CAPITULO 46:

"Leo Leo pequeño arriba es tu primer día en el jardín salita de 2 años-dijo una joven Lorena-venga pequeño travieso arriba hay que cambiarte ese pañal y ponerte el guardapolvo-dijo casi levantandolo de su cama alta que tenia barreras de seguridad-Vamos, pequeño travieso, arriba.

Leo, aún medio dormido, se acurrucó entre sus sábanas, aferrándose a su peluche favorito.

No, mamá...más dormiiiir -murmuró, con los ojos apenas abiertos.

Lorena rio suavemente y lo levantó con cuidado de su cama alta, asegurándose de abrir las barreras de seguridad.

Nada de más dormir, campeón. Hoy es un día importante. Hay que cambiar ese pañal y ponerte el guardapolvo para que estés listo.

Leo frunció el ceño, todavía somnoliento, pero dejó que Lorena lo llevara al cambiador. Después de unos minutos y una pequeña lucha al ponerse el guardapolvo,

Bajan a la sala 

Hola pequeño perezoso-dijo Saúl preparando un desayuno blandito para Leo-mira tu favorito campeón panqueques con dulce de leche 

Los ojos de Leo se iluminaron al instante y una sonrisa apareció en su rostro.

Gracias papi-dijo el Leo sentándose en su silla alta y esperando a que Lorena le ponga la bandeja

Lorena ajustó la bandeja frente a él y le acomodó una servilleta en el cuello para evitar desastres.

A comer, campeón. Necesitas energía para tu primer día. -Saúl dejó un pequeño vaso de leche tibia junto a los panqueques y le dio un beso en la frente.

Come despacito, Leo -le advirtió, acariciando su cabello mientras el pequeño devoraba su desayuno con entusiasmo.

¡Está rico! -dijo Leo, con la boca llena, mientras Saúl y Lorena intercambiaban una mirada divertida.

¿Creen que me va a gustar el jardín? -preguntó con voz suave.

Por supuesto, Leo -respondió Lorena mientras le ajustaba el cabello.- Harás nuevos amigos y aprenderás cosas divertidas. Además, tu maestra es muy buena y cariñosa.

Saúl asintió, arrodillándose a la altura de su hijo. 

Y si algo te preocupa, mamá y yo estaremos aquí para ti, campeón.

Leo sonrió con un poco más de confianza, terminando sus panqueques y dejando el plato casi limpio.

¡Estoy listo! -exclamó finalmente, levantando los brazos.

Cuando terminó de comer, Lorena limpió su cara pegajosa con cuidado y lo ayudó a bajar de la silla.

Muy bien, ahora vamos a peinar ese cabello revoltoso y ponerte listo para ir al jardín.

¿Voy a jugar mucho? -preguntó Leo mientras Lorena le colocaba un pequeño gorro que combinaba con su guardapolvo.

Sí, pero también aprenderás muchas cosas nuevas y harás amigos -le respondió Saúl, inclinándose para darle un beso en la frente.

Con su mochila lista y su energía renovada, Leo estaba preparado para enfrentar su primer día en el jardín.

¡Listo para ser el mejor! -dijo con una sonrisa amplia, tomando la mano de Lorena mientras caminaban hacia la puerta.

Eso siempre, pequeño travieso -respondió Lorena, orgullosa de su hijo mientras salían rumbo a una nueva aventura. 

Al llegar al jardín, el ambiente era colorido y alegre, con dibujos en las paredes y juguetes esparcidos por las mesas. Leo miraba todo con curiosidad, pero también con algo de inseguridad. Su pequeña mano agarraba con fuerza la de Lorena mientras caminaban hacia la puerta del aula.

Venga Leo no vayas a llorar sabes que papá y yo estaremos ahí si nos necesitas ahora podré estar contigo 15 minutos esta semana de adaptación a partir de la siguiente entras tú solito acompañado de la seño

Leo asintió lentamente, aunque sus ojos brillaban con lágrimas contenidas. 

¿La seño es buena? -preguntó Leo con un hilo de voz, mirando hacia la puerta con algo de temor.

Claro que sí, amor. Es muy buena, te va a cuidar mucho. Además, los otros niños también estarán contigo, y seguro harás amigos -dijo Lorena con una sonrisa.

