CAPITULO 54:
Semana tras semana pasaban
Leo iba a entrenar a la cárcel con el Jefe
Convinando clases y entrenamiento efectivamente Óscar y David no lo molestan
Leo volvió después de una semana a su casa. Donde Lorena y Saúl al verlo fueron a abrazarlo pero Leo ya estaba harto
Enserió se preocupan ahora por mi y no en toda mi vida ustedes son los causantes de mi dolor de mis problemas ustedes decidieron que la terapia no sería necesaria no querían gastar dinero en ayudar a su hijo no me apoyan no me comprenden no me cuidan ni me escuchan soy invisible para ustedes siempre me comparan con Nicholas me comparan en todo me obligan a trabajar me obligan a hacer algun deporte que a mi no me interesa me contratan niñera por el amor de Jesús tengo 16 soy un adolescente no necesito niñera soy su hijo no un muñeco ni un niñero cuando a mi me pasa algo grave ahí recién me consideran hijo ¿porqué sino que soy?su peón para que no pierdan su trabajo una víctima del bullying y discriminación un chico violento que es invisible y despreciado en su propia casa un chico que no puede más con la vida si no me querían en sus vidas ¿para que me tuvieron como su hijo?solo para parecer una familia normal pero esta bien si no me quieren en su vida NO ME VERAN NUNCA MAS ME DESAPARECERE DE SUS VIDAS SEAN USTEDES "PERFECTOS" CON NICHOLAS Y OSVALDO Y OLVIDENSE DEL PRIMOGENITO AL CUAL SE NOTA QUE LE DIERON NEGLIGENCIA PARENTAL Y EMOCIONAL SINO ME QUIEREN EN SU VIDA DESCUIDEN ME VOY A IR PERO NO DE LA CASA SINO DE ESTE MUNDO
Lorena y Saúl quedaron paralizados al escuchar las palabras de Leo. Cada palabra era como un golpe directo a su consciencia, desgarrándoles el corazón. Jamás se habían detenido a pensar cuánto daño le habían hecho, cuánto su indiferencia y sus decisiones habían afectado profundamente a su hijo mayor.
¡Leo, no digas eso! -gritó Lorena con desesperación, acercándose a él, pero Leo retrocedió, levantando una mano para detenerla. Su mirada estaba llena de lágrimas, pero también de una ira contenida que nunca antes había mostrado con tanta intensidad.
¡No te acerques, LORENA!¡No quiero escuchar nada más!-Leo respondió con voz temblorosa, pero llena de determinación.- ¿Sabes cuántas veces deseé que me miraran?¿Que me preguntaran si estaba bien?¿Que dejaran de compararme con Nicholas y Osvaldo? ¡Ustedes nunca se dieron cuenta de que necesitaba su apoyo, no sus órdenes!Ustedes tienen demasiada suerte que no haya una dictadura como en 1976 ¿porqué?porque el 16 de septiembre de ese año un grupo de jóvenes de entre 16 y 18 años fueron secuestrados torturados y asesinados nunca más vieron a sus padres nunca más pudieron decir un "los amo" nunca más pudieron disfrutar de una cena y quizá justo antes de su secuestro hayan discutido con un familiar o alguien y nunca pudieron amigarse ni pedir perdón
¿Porqué los mataron Leo?-preguntó Nicho
Los mataron por pedir el boleto estudiantil y digo que estos imbeciles que tengo por padres tienen suerte que no haya una dictadura porque quiza yo tambien hubiese sido secuestrado y prefiero eso que estar en esta casa con unos negligentes que me obligan a estar con una psicopata
Saúl, aún en shock, intentó calmar la situación, pero su voz temblaba al hablar.
Leo, hijo, por favor, escúchame... Nosotros solo queríamos que fueras fuerte, que aprendieras a defenderte en la vida, pero tal vez... tal vez nos equivocamos.
Leo lo miró con incredulidad, sacudiendo la cabeza.
