CAPITULO 78:

 El martes durante la hora de educación física en el patio 

Leo estaba sudado hasta el punto que necesitaba una ducha urgente 

Tan pronto como recogieron a Nicholas y Osvaldo junto a Vero fueron a la casa de Leo 

Al llegar a la mansión 

Osvaldo se puso a jugar con Isabela 

Mientras Josefina ayudaba a Nicholas con su tarea 

Leo se fue a bañar y cuando salio se puso a jugar con los pequeños 

Después de una merienda Leo estaba por llevar a sus hermanos a casa pero empezó a llover fuertisimo 

Esperemos a que la tormenta pase le aviso a los abuelos-dijo Leo sacando su teléfono 

Y mientras esperaban había truenos por lo que Isa estaba asustada y de pronto....¡BUM! se corta la luz 

La oscuridad invadió la casa y un silencio tenso llenó el ambiente, solo interrumpido por el sonido de la tormenta y los truenos que hacían temblar las ventanas. Isabela, asustada, comenzó a llorar y se abrazó con fuerza a Leo, quien inmediatamente la alzó en brazos para consolarla.

Tranquila, princesa, estoy aquí. No va a pasar nada, ¿vale? -dijo Leo en un tono calmado mientras le acariciaba la cabecita.

Osvaldo, un poco nervioso pero intentando mantenerse valiente, se acercó a Nicholas.

¿Crees qué se arregle pronto, Nicho? -preguntó, mirando alrededor con los ojos bien abiertos.

Supongo que sí, Osva. Pero mientras tanto, hay que buscar linternas o velas -respondió Nicholas con seguridad.

Josefina entró al salón con una linterna en mano, iluminando un poco la habitación.

No se preocupen, chicos, tengo algunas velas en la cocina. Leo, ¿puedes ayudarme a encontrarlas? -preguntó Josefina.

Claro, mamá. Osvaldo, ¿puedes cuidar a Isa mientras voy? -Leo le pasó suavemente a su hermanita a Osvaldo, quien asintió con seriedad.

En la cocina, Leo y Josefina encontraron las velas y las encendieron, iluminando la casa con un cálido resplandor. Cuando regresaron al salón, vieron a Osvaldo abrazando a Isabela y hablándole suavemente para tranquilizarla.

Eres un campeón, Osva -dijo Leo mientras colocaba una vela sobre la mesa.

La tormenta seguía rugiendo afuera, pero dentro de la casa, la familia estaba unida, creando un ambiente cálido a pesar del frío de la lluvia. Josefina sugirió que jugaran un juego de mesa para distraerse.

¿Qué les parece una partida de "Serpientes y Escaleras"? -propuso.

¡Sí! -gritaron Osvaldo y Nicholas al unísono.

Mientras jugaban a la luz de las velas, las risas y la diversión llenaron la casa, haciendo que incluso la tormenta más fuerte pareciera algo lejano y menos aterrador.

Un trueno sonó que retumbó en la casa

Isabela soltó un pequeño grito y se aferró con fuerza al cuello de Leo, quien la sostenía en brazos. Mientras lloraba Leo la mecia y le tarareaba una canción de cuna sobre un elefante que no se podía dormir

Nicholas y Osvaldo también se sobresaltaron, pero rápidamente se acercaron a Leo.

¡No me gustan los truenos! -dijo Osvaldo, abrazándose a la pierna de su hermano mayor.

¡Ni a mí! -agregó Nicholas, intentando mantener la calma, aunque su voz temblaba un poco.

Las velas se fueron consumiendo y pronto quedarían en la oscuridad otra vez

Vero, que había estado revisando su teléfono, levantó la mirada.

Mi batería también está baja, así que más vale que encontremos esas velas rápido.

Yo sé dónde están -dijo Leo, caminando hacia la cocina con los tres niños siguiéndolo como patitos.

Con la luz de una linterna que Vero había encontrado en un cajón, Leo localizó las velas y las encendió. Pronto, la cocina se llenó de una suave luz cálida que hizo que los pequeños se sintieran un poco más seguros.

¿Qué hacemos ahora?-preguntó Osvaldo, aún abrazado a su peluche.

Leo sonrió mientras miraba a sus hermanos y a Vero.

Bueno, ¿qué les parece si contamos historias mientras esperamos que regrese la luz?

¿Historias de miedo? -preguntó Nicholas, con una mezcla de emoción y nervios.

¡No! -protestó Osvaldo rápidamente.- Mejor historias divertidas.

Está bien, historias divertidas entonces -accedió Leo, sentándose en el suelo con Isabela en su regazo.

Mientras Leo contaba una historia graciosa sobre un gato travieso, los truenos continuaban afuera, pero dentro de la casa, el calor de las velas y las risas de los niños llenaban el ambiente, haciendo que la tormenta pareciera menos aterradora.

