CAPITULO 7:
Las semanas pasaban y era la misma historia
Por suerte para Leo solo Carmen y Sofia eran las anticuadas con sus ideas pero lo malo es que la tenia a Sofia 4 veces por semana
El lunes en escritura
El jueves con comprensión lectora y gramática
Y el viernes con gramática
Y a Carmen la tenia los lunes y viernes a última hora
Esos días si que Leo los pasaba mal pero había aprendido a ignorar las reglas cada vez que Sofia o Carmen intentaban corregirlo Leo las miraba y estaba siempre por sacar la pistola que carga siempre y las miraba con amenaza intimidando y haciendo que lo dejen en paz
Además de eso se había convertido en víctima de los bullies del salón
Austin Edward Héctor Richard William Donovan Óscar y David siempre lo molestaban
Además de que Amelia una compañera que empezó buena onda con Leo ahora no lo dejaba en paz en ningún momento
El lunes ya empezaron y Leo no estaba con humor
Era casi la última hora estaban en escritura las 11:15
Sofia otra vez intentaba corregirle pero Leo llegó a extremo
Cuando Sofia quiso quitarle el lápiz Leo le sujeto la muñeca con una fuerza que si se la quería doblar podría haberlo hecho pero solo le sujeto la miró y le dijo:
"NO ME HAGAS HACERTE VOLAR Y QUE CONOZCAS EL CIELO"
Sofía se quedó helada, su rostro reflejaba una mezcla de sorpresa y miedo. La fuerza con la que Leo le sujetó la muñeca y el tono de su voz no dejaban lugar a dudas: no estaba bromeando. La clase entera quedó en silencio, incluso los bullies que solían burlarse de Leo parecían desconcertados.
Leonardo Gómez Padilla, ¡suéltame ahora mismo!-exigió Sofía, intentando recuperar la compostura, aunque su voz temblaba.
Leo la soltó lentamente, pero mantuvo su mirada fija en ella, desafiante.
No me toque. No intente corregirme. Soy zurdo y lo seguiré siendo. Si no le gusta, no es mi problema-dijo Leo en un tono bajo pero amenazante.
Sofía retrocedió un paso, visiblemente perturbada. El ambiente en el aula era tenso, como si todos estuvieran esperando que algo peor sucediera.
Sofía no pudo continuar con la clase.
Apenas sonó el timbre, salió apresurada rumbo a la oficina de la Directora María Graciela para reportar a Leo solo que ella omitió el porque de la reacción violenta de Leo
¡Directora, necesito hablar con usted ahora mismo!-dijo, su voz aún temblorosa.
María Graciela la recibió con calma, pero su rostro se tensó al escuchar lo sucedido.
Esto no puede seguir así, Directora. Este chico es un peligro para todos. ¡Me amenazó con hacerme daño delante de toda la clase! -exclamó Sofía, visiblemente alterada.
La Directora suspiró y asintió.
Hablaré con él. Pero, Sofía, creo que también debemos evaluar cómo estamos manejando su situación. Sabemos que Leonardo ha pasado por mucho...
¡Eso no justifica su comportamiento! -interrumpió Sofía.-Es irrespetuoso, agresivo y peligroso.
María Graciela guardó silencio por un momento y luego pidió que trajeran a Leo a su oficina.
Leo llegó a la oficina con las manos en los bolsillos, su postura relajada, pero su mirada fría y desafiante.
Siéntate, Leonardo -dijo María Graciela con firmeza.
Leo se sentó sin decir una palabra, cruzando los brazos.
Me han informado que hoy amenazaste a una profesora. ¿Es cierto? -preguntó la Directora, mirándolo directamente a los ojos.
Leo esbozó una sonrisa sarcástica.
Solo me defendí. Ella intentó quitarme mi lápiz. Ella es media tarada o pelotuda al querer corregir a un chico con músculos y que sea capaz de mandar a volar a alguien con solo un golpe-dijo Leo-
Eso no justifica que hayas reaccionado de esa manera -dijo la Directora, su tono firme pero tranquilo- Leo, ¿te das cuenta de que este comportamiento no es aceptable?
Leo no respondió de inmediato. Miró hacia otro lado, fingiendo desinterés.
¿Y qué pasa con ellas? -preguntó finalmente, su voz cargada de resentimiento.-¿Es aceptable que me humillen por ser zurdo?¿Que intenten cambiar lo que soy?
La Directora suspiró profundamente.
Entiendo que estás molesto, y es cierto que todos debemos hacer un esfuerzo por comprender y respetar tus necesidades. Pero las amenazas no son la solución, Leonardo....Leo, no puedes seguir así. Necesitas ayuda. Déjame ayudarte.
Leo se levantó de golpe.