¿Equivocados? ¡No tienen idea del daño que me hicieron! ¿Fuerte?¿Esto les parece fuerte? -dijo señalándose a sí mismo con un gesto desesperado. -¡Estoy roto! ¡No puedo más! Cada día es una lucha para simplemente levantarme y seguir respirando. Y ustedes lo empeoran.
Lorena rompió en llanto, pero Leo no la consoló. Estaba cansado, agotado de ser el único que cargaba con el peso emocional de una familia que nunca lo entendió.
Leo, por favor... No te vayas. No hagas nada drástico. Si necesitas ayuda, busquemos juntos una solución. ¡Haremos lo que sea necesario! -imploró Lorena.
¡Es demasiado tarde para eso! -gritó Leo.- Ahora quieren ayudarme porque estoy al borde del abismo. ¿Porqué no lo hicieron antes?¿Porqué nunca escucharon cuando les pedí que me ayudaran?
El silencio llenó la habitación. Nicholas y Osvaldo, que estaban al fondo de las escaleras, miraban con miedo e incomprensión. Nicholas, el hermano que siempre había admirado a Leo, trató de acercarse.
Leo... yo no sabía que te sentías así. Lo siento mucho. -dijo Nicholas, pero Leo no podía soportar más.
No es tu culpa, Nicho. Tú solo eres un niño. Pero yo... ya no puedo con esto. Estoy cansado de ser invisible.
¡Leo! ¡No digas eso! -exclamó Lorena, acercándose con lágrimas en los ojos, pero Leo dio un paso hacia atrás, evitando cualquier contacto.
¿Porqué no? -respondió Leo con una risa amarga. -Es la verdad. Ustedes no me quieren. No me ven. Solo soy un problema para ustedes. ¿Para qué seguir aquí si todo lo que hago es estorbar? ¡Mejor desaparezco y ya no tendrán que lidiar conmigo!
Saúl intentó intervenir, tratando de mantener la calma, pero su voz temblaba.
Hijo, no puedes hablar así. Nosotros te amamos, ¿cómo puedes pensar algo tan horrible?
¿Amarme?¿En serio? -Leo se rió de nuevo, esta vez con una mezcla de sarcasmo y desesperación. -¿En qué momento me demostraron eso?¿Cuando decidieron que no valía la pena invertir en mi terapia?¿Cuando me hicieron cargar con responsabilidades que no eran mías? ¿O quizás cuando ignoraron todos los momentos en los que pedí ayuda y me dijeron que era "solo un berrinche"?
El silencio cayó como un peso sobre la habitación. Lorena y Saúl no sabían qué decir. Sabían que Leo tenía razón en muchas cosas, pero enfrentarse a esas verdades les era demasiado doloroso.
Leo, por favor, solo queremos arreglar las cosas… -dijo Lorena en un intento desesperado.
No pueden arreglar lo que ya está roto. -Leo respondió con frialdad.- Y no quiero escucharlos más. Ya dije lo que tenía que decir.
Sin esperar respuesta, Leo dio media vuelta y subió las escaleras, dejando a sus padres en un estado de shock total. Lorena se llevó las manos al rostro, llorando desconsoladamente, mientras Saúl simplemente se dejó caer en el sofá, con la mirada perdida. Ambos sabían que su relación con su hijo estaba al borde del colapso total.
En su habitación, Leo cerró la puerta y se dejó caer al suelo. Lágrimas silenciosas rodaban por su rostro mientras la ira y la tristeza lo consumían. Sentía que su mundo estaba en un punto sin retorno, un abismo del que no sabía cómo salir.
Sin embargo, en el fondo, una pequeña chispa de esperanza seguía viva. Leo recordó las palabras de Josefina, las noches en las que ella lo abrazaba y le decía que su dolor no lo definía. Recordó las veces que Manu, Dani y Verónica lo habían apoyado, mostrándole que no estaba completamente solo.
Comentarios
Publicar un comentario