CAPITULO 8:
El jueves inicio normal con Ana Paula Fernández en historia mundial una materia en la que Leo se destacaba por lo que sabía de diversos temas como el rol de la mujer antes de que pueda votar en aquellos años o como sufrieron los zurdos antes de 1960
Esa mañana su clase tenia examen y como Leo tenia dislexia la profe lo llamo a su escritorio para un examen oral
Profe porque Leonardo está en examen oral y no escrito?-pregunto Edward
Porque su compañero sufre dislexia y le cuesta escribir y no se quejen por favor-dijo Ana Paula-Leo por favor empieza
Voy a hablar sobre el papel de la mujer en la historia moderna, especialmente en el siglo XIX y principios del XX-dijo Leo-Antes de que las mujeres pudieran votar, vivieron mucho tiempo como propiedad de los hombres -comenzó, su voz tranquila pero cargada de conocimiento.-No solo estaban relegadas a las tareas domésticas, sino que si un hombre no las quería, las podía abandonar o incluso matar. No tenían derechos, no tenían voz. Hasta principios del siglo XX, la sociedad las veía como si no tuvieran más valor que el de una sirvienta.Y también es importante recordar cómo esas luchas se extendieron a la lucha por los derechos de los zurdos, por ejemplo. Muchos fueron maltratados y considerados casi demoníacos, algo que se perpetuó por siglos. Incluso hasta la década de 1960, ser zurdo era visto como un defecto. En las escuelas acaban su mano izquierda a la silla para obligarlos a escribir con la derecha y muchos fueron quemados en las hogueras como si de brujas se tratara muchos eran niños niños menores de edad pero es bueno en esa época no había una ley como si la hay ahora sobre el cuidado de los hijos muchos niños perdían la vida y no había justicia como si la hay ahora no había protección contra las violaciones y venta de menores de edad al igual que como las mujeres los niños podían ser vistos como juguetes sexuales para muchos en vez de como un hijo un niño o un humano-dijo-Muchos de los zurdos, los niños, fueron tratados como si no valieran nada, como si fueran monstruos-continuó Leo, mirando al frente sin moverse, pero con la pasión evidente en su tono.-Y todo por una leyenda estúpida, por algo que la gente temía sin siquiera entender. Eran arrastrados por la ignorancia y el miedo.Y lo mismo sucedía con las mujeres, y con muchos niños también -prosiguió Leo, su mirada fija- Las leyes que ahora existen para proteger a las mujeres y a los niños no existían. No había una lucha social, una conciencia de que estos seres humanos, como todos, merecían respeto y derechos. Muchos niños morían sin que nadie hiciera nada. Y las mujeres vivían como esclavas, despojadas de su identidad, de su voz.
Muy bien Leonardo eres muy inteligente no se porque Sofia y Carmen dicen lo contrario eres inteligente y una gran persona-dijo Ana Paula-
Es que ellas están ciegas por sus anticuadas ideas de la zurdera ellas me llaman tonto o burro por mi mano izquierda y por mi dislexia es como que no me dejan mostrar mi potencial solo ven "un defecto "en vez de a un chico que ha pasado por mucho sufrimiento
Ana Paula lo miró con una mezcla de tristeza y admiración. Pudo ver más allá de las palabras de Leo, percibiendo el dolor que llevaba consigo, escondido detrás de su fachada fría y desafiante. Sus ojos, que a menudo mostraban dureza, ahora reflejaban un destello de vulnerabilidad.
Leo, déjame decirte algo -comenzó Ana Paula, con un tono cálido y sincero.- El hecho de que escribas con la mano izquierda o tengas dislexia no te hace menos. Al contrario, esos desafíos solo han fortalecido tu carácter. Eres un chico brillante, y aunque el sistema no siempre es justo, estoy aquí para recordarte que vales más de lo que algunos puedan ver.
Leo desvió la mirada por un momento, intentando procesar las palabras de su profesora. No estaba acostumbrado a recibir ese tipo de reconocimiento, mucho menos a que alguien le expresara apoyo genuino.
