CAPITULO 5 PARTE 2:

 A las 11:15, el timbre sonó marcando el final de la clase de Geografía. Los alumnos recogieron sus materiales y se dirigieron al aula 18 para la clase de Escritura, donde los esperaba la profesora Sofía Müller Papageorgiou, una mujer estricta conocida por su enfoque tradicional y su poca tolerancia hacia lo que consideraba “desviaciones” en los métodos de aprendizaje.

Al entrar al salón, Sofía observó a los estudiantes con una mirada evaluadora. Su atención se posó en Leo, quien, al notar su mirada, sintió un nudo en el estómago.

Tú, el nuevo, ponte de pie y preséntate -ordenó Sofía en un tono autoritario.

Leo tragó saliva, claramente incómodo. No quería hacerlo, pero sabía que oponerse solo le traería problemas. Se levantó con desgano, evitando el contacto visual.

Me llamo Leo tengo 16 años y solo aclaro que si me molestan me defiendo yo no tolero que me molesten 

Y que más?-dijo la Profesora 

Que...yo soy capaz de hasta pegarle a una profesora irritante si estoy enojado-dijo Leo

La profesora, aparentemente satisfecha, asintió y luego escribió una frase en el pizarrón: "La perseverancia es la clave del éxito."

Muy bien, Leo. Ven aquí al frente y copia esta frase en el pizarrón. Es un ejercicio simple para evaluar tu caligrafía.-dijo Sofia 

Leo se dirigió al pizarrón a regañadientes, tomó el marcador y comenzó a escribir con su mano izquierda. Apenas había terminado de escribir la primera palabra cuando Sofía frunció el ceño y lo interrumpió.

¿Qué estás haciendo? ¿Con la izquierda?Eso es inaceptable. Esa… forma de escribir es un defecto, y en esta clase no lo permito. Usa tu mano derecha.-dijo Sofia cruzada de brazos-

Leo se giró, confundido y molesto, pero intentó mantenerse calmado.

Soy zurdo, profesora. Es más fácil para mí escribir con esta mano.-dijo Leo

Aquí no aceptamos excusas. Nadie se hace zurdo por naturaleza; simplemente no has aprendido a usar la mano correcta. Te voy a enseñar -dijo Sofía mientras se acercaba y le tomaba la mano derecha.

Leo retrocedió, sintiéndose humillado y enfurecido. Pero la profesora no le dio opción, insistiendo en que debía escribir con la mano derecha. A regañadientes, Leo intentó escribir la frase, pero sus movimientos eran torpes y las letras salían desiguales.

El salón quedó en silencio mientras algunos estudiantes observaban con incomodidad. Finalmente, Sofía sacudió la cabeza con desaprobación.

Que desastre. Pero no te preocupes, Leo, te haré practicar hasta que aprendas a escribir correctamente.-dijo Sofia

Pues yo le voy a enseñar el cielo si me sigue irritando esta actuando como una pelotuda y no voy a dejarme pisotear si quiere corregirme sea capaz quiero ver de pegarme-dijo Leo defendiendo su postura no dejaría que una profesora anticuada le diga con que mano escribir

Leo regresó a su asiento con las manos temblando de rabia y frustración. Pensó en todas las veces que había enfrentado situaciones similares y se sintió atrapado. 

El ambiente en el aula se volvió tenso después de las palabras de Leo. Algunos estudiantes intercambiaron miradas nerviosas, mientras otros disimulaban su incomodidad bajando la vista hacia sus escritorios. La profesora Sofía, visiblemente indignada, tomó aire profundamente para mantener la compostura.

¡Leonardo! No tolero ese tono en mi clase. Si continúas con esa actitud, tomaré medidas. Es mi deber como educadora corregir tus defectos y enseñarte lo que es correcto!.-dijo Sofia 

Leo la miró con una mezcla de desprecio y desafío. 

¿Defectos? El único defecto que veo aquí es su forma anticuada de pensar. Si no puede aceptar algo tan simple como que soy zurdo, entonces no tiene derecho a llamarse profesora. Una profesora no se queda estancada en los años 1900 y no avanza hasta el siglo XXI porque es una imbecil 

La respuesta de Leo dejó a Sofía momentáneamente sin palabras, pero no por mucho tiempo. 

Te estás ganando un reporte disciplinario, Leonardo. Y si no te importa el respeto, entonces no esperes recibirlo tampoco. Esto no es una negociación, es una clase, y las reglas las pongo yo.-dijo la profesora 

Sin más, Sofía regresó al frente del aula, claramente irritada pero tratando de retomar el control.

