CAPITULO 83:
Finalmente cuando terminaron la cita que volvían a casa
Se encontraron con Uriel el padre de Amelia quien exigía que la denuncia contra su hija fuera retirada así ella saldría del tutelar de menores
No señor no quitaré la denuncia lo que hizo Amelia contra mi hermanito fue grave lo quería matar solamente porque yo la rechace claro va contra los débiles en vez de enfrentarme cara a cara lo siento pero ella cometió un delito y además me acosaba al punto que me perseguía al baño e invadía mi privacidad además usted también hizo mal al amenazar a Saúl con despedirlo solo porque yo no estaba con su hija ella tenía un capricho y usted cedió y me obligó a estar con ella y no solo usted sino que Lorena y Saúl en su pensamiento egoísta de que el trabajo era más importante que mi felicidad me forzaron pero deje claro que mi felicidad es MAS importante que un trabajo
El rostro de Uriel se tornó rojo de rabia, pero Leo continuó.
Amelia tenía un capricho, y usted, como su padre, en lugar de corregirla, le permitió comportarse de esa manera. Y lo peor es que mis padres biológicos, en su pensamiento egoísta de que el trabajo era más importante que mi felicidad, también me forzaron.
Leo dio un paso hacia adelante, su mirada penetrante.
Déjeme dejarle algo claro, señor: mi felicidad y la de mi familia siempre serán más importantes que un trabajo o que satisfacer un capricho de alguien como Amelia.
Uriel intentó replicar, pero Verónica intervino.
Leo ya dejó clara su posición. Tal vez debería reflexionar sobre sus errores como padre en lugar de seguir justificando lo que hizo Amelia.
Uriel apretó los dientes, pero finalmente se dio la vuelta y se alejó sin decir una palabra más.
Verónica tomó la mano de Leo, quien suspiró profundamente para liberar la tensión.
Hiciste lo correcto, Leo. Nadie merece pasar por lo que Amelia te hizo, y menos tu hermanito.
Leo asintió, mirando el horizonte mientras se dirigían a casa.
No importa lo que digan o hagan. Mi familia y las personas que amo siempre estarán primero. Siempre.
¿Y él no estaba en la cárcel?-pregunta Leo
Días después
Leo fue a la cárcel a visitar a alguien
No era ni Lorena Ni Saúl
Tampoco Óscar David y Amelia
Era ni más ni menos que Álvaro el padre de Sara Sanchezes
Leo había ido para aclarar lo que sucedió el día del accidente
Que haces aquí asesino?-pregunto Álvaro cuando lo vio
Aclarar la verdad Álvaro la verdad de la muerte de Sara-dijo Leo con voz cortada-
Te escucho-dijo Álvaro
Cuando teníamos Sara y yo 5 años jugábamos en el porche de mi casa todo feliz todo genial hasta que el día de la tragedia ese día como normalmente nos habías ido a buscar al jardín de infantes y nos dejaste en mi casa,Estábamos Sara y yo hablando y jugando hasta que Lorena salio furiosa a reclamarme que cuide de Nicholas que en aquel momento tenía 1 año, Sara intento defenderme diciendo que como era un niño debería estar disfrutando de mi infancia y no tener responsabilidades-hizo una pausa ya que estaba al borde de las lagrimas- Lorena en un acto de furia por lo que Sara dijo la empujó hacia la calle y un auto no alcanzo a frenar y la atropello
Y porque no la ayudaste?-pregunto Álvaro
Yo quise ir pero Lorena me amenazó con que me haría a mi y a cualquiera que fuera mi amigo lo mismo osea estaba dispuesta a matarme a mi a su propio hijo cuando la policía me preguntó que había pasado yo debí decir bajo la amenaza de Lorena que no había visto nada que estaba con mi hermano y debimos decir que Sara no se fijo al cruzar-dijo Leo llorando- Álvaro cuando estuve en coma en el mundo perfecto vi a Sara estaba viva y ella dijo que estaría conmigo en todo momento y en el momento no entendí pero al investigar descubrí que su corazón fue donado a un niño al cual con permiso de su madre me lo traje Santi pasa-pasa un niño de 11 años- este es Santino de 11 años cuando era bebé necesitaba un trasplante de corazón porque estaba enfermito y..-dijo Leo con suspenso
Tengo el corazón de su hija su hija me salvo la vida señor Álvaro ¿quiere escuchar?-Álvaro asiente-muy bien ¿tiene un estetoscopio?-le pregunta Santino a un guardia
Enserió tienes a mi niña dentro tuyo-pregunto Álvaro refiriéndose al corazón de Sarita-
Santino asintió con una pequeña sonrisa.
