CAPITULO 63:
Leo en un momento que se levantó para ir al baño había escuchado la discusión y aunque le doliera sabia que Vero tenía razón sus padres no lo querían y no se darán cuenta hasta que sea muy tarde de todo el daño que le hacen
Mientras estaba en el baño sintió un fuerte dolor de cabeza y como si tuviera un ataque de ansiedad de repente no podía respirar
Vero que estaba cerca de la puerta escucho como Leo estaba dificultandose para respirar por lo que llamo a un médico
Federico el padre de Manuel entró al baño y lo encontró a Leo con un grave ataque de ansiedad
Federico, alarmado, se apresuró a sostener a Leo antes de que colapsara.
Leo, respira conmigo, ¿sí? Escucha mi voz, hijo. Inhala... exhala -dijo Federico con calma, intentando guiar a Leo mientras veía que el chico estaba pálido, con lágrimas cayendo de sus ojos y luchando por llenar sus pulmones de aire.
Vero llegó corriendo al baño con un médico y una enfermera.
¡Ayúdenlo, por favor! -rogó Vero, su voz quebrándose al ver a Leo en ese estado.
El médico rápidamente se arrodilló junto a Federico, evaluando la situación.
Está en un ataque severo de ansiedad. Necesitamos tranquilizarlo antes de que empeore -dijo el médico mientras pedía un sedante a la enfermera.
Leo, escúchame -intervino Vero, arrodillándose frente a él.- Estoy aquí. No estás solo. Respira, por favor, conmigo. Estoy aquí contigo.
Las palabras de Vero parecieron atravesar la niebla del pánico de Leo. A pesar de la confusión y el miedo en su mirada, trató de enfocarse en ella mientras sus manos temblaban descontroladamente.
El médico administró el sedante y, poco a poco, la respiración de Leo comenzó a estabilizarse. Federico y Vero lo ayudaron a sentarse en el suelo mientras la enfermera verificaba sus signos vitales.
Está fuera de peligro inmediato, pero necesita descansar y estar en un ambiente tranquilo. Esto es el resultado del estrés acumulado y de lo que está enfrentando emocionalmente -explicó el médico mientras tomaba notas.
Vero asintió con lágrimas en los ojos.
Gracias, Doctor.
Federico ayudó a Leo a levantarse y lo llevó de regreso a la habitación con cuidado.
Leo, no tienes que enfrentar todo esto solo. Nosotros estamos aquí para ti, hijo. Tienes a Vero, a Manu, y también a mí. Y haremos lo necesario para que te sientas amado y seguro, ¿entendido? -dijo Federico con voz firme pero llena de empatía.
Leo lo miró con los ojos llenos de lágrimas.
¿Porqué ustedes se preocupan más por mí que mis propios "padres"? -preguntó con voz temblorosa.
Vero lo abrazó con fuerza, ignorando las lágrimas que mojaban su hombro.
Porque te queremos, Leo. Y vamos a demostrarte que mereces amor y felicidad, aunque ellos no puedan verlo. No estás solo, ¿me oyes?
Leo asintió débilmente, sintiendo una chispa de esperanza en medio de la oscuridad. Por primera vez, comenzó a creer que había personas que realmente querían salvarlo de sí mismo.
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