Capitulo 5:

 Leo caminaba hacia la escuela sin mucho animo perdido en sus pensamientos caminaba a paso lento,sin ganas de ir al colegio pero como él decía los estúpidos de Lorena y Saúl no lo entendían para nada de su sufrir emocional solo claro lo envían a la escuela como si su opinión o emociones no fueran importantes para ellos Leo ya no lo era por ser el "mayor"

Llego a la entrada del complejo universitario convertido en escuela primaria secundaria y jardín de infantes 

Leo no estaba con el humor de ir a sentarse en un banco a calentar el asiento

Finalmente

Llego a la entrada donde vio a una mujer esperándolo esta al verlo se presentó 

Buenos días Leonardo-estira la mano para estrecharla-soy la Directora Maria Graciela bienvenido a tu primer día déjame darte tu horario y donde tienes la primer clase del día en que aula con quien y que días-dijo la Dire

Ah si que bien volver a la escuela tradicional hey-dijo Leo con un sarcasmo en su actitud y su voz-

A pesar de su actitud desganada, la Directora, sin alterarse, le entregó el horario con una expresión comprensiva, aunque profesional. Leo lo tomó sin mucho entusiasmo, sabiendo que no tenía más remedio que seguir adelante con lo que los demás ya habían planeado para él.

Maldigo a los imbéciles de Lorena y Saúl Gómez Padilla ellos que me hicieron daño me obligan a venir aquí sin escuchar mi opinión-dijo Leo pensando-claro su hijo de 13 años en ese momento es secuestrado podría haber sido asesinado violado hasta vendido o peor pero a ellos no les interesaría que estuviera muerto 

La frustración lo invadía con cada paso que daba hacia la entrada. Ajustándose la mochila al hombro con desgana, sentía que su vida estaba siendo dirigida por manos ajenas, como si sus propios deseos y emociones fueran insignificantes.

Para ellos soy solo una carga que deben soportar-pensó Leo con amargura, sintiendo cómo la rabia se mezclaba con la tristeza en su pecho.

La Directora seguía observándolo con una sonrisa formal, mientras él se sumía en su propio mundo, intentando apagar el torbellino de emociones que lo consumia

La primera clase de su horario era Francés con Gabriela Hernandez en el aula 17 del quinto piso

En el camino mientras subía se encontró a su amigo de la infancia 

Luis Manuel Khan "Manu o Manuel" para los amigos y la novia de Manu:

 Danielle Ivanov 

Cuando Leo, Manu y Danielle entraron al aula 17, la profesora Gaby Hernández ya estaba de pie junto a la pizarra, con una sonrisa amable y su mirada atenta. Al verlos entrar, saludó con una pequeña inclinación de cabeza y continuó con su clase.

Bienvenue, Leo!-dijo la profesora Gaby en francés, con una pronunciación clara y amigable.-Es un placer tenerte con nosotros. ¿Te gustaría presentarte a la clase?-Su voz era suave pero firme, y la manera en que lo miraba parecía invitadora, sin presionarlo.

Leo se quedó en la puerta por un momento, mirando a su alrededor. El aula estaba llena de estudiantes que lo observaban con curiosidad, pero sin el peso de expectativas o juicios. A pesar de la incomodidad, Leo se dio cuenta de que esta era una de las primeras veces que sentía una calma momentánea en medio del caos que lo rodeaba.

Con una leve exhalación, Leo avanzó lentamente hacia el frente, mirando a los compañeros que lo observaban. En el fondo, Manu y Danielle le sonrieron con aliento silencioso, mostrándole su apoyo sin decir una palabra.

Ehhhh...soy Leo tengo 16 años y aconsejo por su bienestar no hacerme enojar -dijo y se sentó en el fondo

La profesora Gaby asintió con comprensión y sonrió de manera cálida. 

No te preocupes, Leo-dijo-Aquí no se juzga, solo se aprende juntos. Si necesitas ayuda en algo, no dudes en preguntar.

La clase, aunque curiosa, no parecía tan imponente. De alguna manera, Leo se sintió algo más tranquilo al ver que no había críticas ni miradas de reproche. La profesora Gaby continuó hablando en francés, explicando un poco sobre el día de clase, y Leo, aunque no entendía todo, intentó seguir el ritmo.

En el fondo, Manu y Danielle se sentaron juntos, ofreciendo una presencia silenciosa de apoyo, mientras Leo se acomodaba en su asiento, un poco menos tenso pero aún con la sensación de ser un extraño en ese lugar.

Mientras la clase avanzaba, los estudiantes estaban concentrados en escribir sus rutinas mañaneras en francés. La profesora Gaby caminaba entre los escritorios, asegurándose de que todos estuvieran progresando. Cuando llegó cerca de Leo, notó que él estaba luchando un poco con las palabras, escribiendo con su mano izquierda y moviendo la pluma con cierta incomodidad.

