CAPITULO 79:

 Leo, a pesar de estar algo cansado por todo el juego y el bullicio, no quería mover a sus pequeños hermanos, que dormían tranquilamente sobre él. Isabela estaba acurrucada, con su pequeño peluche de gato, y Osvaldo, abrazando un cojín, respiraba de manera suave y pausada.

Que rápido crecen... -pensó Leo en voz baja, mirando a los dos con una sonrisa suave. A pesar de todas las complicaciones de su vida, momentos como este le recordaban lo afortunado que era de tenerlos cerca.

Vero, que había estado observando la escena desde un rincón del cuarto, se acercó con cuidado para no interrumpir el tranquilo momento.

Están tan tranquilos, parece que no se dieron cuenta de la tormenta -comentó en voz baja, mirando a los pequeños con ternura.

Leo asintió, aún sin moverse mucho.

Es lo que más me gusta de ser el hermano mayor... poder darles algo de paz, especialmente cuando se sienten asustados. -Leo acarició suavemente la cabeza de Isabela, asegurándose de que estuviera cómoda.

Eres increíble con ellos, Leo -dijo Vero, sonriendo con aprecio mientras se sentaba cerca.

Leo miró a su novia, agradecido por sus palabras, pero su mirada volvió a posarse en sus hermanos.

Lo son todo para mí -respondió en voz baja, como si solo se lo estuviera diciendo a sí mismo.

Finalmente, después de unos minutos de tranquilidad, Leo comenzó a mover suavemente a Isabela y Osvaldo para acomodarlos mejor, asegurándose de que estuvieran lo más cómodos posible sin despertarlos. Aunque sabía que sus tareas como hermano mayor nunca terminarían, en esos momentos todo valía la pena.

Ya pasó, pequeños -susurró para sí mismo, mientras continuaba vigilando el sueño de sus hermanitos en la calma tras la tormenta.

La luz había vuelto y era casi de madrugada por lo que dijo que podían usar el cuarto de invitados a Nicho y Osva y Vero dormiría con Leo

Isa en su cuna yacia dormida pero apenas salió el sol salió de su cuna y fue caminado al cuarto de Leo donde se puso en medio de los dos 

Leo, que ya se encontraba medio despierto, sintió un pequeño movimiento en la cama. Al abrir los ojos, vio a Isabela caminando con su pasito torpe hacia él. Con una sonrisa, la levantó suavemente y la acomodó entre él y Vero, quien aún dormía profundamente a su lado.

Isabela se acurrucó entre ellos, colocando su cabecita sobre la almohada, feliz de estar cerca de su hermano mayor. Leo, aún con los ojos entrecerrados, la abrazó con ternura, dándole calor mientras trataba de volver a dormir un poco más.

¿Qué pasa, princesa? -susurró Leo, acariciando su cabello mientras sentía la calidez de su hermanita.

Isabela no respondió con palabras, pero la forma en la que se acurrucó más cerca de él le hizo saber que solo quería sentirse segura y acompañada. Leo sonrió suavemente, disfrutando del momento, y miró a Vero, que también se había despertado y veía la escena con ternura.

Creo que nos va a tocar compartir la cama un rato más -comentó Vero en voz baja, con una sonrisa cariñosa.

Leo asintió, acomodándose mejor para no despertar a los pequeños y, al mismo tiempo, asegurándose de que Isabela estuviera cómoda entre ellos. La luz del sol comenzaba a colarse por la ventana, pero por un instante, todo parecía perfecto y tranquilo en la casa.

Esos pequeños siempre me sorprenden -dijo Leo, sonriendo a Vero mientras se acomodaba para seguir descansando unos minutos más.

Y así, en medio de la madrugada, la calma volvió a reinar en la habitación, con los pequeños dormidos y la familia unida, sabiendo que juntos podían enfrentar cualquier cosa.

Una vez despiertos 

Leo se vistió y con Isa ya cambiada de pañal bajaron 

Leo iba despacio para que Isa bajara con cuidado 

Una vez en el comedor 

Leo vio a Nicholas y Osvaldo desayunando

Coloco a Isabela en su silla alta y le dio el biberón 

Buenos días, chicos -dijo Leo mientras ayudaba a Isabela a acomodarse en su silla alta y le entregaba su biberón. La pequeña lo recibió con una gran sonrisa antes de empezar a beber.

¡Buenos días, Leo! -respondieron Nicholas y Osvaldo al unísono, ambos entretenidos con sus tostadas y jugo.

Leo tomó asiento frente a ellos mientras se servía una taza de café. Observó a sus hermanos menores con una sonrisa, disfrutando de la tranquilidad de la mañana.

¿Durmieron bien? -preguntó Leo, tomando un sorbo de su café.

Sí, pero creo que Osvaldo pateaba un poco anoche -bromeó Nicholas, provocando una risa tímida de Osvaldo.

¡No es cierto! -protestó Osvaldo con un puchero.

Leo rió y luego miró a Isabela, quien parecía totalmente concentrada en terminar su biberón.

Isa está creciendo rápido, ¿verdad? Pronto va a querer correr por toda la casa -comentó Leo mientras acariciaba la cabecita de su hermanita.