Gracias, profe -dijo finalmente, con voz baja, pero cargada de sinceridad. -No es fácil cuando sientes que todo está en tu contra. A veces, solo quiero demostrarles a todos que puedo, que no soy lo que ellos creen.
Ana Paula asintió con una sonrisa.
Y lo has demostrado, Leo. Hoy, con tus palabras, dejaste una huella en todos nosotros. No dejes que las ideas anticuadas de unos pocos definan quién eres. Sigue siendo auténtico, sigue luchando, pero no te olvides de buscar apoyo cuando lo necesites. No estás solo, aunque a veces lo parezca.
Leo la miró fijamente, sorprendido por el peso de esas palabras. Por un momento, sintió una calidez en su pecho que no había sentido en mucho tiempo. No sabía cómo responder, pero algo en él le decía que Ana Paula realmente creía en él.
A las 9:30
Los alumnos se dirigieron al aula 28 de compresion lectora
Como todos los jueves
Sofia elige a un alumno y ese es Leonardo
Leo no quería leer porque como tiene dislexia le cuesta más pero a Sofia Insensible Müller Papageorgiou no le importa
Cuando Sofía insistió en que Leo leyera, él miró el libro con frustración. A pesar de su actitud desafiante, sabía que enfrentarse a la lectura en voz alta frente a toda la clase era una de las cosas que más le costaba.
Profesora, usted sabe que tengo dislexia -dijo Leo, con un tono serio pero cansado.- ¿De verdad quiere exponerme frente a todos?
Sofía suspiró, aparentando paciencia.
Leonardo, todos los alumnos deben ser evaluados, y tú no eres una excepción. Ahora, lee el pasaje.
Leo respiró hondo y, con el libro temblando ligeramente en sus manos, empezó a leer. Las palabras parecían bailar ante sus ojos, cambiando de lugar, dificultando aún más el proceso. Tartamudeó en las primeras frases, tropezando con las palabras más largas, mientras los murmullos comenzaban a recorrer la clase.
¿Ven?-dijo Edward en voz baja, pero lo suficientemente fuerte para que todos lo escucharan.-No puede ni leer.
La risa contenida de algunos compañeros hizo que Leo apretara los puños, pero continuó, decidido a terminar el pasaje. Sin embargo, su frustración era evidente, y su voz temblaba de rabia e impotencia.
Sofía finalmente lo interrumpió.
Eso es suficiente, Leonardo. Regresa a tu asiento.
¿Contenta?-preguntó, su voz cargada de sarcasmo y enojo-¿Esto es lo que quería? ¿Hacerme quedar como un idiota frente a todos?-dijo Leo-Ahora yo te enseñaré el respeto-dijo y la agarro del cuello levantandola del suelo y enojado la lanzó hacia afuera haciendo que Sofia caiga por las escaleras
La escena se congeló por un instante cuando Sofía cayó por las escaleras. Un silencio sepulcral inundó el aula, mientras todos miraban a Leo con expresiones de miedo y asombro. Sofía se quejaba de dolor desde el fondo de las escaleras, mientras algunos alumnos corrían hacia ella para ayudarla.
Leo, todavía temblando de rabia, miró sus propias manos como si no pudiera creer lo que había hecho. Respiró hondo, tratando de calmarse, pero su ira seguía ardiendo.
¡¿Qué hiciste, Leonardo?!-gritó Maria Laura una de las compañeras-JuanPa vamos a ayudarla-le dijo a su hermano y salieron-
Vamonos de aquí Verónica-le dijo David a su novia-
Leo viendo algo sospechoso los siguió sin importarle las consecuencias
Leo no lo hagas si te vas será peor-dijo Manu pero Leo ya estaba lejos
Leo siguió a David y Verónica hasta el patio y ahí vio la realidad David era un salvaje tóxico y animal que estaba golpeando a Verónica salvajemente
Leo no pudiendo aguantar más salió disparado y freno a David en el último segundo
Le freno la mano y se la retorció hacia abajo causandole dolor en la muñeca luego lo tiro haciendo que caiga al suelo y se llevó a Verónica a la enfermería preguntando si estaba bien
La tensión seguía acumulándose mientras Leo, con Verónica apoyada contra él, caminaba apresuradamente hacia la enfermería. Su respiración era irregular, su mente dividida entre la preocupación por Verónica y la furia hacia David. Al llegar, la Enfermera levantó la vista, sorprendida por la escena.