¿Y si no les caigo bien? -murmuró, bajando la mirada.

Lorena le dio un abrazo reconfortante. 

Eso no va a pasar. Eres un niño muy especial, y estoy segura de que les encantarás. Ahora, vamos a conocer a la seño juntos, ¿sí?

Con un suspiro, Leo asintió. Lorena lo tomó de la mano y entraron al aula, donde la maestra los recibió con una cálida sonrisa.

¡Hola, Leo! Soy la seño Clara. Estoy muy feliz de que estés aquí con nosotros. ¿Quieres ver los juguetes?

Leo miró a Lorena buscando aprobación, y ella le sonrió con ternura.

Ve, amor. Yo estaré aquí un ratito -le aseguró, dándole un empujoncito suave.

Poco a poco, Leo se animó a explorar el aula, acercándose a una mesa llena de bloques de colores. Aunque tímido al principio, empezó a construir una torre mientras Lorena lo observaba con orgullo.

Era solo el comienzo de una nueva etapa para Leo, y aunque había nervios, también había mucha ilusión.

Al pasar los 15 minutos, Lorena se agachó una vez más para despedirse de Leo, dándole un abrazo suave y un beso en la frente.

Te quiero mucho, campeón. Nos vemos pronto -dijo Lorena con una sonrisa tranquila, aunque su corazón se apretaba al ver a su hijo tan vulnerable.

Leo miró a Lorena con los ojos llenos de tristeza, pero asintió, tratando de ser valiente.

Te voy a extrañar -susurró, sin poder evitar que su voz temblara un poco.

Lorena le acarició la cabeza antes de levantarse y marcharse lentamente, sin dejar de mirarlo hasta que la puerta se cerró. En ese momento, Leo sintió un vacío, como si todo fuera nuevo y aterrador. Sin embargo, la seño Clara, que había estado observando atentamente, se acercó con una sonrisa reconfortante.

No te preocupes, Leo. Estás a salvo aquí -dijo la seño, acariciándole suavemente el cabello. Luego, le dio un pequeño dulce para alegrarlo. -¿Te gustaría jugar con los demás?

Leo la miró con los ojos aún brillosos, pero su rostro se suavizó un poco al ver el dulce que le ofrecía.

Gracias, seño -dijo en voz baja, tomando el dulce con las manos temblorosas.

Un rato después, la seño Clara llamó a un grupo de niños para que fueran al baño. Cuando mencionó el nombre de Leo, él, algo tímido, se acercó un poco más a ella y le susurró al oído, sin mirarla a los ojos.

Seño... yo todavía... uso pañal... -dijo en voz baja, como si temiera que alguien lo escuchara.

La seño Clara lo miró con comprensión y una sonrisa tranquila.

No te preocupes, Leo. Aquí no tienes que tener miedo de decirlo. Todos somos diferentes y está bien. Si necesitas ir al baño, me avisas, ¿sí? -le dijo con un tono suave y cálido.

Leo asintió, sintiéndose un poco más tranquilo, aunque la vergüenza seguía flotando en su pecho. Sin embargo, la amabilidad de la seño Clara le dio un pequeño respiro, y aunque la situación seguía siendo nueva para él, al menos sentía que no estaba solo.

Mientras caminaban hacia al baño y dividía a los niños de las niñas vio a Leo algo tristesido por ser el único que aún usa pañal 

No te preocupes, Leo -dijo suavemente, inclinándose para estar a su altura.- Todos los niños tienen su propio ritmo. No pasa nada por usar pañal. Cuando estés listo, ya nos avisarás.

Leo asintió, aliviado por la reacción amable de la seño. Se sintió un poco mejor sabiendo que no lo regañaría ni lo haría sentir incómodo.

Vamos, Leo. No pasa nada. Todos nos vamos a ayudar -le dijo mientras lo acompañaba hacia el baño.

Al estar en el baño, Leo se quedó un poco en silencio, mirando a los otros niños mientras ellos usaban los baños. Se sentía diferente, pero no se atrevió a decirlo en voz alta. Sin embargo, la seño lo tranquilizó al ver su incomodidad.

Todo está bien -le dijo, sonriéndole.- Te aseguro que cuando llegue el momento, usarás el baño como todos. Pero hoy está bien así. Lo importante es que te sientas a gusto.

