CAPITULO 49:
El lunes cuando Leo llego a clases
Fue encarado por Amelia quien se le tiraba encima.Leo en un intento por quitársela la empujó tan fuerte que Amelia termino golpeandose la cabeza contra una roca y quedando inconsciente
¡Leo, Leo! -gritó Amelia mientras corría hacia él. Intentó abrazarlo por la espalda, pero Leo, sabiendo que sus intentos de acercarse no eran nada amistosos, se adelantó rápidamente y, en un movimiento instintivo, la empujó para zafarse de ella.
El empujón fue tan fuerte que Amelia perdió el equilibrio y cayó de espaldas hacia una roca cercana. El golpe fue tan brusco que quedó inconsciente al instante, desplomándose en el suelo.
Leo se quedó congelado por un momento, mirando la escena, sin saber cómo reaccionar. Su corazón latía con fuerza, y la culpa empezó a invadirlo. Sabía que no había sido su intención que ella cayera de esa manera, pero el impulso de defenderse fue más fuerte que su deseo de evitar el conflicto.
De inmediato, algunos estudiantes comenzaron a acercarse, sorprendidos por lo que acababa de suceder. Entre ellos, Manuel y Verónica llegaron corriendo.
¡Leo! ¡¿Qué hiciste?! -exclamó Manuel, al ver a Amelia en el suelo.
No fue mi intención, de verdad, no fue mi intención -dijo Leo, su voz temblorosa por la preocupación.
Verónica se agachó junto a Amelia, revisando su estado. Después de unos segundos, vio que Amelia comenzaba a moverse lentamente. Afortunadamente, no parecía estar gravemente herida, aunque el golpe había sido fuerte.
Está bien, está bien, parece que solo está desmayada -dijo Verónica con alivio, mientras la ayudaba a sentarse.
Leo respiró aliviado, pero el remordimiento lo invadió rápidamente. Aunque Amelia siempre lo molestaba y él no quería tener nada que ver con ella, nunca imaginó que la situación llegaría a este punto.
¿Qué ha pasado aquí? -preguntó una profesora de segundo año, mirando a Leo con desaprobación.
Leo tragó saliva antes de responder.
Amelia... ella... siempre se me tira encima, no sé que más hacer... Esta vez no pude controlarme.
La profesora lo miró seriamente antes de dirigirse a Amelia, quien aún se encontraba aturdida.
Leo, te voy a pedir que vayas a la dirección. Esto no puede quedarse así -dijo la profesora con tono firme, pero sin perder la calma.
Leo, sin decir más, asintió y caminó hacia la dirección. Sabía que las consecuencias por lo sucedido no serían fáciles de afrontar, pero al menos ahora entendía lo importante que era mantener el control de sí mismo, incluso en las situaciones más tensas.
Cuando Leo llegó a la dirección, la Directora María Graciela lo estaba esperando. Su rostro reflejaba seriedad, pero también una comprensión implícita de la situación. Leo, aún nervioso y preocupado por lo que había sucedido con Amelia, se acercó a su escritorio.
Leo, siéntate, por favor -dijo la directora con tono firme, pero sin perder la calma. Leo se sentó frente a ella, evitando mirarla directamente a los ojos. Sabía que lo que había hecho no estaba bien, pero también sabía que no fue algo intencional.
María Graciela suspiró antes de hablar, mirando a Leo con empatía.
Entiendo que lo que ocurrió fue una reacción instintiva. Amelia te estaba acosando, como ha hecho en otras ocasiones. Sin embargo, lo que no puedes hacer es perder el control de esa manera -dijo la Directora con voz suave, pero clara. Empujar a alguien tan fuerte, sin saber lo que pueda pasar, no es la forma de manejar las cosas.
Leo bajó la mirada, su culpa y remordimiento crecían dentro de él.
Lo sé... no quería que le pasara nada, sólo quería... -intentó explicar, pero se detuvo al ver la mirada comprensiva de la directora.
Lo sé, Leo, y reconozco que lo que hiciste no fue para herirla, sino para tratar de alejarla. Pero en situaciones como estas, siempre es mejor buscar a un adulto o alejarse de inmediato en vez de actuar de manera tan impulsiva. A veces, el miedo o la frustración nos pueden hacer perder la calma. Entiendo que no fue tu intención, pero las consecuencias son las que tenemos que manejar ahora -dijo María Graciela, su tono más suave pero aún serio.
Leo asintió, sintiendo el peso de la conversación sobre él.
Amelia está bien, aunque se desmayó momentáneamente por el golpe en la cabeza, ya se recuperó. No tendrá consecuencias graves, pero esto es un recordatorio de que, aunque el conflicto con ella es constante, no debemos permitir que nuestros impulsos nos controlen.
Leo, aunque aún incomodo por la situación, se sintió un poco más aliviado por las palabras de la directora. Sabía que el maltrato de Amelia hacia él no justificaba la violencia, pero también entendió que la presión de tantas situaciones difíciles había influido en su reacción.
Voy a dejar que este incidente quede registrado, y se hablará con Amelia también. En adelante, te recomiendo que si sientes que la situación con ella se intensifica, busques ayuda antes de que llegue a este punto.
Leo levantó la cabeza, agradeciendo la comprensión de la Directora, pero sabía que tendría que hacer frente a las consecuencias de sus actos, aunque fueran fruto de una reacción defensiva.
Gracias, directora. Haré lo que pueda para no volver a reaccionar así.
Te lo agradezco, Leo. Recuerda, todos podemos cometer errores, lo importante es aprender de ellos. Ahora, regresa a clase. Esta vez, si la situación se repite, busca a un profesor o a mí. Siempre hay una solución más adecuada.
Leo asintió, levantándose para salir de la oficina. Antes de cerrar la puerta, se giró hacia la directora.
Lo prometo, no volverá a pasar.
Con esa última palabra, salió de la dirección, aún procesando lo ocurrido, pero con una sensación de alivio al saber que la directora había entendido su parte en la situación.
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