¿Qué ha pasado aquí?-preguntó, dejando caer los papeles que tenía en las manos.
David la estaba golpeando-dijo Leo, aún con el tono cargado de ira.
Colocó a Verónica en una de las camillas con cuidado, asegurándose de no lastimarla más.
Verónica, todavía temblando, miró a Leo con lágrimas en los ojos.
Gracias -susurró con dificultad- No sabía cómo iba a salir de ahí.
La enfermera empezó a examinar a Verónica, revisando su rostro y brazos en busca de moretones o lesiones más graves.
Esto es inaceptable. Debo reportarlo de inmediato -dijo la Enfermera, tomando su teléfono para contactar a la Directora.
En ese momento, Manu llegó corriendo, con el rostro pálido.
Leo, ¿estás bien? ¿Qué pasó?
David estaba golpeándola -repitió Leo, todavía tratando de procesar todo.- No podía quedarme parado viendo.
Manu asintió, pero sus ojos estaban llenos de preocupación.
Lo sé, pero... después de lo de Sofía... estás metiéndote en un lío aún más grande.
No me importa, Manu -respondió Leo con firmeza.- Si alguien necesita ayuda, no voy a quedarme quieto.
Leonardo Gómez Padilla ahora si que estas en problemas a mi oficina ahora-dijo la Directora asomándose
Leo levantó la mirada y vio a la Directora, su rostro serio y lleno de reproche. La rabia aún hervía en su interior, pero la frustración y el miedo por las consecuencias también empezaban a asentarse.
¿Ahora qué? -murmuró Leo, casi para sí mismo, antes de girarse hacia Manu. -No tengo opción. Tengo que ir.
Manu asintió con la cabeza, preocupado, pero sabía que nada lo haría cambiar de decisión. Lo siguió de cerca mientras Leo caminaba hacia la oficina de la Directora.
Al entrar, la Directora cerró la puerta detrás de ellos con un golpe seco. La mirada de la Directora era dura y fría, pero no tan intimidante como las que Leo había recibido de sus padres biológicos. Aquel lugar, esa oficina, era diferente; allí se sentía como si estuviera siendo juzgado por todos los errores de su vida, por cada decisión, por cada lucha que había tenido que librar solo.
Siéntate, Leonardo -ordenó la Directora, señalando una silla frente a su escritorio.
Leo no hizo nada al principio, observando el lugar, buscando una forma de evadir la conversación. Sabía lo que se venía, lo había vivido antes, y no le gustaba nada. Sin embargo, al final, se sentó. Su mirada fija en el suelo, pero su mente aún estaba en otro lado, en Verónica, en lo que había sucedido con David.
La Directora lo observó por unos segundos antes de hablar de nuevo.
¿Sabes por qué estás aquí? -preguntó, su tono de voz tenso.
Leo levantó la mirada lentamente, enfrentándola con determinación.
Sí, sé porqué!. Por lo que hice con la estúpida de Sofía... y lo que pasó con el pelotudo de David.
La Directora frunció el ceño, claramente molesta.
Lo de Sofía no puede ser tolerado, Leonardo. Pero lo de David es aún más grave. Has golpeado a un compañero, y eso no puede quedar impune.-dijo la Directora
Lo hice porque no pude quedarme parado -respondió Leo, sin titubear.-No iba a dejar que nadie más sufriera, no después de todo lo que he vivido. ¿Me van a castigar por defender a alguien?