¿Quiere escuchar el corazón de su hija? -le preguntó el niño con suavidad.
Álvaro asintió, y un guardia le proporcionó un estetoscopio. Con manos temblorosas, se lo colocó y apoyó el extremo en el pecho de Santino.
El sonido rítmico de los latidos llenó el silencio de la sala. Álvaro cerró los ojos, dejando que las lágrimas rodaran por sus mejillas mientras escuchaba el eco de su hija en aquel niño que había recibido una segunda oportunidad.
Gracias... -susurró Álvaro, sin apartar el estetoscopio. -Gracias, Sara... y gracias, Leo, por traerlo aquí.
Leo lo miró con tristeza, pero también con alivio.
Ella siempre estará con nosotros, Álvaro. Siempre.
Después de despedirse de Álvaro, Leo y Santino caminaron juntos por los pasillos de la cárcel. Aunque el ambiente seguía siendo opresivo, Leo sentía que un peso enorme se había levantado de sus hombros.
En la sala de espera, la madre de Santino estaba esperándolos. Al ver a su hijo, corrió hacia él y lo abrazó con fuerza.
Mi pequeño, ¿estás bien? -preguntó, acariciándole el rostro.
Sí, mamá -respondió Santino con una sonrisa.- Todo salió bien.
La mujer levantó la mirada hacia Leo, con gratitud reflejada en sus ojos.
Gracias, Leo. Gracias por cuidar de mi hijo y permitirle ser parte de algo tan importante.
Leo asintió, conmovido.
Gracias a usted por permitirme hacer esto, por dejarme llevarlo. Santino tiene algo muy especial, algo que significa mucho para mí.
La madre de Santino sonrió cálidamente.
Ella sigue viva, de alguna manera, en él. Estoy segura de que Sara estaría orgullosa.
Leo respiró profundamente, buscando fuerzas para su siguiente petición.
¿Puedo… puedo escuchar su corazón una última vez?
La mujer asintió.
Por supuesto, Leo.
Santino se quedó quieto mientras Leo se inclinaba hacia él y colocaba su oído sobre su pecho. Cerró los ojos, dejando que el sonido rítmico y fuerte del corazón lo llenara. Cada latido era como una conexión con Sara, un recordatorio de su risa, de su espíritu, de la amistad que habían compartido.
Cuando se levantó, tenía los ojos llenos de lágrimas, pero su expresión era serena.
Gracias, Santino. Gracias por cuidar de su corazón.
Santino lo abrazó.
Ella siempre estará contigo, Leo.
Leo se despidió de ambos y salió del edificio. Mientras caminaba hacia el auto, sintió que finalmente había cerrado un capítulo doloroso de su vida. Aunque la ausencia de Sara seguiría doliendo, ahora tenía algo más: la certeza de que su mejor amiga seguía viva en el corazón de alguien que continuaría su legado.
Era el primer paso para sanar sus heridas, y por primera vez en mucho tiempo, Leo se permitió sonreír con sinceridad.
