Leo Nicho y Osva vamos esos pies en el suelo deben ir a la escuela-dijo Lorena desde abajo-
Una vez en la escuela
Era martes por lo que para suerte de Leo no debia enfrentarse a la discriminacion de sus profesoras
Leo estaba sentado en la sombra de un arbol recordando aquellos momentos de niñez
Manuel viendolo triste se acerco a levantarle el animo hablaron y mencionaron el nombre de Sara
Extraño demasiado a Sara Manu ojala no hubiera pasado lo que paso y todo por culpa de esa persona egoista del mismisimo demonio-dijo Leo
Leonardo quien diablos es Sara?¿me estas engañando?-pregunto Amelia
Amelia tú y yo no tenemos nada y ya dejame en paz yo tengo libertad de hacer mi vida-dijo Leo
Amelia como buena chismosa.Fue a contarle el chisme a Danielle y Verónica no por amistad sino porque estaba segura de que Vero terminaría con Leo y Amelia tendría su oportunidad Sin embargo cuando Vero y Dani fueron a reclamarle a los chicos
Leo con dolor debió explicar que Sara fue su amiga en la infancia que falleció a los 5 años por culpa de un atropellamiento
Leo tu eres increíble y no quería hacerte sentir mal pero conoces a la dramaqueen de Amelia ella estaba segura que terminaríamos y ella tendría oportunidad contigo
Es una tarada ya no se como hacerle entender que no quiero nada con ella-dijo Leo molesto
Ustedes 4 ¿qué hacen ahí? vayan a clase ahora-dijo Carmen-
Es hora libre Carmen nuestros profes de portugués no vinieron y tampoco nuestro profe de física-Leo
Carmen se quedó sin palabras, claramente contrariada por la respuesta de los chicos. Con una mezcla de molestia y resignación, miró a Leo, Verónica, Danielle y Manuel.
Pues entonces, busquen algo productivo que hacer y no estén aquí perdiendo el tiempo-dijo en un tono cortante antes de marcharse rápidamente.
Leo bufó y negó con la cabeza mientras veía a Carmen alejarse.
Siempre tiene algo que decir. Ni siquiera en nuestra hora libre nos deja en paz.
Ignórala, Leo-comentó Manuel, poniéndole una mano en el hombro.-Sabemos cómo es, no vale la pena enfadarse.
Verónica, sin embargo, aún estaba pensando en lo que Leo había dicho sobre Amelia.
Leo, ¿qué vas a hacer con Amelia? Si sigue metiéndose en nuestras vidas, algún día puede causar un problema más grande.
Leo apretó los dientes, claramente frustrado.
Ya no sé cómo hacerle entender que no quiero nada con ella. Se lo he dicho de todas las maneras posibles, pero parece que no escucha. Y encima, va y mete a los demás en sus dramas.
Danielle asintió, apoyando a Verónica.
Quizá deberíamos confrontarla juntos. No como un ataque, pero sí dejarle claro que no puede seguir inventando cosas y entrometiéndose en nuestras vidas.
Leo se cruzó de brazos, pensativo. Aunque la idea le parecía tentadora, sabía que Amelia era capaz de manipular cualquier situación.
Lo pensaré. Pero por ahora, lo mejor es que la ignoremos. Tal vez, si no le damos atención, se aburra y nos deje en paz.
Manuel soltó una pequeña risa.
Suerte con eso, Leo. Amelia no parece del tipo que se rinde tan fácilmente.
Lo sé-dijo Leo con un suspiro.-Pero tampoco voy a dejar que sus tonterías afecten mi relación con ustedes.
El grupo decidió quedarse bajo la sombra del árbol un rato más, disfrutando de la calma de su hora libre. A pesar de todo, Leo se sentía agradecido de tener amigos como ellos, que lo apoyaban incluso en los momentos más complicados.
Mientras los cuatro amigos disfrutaban de su hora libre en la sombra de un árbol cercano a la cafetería, notaron a la Directora María Graciela caminando apresurada hacia el edificio principal. La acompañaban dos supervisores de evaluación de escuelas, fácilmente identificables por sus trajes formales y las carpetas que llevaban en mano.
Miren quién llegó con compañía-comentó Manuel, dándole un mordisco a su emparedado.
La Directora y sus evaluadores. Seguro están aquí para inspeccionar a los profesores...o a los alumnos.
Leo entrecerró los ojos, observando cómo el grupo desaparecía dentro del edificio.
Si están aquí para evaluar, Carmen y Sofía van a tener problemas. Y si no, entonces tal vez sea algo relacionado conmigo o con los otros bullies. Ya sabes cómo se las gasta la Directora.
Verónica frunció el ceño, mirando a Leo. ¿Crees que sea por lo que pasó ayer? Con tus 'amigos' dando una lección a Carmen en clase.
Leo suspiró, cruzándose de brazos.
Podría ser. Pero si ese es el caso, no me importa lo que digan. Alguien tenía que ponerle un alto, y aunque lo hice a mi manera, creo que se lo merecía.
Cálmate, Leo-intervino Danielle, preocupada.-No queremos que esto se complique más de lo que ya está. Si están aquí por los problemas, necesitamos mantenernos fuera del radar. No queremos que la Directora te señale aún más.