La Directora se cruzó de brazos y suspiró, mirando a Leo fijamente. Sabía que el chico estaba pasando por algo más grande que una simple pelea.
Eso no justifica la violencia, Leonardo. Pero... -hizo una pausa, pensativa- parece que esto es más complejo de lo que pensaba.
Leo, sin poder evitarlo, dejó escapar un suspiro de alivio. Al menos la directora parecía entender que no era solo un asunto de una pelea. Había algo mucho más profundo.
Pero antes de que pudiera relajarse, la Directora continuó:
Voy a hablar con tus padres, Y veremos cómo proceder. Pero lo que hiciste hoy... no puede volver a ocurrir. ¿Me entiendes?
Leo asintió, con los puños apretados bajo la mesa. Sabía que las consecuencias serían severas, pero no se arrepentía de lo que había hecho. Defender a Verónica había sido lo correcto.
A la mañana siguiente Lorena y Saúl llegaron a la escuela, visiblemente molestos por la llamada que habían recibido. La Directora los recibió en su oficina y, una vez sentados, comenzó a explicarles lo sucedido.
Gracias por venir tan rápido -comenzó la Directora, con un tono serio. -Como les mencioné por teléfono, Leo tuvo un incidente ayer en la escuela. Primero, durante la clase de comprensión lectora, Sofía Müller le pidió que leyera frente a la clase, pero Leo tiene dislexia, como ustedes saben, y esto le resulta muy difícil. A pesar de explicarlo, Sofía insistió y lo puso en una situación incómoda.
Lorena y Saúl escuchaban sin interrumpir, pero se podía ver la incomodidad en sus rostros, más por el hecho de que su hijo estuviera involucrado en problemas que por el contenido de lo que les explicaba la Directora.
Después de esa situación, Leo tuvo un altercado con la profesora Sofía. Según los testimonios de los alumnos, él la empujó y la tiró escaleras abajo, causando que se lastimara -continuó la Directora, mientras observaba sus reacciones.-Esto fue muy grave, pero no terminó ahí. Luego, Leo vio a un compañero, David, golpeando a su novia, Verónica, y, en lugar de quedarse al margen, intervino para detener la agresión. David terminó en el suelo, y Verónica fue llevada a la enfermería.
Lorena y Saúl intercambiaron miradas, pero su respuesta fue muy diferente a lo que la Directora esperaba.
Eso de Sofía no me sorprende. Ya era cuestión de tiempo que algo así pasara. Y lo de David… bueno, parece que Leo hace lo que quiere, pero no entiendo porque fue tan lejos -dijo Saúl con tono severo, mirando a la Directora.-Esto es un problema de comportamiento.
Lorena, más preocupada por las consecuencias externas, no se mostró tan interesada en las razones detrás de las acciones de Leo.
¿Qué vamos a hacer con este chico? Siempre metido en problemas- dijo con tono cansado.-Necesitamos encontrar una manera de que no cause más escándalos.
La Directora, molesta por la falta de empatía de los padres hacia las dificultades que enfrentaba Leo, intentó una vez más hacerles ver la importancia de comprender el contexto de la situación.
Entiendo que esto no es fácil para ustedes, pero no podemos simplemente ignorar lo que está sucediendo con Leo. Tiene una dislexia que, como ven, le afecta mucho más de lo que creen. Y su comportamiento no es solo una cuestión de desobedecer. Está relacionado con lo que ha vivido y cómo se siente tratado. Si seguimos ignorando estas causas, lo único que haremos es empujarlo aún más hacia el resentimiento.
Lorena y Saúl, sin mostrar mucha comprensión, se mantuvieron firmes en su posición.
Ya hablaremos con él -dijo Lorena.- Solo queremos que esto se solucione y que Leo deje de ser un problema.
Leo estaba en clase de música en el salón 22 con el profesor Carlos Romera
Cuando Lorena entro interrumpiendo la clase y se acercó a Leo sin importarle si estaba avergonzando a su propio hijo.
Comentarios
Publicar un comentario