No necesito la ayuda de nadie. Lo único que quiero es que me dejen en paz. Y Directora yo fui un sicario y la única manera que conozco de resolver mis problemas es con violencia es incluso llegando a matar a alguien porque yo creci en la violencia durante 4 años
Y sin esperar respuesta, salió de la oficina
Mientras Leo caminaba por el pasillo rumbo a la salida, se encontró con Austin y su grupo de amigos, que lo estaban esperando cerca de los casilleros.
Miren quién salió de la oficina de la Directora. ¿Qué pasó, Gómez? ¿Te regañaron por ser un niño malo? -se burló Austin.
Leo los ignoró y siguió caminando, pero Héctor se interpuso en su camino.
¿A dónde crees que vas? Estamos hablando contigo.
Leo apretó los puños, su paciencia al límite.
Déjenme en paz.-dijo Leo intentando no perder la calma
¿O qué?¿Nos vas a amenazar como a la profesora? -dijo William con una sonrisa burlona.
Leo respiró hondo, intentando calmarse, pero los bullies siguieron provocándolo.
Sabes, no sé cómo no te echaron todavía. Eres un problema andante, Gómez -agregó Richard.
Leo finalmente perdió el control. Se giró rápidamente y empujó a Héctor contra los casilleros con tanta fuerza que el sonido resonó por todo el pasillo, corrió hacia él lo levantó por el cuello y lo lanzó por las escaleras
¡Dije que me dejen en paz!-gritó, su voz llena de ira.
Los demás bullies retrocedieron, sorprendidos por la reacción de Leo. Héctor se levantó lentamente, frotándose el hombro, pero no dijo nada.
Por un momento, nadie se movió. Solo se oía el leve murmullo de las voces distantes y el eco de los casilleros al fondo. Finalmente, Héctor, con la mirada baja y humillado, se apartó sin decir una palabra más. Los demás se miraron entre ellos, sabiendo que Leo había cruzado una línea que podría traer consecuencias graves.
Austin y su grupo, reconociendo que la pelea no valía la pena, se alejaron en silencio, aunque no sin antes lanzar una última mirada a Leo. Este, con la respiración aún agitada, se giró y siguió su camino, sin mirar atrás.
El eco de sus pasos retumbaba en el pasillo vacío mientras su corazón seguía acelerado. El enojo no se había ido, pero al menos en ese momento, Leo sentía una especie de alivio. Había reaccionado, había defendido su espacio. Y aunque sabía que las consecuencias de sus acciones no serían fáciles, en ese instante, le dio igual. Estaba cansado de ser la víctima.
Cuando llegó a casa fue recibido por un tirón de oreja por parte de Lorena quien una persona anónima le llamo para contar lo de la pelea
¿Qué es lo que te pasa Leonardo?tiraste a un chico por las escaleras podrías haberlo matado-dijo Lorena
Y ellos qué?ellos me provocaron y me defendí además ni es mi culpa que deba defenderme a la violencia eso es lo único que conozco ustedes no me enseñaron otra forma de defensa y los sicarios solo me dejaron el dilema de que la violencia es la solucion-se suelta y le pega un puñetazo-NO ME VUELVAS A TOCAR ESTUPIDA
Lorena, herida por su actitud, dio un paso atrás, su rostro lleno de frustración y dolor. Había intentado ser comprensiva, pero el estallido de Leo la había dejado sin palabras. Sabía que algo estaba muy mal, que el Leo que estaba frente a ella no era el niño al que había criado. Era un chico marcado por heridas profundas, por el sufrimiento y el abuso de los años pasados.
¿Es esa la forma en que me hablas?-dijo Lorena, su voz temblando, pero tratando de mantenerse firme.-Te he dado todo lo que he podido, Leo. Todo lo que he aprendido sobre ser mejor persona... Y tú...¿me respondes con violencia?
Leo respiraba con rapidez, su pulso elevado, pero en su interior algo se estaba rompiendo. No podía lidiar con la confusión que sentía, la furia que no sabía cómo manejar. El peso de su pasado le aplastaba, y la ira salía como un volcán que no podía detener.
¡Porque eso es todo lo que sé! -gritó Leo, su rostro lleno de rabia. Miró a Lorena con furia en los ojos, pero también con un profundo dolor.-La violencia es lo único que me ha salvado. Lo único que me han enseñado. ¿Qué esperas de mí?¿Que sea diferente cuando todo lo que me rodea es este maldito caos?
Lorena, con los ojos llenos de lágrimas, dejó que las palabras de Leo calaran hondo. Sabía que él no estaba hablando solo de esa pelea en la escuela. Había mucho más detrás de su grito. Un niño herido, traumatizado por todo lo que había vivido, que no sabía cómo encontrar otro camino.
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