Mientras hablaban, vieron a Carmen salir del edificio con expresión tensa. Caminaba rápidamente hacia el estacionamiento, evitando hacer contacto visual con cualquiera.
Ahí va Carmen. Parece que la están llamando a cuentas-dijo Verónica con un dejo de satisfacción.-Espero que estos supervisores hagan su trabajo y vean lo que ella y Sofía le hacen a sus alumnos, especialmente a ti, Leo.
Leo se encogió de hombros, aunque una pequeña sonrisa se asomaba en su rostro. Eso estaría bien, pero no voy a contar con ello. Mejor sigamos disfrutando de nuestra hora libre antes de que todo esto explote.
Los cuatro amigos continuaron conversando, pero no podían evitar lanzar miradas ocasionales hacia la dirección donde los supervisores y la directora se encontraban, esperando con curiosidad e incertidumbre cómo se desarrollaría la situación.Mientras los cuatro amigos estaban en la biblioteca aprovechando el tiempo libre, Leo se concentraba en un pequeño libro infantil. Aunque para muchos sería algo sencillo, para él representaba un ejercicio importante para trabajar con su dislexia. Con paciencia, iba anotando las palabras que lograba superar en un cuaderno, sosteniendo el lápiz con su mano izquierda.
Manuel, Verónica y Danielle lo miraban en silencio, respetando su esfuerzo. De vez en cuando, Manuel le daba un consejo:
Leo, intenta leer más despacio esta parte. Así te será más fácil.
Leo asintió, agradecido.
Gracias, Manu. Este libro tiene menos palabras complicadas, pero aún así hay algunas que me traban.
Mientras esto ocurría, los supervisores de evaluación entraron en la biblioteca acompañados por la Directora María Graciela. Sus ojos rápidamente se posaron en Leo, quien estaba completamente concentrado en su tarea. Uno de ellos frunció el ceño al ver al adolescente de cuarto año leyendo un libro infantil y escribiendo con la mano izquierda.
¿Qué es esto?- preguntó uno de los supervisores en voz alta, llamando la atención de los estudiantes.-¿Porqué un estudiante de esta edad está leyendo material tan básico? Esto es inaceptable.
Leo levantó la vista, algo desconcertado por la interrupción, pero se mantuvo en silencio.
La Directora intentó mediar:
Señores, por favor, permítanme explicar. Leonardo Gómez Padilla tiene dislexia, y este ejercicio es parte de su proceso para mejorar su lectura y escritura. Además, es zurdo, algo que forma parte de su identidad y habilidades.
El otro supervisor no parecía convencido. Eso no justifica este nivel de atraso. Si tiene problemas, debería estar en un programa especial, no aquí. Y escribir con la izquierda es una falta de disciplina que refleja la falta de autoridad de sus profesores.
Leo apretó el lápiz con fuerza, claramente molesto.
¿Disciplina? Ser zurdo no es una falta de disciplina. Es como soy, y eso no va a cambiar, aunque ustedes lo vean como un defecto.
Verónica intervino, poniéndose de pie. Señores, con todo respeto, Leo está haciendo un esfuerzo increíble. Su dislexia no define su inteligencia ni su capacidad, y si está aquí leyendo, es porque está mejorando. Deberían reconocerlo, no juzgarlo.
Manuel y Danielle se unieron al apoyo.
Es cierto-agregó Danielle.-Y si ustedes no entienden lo que es lidiar con dislexia y discriminación, entonces no deberían estar aquí evaluando a nadie.
Los supervisores intercambiaron miradas tensas. La Directora, visiblemente incómoda, trató de calmar la situación.
Por favor, todos, mantengamos la compostura. Señores supervisores, Leo es un caso que estamos apoyando. Si hay algo que deba mejorarse, lo haré personalmente.
Sin embargo, los supervisores no parecían dispuestos a ceder.
Esto es un reflejo de una institución que no pone límites ni estándares claros. Haremos un informe detallado sobre este caso.
Leo se levantó, cerrando su libro y sosteniendo su cuaderno.
¿Saben qué? Hagan lo que quieran. Estoy acostumbrado a que me juzguen por ser diferente. Pero les aseguro que ninguno de ustedes podría lidiar con lo que yo enfrento a diario. Y saben que la discriminación es un delito QUE SE PAGA CON CÁRCEL asique si no quieren una denuncia será mejor que muevan su trasero y despidan a Carmen Weber Papadopoulos y Sofia Müller Papageorgiou por discriminarme y maltratarme o ¿debo contar que Carmen segurisima de que mi pie lesionado era una excusa me hizo arrodillarme y sostener libros pesados?
Con esas palabras salió de la biblioteca, seguido de sus amigos, quienes lo acompañaron para apoyarlo y calmar su frustración.La Directora permaneció con los supervisores, tratando de controlar en su informe los daños que la situación pudiera causar. La Directora María Graciela, al ver la reacción de los supervisores, se sintió atrapada. Uno de los supervisores, un hombre de mediana edad, le dirigió una mirada crítica.
