CAPITULO 51:
En la realidad
Leo ahora luchaba con sus propios pensamientos esos recordatorios de que le cargan responsabilidades que no son suyas lo están volviendo loco y eso ha causado que Óscar y David se burlen
Se burlen hasta el punto que Leo agarrando a David del cuello casi lo tira desde una gran altura del edificio de la escuela
¡Deja de molestarme! ¡No entiendes nada!- gritó mientras agarraba a David por el cuello y lo empujaba hacia el borde de una altura considerable.
David intentó forcejear, pero Leo no lo soltaba. Sus ojos estaban llenos de furia y desesperación, el peso de años de frustración y abuso explotando en ese momento.
Sino fuera porque Vero lo freno Leo habría cometido un asesinato
¡Leo, basta! -gritó Verónica mientras corría hacia ellos.
Tomó a Leo del brazo con todas sus fuerzas, logrando que soltara a David justo antes de que ocurriera una tragedia.
David cayó al suelo, tosiendo, mientras Leo miraba sus propias manos temblorosas, horrorizado por lo que casi había hecho.
Leo después de eso huyo de la escena pero no volvió a casa ni a la escuela
Leo estaba en la mansión de su madre adoptiva Josefina quien le dejó quedarse y lo cuido lo abrazó y dejo que se desahogue mientras escuchaba como el chico que era fuerte se derrumbaba.
Josefina lo recibió sin hacer preguntas, sólo notando la mirada rota en los ojos de su hijo adoptivo.
Ven acá, Leo -dijo con voz suave, abriendo los brazos.
Leo, que siempre se mostraba fuerte y distante, se derrumbó en ese abrazo. Las lágrimas que había contenido por tanto tiempo comenzaron a caer. Josefina lo abrazó con fuerza, dejando que el chico soltara todo lo que llevaba dentro.
No puedo más… No puedo más con esto… -susurró entre sollozos.
Josefina lo llevó a un sillón y lo dejó hablar, escuchando atentamente mientras él le contaba todo: las responsabilidades impuestas desde pequeño, el acoso de sus compañeros, el momento de ira con David, y cómo se sentía perdido y fuera de control.
No eres un monstruo, Leo. Eres un chico que ha pasado por mucho más de lo que cualquier persona debería soportar. Aquí estás a salvo, y no estás solo -le dijo Josefina con ternura, acariciando su cabello.
Leo no respondió, pero asintió levemente. Por primera vez en mucho tiempo, sintió que alguien lo entendía, que alguien estaba ahí para él sin juzgarlo.
Esa noche, Josefina le preparó una cena sencilla y lo dejó descansar en una de las habitaciones. Sabía que Leo necesitaba tiempo para sanar y fuerzas para enfrentar lo que venía. Para ella, Leo no era sólo un chico problemático; era un joven herido que necesitaba amor, comprensión y, sobre todo, alguien que creyera en él.
La noticia de lo ocurrido con David llegó rápidamente a la escuela y, más tarde, a Lorena y Saúl. Ambos estaban en casa, desesperados al no saber nada de Leo.
¡No contesta el teléfono! -dijo Lorena con evidente frustración, marcando nuevamente el número de Leo.
¿Y qué esperabas? Después de lo que hizo, seguro se fue a esconder -respondió Saúl, cruzado de brazos.
Ambos estaban tensos, pero ninguno de los dos parecía reflexionar sobre las razones detrás del comportamiento de su hijo.
¿Te das cuenta de lo grave que es esto? ¡Casi mata a un compañero! -gritó Lorena.
Es inaceptable. ¿Cómo va a actuar así? ¿Dónde fallamos? -añadió Saúl, aunque sus palabras no tenían tanto autocrítica como enojo.
Sin embargo, la pregunta quedó flotando en el aire. No era la primera vez que Leo reaccionaba de manera explosiva, pero nunca habían analizado el porque.
Siempre ha sido así. Desde que era niño se ha resistido a todo. Nunca acepta las cosas como deben ser -dijo Saúl, como si justificara su enojo.
¿Y no será porque siempre lo hemos presionado tanto? -preguntó Lorena en un tono bajo, casi como un pensamiento en voz alta.-yo dije que había que llevarlo a terapia-penso Lorena
Saúl se quedó en silencio, incómodo con la idea, pero sin responder.
Desde pequeño lo cargamos con responsabilidades que no eran suyas, lo obligamos a cuidar de Nicholas, a obedecer sin cuestionar, a ser el "hermano mayor perfecto" mientras nosotros le dábamos más atención a Nicholas y luego a Osvaldo... -continuó Lorena, más para sí misma que para su esposo.
Y siempre lo criticamos cuando no cumplía nuestras expectativas. -La voz de Saúl era casi un susurro ahora, como si apenas empezara a entender la gravedad de sus actos.
Ambos miraron el teléfono, que seguía en silencio. Lorena, por primera vez en mucho tiempo, sintió un profundo remordimiento.
Saúl, creo que estamos perdiendo a nuestro hijo, y no es culpa de nadie más que nuestra -dijo finalmente, con lágrimas en los ojos.
Al día siguiente
Lorena y Saúl llegaron a la escuela temprano, buscando respuestas sobre el paradero de Leo. Aunque estaban preocupados, seguían sin asimilar completamente su responsabilidad en la situación.
