CAPITULO 76:

 Leo levantó el peluche triunfante, girándose hacia Vero con una sonrisa de satisfacción.

¡Lo logré! -dijo, mostrando el gato regordete y naranja como si fuera un trofeo.

Isabela, en los brazos de Vero, extendió sus manitos hacia el peluche, claramente emocionada.

¿Te gusta, Isa? Es todo tuyo.-dijo Leo, acercándoselo a su hermanita, quien lo abrazó con fuerza mientras soltaba una risita.

Isabela, que estaba en los brazos de Verónica medio adormilada después de tanta actividad, abrió los ojos al ver el peluche y extendió sus pequeñas manitos hacia él.

Es adorable. Aunque te llevó como diez intentos.-bromeó Verónica, cruzando los brazos con una sonrisa.

Detalles, detalles. Lo importante es el resultado. Además, esto cuenta como ejercicio de precisión. -dijo Leo, encogiéndose de hombros.

Definitivamente. Aunque creo que agotaste a Isa más de lo que creías. -bromeó Verónica mientras la pequeña se quedaba dormida otra vez, esta vez abrazando su nuevo peluche.

Después de salir del arcade, los tres se dirigieron a la zona de comidas para tomar un descanso. Leo pidió un helado de chocolate para él y un vaso de jugo para Isa, mientras Vero optó por una limonada.

Bueno, creo que Isa tuvo un día espectacular. Aunque seguro va a dormir como tronco esta noche. -comentó Vero, mirando a la pequeña que seguía abrazando su nuevo peluche.

Eso espero. Porque si no, creo que me va a tocar cantarle más canciones hasta que se duerma. -respondió Leo, tomando una cucharada de helado.

Ambos rieron, disfrutando del momento sencillo pero especial que compartían juntos.

Cuando volvieron a casa 

Isabela estaba re dormida encima de Leo quien además de llevarla a ella en brazos llevaba el peluche 

Acostó a Isa en el sofá con su peluche y fue a la cocina 

Vero lo siguió 

Leo estaba agotado pero feliz descansaba en la silla de la cocina

Leo se dejó caer en la silla de la cocina, pasándose una mano por el cabello mientras soltaba un suspiro cansado.

Fue un buen día, pero esa enana tiene más energía que un torbellino. -comentó, medio en broma, mientras tomaba un vaso de agua.

Verónica, que había entrado detrás de él, se acercó con una sonrisa y comenzó a preparar un café para ambos.

¿Y tú qué esperabas? Es tu hermana. Energía parece ser algo de familia. -dijo, guiñándole un ojo mientras servía las tazas.

Leo soltó una pequeña risa, aunque claramente estaba agotado.

Lo admito, pero... ¿viste cómo abrazaba el peluche? Fue lo más tierno del día.

Vero dejó una taza frente a él y tomó asiento.

Sí, fue adorable. Creo que nunca te había visto tan feliz como cuando ella te llamó "Leo" por primera vez. Esa niña realmente es tu debilidad.

Leo asintió, mirando hacia la sala donde Isabela dormía plácidamente en el sofá con el peluche todavía en sus brazos.

No sé cómo explicarlo. A veces siento que ella me salvó, ¿sabes? Me dio una razón para cambiar, para ser mejor.

Verónica tomó la mano de Leo sobre la mesa, dándole un suave apretón.

Lo has hecho increíble, Leo. Isa no podría tener un mejor hermano mayor.

Leo sonrió, agradecido por sus palabras.

Gracias, Vero. Y gracias a ti también por siempre estar aquí. No sé qué haría sin ustedes dos.

Ambos se quedaron en silencio un momento, disfrutando del café y la tranquilidad después de un día lleno de aventuras.

Fue un día largo, pero valió la pena. -comentó, abriendo los ojos para mirar a Verónica, quien se apoyó en la encimera observándolo con una sonrisa.

Definitivamente. Isa parecía la niña más feliz del mundo. Y tú, el mejor hermano mayor.-dijo Vero mientras se acercaba y colocaba una mano en el hombro de Leo.

Leo rió suavemente.

Es fácil hacerla feliz. Solo necesita un peluche regordete y un show lleno de colores. Aunque creo que soy yo el que termina más cansado que ella.

Vero se inclinó ligeramente, mirándolo a los ojos.

Bueno, tú también te mereces un descanso. ¿Qué tal si preparo algo para picar mientras te relajas un poco?

Mejor aún, ¿qué tal si solo nos sentamos y disfrutamos de un momento de calma? -sugirió Leo con una sonrisa.

Vero asintió, tomando asiento a su lado. Ambos se quedaron en silencio por un momento, disfrutando de la tranquilidad de la casa. Desde el sofá, se escuchó un pequeño suspiro de Isa, quien seguía profundamente dormida abrazando su peluche naranja.

Creo que Isa ya tiene un mejor amigo nuevo. -bromeó Vero, señalando al peluche.

No me molesta compartir el título.Mientras esté feliz, eso es lo que importa. -respondió Leo, recostándose un poco más en la silla, sintiéndose satisfecho después de un día lleno de risas y juegos.

