CAPITULO 6:

 Leonardo llego a casa a las 15:00 con una lata de cerveza en la mano 

Lorena al escuchar la puerta fue a reprenderlo por llegar 2 horas más tarde pero Leo la ignora y sube a su habitación donde cierra la puerta tira la lata por la ventana y se pone en la computadora aunque ya no pueda estar en las clases en línea la maestra le sigue mandando fichas para mejorar en su dislexia 

Abrió su correo electrónico y descargó los archivos más recientes. Mientras leía, su mente vagaba entre los ejercicios y el constante eco de las palabras de Lorena y los enfrentamientos con sus profesores. Era un ciclo que lo agotaba emocionalmente, pero al menos, en ese momento, su habitación era su refugio.

Con los auriculares puestos y una lista de reproducción tranquila, comenzó a trabajar en las fichas. Sabía que no podía cambiar su entorno, pero no iba a dejar que nadie más decidiera lo que era capaz de hacer. Si iba a mejorar, sería por él mismo y no por la expectativa de los demás.

Mientras escribía lentamente las respuestas en el teclado, pensó en Manu y Danielle. A pesar de su constante fachada de indiferencia, agradecía tenerlos en su vida. Eran las únicas personas que no intentaban cambiarlo, sino que lo aceptaban tal como era.

En la planta baja 

Lorena estaba furiosa por haber sido ignorada por su propio hijo 

Mientras ayudaba al pequeño Osvaldo con su cuaderno donde tenía las vocales pensaba en cómo abordaria el problema con Leo

Más tarde ese día 

Leonardo ¿puedes explicar el porqué llegaste a las 15:00 y encima llegaste con cerveza e ignoraste a tu madre?-pregunto Saúl entrando en el cuarto de Leo-

Leo, que había estado absorto en la pantalla de la computadora, levantó la mirada con desgano. La pregunta de Saúl no le sorprendió, pero sí le incomodó. Dejo lo que estaba escribiendo y se recostó en la silla, sin decir una palabra al principio. No quería, ni podía, explicar lo que había hecho.

¿Porqué no te vas a quejar con Lorena? Yo no le debo nada a nadie-dijo Leo aun mirando la computadora-llegue a las 15:00 porque como voy a secundaria salgo a la tarde de clases si tú y Lorena tuvieran el cerebro de ponerse a investigar lo sabrían y la estúpida de Lorena no me estaría mandando mensajes en plena clase de geometría donde la pelotuda de la profesora es una puta imbecil que me odia por zurdo tengo dos putas profesoras inútiles y anticuadas que dicen que la zurdera es defecto pues que se metan esas ideas por el...-dijo Leo

Saúl, al escuchar el tono y las palabras de Leo, sintió una mezcla de frustración y preocupación. No era la primera vez que su hijo se expresaba de esa manera, pero cada vez que lo hacía, la distancia entre ellos parecía crecer más. Se quedó parado por un momento frente a la puerta, procesando las palabras de Leo. Aunque la actitud de Leo le dolía, Saúl sabía que la rabia de su hijo no era solo por los problemas de la escuela o las clases.

Leo, no me importa lo que pienses de la profesora ni de los horarios. No puedes hablar así- dijo Saúl, intentando mantener la calma.-Entiendo que estás pasando por mucho, pero el respeto sigue siendo importante, ¿vale?-El tono de Saúl era firme, pero intentaba que no sonara como una reprimenda, sino como una solicitud para que su hijo entendiera el límite.

Leo no respondió de inmediato. Por dentro sentía la necesidad de gritarle a Saúl todo lo que había guardado durante tanto tiempo, pero sabía que no serviría de nada. Sin embargo, su enojo seguía presente, y lo expresaba a través de cada palabra.

¿Respeto?¿Sabes lo que es el respeto, Saúl?-dijo Leo, con una risa amarga.-¿Qué respeto me han mostrado ustedes? No me dejan ni respirar sin que me digan que hacer. Lorena mandándome mensajes en clase, y tú...siempre tratando de corregirme, ¿porqué no entienden que ya no soy un niño?

Se levantó de la silla y se acercó a la ventana, mirando hacia fuera, como si las respuestas pudieran estar escondidas en algún lugar fuera de su alcance. Sabía que estaba siendo agresivo, pero las palabras se le salían sin poder evitarlo. Estaba harto.

Lo que quiero es que me dejen en paz. Que dejen de esperar que actúe como ellos esperan. Ya no soy el mismo de antes, y si eso les molesta, es su problema- continuó Leo, su voz más baja pero aún cargada de furia.-Gracias al pelotudo del juez que ignorando mi dolor emocional me devolvió con ustedes cuando yo estaba perfectamente bien con mi verdadera familia con mis verdaderos padres lo que en verdad los considero así y son Josefina y el Jefe 

Saúl, al escuchar esas palabras, sintió cómo un puñal invisible se clavaba en su pecho. Sabía que las emociones de Leo estaban desbordándose, pero esas palabras le golpearon con una dureza que no esperaba. Durante un momento, se quedó en silencio, procesando lo que su hijo acababa de decir.

Leo... eso no es justo-respondió Saúl, su voz temblando por el dolor de la acusación.-Entiendo que tienes resentimiento por todo lo que has pasado, pero nosotros somos tu familia ahora. No puedes seguir aferrándote al pasado de esa manera. Yo y Lorena... hacemos lo mejor que podemos para ti.

Leo, sin embargo, no podía escuchar esas palabras. La rabia lo cegaba.

¿Lo mejor que pueden hacer por mí?- replicó, levantando la voz.-¿Qué saben ustedes de lo que me ha pasado?¿Cómo pueden pretender que soy feliz aquí cuando todo lo que quiero es estar con los únicos que realmente me entendían? Josefina y el Jefe me dieron algo que ustedes nunca pudieron darme: comprensión y un lugar donde me sentía valorado, no una carga.

Las palabras de Leo dejaron a Saúl sin respuesta por un momento. Sabía que el dolor de su hijo venía de un lugar profundo, y aunque le dolía ser el objetivo de esas palabras, comprendía que no podía hacer nada para borrar lo que Leo había vivido.

Lo siento mucho, Leo- dijo Saúl, su voz quebrada, pero intentando mantener la compostura.-Nunca quise que te sintieras como una carga. Pero no puedes seguir rechazando lo que tienes aquí. Lo único que queremos es ayudarte a superar todo lo que te lastimó. No puedes vivir en el pasado.

Leo apretó los puños, luchando contra las lágrimas que amenazaban con salir. No podía soportar esa sensación de estar atrapado entre dos mundos, entre dos familias, ninguna de las cuales sentía como propia.

Lo único que quiero es salir de aquí, Saúl-dijo, su voz más suave, pero llena de desesperación.-Quiero estar con los que realmente me entienden.

Saúl se quedó en la puerta, incapaz de acercarse más. El dolor y la frustración de Leo eran evidentes, pero también lo era el amor de Saúl por su hijo, aunque a veces pareciera que era demasiado tarde para salvarlo de su propio tormento.

Cuando estés listo para hablar, yo estaré aquí- dijo Saúl, su voz firme pero triste.-No importa lo que pase, siempre serás mi hijo, Leo. Pero hijo yo te vi nacer yo vi tus primeros pasos yo fui el primero en cargarte yo fui tu primera palabra 

Con esas palabras, Saúl salió de la habitación, dejando a Leo solo con sus pensamientos, sumido en la tormenta emocional que lo consumía.

Leo permaneció en su silla, inmóvil, mientras escuchaba las últimas palabras de Saúl resonar en su mente.

Yo te vi nacer...Yo fui tu primera palabra...

Esas palabras le golpearon con una fuerza inesperada, pero no logró derribar la pared de resentimiento y dolor que había construido a lo largo de los años.

¿Y qué?- murmuró Leo para sí mismo, sus dedos apretando el teclado de la computadora como si pudiera aplastar la rabia con cada tecla.-Eso no cambia lo que pasó después. El Jefe me vio sonreír cuando gane mi primer torneo de karate me vio sonreír cuando logre leer un libro infantil sin ayuda de un adulto él vio mis logros de la dislexia y ellos no lo hicieron nunca en mi vida ni saben que sufro de dislexia 

A pesar de que las palabras de Saúl lo alcanzaron, Leo no podía soltarse de su amargura. Su corazón seguía atorado en ese punto de no retorno, donde su verdadera familia, Josefina y el Jefe, representaban todo lo que necesitaba y había perdido. Saúl y Lorena, aunque bien intencionados, seguían siendo una imagen distante, una sombra de lo que Leo deseaba tener cerca.

La habitación se volvió un refugio de silencio, con la única compañía de los pensamientos de Leo, atrapado entre la ira y el dolor.

Ellos no entienden-penso Leo-Nunca lo harán.

Sin embargo, en lo más profundo de su ser, algo comenzaba a crujir. La figura de Saúl, la visión de un hombre que, por más que Leo intentara rechazarlo, parecía estar dispuesto a seguir luchando por él, empezó a generar una pequeña fisura en su resistencia. Pero no estaba listo para enfrentar esa verdad aún. No ahora.

Sin embargo, en lo más profundo de su ser, algo comenzaba a crujir. La figura de Saúl, la visión de un hombre que, por más que Leo intentara rechazarlo, parecía estar dispuesto a seguir luchando por él, empezó a generar una pequeña fisura en su resistencia. Pero no estaba listo para enfrentar esa verdad aún. No ahora.

Leo apago la computadora con un golpe brusc y se dejó caer en la cama. Necesitaba desconectar, alejarse de todo, aunque su mente seguía dando vueltas en círculos, siempre regresando al mismo punto: su sufrimiento, su frustración, su odio a la situación en la que se encontraba.

Tal vez algún día, cuando ya no me duela tanto-susurró, cerrando los ojos, sin saber si algún día llegaría ese momento.

Esa noche mientras cenaban 

Leo estaba aburrido la verdad pero una pregunta de Lorena lo saco de sus pensamientos 

¿Cómo te fue en la escuela Leonardo?-pregunto ella

Ñe medio bien pero medio mal por dos imbéciles profesoras que dicen que la zurdera es un defecto 

No hables así de tus profesores muchacho ellas tienen razón en corregirte sobre la zurdera deberías escribir con la mano derecha como un normal 

¿Así?-pregunto Leo clavando el tenedor en la comida-pues tu deberías saber que en 1960 se dejó de pensar esas estupideces sobre la zurdera y un "defecto" en ese año ya se hizo ley que los zurdos también eran personas y no nada de lo que la gente pensaba sobre demonios ni esas tonterías 

Lorena lo miró sorprendida por la respuesta de Leo, pero antes de que pudiera decir algo, él continuó:

¿Sabes qué, Lorena? No tengo ganas de discutir sobre eso. Ya estoy harto de que me digas lo que tengo que hacer con mi vida. Yo soy zurdo, y eso no va a cambiar, por más que insistas en que lo haga con la derecha como si eso fuera la única forma correcta de existir. Si esas 'profesoras' piensan que eso está bien, están muy equivocadas. No soy un experimento ni un problema que haya que corregir, ¿entiendes?

Lorena se quedó en silencio por un momento, mirando a Leo con una mezcla de frustración y sorpresa. La dureza en su voz y la forma en que se expresaba claramente la molestaban, pero también la dejaban sin palabras. Estaba acostumbrada a la actitud desafiante de Leo, pero no a este tipo de respuestas tan cargadas de resentimiento.

No estoy diciendo que cambies, Leonardo- comenzó Lorena con tono más tranquilo, intentando razonar.-Solo quiero que seas capaz de adaptarte a las situaciones, que entiendas que la gente no va a cambiar de un día para otro.-dijo Lorena 

¿Adaptarme?¿A qué?¿A qué me sigan diciendo que soy 'raro' por ser zurdo?¿A que me sigan corrigiendo por algo que no tiene nada de malo?¿A que me sigan tratando como si fuera un problema que hay que arreglar? Ya he tenido suficiente de eso, Lorena.-dijo Leo-¿Sabías que la mujer en el pasado antes de que pudiera tener voto voz y derecho era solo un juguete para el hombre? La mujer en aquellos años no era más que solo la sirvienta de la casa debiendo criar a los hijos y no podía ir a la escuela ni trabajar su única tarea era satisfacer al hombre y si el hombre la quería desechar lo podía hacer la podía hasta matar porque no hay como ahora una ley de feminicidio 

Lorena se quedó en silencio, sin saber cómo responder a la comparación de Leo. La dirección que había tomado la conversación la tomó por sorpresa, y aunque comprendía que Leo estaba lidiando con su propio dolor, no esperaba que lo llevara a ese tipo de reflexiones.

Saúl, que también se sentía incómodo con la intensidad de las palabras de Leo, intentó calmar la situación, pero las palabras de Leo le habían calado hondo, mucho más de lo que él quería admitir. Leo estaba hablando de una historia y de injusticias pasadas, pero todo lo que estaba diciendo era un reflejo de su propio sufrimiento y frustración.

Leo-dijo Saúl, su voz suave pero seria-Sé que estás enojado, pero no es justo hablar de esa manera. Nadie está diciendo que seas raro por ser zurdo, lo que queremos es que aprendas a vivir en un mundo que no siempre te va a aceptar tal como eres, pero eso no significa que tengas que cambiar, solo que a veces tenemos que aprender a adaptarnos para no hacernos más daño.

¿Adaptarme otra vez?-Leo replicó, levantando la voz.-¿Te das cuenta de que siempre me piden que me 'adapte' y que me haga a un lado por cosas que no puedo controlar, como mi forma de ser o el hecho de que soy zurdo? Como si yo fuera el problema, como si yo tuviera que encajar en un molde que no fue hecho para mí.

Lorena se quedó mirando a Leo, claramente preocupada por su hijo, por cómo lo que parecía ser una simple crítica sobre la escritura con la mano derecha se había transformado en una tormenta de pensamientos y recuerdos sobre el dolor que él sentía. Ella no podía comprender completamente la magnitud de su sufrimiento, pero sabía que algo más profundo se estaba desbordando en sus palabras.

No te estamos diciendo que encajes en un molde, Leo-intentó Lorena, su voz temblorosa pero firme.-Solo que a veces la vida no va a ser fácil, y no siempre va a ser justa. Yo solo quiero que tengas las herramientas para enfrentarte al mundo, para que no te lastime más de lo que ya lo ha hecho.

Leo no respondió de inmediato. Su mente seguía revuelta, confundida entre el resentimiento hacia la vida, la frustración de ser incomprendido y su deseo de no seguir adaptándose a lo que los demás querían de él. Sabía que no podía esperar que todo fuera perfecto, pero lo que más le dolía era el sentimiento de estar atrapado entre dos mundos que no lo aceptaban por completo.

Finalmente, después de un largo silencio, Leo murmuró, más para sí mismo que para los demás:

Nunca les voy a encajar, ¿verdad? Pero tampoco sé cómo salir de aquí.

La habitación se llenó de un pesado silencio tras las palabras de Leo. Su rostro, una mezcla de rabia y tristeza, no dejaba lugar a dudas de cuánto le dolía el trato que había recibido y el sufrimiento histórico de los zurdos, algo que no solo había afectado su presente, sino también su forma de ver el mundo. Su voz, cargada de emociones intensas, resonó con fuerza en la habitación.

Antes de 1960, los zurdos éramos vistos como demonios, como si algo estuviera mal con nosotros solo por usar la mano izquierda-dijo Leo, su voz baja pero llena de una indignación palpable.-Nos mataban, nos torturaban, nos despojaban de nuestra identidad, y todo por una estúpida leyenda que decía que la zurdera venía del diablo. Niños... niños como yo,como el tarado de Nicholas nos asesinaban en las hogueras, nos cortaban la mano izquierda, nos pegaban, todo por algo que no podíamos controlar, solo porque no encajábamos en lo que ellos pensaban que era normal.

Lorena, incapaz de responder, se quedó en silencio, sus manos temblando levemente mientras escuchaba lo que Leo decía. La intensidad con la que hablaba le hacía sentir un nudo en la garganta. La frustración y el dolor que sentía su hijo no solo eran actuales, sino que estaban profundamente enraizados en una historia de marginación y sufrimiento.

Todo lo que pido es que dejen de tratarme como si yo fuera el problema-Leo continuó, su mirada fija en el suelo, como si intentara lidiar con la tormenta que se desataba dentro de él.-Solo quiero que me respeten, que me dejen ser quien soy, sin etiquetas, sin condenas, sin tener que justificar por que soy como soy. No soy un demonio, no soy un monstruo. Solo soy zurdo.

Saúl miró a Lorena, incapaz de encontrar las palabras correctas para consolar a su hijo. La historia que Leo había contado no solo hablaba de su sufrimiento personal, sino también de una carga histórica que lo acompañaba, una historia de persecución y rechazo que no había sido completamente comprendida hasta ese momento.

Leo-dijo Saúl finalmente, su voz suave pero firme-Entiendo que lo que has vivido y lo que sientes no es fácil. Y aunque no podamos cambiar el pasado, no estamos aquí para hacerte sentir que eres menos por ser quien eres. Yo solo quiero que encuentres paz, que puedas sanar de todo eso que te duele.

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