Cuando terminaron, la seño le dio una palmada en la espalda, animándolo a seguir adelante.

Vamos, Leo, que el día apenas comienza. Vamos a jugar y a aprender muchas cosas nuevas.

Leo, sintiéndose un poco más confiado, caminó hacia el salón junto a la seño, dejando atrás su miedo y sus dudas. Aunque la adaptación no era fácil, comenzaba a entender que todo era parte del proceso, y que poco a poco aprendería a manejarlo.

Eh Mary ¿me haces un favor?vas con las niñas y las ayudas en el inodoro aquí tengo un caso especial-dijo la seño

Por supuesto Cla ahí las llevo tu ve con tu caso especial-dijo divertida mirando a Leo quien miraba incómodo hacia abajo clara señal que debía ser cambiado ya de pañal

La seño Clara le sonrió a Mary, agradecida por su ayuda. Luego se agachó hasta estar a la altura de Leo y le habló con voz suave.

Vamos, Leo. No pasa nada, ¿sí? Vamos a resolver esto rápido y podrás volver a jugar con los demás.

Leo asintió tímidamente, aún mirando al suelo. Clara le tomó de la mano con cuidado y lo llevó a una pequeña área del aula equipada para cambiar pañales, asegurándose de que todo fuera lo más privado posible para que Leo no se sintiera avergonzado.

Eres un niño muy valiente, ¿sabes? -le dijo mientras lo ayudaba a subir a la camilla.

Leo la miró con un pequeño atisbo de curiosidad.

¿Valiente? -preguntó con voz bajita.

Claro que sí -respondió Clara con una sonrisa mientras sacaba un pañal limpio.- Estás aquí, en un lugar nuevo, con personas que apenas conoces. Eso requiere mucho valor, y tú lo estás haciendo muy bien.

Mientras lo cambiaba, Clara se aseguró de mantener una conversación ligera, hablándole sobre las actividades que harían más tarde y los juegos que tenían preparados.

 ¿Sabías que hoy vamos a pintar? -le dijo mientras terminaba. -Tengo una caja de crayones nuevos y quiero que seas el primero en elegir un color.

¿De verdad? -preguntó Leo, emocionado por un momento.

Por supuesto. ¿Ya sabes qué color quieres usar?

El azul -respondió con una pequeña sonrisa.

¡Perfecto! Listo, campeón, ya terminamos. Ahora volvamos al salón para que puedas ser el primero en pintar.

Leo se sintió mucho mejor después de eso. La calidez de Clara lo había hecho olvidar su vergüenza, y ahora estaba emocionado por lo que vendría.

 Leo parecía un poco más relajado.

Listo, campeón -dijo Clara mientras le ayudaba a bajar.- Ahora estás como nuevo.

Leo le dedicó una pequeña sonrisa, y aunque aún estaba un poco avergonzado, se sentía agradecido por la amabilidad de la seño.

Gracias, seño -murmuró, apretando su manito contra la de ella.

De nada, Leo. Ahora, vamos a divertirnos un poco, ¿te parece?

Leo asintió, y juntos regresaron al aula, listos para continuar el día. Clara sabía que era solo el comienzo, pero estaba decidida a ayudar a Leo a sentirse cómodo y a disfrutar de su experiencia en el jardín.


Durante la hora de la siesta Mientras los niños dormían en sus mantas Leo estaba durmiendo encima de la seño. En ese momento llegaron Lorena y Saúl a buscar al pequeño Leo.Al verlo dormir encima de la seño entraron y se disculparon porque su pequeño hijo no haya querido dormir en su manta.La seño les dejo claro que no había drama si a Leo le gustaba dormir en brazos lo haría dormir en brazos.Poco después Leo despertó y vio a sus padres frente a él aun somnoliento volvió a dormir

Lorena y Saúl observaron en silencio cómo Leo seguía dormido, recostado sobre los brazos de la seño Clara, sin preocuparse por el pequeño alboroto que causaban al entrar. La seño Clara les sonrió amablemente, dándoles una señal para que no interrumpieran el momento de descanso del niño.

No se preocupen, si Leo se siente más cómodo así, no hay problema. Es completamente normal que algunos niños prefieran dormir cerca de un adulto en este tipo de situaciones. Es solo su forma de adaptarse.

