CAPITULO 4 PARTE 2:
Mientras lo conducían fuera de la sala, Lorena y Saúl observaban a su hijo con expresiones de incomodidad y tensión. Sabían que lo recuperarían, que lo llevarían de vuelta a casa, pero no comprendían al joven que tenían frente a ellos. Aquel niño lleno de vida y alegría había desaparecido, reemplazado por un joven endurecido, distante y cargado de resentimiento.Leo lanzó una última mirada hacia el Juez antes de cruzar la puerta, una mirada que prometía una batalla interna que nadie más parecía entender. Estaba condenado a regresar al lugar que más temía: su propia casa, al lado de las personas que lo habían herido de las maneras más profundas.
Dentro de la sala, la tensión entre Lorena y Saúl era palpable mientras observaban a Leo, quien permanecía con la cabeza gacha, mordiéndose la lengua para no estallar. La sentencia del Juez había sido como un golpe sordo en el pecho de Leo, y sus padres, lejos de mostrar compasión o preocupación, parecían solo interesados en cómo "enderezarlo".
Qué haremos con él Saúl?-dijo Lorena con voz entrecortada, pero sin verdadero rastro de afecto o comprensión.-
Disciplinarlo lo haremos volver a la escuela el lunes y esta vez será diferente. No vamos a tolerar más rebeldía ni tonterías-dijo Saúl
Leo apenas levantó la mirada, con una expresión que mezclaba apatía y desprecio. Por dentro, una tormenta rugía. Ellos no lo comprendían, ni siquiera intentaban entender todo lo que había pasado, lo que él había vivido. Para ellos, era solo un problema más, un joven “rebelde” que necesitaba ser controlado.
Los oficiales lo escoltaron hasta la salida de la sala, y, mientras caminaba entre ellos, Leo apenas pudo contener la ira y la tristeza. Aquella sentencia significaba más que volver a casa; significaba perder el poco sentido de pertenencia y propósito que había construido, aún en su turbulenta vida. Y ahora, volvería al mismo lugar donde su dolor había comenzado, con los mismos padres que lo consideraban un "proyecto fallido".
Leo fue llevado por los oficiales a una sala donde comenzaba el procedimiento de revisión exhaustiva. Uno de los agentes le indicó que se mantuviera con las manos sobre la pared mientras le cacheaban meticulosamente, revisando cada uno de sus bolsillos en busca de armas o cualquier objeto peligroso. Las manos frías y firmes de los oficiales recorrieron el interior de la chaqueta, los bolsillos del pantalón y hasta las costuras de sus zapatillas.
Mientras le revisaban, Leo miraba al suelo, con los labios apretados, sintiendo una mezcla de rabia y resignación. Sabía que ya no tenía nada consigo, ningún arma, ningún objeto que lo pudiera "defender" en el mundo al que ahora lo regresaban.
El silencio era tenso y solo se rompía por el sonido de la búsqueda y la respiración controlada de los oficiales.
No tienes nada, pero te aviso, muchacho: cualquier intento de violencia o desacato, y esto se complicará aún más para ti-dijo el oficial terminando de revisarlo
Leo no respondió. Solo asintió brevemente, mientras en su mente se repetía una sola verdad: estaba solo, y ahora lo esperaban en una vida que sentía ajena y opresiva.
Con un gesto breve, confirmaron que Leo estaba limpio, aunque sus expresiones dejaban entrever desconfianza y una sensación de alivio por no haber hallado nada peligroso en su posesión.
Lo escoltaron nuevamente hacia la sala de espera, donde estaría bajo custodia hasta que se completaran los trámites finales para devolverlo a sus padres.
Una vez completados todos los trámites, Leo fue entregado oficialmente a sus padres biológicos. Los oficiales hicieron el papeleo final, y, sin siquiera darle la oportunidad de resistirse o decir una última palabra, le indicaron que debía irse con Lorena y Saúl.
Vamos, Leonardo, nos vamos a casa-le dijo Saúl, con un tono que no admitía discusión.
Leo intentó soltarse, pero la mano de su padre biológico se apretó con más fuerza. Su mirada severa dejaba claro que no toleraría ninguna resistencia.
Ya te lo dije-murmuró Saúl mientras lo arrastraba al auto.-Tu berrinche terminó. Vas a volver a casa y aprenderás a obedecer.
Sin mediar palabra, Saúl le agarró el brazo con fuerza, haciendo que Leo se detuviera de golpe. La expresión de su padre era dura y sin rastro de afecto. Leo intentó liberarse, pero el agarre se hizo más fuerte, y una mezcla de rabia y frustración se encendió en sus ojos. Sabía que intentar resistirse solo empeoraría las cosas, pero la humillación y el dolor emocional que sentía eran innegables.
Saúl lo llevó casi a rastras hasta el auto, sin soltarlo ni darle opción a resistirse. Lorena seguía en silencio, mirando a su hijo con una mezcla de incomodidad y desaprobación, pero no dijo nada, dejando que Saúl mantuviera el control de la situación.
No hagas una escena, Leonardo-le susurró Saúl con voz dura y baja, mientras lo empujaba hacia el asiento trasero y luego subía él al asiento del conductor.
Lorena se subió al auto y lo miró por el espejo retrovisor, pero no dijo nada. Quizá había algo de culpa en sus ojos, o tal vez solo incomodidad, como si no supiera que decir a un hijo que no veía como suyo desde hacía mucho tiempo.
Leonardo tu berrinche se acabó a partir de ahora volverás a ser el hermano mayor de Nicholas y de Osvaldo los cuidarás y responsabilizaras de ellos como el hermano mayor que eres y como su niñero..volverás a la escuela y no más berrinches-dijo Saúl mientras lo miraba por el espejo retrovisor
Lorena observaba en silencio, sin intervenir, intentando ocultar su incomodidad. Sabía que el reencuentro con Leo no iba a ser fácil, pero al ver la frialdad y resistencia en su hijo, parecía haber perdido el intento de conectar con él.
Idiota-dijo Leo
El camino a casa se hizo eterno
Pero una vez que llegaron
Saúl hizo bajar a la fuerza a Leo y lo entro en casa .Cuando entraron Osvaldo el pequeño de solo 4 años llego corriendo a ver a Leo a quien no conoció porque cuando Leo desapareció Osvaldo era apenas un bebé
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