Leo miedo tego-dijo Isabela 

Tranquila princesa aquí esta tu príncipe valiente junto a sus caballeros que te protegeran 

Si somos caballeros valientes-dijo Osvaldo-

Pues yo soy el dragón al que deben derrotar para salvar a la princesa-dijo Vero tomando a Isa en brazos y llevándola a la planta superior donde hizo un fuerte con almohadas y una mesa que encontró 

La dragona esta en la segunda planta y la mansión tiene 3 plantas debemos tomar las otras escaleras y hacemos ataque sorpresa

Leo, con una sonrisa astuta, se agachó para estar a la altura de Nicholas y Osvaldo mientras susurraba:

Bien, caballeros, esta es nuestra misión. La princesa Isabela ha sido capturada por la malvada dragona. Nuestra tarea es infiltrarnos en su guarida, liberar a la princesa y vencer al dragón.

¡Sí! -exclamaron Osvaldo y Nicholas con entusiasmo, aunque en voz baja para no alertar a Verónica.

Primero, necesitamos armas de caballeros. -Leo miró alrededor y tomó unos cojines que estaban en el sofá. -Aquí tienen sus escudos. Y yo usaré este como mi espada.

¿Y yo qué uso? -preguntó Nicholas.

Tu ingenio y valentía, mi buen caballero -bromeó Leo, mientras le daba una "espada" hecha de un paraguas plegable que había cerca.

Ahora, subiremos por las escaleras traseras. Debemos ser silenciosos y rápidos, como verdaderos caballeros.

Leo miró a Nicholas y Osvaldo con una sonrisa cómplice, poniéndose en plan de estratega.

Caballeros, este es el plan: subiremos por la escalera trasera hasta el segundo piso. Cuando estemos cerca del fuerte de la dragona, haremos un ataque sorpresa. ¿Están listos? preguntó en un tono dramático.

El grupo se movió por la mansión, haciendo todo lo posible por no hacer ruido.

Bien, recuerden, debemos salvar a la princesa Isabela y llevarla a salvo al reino del tercer piso. ¡Adelante, caballeros valientes!

 Sin embargo, un crujido en las escaleras traseras hizo que Verónica gritara desde arriba:

¡He oído algo! ¡Los intrusos están cerca!

¡Nos descubrió! -susurró Osvaldo, aunque estaba emocionado.

Manténganse firmes, caballeros -dijo Leo con dramatismo.- ¡Estamos cerca de la guarida del dragón!

Cuando llegaron al fuerte improvisado, Verónica estaba dentro, con Isabela riendo mientras se acurrucaba entre las almohadas.

¡Nunca podrán derrotarme! -exclamó Vero con voz dramática de "dragón".

Cuando llegaron al pasillo del segundo piso, Leo hizo una señal para que se detuvieran.

La dragona puede estar alerta. Hay que movernos como sombras.

¡Yo soy una sombra súper rápida! -dijo Osvaldo emocionado mientras intentaba imitar un ninja.

Se acercaron al fuerte con cuidado, y cuando estuvieron a unos pasos, Leo gritó:

¡Ataque sorpresa!¡Al ataque! -gritó Leo, liderando a los niños mientras corrían hacia el fuerte.

Vero, que estaba dentro del fuerte con Isabela en brazos, soltó una carcajada y respondió con dramatismo:

¡Nunca tendrán a la princesa! ¡Yo soy la dragona más feroz de todas!

Nicholas y Osvaldo corrieron hacia ella con sus almohadas, mientras Leo se lanzaba al rescate de Isabela, quien reía divertida.

¡Princesa, estás a salvo! -dijo Leo, tomándola en brazos mientras ella se aferraba a su cuello.

Vero "rugió" y comenzó una batalla de almohadas épica. Después de unos minutos, todos terminaron riendo a carcajadas, tirados en el suelo del fuerte improvisado.

Misión cumplida, caballeros. La princesa está a salvo y la dragona ha sido derrotada -declaró Leo con una sonrisa triunfal.

¡Somos los mejores caballeros del reino! -gritó Osvaldo, levantando su almohada al aire.

Pero mientras festejaban Vero retomo su 'venganza' y volvió a agarrar a Isa

Entre risas y "combates" con almohadas, lograron "derrotar" al dragón, y Leo tomó a Isabela en brazos, levantándola como si fuera un trofeo.

La princesa está a salvo, gracias a sus valientes caballeros -declaró Leo.

¡Somos los mejores caballeros del reino! -exclamó Osvaldo con orgullo.

Nicholas rió mientras se tiraba en el fuerte destruido, diciendo:

¿Podemos luchar contra otro dragón después de cenar?

Si tengo suficiente energía, tal vez-respondió Leo, fingiendo estar exhausto mientras sonreía ampliamente.


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