Mientras hablaban con la Directora, fueron interrumpidos abruptamente por Óscar, el hermano mellizo de Verónica. Con una actitud desafiante, se cruzó de brazos y los encaró.
¿Ustedes son los padres de Leo? -preguntó, sin molestarse en disimular su disgusto.
Sí, ¿qué necesitas? -respondió Saúl, algo confundido por el tono del chico.
Óscar dio un paso adelante, con una mirada severa.
Necesito que hablen con Leo y le digan que deje a Verónica. Ella no tiene nada que hacer con alguien como él. Está mucho mejor con su ex, David.
Lorena y Saúl se miraron, sorprendidos por la petición tan directa.
Perdón, ¿qué estás diciendo? -preguntó Lorena, intentando mantener la calma.
¡Lo que escucharon! Verónica no debería estar con alguien tan problemático como Leo. David era mejor para ella, y ustedes tienen que hacer algo para arreglarlo -dijo Óscar, alzando la voz.
Saúl frunció el ceño, molesto por la actitud del chico.
Primero que nada, joven, no tienes derecho a decirnos cómo criar a nuestro hijo ni a decidir con quién debería estar -replicó, firme.
¿Ah, no? Pues deberían preocuparse más por el desastre que ha causado Leo. ¡Casi mata a David! ¿Y aún creen que es una buena influencia para mi hermana? -Óscar se mostró cada vez más alterado.
Lorena respiró profundamente, intentando procesar lo que ocurría.
Escucha, entendemos que estás preocupado por Verónica, pero esto no es asunto tuyo. Lo que pasa entre Leo y Verónica lo decidirán ellos, no tú, ni nosotros, ni David -respondió Lorena con un tono más conciliador.
Óscar bufó, frustrado, y señaló a los padres de Leo.
Si no hacen algo, créanme, lo haré yo. No pienso quedarme de brazos cruzados mientras mi hermana arruina su vida por culpa de alguien como su hijo.
Con eso, dio media vuelta y se alejó, dejando a Lorena y Saúl en un incómodo silencio.
¿Qué fue eso? -preguntó Saúl, todavía incrédulo.
Más problemas, Saúl. Más problemas que no se van a resolver hasta que enfrentemos lo que hemos hecho con Leo -respondió Lorena, cada vez más consciente de la magnitud de los conflictos en la vida de su hijo.
Lorena y Saúl se quedaron en silencio por unos momentos, procesando las palabras de Óscar y el peso de la situación. Ambos sabían que la relación de Leo con Verónica estaba siendo puesta a prueba, pero también sabían que gran parte de los problemas venían de la manera en que ellos mismos habían tratado a su hijo.
No sé si estamos listos para enfrentar lo que viene, Lorena -dijo Saúl con voz cansada.
Nunca lo estamos, Saúl, pero tenemos que hacerlo. Ya no podemos seguir ignorando lo que Leo ha pasado. No podemos seguir metiendo nuestra cabeza en la arena -respondió Lorena, apretando los puños.
Decidieron dirigirse a la oficina de la directora para discutir cómo ayudar a Leo. Sabían que, si querían que su hijo tuviera una oportunidad de superar todos los problemas emocionales y sociales que le habían causado, tendrían que comenzar por asumir su responsabilidad como padres.
Mientras tanto, Leo seguía en la mansión de su madre adoptiva, Josefina. Después de desahogarse, estaba intentando poner en orden sus pensamientos, pero las voces internas seguían atormentándolo. A pesar de estar rodeado de personas que se preocupaban por él, sentía que el peso de todo era demasiado.
Josefina, quien lo había abrazado y escuchado pacientemente, se acercó a él mientras estaba sentado en el sillón, mirando al vacío.
Leo, sé que estás pasando por un momento difícil, pero quiero que sepas que no estás solo -dijo Josefina con suavidad, sentándose junto a él.
No lo sé, mamá. Las cosas parecen ir de mal en peor. No sé si alguna vez podré salir de todo esto -respondió Leo, con la voz quebrada.
Josefina lo miró con compasión y le acarició el cabello.
Escucha, Leo. Lo que estás viviendo no es fácil, y nadie tiene el derecho de decirte cómo debes sentirte. Pero yo te prometo que con el tiempo, con esfuerzo y con amor, las cosas van a mejorar. Y lo más importante, vas a sanar.
Leo la miró, buscando consuelo en sus ojos. Aunque no podía borrar de un solo golpe todo el dolor que sentía, algo en la calidez de la voz de Josefina lo hizo sentir, por primera vez en mucho tiempo, que tal vez había una pequeña luz al final del túnel.
Mientras tanto, en la escuela, la Directora María Graciela también estaba tomando medidas. Sabía que la situación de Leo era complicada, pero no estaba dispuesta a dejarlo solo en ese proceso. Había hablado con los maestros, les había dejado claro que cualquier discriminación hacia Leo, por su dislexia o por ser zurdo, no sería tolerada. Además, había organizado una reunión con los padres de Leo para discutir su situación y ver cómo podrían ayudarlo a integrarse mejor en la escuela y, sobre todo, en su vida emocional
Todo parecía indicar que, poco a poco, las piezas comenzaban a encajar, aunque el camino hacia la recuperación y la paz interior de Leo sería largo y lleno de desafíos.
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