Lorena asintió, un poco avergonzada por la situación, pero al mismo tiempo aliviada de ver que Leo parecía estar bien cuidado y atendido.

Lo siento, sé que tal vez no sea lo más adecuado, pero no quería que Leo estuviera incómodo -dijo Lorena, mirando a su hijo con ternura.

Saúl, aunque al principio algo preocupado por la escena, sonrió al ver a Leo tan tranquilo.

Es solo un rato. Y se ve que él se siente seguro. -Dijo mientras se acercaba a la cama, acariciando la cabeza de Leo con suavidad.

En ese momento, Leo despertó lentamente, frotándose los ojos y mirando alrededor, algo aturdido. Al ver a sus padres, sonrió débilmente, pero como aún estaba somnoliento, no se levantó ni intentó hablar. En lugar de eso, volvió a acurrucarse y se acomodó nuevamente en los brazos de la seño, buscando el consuelo de su calidez.

Lorena y Saúl se miraron, comprendiendo que a Leo aún le costaba separarse y que el entorno de la escuela y los nuevos cambios le daban un poco de inseguridad.

Está bien, cariño, duerme un poco más -dijo Lorena en voz baja, con una sonrisa tierna.

La seño Clara asintió con una sonrisa también, asegurándose de que Leo estuviera cómodo antes de volver a descansar.

No hay problema, los niños tienen sus formas de adaptarse. Leo es muy especial, y eso está bien.

Con esas palabras, Lorena y Saúl se retiraron sin hacer ruido, dejando que su hijo tuviera un poco más de paz en su pequeño mundo, mientras él continuaba dormido y seguro, rodeado de la calidez y la protección de la seño.

Poco después La seño queriendo hablar con los padres de Leo debió dejarlo dormir en una mantita diciendo que volverá enseguida 

La seño Clara acompañó a Lorena y Saúl afuera de la sala para hablarles con calma sobre el progreso de Leo.

Quería comentarles algo -dijo Clara con una sonrisa amable. -Aunque Leo todavía es muy pequeño y tiene solo 2 años, sería bueno empezar a introducirlo poco a poco al entrenamiento para usar el baño. Es normal que a esta edad algunos niños todavía usen pañales, pero comenzar con el hábito puede ser muy beneficioso para él a largo plazo.

Lorena y Saúl escucharon atentamente las palabras de la seño Clara mientras caminaban fuera de la sala, alejándose un poco de Leo para que él pudiera seguir durmiendo tranquilo.

Entiendo lo que dices, Clara -dijo Lorena, un tanto preocupada pero también reconociendo que la situación debía ser abordada. -Leo es nuestro primer hijo y, aunque ya tiene 2 años, nos cuesta saber cuándo es el momento de dar esos pasos.

Lorena inclinó la cabeza, pensativa.

¿Crees que ya está listo para eso? preguntó, mirando de reojo hacia la sala donde Leo seguía durmiendo en su mantita.

No se trata de forzarlo ni de hacerlo todo de golpe -aclaró Clara,-pero podemos empezar a presentarle la idea de una forma relajada. Por ejemplo, en casa podrían mostrarle el orinal, dejarlo sentarse en el con ropa, para que se familiarice. Todo a su tiempo.

Saúl asintió, cruzando los brazos mientras escuchaba con atención.

Entiendo. Queremos que aprenda, pero sin que se sienta presionado.

Exacto- continuó Clara.- A esta edad, todo se trata de explorar y adaptarse. Hay otros niños en la salita que también están en el proceso, así que no está solo. Pero cuanto antes empiecen con pequeños pasos, más fácil será para él.

Saúl asintió, mirando a su esposa y luego a la seño.

No queremos que se sienta avergonzado o que lo tomen a mal. Si es necesario empezar a entrenarlo, lo haremos. Pero no queremos que lo haga por presión. No quiero que se sienta mal por algo que no está listo para hacer aún.

La seño Clara les sonrió de manera tranquilizadora.

Lo entiendo completamente, Saúl. Aquí no se trata de presionarlo, sino de darle las herramientas para que se sienta más independiente a su ritmo. Como mencioné antes, no hay prisa, y algunos niños pueden tardar un poco más en aprender. Pero también es importante que se empiece a trabajar en ello, para evitar que en el futuro pueda sentirse fuera de lugar cuando vea a otros niños de su edad ya sin pañales.