Abrirán sus libros y comenzarán con el ejercicio número tres de la página veinte. Y tú, Leonardo, después de la clase vendrás a hablar conmigo.-dijo la profesora-

Leo se hundió en su asiento, cruzando los brazos y mirando a la ventana, decidido a ignorarla.

 Buena suerte con eso-murmuró en voz baja Leo lo suficiente para que los estudiantes cercanos lo escucharan, pero no la profesora.

Manuel, sentado junto a él, le dio un leve codazo.

 Tranquilo, Leo. No vale la pena. Déjala que se consuma sola.-dijo Manuel 

Danielle asintió desde el otro lado.

Sí, no dejes que te saque de tus casillas. Esta mujer es un dinosaurio, pero no puedes dejar que te meta en más problemas.

Leo respiró profundamente, cerrando los ojos por un momento para intentar calmarse. Sabía que lo que venía sería aún más complicado, pero no iba a dejar que nadie lo doblegara.

Las 12:00 llegaron 

Los alumnos de jardín y primaria entre ellos Nicholas y Osvaldo salieron de sus edificios y fueron a esperar a Leonardo pero este simplemente paso y fue a la cafetería 

Nicholas al verlo fue junto con Osvaldo a la cafetería para preguntar el porque no se acercó a ellos para ir los 3 a casa

Yo me quedo hasta las 14:30 Nicholas yo no los acompaño ustedes deben irse solos y si la pelotuda de Lorena pregunta le dicen que como voy a secundaria me quedo hasta la tarde-dijo Leo

Nicholas con solo 12 años miró a su hermano menor y luego a Leo quien simplemente los ignoro y se fue a buscar su comida para luego irse a la mesa con Danielle y Manuel

Nicholas, al ver a Leo ignorarlos y pasar de largo, suspiró profundamente. Osvaldo, de solo 4 años, miró a su hermano mayor con ojos llenos de confusión y jaló la manga de Nicholas.

¿Por qué Leo no quiere ir con nosotros?-preguntó Osvaldo en voz baja, con un ligero puchero.

Nicholas se agachó para estar a su altura y le respondió con calma, aunque su voz reflejaba un poco de frustración. 

Leo está ocupado, Osvaldo. Tiene que quedarse más tiempo porque está en secundaria. Vamos a casa nosotros dos, ¿sí? Te compro un chocolate de postre-dijo Nicholas tomando a su hermano de la mano-

Pero…yo quería caminar con Leo-insistió el pequeño, mirando hacia la cafetería donde su hermano mayor ya estaba sentado con otros adolescentes.

Nicholas colocó una mano en el hombro de Osvaldo, tratando de tranquilizarlo. 

Yo sé, pero hoy no se puede. Vamos, si no llegamos rápido, mamá se va a enojar.-dijo Nicholas 

Osvaldo asintió a regañadientes, aunque no pudo evitar mirar una vez más hacia donde estaba Leo antes de seguir a Nicholas hacia la salida.

Mientras tanto, en la cafetería, Leo se sentó con su bandeja junto a Manuel y frente a Danielle, ignorando por completo el hecho de que Nicholas y Osvaldo lo habían estado esperando.

¿Todo bien, Leo?- preguntó Manuel, notando su actitud más huraña de lo habitual.

Leo tomó un bocado antes de responder con tono seco. 

Solo los niños…Nicholas y Osvaldo. Me querían arrastrar de vuelta a casa. Como si no tuvieran piernas para caminar solos.

Danielle arqueó una ceja, claramente desconcertada.

 Leo, Osvaldo tiene 4 años. No esperaba que lo dejaras ir solo a casa con Nicholas.

Leo bufó, apoyándose en la silla con una expresión de cansancio.

 ¿Y qué? Nicholas tiene 12. Puede cuidarlo. Yo no tengo por que estar siempre detrás de ellos. Ya basta de cargar con cosas que no son mi problema.

Manuel cruzó los brazos, mirándolo con seriedad. 

Son tus hermanos, Leo. No puedes tratarlos como si no importaran. Osvaldo es solo un niño.

Leo chasqueó la lengua, claramente molesto por el comentario. 

No dije que no me importen, ¿ok? Solo estoy harto. Harto de que todos esperen que haga el papel de hermano mayor perfecto. ¿Dónde están Lorena y Saúl cuando los necesitan? Ah, claro, mandándome a hacer su trabajo.



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