semanas que arriesgar una lesión más seria.

 Listo. Ahora, nada de entrenamientos intensos. Solo ejercicios leves y muchas pausas.

Gracias, doc -dijo el Jefe, ayudando a Leo a levantarse con cuidado.

Leo suspiró, mirando la bota con desdén.

Esto apesta.

El Jefe rió.

Sí, pero apesta menos que quedarte sin caminar, ¿no crees? Además, ahora tienes una excusa para que te sirvan todo en bandeja.

Leo no pudo evitar sonreír un poco.

Supongo que sí.

El médico guardó sus cosas y se despidió.

Cuídese, joven. Si siente más dolor o nota algo extraño, avise de inmediato.

Mientras el médico y el guardia se alejaban, el Jefe ayudó a Leo a caminar hacia una silla más cómoda.

Por ahora, descansarás. No acepto objeciones -dijo el Jefe.

Leo se dejó caer en la silla, cruzando los brazos.

Está bien, pero no pienses que esto me detendrá por mucho tiempo.

Esa es la actitud, chico. Pero recuerda, un guerrero inteligente sabe cuándo pelear y cuándo curarse.

Leo asintió, aunque no estaba completamente convencido. Para él, cada minuto fuera del entrenamiento era una oportunidad perdida, pero sabía que el Jefe tenía razón. Era momento de cuidarse para volver más fuerte.


En casa

Lorena estaba paranoica por no saber de Leo pero mientras miraba por la ventana vio como un auto se detuvo frente a la casa y de ahi con la ayuda de un oficial de policia bajo Leo con la bota ortopédica puesta  

Lorena dejó caer el vaso que tenía en la mano al ver a Leo bajar del auto policial con una bota ortopédica. El ruido del vidrio rompiéndose llamó la atención de Saúl, quien entró corriendo a la sala

¿Qué pasa? -preguntó, alarmado.

Lorena señaló hacia la ventana con el rostro pálido.

¡Es Leo! Está bajando de un auto de policía… y tiene una bota ortopédica.

Saúl frunció el ceño y se dirigió rápidamente a la puerta, seguido por Lorena, que ya estaba imaginando los peores escenarios.

¡Leonardo Gómez Padilla! -gritó Lorena desde la entrada.

Leo, que estaba apoyándose en el oficial, levantó la mirada hacia su madre. 

Tranquila, Lorena, no es lo que parece.

¿No es lo que parece? ¡Bajas de un auto de policía con una bota ortopédica! ¿Qué demonios hiciste? -preguntó Saúl con un tono más firme.

El oficial intentó calmar la situación.

Señores, su hijo no está involucrado en nada ilegal. Solo tuvo un pequeño accidente y lo trajimos a casa para asegurarnos de que llegara bien.

¿Accidente? -preguntó Lorena, acercándose rápidamente a Leo y mirando su bota. -¿Qué te pasó?

Leo suspiró, claramente agotado por el dolor y la situación.

Me lastimé el pie, nada grave.

¿Nada grave? ¿Y la bota ortopédica? -insistió Saúl, cruzándose de brazos.

El oficial intervino nuevamente.

Es un esguince leve. Solo necesita descansar y seguir las indicaciones del médico.

Lorena suspiró, pero no podía ocultar su confusión.

¿Pero porqué estabas con la policía?

Leo dudó por un segundo, pero sabía que no podía decirles la verdad sobre el karate y mucho menos sobre el Jefe sicario.

Estaba caminando cerca de la escuela y me tropecé. Un oficial me vio y me ayudó a llegar al médico de emergencia.

Saúl frunció el ceño, claramente desconfiando.

¿Caminando cerca de la escuela?¿Porqué no estabas aquí?

Salí a despejarme un poco después de todo lo que pasó con Carmen y Sofía. No pensé que algo así ocurriría.

Lorena lo miró fijamente, aún preocupada, pero asintió.

Bueno, lo importante es que estés aquí y que no sea algo grave.

Eso mismo. Ahora, sube a tu habitación y descansa -dijo Saúl, aunque su tono seguía siendo firme.-Pero después hablaremos de porque estabas “caminando” en lugar de venir directo a casa.

Leo asintió lentamente, agradeciendo que no hicieran más preguntas por ahora. Mientras subía a su habitación, apoyándose con cuidado en la barandilla, pensó que tendría que ser mucho más cuidadoso si quería mantener sus entrenamientos en secreto.


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