Sí, y seguro también va a querer jugar al fútbol conmigo -añadió Osvaldo con entusiasmo.

Bueno, por ahora vamos a enfocarnos en que Isa termine su desayuno antes de que empiece a hacer travesuras -bromeó Leo, haciendo reír a todos en la mesa.

El ambiente en la casa era cálido y familiar, con risas y bromas llenando el comedor mientras el día comenzaba con energía positiva.

Lo que haremos hoy es..primero los llevo a casa se duchan y cambian la ropa segundo al colegio no podremos ir nosotros hoy la tormenta causo que haya aulas indudadas al menos en las entradas de los edificios luego el corte de luz algunas personas malvadas aprovecharon el corte de luz y robaron los cables 

Nicholas y Osvaldo lo miraron sorprendidos mientras continuaban desayunando.

¿Entonces no hay escuela hoy? -preguntó Nicholas con cierta emoción.

Exacto. No hay clases hasta que arreglen los problemas -respondió Leo, tomando otro sorbo de café.

¿Y qué vamos a hacer todo el día? -preguntó Osvaldo con curiosidad.

Primero los llevo a casa para que se duchen y cambien. Luego volvemos aquí, y puedo ayudarlos con alguna tarea o podemos hacer algo divertido. Isa también tendrá su momento de juego -dijo Leo, mirando a su hermanita que ya había terminado su biberón y estaba jugando con el chupete.

¿Podemos ver películas? -sugirió Nicholas emocionado.

Claro, pero después de las tareas. Y prometo que si terminamos rápido, podemos incluso ir al parque o a la tienda de helados más tarde, si el clima mejora -añadió Leo, organizando mentalmente el plan para el día.

¡Sí, helados! -gritó Osvaldo emocionado, haciendo reír a todos en la mesa.

Leo se levantó, recogió los platos y comenzó a limpiar mientras los chicos terminaban su desayuno.

Muy bien, caballeros. Prepárense porque en veinte minutos nos vamos -dijo Leo con tono de líder, haciendo que Nicholas y Osvaldo se apresuraran a terminar sus tostadas.

Mientras tanto, Isabela seguía observando todo con curiosidad desde su silla alta, soltando pequeñas risitas cada vez que sus hermanos mayores discutían por quién iba a terminar primero.

Una vez que todos terminaron de desayunar, Leo ayudó a Isabela a bajar de su silla y la llevó a la sala, donde dejó algunos de sus juguetes favoritos para mantenerla entretenida mientras terminaba de organizarse.

Nicho, Osva, vayan a buscar sus cosas. No quiero que olviden nada en casa de los abuelos -les recordó Leo mientras recogía los últimos platos y tazas de la mesa.

Los dos chicos subieron corriendo las escaleras, riendo y hablando de los helados que querían comer más tarde. Leo, mientras tanto, se inclinó hacia Isabela, que estaba jugando con un peluche, y le acarició la cabeza.

¿Lista para un día lleno de aventuras, princesa? -le dijo con una sonrisa.

Isabela lo miró con sus grandes ojos y le respondió con una risita.

Cuando Nicholas y Osvaldo bajaron con sus mochilas, Leo les echó un vistazo para asegurarse de que no faltara nada. Luego ayudó a Nicholas a ajustar la mochila en su espalda y le dio una palmada en el hombro.

Muy bien, equipo. Hora de movernos -dijo Leo, tomando a Isabela en brazos mientras se dirigían hacia la puerta.

Salieron al auto y Leo condujo hacia la casa de los abuelos, donde dejó a Nicholas y Osvaldo para que se ducharan y se cambiaran de ropa. Mientras esperaba, jugó con Isabela en el jardín de los abuelos, levantándola en el aire y haciéndola reír.

¡Leo, ya estamos listos! -gritó Nicholas desde la puerta, corriendo hacia el auto con Osvaldo detrás.

Leo los ayudó a subir al auto y luego se dirigieron de regreso a la mansión.

Bien, ahora que estamos todos listos, ¿quieren empezar con las tareas o vamos directamente a jugar un rato? -preguntó Leo mientras estacionaba.

¡Primero las tareas! Así terminamos rápido y podemos jugar más tiempo -sugirió Nicholas con entusiasmo.

Esa es la actitud que me gusta -dijo Leo con una sonrisa mientras todos entraban a la casa.

De vuelta en la mansión, cada uno se puso a trabajar en lo suyo. Nicholas y Osvaldo hicieron sus tareas con ayuda de Leo, mientras Isabela jugaba con bloques cerca de ellos. Leo supervisaba todo con paciencia, aunque de vez en cuando lanzaba alguna broma para mantener el ambiente relajado.

Muy bien, chicos. ¡Tareas completadas! Ahora, ¿quién está listo para una película y helado más tarde? -preguntó Leo mientras cerraba el cuaderno de Nicholas.

¡Yo! -gritaron Nicholas y Osvaldo al unísono, levantando las manos.

Leo se recostó en el sofá con Isabela en brazos y los miró con una sonrisa.

Entonces prepárense, porque hoy será un gran día.

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