¿Y cómo empezamos? ¿Es solo cuestión de motivación o hay algo más que podamos hacer?

Clara pensó por un momento antes de responder.

Lo primero es asegurarse de que Leo se sienta cómodo con la idea. Tal vez podrían empezar con pequeños pasos en casa, por ejemplo, haciendo que se familiarice con el inodoro, sin presionarlo. Algunos niños tienen miedo del cambio, pero si se le ofrece de manera tranquila y positiva, podría ser más fácil. También, podrían empezar a crear una rutina para llevarlo al baño en momentos específicos durante el día, tal vez después de las comidas o antes de dormir.

Saúl asintió.

Eso suena razonable. Empezaremos con eso. Queremos lo mejor para él, y sabemos que este es un paso importante.

Recuerden que cada niño es diferente -agregó Clara. -Si Leo no se siente preparado ahora, está bien. Pero es bueno comenzar a sembrar la idea, para que cuando esté listo, ya se sienta familiarizado con el proceso.

Lorena miró a su hijo dormido a través de la ventana de la sala, su corazón se llenó de amor y preocupación a la vez.

Lo haremos, pero con calma. Queremos que se sienta seguro.

Clara sonrió suavemente, comprendiendo la preocupación de los padres.

Eso es lo más importante. Si lo abordan con paciencia y amor, todo irá bien. Pero recuerden, no está mal empezar a hacer algunos intentos de forma gradual. Si tienen alguna pregunta o necesitan más apoyo, no duden en pedírmelo.

Lorena y Saúl agradecieron la orientación de la seño y, con una sensación de alivio, regresaron a la sala, donde Leo seguía durmiendo plácidamente, ajeno a las conversaciones sobre su desarrollo.

Los tres regresaron a la sala poco después. Leo ya se había despertado y, aunque todavía parecía algo somnoliento, se iluminó al ver a sus padres acercarse. Lorena se arrodilló a su lado y le acarició el cabello.

¿Tuviste un buen día, campeón?

Leo asintió con una sonrisa tímida mientras se agarraba a la mano de su mamá. Aunque era pequeño, los primeros pasos hacia su independencia estaban a punto de comenzar.

Al llegar a casa

Mientras Leo jugaba en la sala 

Tocaron timbre 

Oye Leo mira quien vino-dijo Lorena llamándolo-

Abuela Andy Abuelo Max-dijo correteando a sus abuelos maternos -

Cómo te va pequeño revoltoso?

Fui al jardín hoy!-dijo en brazos de su abuela

Ah y tuviste un buen dia-pregunto la Abuela Andrea-

Si-dijo Leo-

Uh uh creo que alguien necesita que le cambien ese pañal siento que esta húmedo por aqui-dijo el Abuelo Max tocándole la nariz a Leo 

Jaja-río Leo 

Ay Leo eres un travieso-dijo Lorena mientras lo llevaba a cambiar-

Y como va todo aquí hija-pregunto Andrea-

Pues-termino de cambiar a Leo y lo envío a buscar a Saúl-ve por papi-dijo y se sentó en el sillon-la seño Clara nos recomendó ya entrenarlo para el baño que empecemos de a poco que lo familicemos podemos sentarlo con ropa en el orinal podemos hacer una rutina después de la comida y antes de dormir podemos hacer que nos avise cuando deba ir 

Andrea asintió mientras escuchaba atentamente.

Es una buena idea, hija. A esta edad es un buen momento para comenzar con pequeños pasos, sin apresurarse. Pero recuerda que cada niño tiene su ritmo -dijo Andrea con una sonrisa alentadora.

¿Y cómo planean hacerlo? Porque este revoltoso no se queda quieto mucho tiempo.

Lorena rió, aunque parecía un poco nerviosa.

La seño nos sugirió hacerlo parte de su rutina. Después de las comidas y antes de dormir, sentarlo en el orinal, aunque sea con ropa al principio. También dijo que si logra avisarnos cuando necesite ir, aunque no sea siempre, debemos celebrarlo mucho para que se sienta motivado.

Andrea acarició la cabeza de Leo, que había vuelto corriendo tras escuchar la palabra "celebrar".

Exacto -añadió el abuelo Max, recostándose en el sillón.-Recuerdo que con tu hermano fue todo un desafío, pero al final lo logró. Eso sí, necesitarás mucha creatividad para motivarlo.

En ese momento, Leo regresó corriendo despues de irse

¡Aquí está papi! -dijo Leo emocionado, agarrándose a las piernas de su papá.

Saúl se inclinó y lo levantó, riendo.

¿Qué pasa, campeón?¿Ya estás contando tus aventuras del jardín?

Leo asintió enérgicamente, mientras su abuelo Max lo miraba con ternura.

Escucha, pequeño, si empiezas a avisar cuando necesitas ir al baño, tu abuela te hará unos ricos pastelitos como premio. ¿Qué dices? -dijo Andrea con una sonrisa.

¡Pastelitos! -gritó Leo emocionado, dando saltitos.

Saúl entró a la sala en ese momento, limpiándose las manos después de haber estado en la cocina.

¿Qué pasa aquí? -preguntó, viendo la cara de emoción de Leo.

Saúl se cruzó de brazos, mirando a Andrea con una ceja levantada y una leve sonrisa.

¿Sobornar, suegra?¿Eso es lo que hacemos ahora? -preguntó con un tono divertido.

Andrea se encogió de hombros con una sonrisa cómplice.

Es un incentivo, querido. Ya sabes, un empujoncito para que este pequeño empiece a usar el orinal.

Max, riéndose, añadió:

Mira, y si funciona, ¿qué importa el método? Además, Leo parece bastante convencido.

Leo, que seguía dando saltitos de emoción, dijo:

¡Pastelitos de chocolate, papi!

Saúl se arrodilló para estar a la altura de su hijo y lo miró con ternura.

Está bien, campeón. Pero tienes que esforzarte, ¿de acuerdo? Vamos a intentarlo después de la cena.

Lorena, viendo cómo su hijo y su esposo se miraban con cariño, intervino:

Bueno, ya que tenemos un plan, creo que podremos empezar esta noche. Pero recuerden, sin presiones.

Andrea asintió con aprobación.

Exacto. Si no funciona al principio, no pasa nada. Lo importante es que Leo sienta que lo están apoyando.

Max le revolvió el cabello a Leo antes de decir:

Y si todo sale bien, yo también quiero un pastelito.

Todos rieron mientras Leo, aún emocionado, se abrazaba a su abuelo.

Uh parece que alguien necesita un nuevo cambio-dijo la Abuela Andy

Si parece que hay un pequeño apestoso aqui-dijo alzando a Leo 

Lorena llevó a Leo al cambiador, mientras el pequeño seguía riendo por las cosquillas de su abuelo.

A ver, pequeño travieso, ¿qué hiciste ahora? -dijo mientras lo acomodaba.

Leo la miró con una sonrisa inocente.

Abuelo Max hizo cosquillas.

Lorena negó con la cabeza, sonriendo.

Sí, claro. Siempre echándole la culpa al abuelo.A ver, pequeño travieso, vamos a ponerte cómodo -dijo Lorena mientras lo acostaba en el cambiador.

Leo se movía un poco inquieto, todavía emocionado por la visita de sus abuelos.

Mamá, ¿puedo jugar con el abuelo después? -preguntó mientras ella le quitaba el pañal húmedo.

Claro que sí, cariño, pero primero vamos a ponerte limpio -respondió Lorena con una sonrisa, limpiándolo con cuidado.

Mientras le ponía un pañal nuevo, Lorena aprovechó para hablarle suavemente:

Sabes, Leo, pronto vamos a intentar que uses el orinal como los niños grandes. ¿Qué te parece?

Cómo Arturo?-preguntó Leo con curiosidad mientras Lorena lo limpiaba y le ponía un pañal nuevo.

Exacto, como Arturo. Él ya usa el baño de niños grandes -respondió Lorena con una sonrisa, tratando de entusiasmarlo.

Leo frunció el ceño, pensativo.

¿Y también tiene un orinal de dinosaurios? -inquirió con interés.

Lorena soltó una pequeña risa.

No lo sé, cariño, pero si tú quieres uno de dinosaurios, podemos buscarlo juntos.

¡Quiero un orinal mejor que el de Arturo! -exclamó Leo, ahora emocionado.

Bueno, eso podemos arreglarlo -dijo Lorena, terminando de abrocharle el pañal y dándole un beso en la frente.-que pijama quieres pequeño?

Dinosaurios

Lorena asintió.

Seré tan grande como Arturo?-peegunto Leo mientras le ponían el pijama

Sí, exactamente como él. Será divertido, y puedes elegir un orinal que te guste.

¿Uno con dinosaurios? -preguntó Leo con emoción en sus ojos.

Lorena rió mientras terminaba de abrochar el pañal.

Claro, campeón, uno con dinosaurios.

Lo bajó del cambiador y le dio un beso en la frente antes de que él corriera de vuelta a la sala.

¡Abuelo, abuelo, voy a tener un orinal de dinosaurios! -gritó Leo mientras se lanzaba a los brazos de Max.

¡Eso es, Leo! Los dinosaurios son geniales -respondió Max, fingiendo rugir como uno.

Andrea miró a Lorena con una sonrisa de complicidad, sabiendo que estaban dando el primer paso hacia una nueva etapa para su nieto.

Una vez que terminó, lo levantó y le dio un beso en la frente.

Listo, campeón. Ahora ve a jugar mientras yo termino de hablar con los abuelos.

Leo salió corriendo de nuevo hacia la sala, donde Andrea y Max lo esperaban con los brazos abiertos. Lorena regresó y suspiró, mirando a sus padres.

Es un torbellino, pero es mi torbellino.

¡Abuelo, voy a tener un orinal de dinosaurios y será mejor que el de Arturo! -gritó emocionado mientras se lanzaba a los brazos de su abuelo.

¡Eso suena increíble, campeón! -respondió Max, riendo y rugiendo como un dinosaurio.

Andrea, que observaba la escena, comentó con una sonrisa:

Parece que Arturo tiene competencia.

Definitivamente -respondió Lorena, sentándose junto a su madre. -Aunque creo que la idea de usar el baño le emocionará más si lo hacemos divertido para él.

Esa es la clave, hija. No hay prisa, pero poco a poco irá entendiendo -añadió Andrea, mientras Max y Leo jugaban en el suelo.

Leo miró a su abuela y sonrió.

¡Voy a ganarle a Arturo, abuela!

Seguro que sí, mi amor -respondió Andrea, mientras le revolvía el cabello con ternura.

Andrea miró a su nieto con una chispa de idea.

¿Qué te parece si el abuelo y yo le traemos un orinal especial? Uno que tenga colores o música. Puede ser su "trono de campeón".

Leo, sin entender del todo, soltó una carcajada.

¿Trono? ¿Como un rey?

¡Exacto! -dijo Max, haciéndole cosquillas. Y tú serás el rey del baño.

Lorena rió ante la ocurrencia de sus padres.

Puede que eso funcione. Algo así lo haría sentir especial y motivado.

Entonces no se hable más -respondió Andrea con entusiasmo. -Mañana iremos a buscar el orinal perfecto para nuestro pequeño rey.

Leo miró a su mamá y papá con una sonrisa traviesa, sin saber que este sería el comienzo de una nueva etapa en su vida.

Andrea sonrió mientras miraba a Lorena.

¿Y cómo va Arturo con todo esto? -preguntó Andrea, interesada.

Bastante bien, según mi cuñada. Aunque todavía tiene accidentes de vez en cuando -respondió Lorena.

Bueno, cada niño tiene su tiempo -añadió Andrea con una sonrisa cálida, mientras Max jugaba con Leo, que ahora rugía como un dinosaurio.

En la noche después del baño mientras Lorena le ponía el pañal y su pijama de dinosaurio que era un pijama de estos enteros donde tenía cola y en la capucha tenía el rostro del dinosaurio 

Venga Leo mañana iniciaremos con el orinal al volver del jardín serás un niño grande

¿Como el primo Arturo? -preguntó Leo mientras Lorena lo cambiaba.

Sí, cariño, como Arturo. Él ya usa el orinal como un niño grande, ¿verdad? -respondió Lorena, tratando de entusiasmarlo.

Leo frunció ligeramente el ceño.

Pero Arturo es más grande que yo... tiene tres.

Lorena rió suavemente mientras le ponía un pañal limpio.