Suena el teléfono de Leo 

Hola?-Leo atiende-hola Nicholas ¿qué?si voy enseguida-cuelga-Era Nicho Osvaldo intentando andar en bici se cayo y lastimo la vecina los llevo al hospital pero necesitan de un adulto para lograr curar las heridas de Osvaldo ya que hay que colocarle puntos. Ma necesito que me acompañes al hospital Osvaldo esta ahí y necesita el permiso de un adulto para colocarle puntos.

Josefina, que estaba limpiando la mesa del comedor, dejó todo al escuchar la urgencia en la voz de Leo.

¿Qué pasó exactamente? -preguntó preocupada mientras se quitaba los guantes.

Osvaldo estaba intentando andar en bicicleta y se cayó. Nicholas me llamó porque una vecina los llevó al hospital, pero necesitan un adulto para autorizar que le coloquen puntos. -respondió Leo rápidamente, ya poniéndose los zapatos.

Josefina asintió, agarrando las llaves del auto.

Vamos, yo conduzco. ¿Dónde está Vero?

Está con Isa en el sofá. Se queda aquí cuidándola mientras nosotros vamos. -dijo Leo mientras se dirigía a la puerta.

Cuando llegaron al hospital, Leo corrió hacia la sala de espera, donde encontró a Nicholas sentado con la cabeza gacha. Al verlo, Nicholas levantó la mirada y corrió hacia él.

Leo, lo siento mucho... -dijo Nicholas con los ojos llenos de lágrimas.

Leo se agachó a su nivel, colocando ambas manos en sus hombros.

No es tu culpa, Nicho. Estoy aquí, ¿sí? Todo va a estar bien.

¿Dónde está Osvaldo? -preguntó Josefina con calma.

Está adentro con la enfermera. No paraba de llorar porque no quería puntos. -respondió Nicholas.

La enfermera se acercó en ese momento.

¿Familia de Osvaldo?

Sí, somos nosotros. -respondió Josefina, mientras Leo ayudaba a Nicholas a calmarse.

Puede entrar solo una persona 

Voy a entrar con él. Tal vez necesite ver una cara conocida para calmarse.

 Osvaldo, quien al ver a Leo soltó un pequeño sollozo.

Leo... me duele mucho.

Leo se acercó rápidamente, tomándole la mano con cuidado.

¡Leo! -gritó Osvaldo, estirando los brazos hacia él.

Leo se acercó rápidamente, abrazándolo con cuidado.

Tranquilo, chiquito, estoy aquí. Todo estará bien. -le dijo en voz baja.

No quiero puntos, Leo. ¡Me va a doler! -sollozó Osvaldo.

Leo le secó las lágrimas con paciencia.

Escucha, sé que da miedo, pero necesitas que te curen para que puedas volver a andar en bici pronto. Yo estaré contigo todo el tiempo. Te prometo que no dejaré que te pase nada malo, ¿sí?

Osvaldo lo miró, todavía temblando, pero asintió con la cabeza.

¿Prometes no irte?

Prometo. -dijo Leo, dándole un beso en la frente.

Estoy aquí, Osvaldo. Vas a estar bien. Te van a cuidar y en nada estarás de vuelta dando vueltas con esa bicicleta. Pero esta vez con un casco, ¿entendido?

Josefina firmó los papeles necesarios, y en poco tiempo el doctor llegó para colocarle los puntos a Osvaldo. Mientras tanto, Leo se quedó a su lado, sosteniéndolo y distrayéndolo con historias hasta que todo terminó.

Con Osvaldo ya sonriente y un chupetin 

Leo lo cargo y saliendo de la sala 

Josefina se levanto aunque sea como la madrastra de Osvaldo lo quiere como un hijo.


Pronto llegaron Guillermo y Antonella los abuelos paternos que tienen la custodia de Nicho y Osva

Gracias Leo por venir a calmarlo eres un hermano mayor asombroso Osvaldo te admira y se que Isabela tambien lo hara-dijo Antonella

No tienen que agradecerme, abuela. Son mis hermanos. Siempre estaré para ellos. -dijo con sinceridad, aunque el cansancio de la larga jornada se reflejaba en su rostro.


Antonella le sonrió con ternura y se acercó para darle un suave apretón en el hombro.

Lo sabemos, Leo. Pero nunca está de más recordarte lo increíble que eres. Tienes un corazón enorme, y eso es algo que nos enorgullece mucho.

Guillermo, que estaba parado junto a su esposa, asintió con una sonrisa.

Tu madre estaría orgullosa de verte así. Y yo sé que, aunque Saúl y Lorena cometieron muchos errores, ellos también lo estarían.

Solo quiero que mis hermanos tengan algo mejor. Algo que yo no tuve cuando era pequeño.
Antonella se agachó para abrazarlo con cuidado, sin soltar a Osvaldo.
Y lo están teniendo, gracias a ti.
Guillermo miró a Osvaldo, que ahora bostezaba y comenzaba a adormecerse en los brazos de Leo.
Vámonos a casa. Este pequeño necesita descansar, y tú también, Leo. Has hecho más que suficiente por hoy.


Comentarios

Entradas más populares de este blog

Maxwell

Maxwell 2

CAPITULO 99: