CAPITULO 80:
Mientras Leo jugaba con Isabela, notó que la pequeña comenzó a mostrar signos de incomodidad, frunciendo el ceño y emitiendo pequeños sonidos de protesta.
¿Qué pasa, princesa? -preguntó, aunque ya sabía la respuesta. La levantó y, efectivamente, el olor confirmaba su sospecha.- Vamos a cambiar ese pañal, ¿sí?
Con cuidado, la llevó al cambiador. Mientras la distraía haciendo caras graciosas y hablándole con voz dulce, Leo le cambió el pañal con destreza, demostrando su experiencia como hermano mayor.
Listo, ahora estás como nueva -dijo con una sonrisa, terminando de colocarle una ropita cómoda para estar en casa.
Cuando volvieron a la sala, Josefina estaba sentada revisando algo en su teléfono y alzó la vista para anunciar:
Esta noche iremos a comer pizza los cuatro en familia. Así que, Leo, ve pensando en que ponerte, porque quiero que todos luzcan bien.
Leo asintió mientras Isabela daba palmaditas en su hombro, emocionada por la mención de salir.
Llegada la noche, Leo se dedicó a vestir a Isabela con esmero. Le puso un vestido color lila que resaltaba su piel y le hizo dos trenzas delicadas que terminaban con pequeños lazos a juego.
¡Mira qué bonita estás! Eres la princesa más hermosa de todo el reino -dijo con ternura, haciéndola girar para que viera su reflejo en el espejo.
Luego, Leo se preparó rápidamente. Se puso una camisa de manga larga color azul, un jean negro y unas zapatillas negras, asegurándose de estar a la altura de la ocasión.
¡Estamos listos! -anunció, tomando a Isabela de la mano y llevándola hacia donde estaban Martín y Josefina ya preparados.
Se ven increíbles -comentó Josefina, admirando a sus hijos.
Vamos, antes de que se acaben las pizzas -bromeó Martín, guiándolos hacia la puerta para disfrutar de una noche especial en familia.
Una vez en la pizzería, Leo e Isabela se acercaron a la ventana, buscando la mesa con mejor vista. Leo se encargó de colocar a Isabela en sus piernas mientras decidían.
Aquí está bien, Isa -dijo Leo, sonriendo al ver la carita de la pequeña iluminada por la luz tenue del local.
Cuando se acomodaron, Isabela comenzó a inquietarse un poco, señalando la silla alta que le habían preparado. Leo la levantó con cuidado y la sentó allí, asegurándose de que estuviera cómoda.
La pizza llegó a la mesa, y Leo cortó un trozo para sí mismo, pero pronto notó que Isabela lo miraba fijamente, con esos ojos grandes y suplicantes.
¿Qué pasa, princesa? -le preguntó, levantando una ceja mientras ella estiraba la mano hacia su pizza.
Con una sonrisa cómplice, Leo le cedió un trozo pequeño, cortado en pedacitos para que lo pudiera comer con facilidad. Isabela dio un pequeño bocado, mirando a Leo con una expresión de felicidad y satisfacción.
Sabía que lo querías -dijo Leo con cariño, observando cómo la pequeña disfrutaba su pedazo de pizza.
De vez en cuando, Isabela levantaba la cabeza para mirar a Leo, como si se asegurara de que estaba bien compartir su pizza. Y cada vez, Leo le sonreía y le daba otro pedazo.
Después de terminar la pizza y con lo que sobro de gaseosa salieron a pasear por la ciudad
Con Isa en brazos miraban la noche
Mientras caminaban por la calle vieron un pequeño espectáculo para los más pequeños
Isa aplaudió emocionada y señaló el show
Leo se quedó con Isa viendo el show unos 15 minutos y luego se fueron porque la pequeña se durmió en brazos de su hermano mayor
Finalmente, cuando el espectáculo terminó, Leo notó que Isabela ya había caído en un sueño profundo. Con una expresión suave en el rostro, Leo la levantó con delicadeza, y la abrazó mientras la acunaba en sus brazos.
Vamos a casa, Isa. Es hora de dormir, mi princesa -susurró Leo mientras caminaba con Josefina y Martín de vuelta hacia su hogar, disfrutando de la tranquilidad de la noche y de esos momentos especiales junto a su hermanita.
Al llegar a casa y acostar a Isa
Él se fue a su cama y se acostó
Leo estuvo hablando por mensajes con Vero hasta que se queda dormido con el teléfono en la cara
Con el teléfono en la cara, Leo se quedó dormido sin darse cuenta, dejando el dispositivo sobre su almohada.
La pantalla del celular continuó iluminando su rostro por un rato, mientras él ya dormía profundamente, abrazado por el cansancio de un día lleno de actividades y momentos especiales con su familia.
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