Es cierto, amor, pero eso no significa que tú no puedas aprender también. Además, cuando tú tengas tres, serás igual de grande que él ahora.

Leo pareció considerar las palabras de su mamá mientras se bajaba del cambiador.

¿Y si me sale mal?

No pasa nada, Leo. Todos aprendemos a nuestro ritmo, y mamá y papá estarán aquí para ayudarte -dijo Lorena, acariciándole el cabello.-venga a la cama dijo llevándolo a su cama alta y poniendo las barreras de seguridad-buenas noches travieso

Buenas noches mami-dijo Leo ya durmiéndose-

Pequeño demonio ojalá siempre seamos tan unidos-dijo Lorena-"


Realidad

Lorena ya vete a dormir despertarás a los chicos Leo esta dormido en su habitación con el brazo vendado-dijo Saúl entrando en la sala-

Si perdón es que estoy recordando cuando Leo tenía 2 y lo debíamos entrenar para ir al baño Leo no estaba muy seguro de dejar los pañales pero con los pastelitos que mi madre hacia y un orinal de dinosaurios él empezó a ir al orinal de a poquito aunque su verdadera inspiración era poder ser mejor que Arturo que en aquel momento tenía 3 

Siempre ha sido competitivo -dijo Saúl, esbozando una ligera sonrisa mientras se sentaba junto a Lorena.- Incluso de pequeño quería demostrar que podía ser mejor que Arturo en todo.

Lorena suspiró, con una mezcla de nostalgia y cansancio en su rostro.

Sí, aunque al principio no estaba muy seguro. Decía que el orinal era raro y que prefería sus pañales, pero cuando vio a Arturo usando el baño como "niño grande", se animó. Y bueno, los pastelitos de mamá hicieron el resto.

¿Quién diría que un orinal con dinosaurios y unos pastelitos serían suficientes para motivarlo? -respondió Saúl con una leve risa.

Lorena apoyó la cabeza en el respaldo del sillón, cerrando los ojos por un momento.

Siempre ha sido tan determinado, ¿sabes? Desde pequeño. Incluso ahora... arriesgó todo por Osvaldo sin pensarlo dos veces.

Saúl asintió, mirando hacia las escaleras 

Sí, lo sé. Me cuesta admitirlo, pero nuestro hijo tiene más coraje del que jamás imaginé.

Es increíble cómo pasa el tiempo, ¿no? -comentó, sentándose a su lado.- Parece que fue ayer cuando andaba corriendo por la casa con su orinal de dinosaurios como si fuera un trofeo.

Lorena sonrió, su mirada perdida en el recuerdo.

Y cómo olvidarlo... cada vez que usaba el orinal, se emocionaba tanto que decía: "¡Soy mejor que Arturo!". Siempre quería ganarle en todo.

Saúl soltó una risa baja.

Ese chico siempre ha tenido una competitividad innata. Pero creo que más que ganarle a Arturo, quería hacernos sentir orgullosos.

Lorena asintió, apretando la taza con cuidado.

Y lo logró, Saúl. Mira todo lo que ha pasado... y aquí está, fuerte y valiente. Hoy arriesgó su vida por Osvaldo.

Saúl miró hacia el pasillo que llevaba a las habitaciones, donde Leo descansaba con su brazo vendado.

Lo sé, Lorena. Y cada día me doy cuenta de lo afortunados que somos de tenerlo.

Aunque a veces desearía que no tuviera que ser tan fuerte... -susurró Lorena, sus ojos llenos de preocupación. -Sólo quiero que sea un niño, como cuando tenía 2 años y su mayor problema era si Arturo era más rápido que él en dejar los pañales.

El silencio llenó la sala por un momento, ambos padres sumidos en sus pensamientos.

Deberíamos estar agradecidos de tenerlo, Saúl. Incluso cuando era un niño pequeño, siempre mostró una fuerza que muchos adultos no tienen.

Saúl suspiró y asintió.

Lo estamos, Lorena. Lo estamos. Ahora ve a dormir, mañana será otro día difícil, y Leo necesitará de nosotros.

Lorena asintió lentamente, levantándose del sillón.

Buenas noches, Saúl.

Buenas noches -respondió él, quedándose un momento más en la sala, reflexionando sobre todo lo que su familia había pasado.


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