Gaby observó que no solo estaba escribiendo lentamente, sino que también parecía estar teniendo dificultades para alinear las letras y las palabras de forma clara. Se acercó lentamente, con un tono suave y comprensivo.

Leo-dijo, con una sonrisa amable-¿todo bien? Pareces tener un poco de dificultad con la escritura.

Leo levantó la vista, notando que la profesora lo observaba. En su interior, sentía esa incomodidad que a veces experimentaba cuando la gente se daba cuenta de sus dificultades, pero sabía que no podía seguir ignorando el asunto. Con un suspiro, puso el lápiz en el escritorio y miró a Gaby.

Bueno... la verdad es que... no es que sea malo en francés- comenzó, titubeando un poco-pero tengo dislexia.-dijo Leo suspirando recordando que él tomaba clases online mientras era sicario 

La profesora Gaby asintió con calma, sin mostrar sorpresa. Había trabajado con estudiantes con diferentes necesidades de aprendizaje y había aprendido a identificar esas pequeñas señales.

¿Te gustaría que adaptáramos la actividad para hacerla un poco más fácil para ti?- le preguntó, mirando el cuaderno de Leo con simpatía.-Puedo ofrecerte más tiempo o diferentes maneras de presentar la información si eso te ayuda.

Leo se sintió un poco aliviado al ver la actitud tan comprensiva de Gaby. No estaba acostumbrado a que alguien tratara su dificultad con tanta paciencia y sin juzgarlo.

Eso estaría bien- respondió, un poco más relajado.-A veces las palabras se me mezclan o se ven raras, y me cuesta seguir el ritmo.

Gaby sonrió, entendiendo lo que quería decir. 

No te preocupes, Leo-dijo con una voz tranquilizadora.-Aquí estamos para aprender juntos. No te vamos a presionar. Si necesitas un poco más de tiempo o ayuda extra, solo dímelo. Todos tenemos formas diferentes de aprender.-dijo la profesora 

Leo asintió agradecido, sintiendo que, tal vez, esta vez las cosas podrían ser diferentes. Mientras la clase continuaba, Gaby regresó al frente para seguir explicando, pero Leo ya se sentía un poco más cómodo, sabiendo que no tenía que enfrentarse a todo solo.

A las 9:30, la campana que indicaba el fin de la clase resonó por todo el aula, y los estudiantes comenzaron a levantarse de sus asientos, guardando rápidamente sus cosas. Algunos se apresuraban a salir del aula para aprovechar esos diez minutos de descanso, mientras que otros se quedaban charlando o caminando en busca de algo para comer o tomar.

Leo, Manu y Danielle se levantaron del fondo de la clase, recogiendo sus mochilas.

Después de unos minutos de charla ligera, el grupo se dirigió a las escaleras que los llevarían al subsuelo, donde se encontraba el aula de geografía. Al llegar al aula 38, la puerta estaba entreabierta, y podían escuchar el murmullo de algunos estudiantes que ya estaban dentro, conversando.

Al entrar, la profesora Ana Paola Sánchez, que estaba organizando sus materiales en el escritorio, levantó la mirada y les dio la bienvenida con una sonrisa amable.

Buenos días, chicos-dijo mientras señalaba los asientos disponibles. Pueden sentarse donde quieran, pero recuerden que esta clase va a ser bastante interactiva, así que prepárense para participar.

Leo, Manu y Danielle se sentaron en el fondo, justo al lado de la pared, donde se sentían más cómodos. Leo observó el aula, notando el mapa del mundo que cubría una de las paredes, y los estantes llenos de libros y materiales sobre geografía.

Aunque la idea de participar no le entusiasmaba mucho, Leo sabía que, al menos, esta clase era diferente de las materias que había tenido en su pasado. Aquí, las cosas parecían estar más organizadas y, de alguna manera, menos intimidantes.

Cuando Leo entró en el aula de Geografía, se sentó en el fondo, intentando pasar desapercibido. Había una sensación de incomodidad en su estómago al saber que tendría que enfrentar la clase de geografía, especialmente con los países y sus capitales, algo que siempre le había costado por su dislexia. Intentó disimular, bajando la capucha de su buzo y evitando llamar la atención.

Ana Paola Sánchez, la profesora de Geografía, empezó la clase, pero en cuanto su mirada recorrió el aula, se detuvo en Leo. Al notarlo, con su capucha puesta y su actitud algo retraída, decidió que era un buen momento para hacer una pregunta.

Leo-dijo la profesora-puedes pasar al frente por favor

Leo se tensó al escuchar su nombre. Sintió cómo su estómago se encogía y su rostro se ponía rojo. Sabía que el resto de la clase lo miraba, y aunque la profesora no lo estaba presionando de forma agresiva, la idea de tener que responder sobre algo tan difícil para él lo angustiaba. Intentó mantener su capucha baja y se encogió un poco en su asiento, en un intento de evitar la situación.

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