Esto está fuera de control. ¿Cómo puede un estudiante hablar de esa manera y no haber consecuencias?
La Directora suspiró y se frotó la frente, buscando una salida que no fuera una confrontación directa.
Sé que esto no está bien. Lo hablaré con el consejo de profesores, pero les aseguro que la situación de Leonardo no es tan simple como lo ven.Lo que vimos hoy no refleja el tipo de ambiente que debe ofrecer esta escuela -comentó otro supervisor, una mujer con tono rígido.
La discriminación no puede ser tolerada, pero la actitud de este estudiante tampoco. Tendremos que emitir un informe que no será favorable.
Lo sé, lo sé-murmuró la Directora, mientras miraba a los chicos que ya se retiraban del pasillo, alejándose con paso decidido.-Voy a hablar con él. Déjenme manejar esto.
En el pasillo, Leo se detuvo junto a sus amigos, respirando profundamente, tratando de calmarse después del torrente de emociones. Sabía que lo que había dicho era fuerte, pero también entendía que no podía dejar que la injusticia pasara desapercibida.
No puedo seguir aguantando esto- dijo Leo, con la voz entrecortada.-No puedo seguir callando lo que me hacen, lo que me han hecho. Si tengo que denunciar, lo haré. Si tienen que saber lo que me hicieron para entender mi dolor, lo van a saber.
Manuel lo miró con preocupación, pero también con respeto.
Sabes que estamos contigo, Leo. Si esto es lo que tienes que hacer, lo haremos juntos.
Verónica asintió, mirando a Leo con una expresión seria. -Es lo justo. No podemos dejar que sigan pisoteándote.
Danielle, que había estado en silencio todo el tiempo, finalmente habló.
Lo que más me duele es que no solo nos afectas a ti, sino que esa gente afecta a todos los que se sienten diferentes. No estás solo en esto, Leo.
Con el apoyo de sus amigos, Leo sintió una pequeña chispa de esperanza. Gracias, chicos. No sé qué haría sin ustedes.
Mientras tanto, en la oficina de la directora, ella revisaba rápidamente su teléfono, buscando un modo de calmar la situación. Sabía que si los supervisores reportaban todo como estaba sucediendo, las consecuencias serían graves, no solo para Leo, sino para la imagen de la escuela. Tenía que encontrar una solución, pero también sabía que no podía ignorar el sufrimiento que Leo había estado soportando.
Al final del dia
Cuando Leo salia del vestuario despues de educacion fisica se encontro cara a cara con los supervisoresLeonardo, ¿podemos hablar contigo un momento?-dijo uno de ellos, con un tono que intentaba sonar amable, pero no lograba ocultar su desaprobación.
Leo, cansado tras el día, se cruzó de brazos y los miró directamente.
¿Ahora qué? Ya he tenido suficientes lecciones de vida por hoy.-Leo los miró con cautela, con el cabello aún húmedo y la toalla colgada sobre los hombros-
El segundo supervisor tomó la palabra. Queremos discutir tu comportamiento y hábitos de aprendizaje. Verás, creemos que sería mejor para ti comportarte como un estudiante normal. Leer material apropiado para tu edad y...bueno, escribir como corresponde, con la mano derecha.-recibe una cachetada y otra y otra y otra cachetada-
Leo sintió cómo la frustración se acumulaba en su pecho. Soltó una carcajada sarcástica y dio un paso hacia ellos.
¿Me están diciendo que ser yo mismo está mal?¿Qué no puedo leer algo que me ayude con mi dislexia o escribir con la mano que me resulta natural porque ustedes lo consideran 'anormal'?
El primer supervisor intentó intervenir.
No es eso, Leonardo, pero necesitas ajustarte a los estándares. Es por tu propio bien.
Leo los miró con una mezcla de ira y desafío.
¿Mi propio bien?¿Ustedes tienen idea de lo que significa luchar todos los días para simplemente escribir una palabra? ¿De ser tratado como un bicho raro por algo que ni siquiera puedo controlar? No, ustedes no tienen idea. Pero les voy a dar un consejo: si de verdad quieren ayudarme, empiecen por despedir a las personas que me discriminan, en lugar de intentar cambiar quién soy.
Los supervisores intercambiaron miradas incómodas, pero antes de que pudieran decir algo más, Leo agregó:
Y sobre ser 'normal', déjenme decirles algo: nunca he sido normal y no quiero serlo. Así que si tienen un problema con eso, es SU problema, no mío. Ahora, si me disculpan, tengo una vida que vivir.
Sin esperar respuesta, Leo los esquivó y se dirigió hacia la salida, dejando a los supervisores sin palabras. Afuera, lo esperaban Manuel, Verónica y Danielle.
¿Qué pasó ahora?-preguntó Manuel, notando la expresión molesta de Leo.
Nada nuevo, solo gente más preocupada por cómo debería ser en lugar de cómo soy.- Leo suspiró, pero luego sonrió ligeramente al ver a sus amigos.-Vamos. No voy a dejar que ellos arruinen mi día más de lo necesario.
Con eso, los cuatro se alejaron juntos, dejando atrás a los supervisores que seguían sin saber cómo manejar a alguien como Leo.
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