CAPITULO 52:
El Jefe sicario desde la cárcel se entero del bullying que sufría Leo por lo que como lo considera su hijo aunque no sea biológico lo considera su orgullo
El Jefe sicario acompañado por dos oficiales llego a la escuela donde encontró a David y Óscar
Ustedes son quienes molestan a mi hijo?-preguntó-
Quien es tu hijo?-preguntó Óscar
Leo-dijo el Jefe
¿Ese burro es tu hijo?-dijo David riendo
Leo no es ningún burro y créeme que yo te haría sufrir peor pero les propongo algo participen del próximo torneo de karate pero eso si no molestaran a Leo hasta el torneo ahí se podrán golpear todo lo que quieran y les sugiero buscar un profesor rápido porque estará más cerca que nunca el torneo y ahí es donde ustedes y mi hijo pondrán matarse a golpes sin que nadie los detenga o bueno mejor dicho Leo los matará a golpes nos vemos muchachines A. David y J.Óscar no falten al torneo y dejen en paz a Leo-dijo el Jefe yéndose al auto policial
La noticia del torneo se rumoneo rápidamente por la escuela llego a oídos de Manu Dani y Vero
Mi hermano y mi ex novio pelearan contra Leo en un torneo?-pregunta Verónica-espero que Leo les de la paliza que merecen
Lo que me preocupa es que Lorena y Saúl lo descubran y no le permitan participar-dijo Manu-como ellos no saben qué Leo hace karate desde los 13 en su época de sicario
Eso no va a pasar -dijo Verónica, con firmeza. -Leo merece defenderse, y si el torneo es su manera de hacerlo, entonces lo apoyaremos.
Estoy de acuerdo -dijo Danielle.- Además, este no es solo un torneo cualquiera. Es una manera de cerrar las bocas de Óscar y David para siempre. Pero... ¿cómo le vamos a ayudar si sus papás lo descubren?
Los tres amigos se quedaron pensando un momento. Sabían que Leo era fuerte, pero también sabían que necesitaba su apoyo.
Podemos cubrirlo -sugirió Verónica. -Si Lorena y Saúl intentan impedir que participe, lo ayudaremos a llegar al torneo sin que lo sepan.
¿Cómo lo haremos? -preguntó Danielle.
-Dejemos que Leo decida cómo manejar a sus papás -dijo Manu. -Nosotros solo estaremos ahí para asegurarnos de que lo logre. Pero lo primero es hablar con él para ver si está preparado para esto.
Los tres decidieron buscar a Leo para hablar sobre el torneo y asegurarse de que sabía que tenía su apoyo incondicional. Mientras tanto en casa de Josefina
Mientras ella hablaba con su esposo el Jefe por teléfono se entero del torneo que su hijo debía participar para lograr que sus bullies lo dejen en paz Josefina contaba como Leo estaba con ella y como ve que esta roto emocionalmente diciendo que si logran ganar el juicio que claramente habrá lo llevarán a terapia si Leo no toma mientras siga bajo custodia de Lorena y Saúl
Leo está destruido, no es el mismo de antes. Viene a mí a buscar consuelo, pero siempre parece que lleva un peso sobre sus hombros que no puede soltar -le explicó Josefina.- Las burlas, la falta de apoyo de sus padres… Todo lo que ha tenido que enfrentar. Yo creo que si logramos ganar el juicio, si la custodia pasa a mis manos, le podríamos dar el tratamiento y apoyo que necesita. Estoy segura de que la terapia puede ayudarlo a sanar, pero lo más importante es que debe salir de ese ambiente tóxico, donde lo tratan como si no importara. Pero algo es seguro Amor que si logramos tener un juicio y mostrar todo el maltrato Leo será dado en nuestra custodia aun debemos apoyarlo desde lejos y hacerle entender que es válido en este mundo.
En casa
Lorena y Saúl estaban paranoicos llamando a Leo a sus amigos a alguien desesperados piensan lo peor piensan lo que sucedio cuando Leo tenía 13 que fue secuestrado piensan que sucedió lo mismo.
¿Dónde estará? -dijo Lorena con la voz temblorosa, mirando la pantalla del teléfono como si eso pudiera hacer que Leo apareciera de repente. Su mente corría a toda velocidad, reviviendo los recuerdos de hace años, cuando Leo fue secuestrado a los 13 años. En ese entonces, el miedo la había invadido, y ahora, nuevamente, esa sensación de impotencia la ahogaba. -¿Y si algo le pasó otra vez? ¿Y si volvió a ser llevado?
Saúl caminaba de un lado a otro, inquieto, las manos sudorosas mientras sostenía el teléfono en su mano. La preocupación lo había atrapado por completo, pero al mismo tiempo, algo en su interior le decía que no podía simplemente esperar. Sin embargo, esa sensación de culpa lo carcomía.
No sé, Lorena... No sé qué hacer. Leo… Leo nunca se comportó así antes. No había indicios de que fuera a hacer algo así, salir y desaparecer... -dijo Saúl, su voz quebrada, al borde del pánico. Recordaba lo que había sucedido con Leo a los 13 años, y aunque las circunstancias eran diferentes, el temor de que su hijo hubiera sido secuestrado de nuevo lo llenaba de terror.
Ambos sabían que las cosas entre ellos y Leo no eran fáciles, pero eso no significaba que no lo amaran o que no se preocuparan por él. Sin embargo, su comportamiento a veces les hacía pensar que el chico no quería nada con ellos, lo cual no ayudaba a calmar sus nervios.
¡¿Y si algo le ha pasado y no podemos hacer nada?! -Lorena gritó, sus ojos llenos de lágrimas. Sabía que el vínculo entre ella y Leo se había roto de muchas maneras, pero el temor de perderlo, de nunca más poder verlo o abrazarlo, la hacía sentir como si estuviera a punto de perderlo todo.(amm a tu hijo de 13años lo secuestran y no te preocupaste un carajo en él si estaba vivo muerto si había comido que le estaban haciendo)
Saúl la miró, preocupado, y tomó su mano con firmeza, tratando de calmarla aunque él mismo sentía que estaba perdiendo el control. Aunque la relación con Leo era tensa, ellos seguían siendo sus padres, y la idea de que pudiera estar en peligro los desbordaba.
Tenemos que encontrarlo, Lorena. Tenemos que hacerlo. No importa lo que haya pasado, no importa lo que haya hecho, él es nuestro hijo, y debemos asegurarnos de que esté bien. -Saúl dijo esto con una determinación vacía, como si sus palabras no fueran suficientes para calmar su propio miedo.
Mientras tanto, Leo seguía en un lugar donde el silencio y el aislamiento parecían ser su única compañía. No sabía que sus padres estaban tan angustiados. Para él, lo que sentía en ese momento era algo muy diferente, algo más profundo, una sensación de estar solo en un mundo que no entendía.
Pero en la mente de Lorena y Saúl, el miedo no solo venía del presente. Recordaban el pasado, y esa sombra del secuestro cuando Leo tenía 13 años seguía rondando. El pánico les hacía pensar lo peor, ignorando que lo que Leo realmente necesitaba era algo muy diferente de lo que ellos pensaban.
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