Cuando Leo llegó a casa
Fue recibido por sus padres Martín y Josefina además de Vero Manu y Dani
Que paso?-pregunto Manu
Logre sanar las heridas Álvaro escuchó el corazón de su hija el cual salvo la vida de un niño extraordinario escuchó el corazón de Sara y finalmente sano esas heridas y comprendió la verdad-dijo Leo
Me alegra que finalmente aceptara que eras inocente-dijo Manu abrazando a Leo como mejores amigos y los que conocieron a Sara su muerte les dejo más marcados a ambos pero más Leo al ser su mejor amigo y con quien tenía un mini "romance" infantil que era más que nada que todo el mundo sus compañeritos las maestras e incluso Manu los jodian los payaseaban con que iban a ser novios en el futuro Leo y Sara mejores amigos y futuramente pareja era lo que se decía en broma
Es que andaban siempre juntitos e incluso jugaban juntos-dijo Manu-Sara se encariño con esos bebés de juguetes y ambos jugaban al mamá y papá de esos bebés niños de 2 años hasta los 5 jugando a mamá y papá-dijo riendo
Los maestros, los compañeritos, incluso tú, Manu, nos molestaban diciendo que éramos como un par de tortolitos en miniatura.
Manu soltó una risa suave, recordando aquellos días.
Bueno, es que era obvio, Leo. Ustedes se miraban como si el resto del mundo no existiera.
Sí, pero era diferente… Sara era más que eso para mí. Ella era mi mejor amiga, mi cómplice, y aunque éramos solo unos niños, creo que realmente la amaba.
Verónica, que había estado escuchando en silencio, le puso una mano en el hombro.
Ella sabía eso, Leo. Y estoy segura de que, donde sea que esté, está orgullosa de todo lo que has hecho.
Leo asintió, sintiendo el calor de la amistad que lo rodeaba. Por primera vez en años, no sentía el peso de la culpa en su pecho. En su lugar, había una paz que no recordaba haber sentido antes.
Gracias, chicos. De verdad, gracias por estar siempre aquí. Leo miró a cada uno, conmovido.- Sara siempre será parte de mí, pero ahora sé que puedo seguir adelante.
Esa noche, mientras la casa se llenaba de risas y charlas entre amigos, Leo supo que había dado un paso importante para sanar completamente. Su vida seguía adelante, pero Sara siempre tendría un lugar especial en su corazón.
Mientras todos conversaban, Isa apareció gateando desde la sala. Su pequeña figura avanzaba con determinación, y sus ojos brillaban con una expresión clara: quería algo. Cuando llegó junto a Leo, tiró de su pantalón para llamar su atención.
¿Qué pasa, princesa? -preguntó Leo, agachándose para mirarla a los ojos.
Isa, con la seguridad de quien sabe que siempre consigue lo que quiere, alzó los bracitos hacia él y balbuceó con tono imperativo.
¡Leo! -exclamó, como si estuviera dándole una orden real.
Todos se rieron ante la escena.
Parece que su alteza real exige tu atención absoluta, hermano mayor -bromeó Dani.
Leo no pudo evitar sonreír.
Bueno, cuando la princesa llama, hay que obedecer. -La levantó con cuidado, y ella se acurrucó en sus brazos, tirando de su camisa como si reclamara su completa devoción.
Isa comenzó a balbucear palabras incomprensibles, señalando objetos y luego mirándolo como si estuviera explicándole algo muy importante. Leo asintió con seriedad.
Entendido, alteza. No te preocupes, soy todo tuyo.
Isa, satisfecha, le dio un pequeño golpecito en la mejilla y sonrió, feliz de haber logrado lo que quería.
Creo que alguien sabe muy bien cómo manejarte -dijo Verónica con una carcajada.
Por supuesto, ¿y quién puede resistirse a esta pequeña? -respondió Leo, abrazándola con ternura.
Isa, la princesa de la casa, había conseguido lo que quería: ser el centro de atención de su hermano mayor, aunque solo fuera por un rato.
Comentarios
Publicar un comentario