CAPITULO 53:

 Mientras Josefina hablaba con su esposo(que seguia preso), el Jefe sicario, sobre el estado emocional de Leo, su voz mostraba preocupación. Aunque Leo se encontraba a salvo bajo su techo, sabía que el niño aún llevaba consigo una carga emocional pesada debido a los años de abuso y negligencia que había sufrido.

Lo he notado, está roto, por dentro y por fuera -dijo Josefina con tristeza, mirando a Leo desde la ventana, quien estaba sentado en el sofá, perdido en sus pensamientos.-No puedo dejar de pensar que si esto sigue, lo perderemos, aunque esté con nosotros. Tiene miedo de lo que pueda hacer, pero más aún, tiene miedo de lo que le harán si regresa con ellos.

No dejaré que eso pase -respondió el Jefe al otro lado del teléfono, su voz llena de determinación.- Mi hijo no está solo, y sé que aunque no sea mi sangre, siempre lo protegeré como a mi propio hijo. Sobre el torneo… si eso es lo que necesita para ganarse el respeto y la paz, entonces lo apoyamos.

Josefina asintió, dándose cuenta de que había una pequeña oportunidad de redención para Leo. Sin embargo, también sabía que la situación era delicada. El torneo podría darle la fuerza que necesitaba para enfrentarse a sus bullies, pero su bienestar emocional seguía siendo una prioridad.

Si gana el juicio y logra que lo lleven a terapia, tal vez pueda sanar -dijo Josefina, más para sí misma que para su esposo.- Pero si sigue bajo la custodia de Lorena y Saúl… temo que todo esto solo sea una forma de mantenerlo controlado.

El Jefe hizo una pausa, procesando lo que su esposa decía. Sabía que la situación era compleja, pero su amor por Leo, al igual que su profundo deseo de verlo bien, era más fuerte que cualquier obstáculo.

Vamos a asegurarnos de que este juicio se dé, Josefina. Si el torneo es lo que necesita para demostrarles que puede defenderse, entonces que lo haga. Pero lo más importante es que, sin importar lo que pase, no lo dejaremos ir. Ya no está solo en esto.

Josefina sonrió, agradecida por el apoyo incondicional de su esposo. Sabía que Leo tendría un camino difícil por delante, pero ahora, al menos, tenía la oportunidad de tomar las riendas de su vida.

Mientras tanto, Leo, aunque no lo sabía, ya estaba comenzando a tener el apoyo que necesitaba. La presión que sentía sobre sus hombros parecía un poco menos pesada con cada paso que daba hacia la independencia emocional. Y el torneo, aunque peligroso, era una oportunidad para demostrar que no era un simple blanco de burla, sino alguien con fuerza, tanto física como mental.

El Jefe y Josefina sabían que la batalla sería larga, pero también sabían que, juntos, podían darle a Leo una oportunidad para ser verdaderamente libre.

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