CAPITULO 85:
Al salir del baño, Leo se encontró con Verónica esperándolo justo fuera, con los brazos cruzados y una mirada claramente celosa.
¿Qué pasó ahí dentro, Leonardo? Vi salir a Carla con cara de tomate maduro -dijo Vero, arqueando una ceja.
Leo, acostumbrado a su lado celoso pero también divertido por ello, sonrió y levantó las manos en un gesto de rendición.
Tranquila, mi amor. Carla solo me confesó sus sentimientos, pero la rechacé de inmediato y dejé todo claro.
¿Seguro? -preguntó Vero, aunque sus ojos ya reflejaban alivio.
Más que seguro. Le dije que ya tengo novia, una novia guapa, inteligente y, aunque a veces un poco celosa, la más increíble del mundo. Y también le dejé claro que nadie me va a quitar a mi chica.
Vero no pudo evitar sonreír ante el cumplido, aunque intentó mantenerse seria.
¿Y qué más le dijiste?
Leo se acercó y tomó sus manos, mirándola con ternura.
Le hablé de lo que viví en la escuela anterior con Amelia, de cómo establecí límites porque sé lo importante que es el respeto en una relación. Pero sobre todo, le dejé claro que mi corazón es tuyo y de nadie más.
Verónica suspiró, dejando caer cualquier rastro de inseguridad. Luego, con una sonrisa traviesa, dijo:
Bien. Porque nadie, y digo nadie, me quita a mi guapo novio.
Leo rió y la abrazó, dejando un beso en su frente.
Lo sé, amor. Y tú tampoco te librarás de mí tan fácil.
Ambos rieron mientras caminaban juntos de regreso al aula, más unidos que nunca.
Mientras en la cárcel...
Oye tu escuincla-dijo una prisionera a Lorena-es increíble que a tu hijo mayor lo maltrates emocionalmente LE ASESINAS A SU MEJOR AMIGA y cuando lo secuestran en vez de preocuparte dices que quizás los abandono y ¿si a tu hijo lo hubieran asesinado en ese mundo oscuro de sicarios?no estarías diciendo que los abandono él no los abandono lo separaron de ustedes y en vez de buscarlo no movieron el culo para ver si estaba vivo o muerto y aun así al volver con ustedes que en mi opinión eso no debería haber pasado NUNCA ustedes le siguen con el maltrato al punto de ser egoístas y obligarlo a estar con una acosadora que lo perseguía al baño hasta en el cubículo y ¿qué debería mostrarle su parte íntima para que la pendeja se quede tranquila de que no había infidelidad?¿debia mostrar su privacidad para que lo dejara tranquilo en el cubiculo?ni en las duchas tendria paz si no fuera porque estaban los compañeros la pendeja lo habria acosado y espiado el como tu hijo se bañaba
Lorena finalmente alzó la mirada, con rabia contenida, pero la prisionera no se detuvo.
Tú no eres una madre, Lorena. Una madre protege, ama y cuida. Tú lo único que hiciste fue destruir a ese pobre muchacho. Él sobrevivió a pesar de ti, no gracias a ti. Deberías estar agradecida de que todavía tiene un poco de corazón para no terminar como tú.
El silencio cayó en la sala, y aunque Lorena no respondió, su rostro reflejaba la mezcla de vergüenza, impotencia y rabia que no podía ocultar. Las demás prisioneras, al escuchar la escena, comenzaron a murmurar, dejando claro que, al menos en ese lugar, Lorena no tendría paz.
A veces, el verdadero castigo no es la cárcel. Es saber que perdiste a tu hijo para siempre, y que es tu culpa.
En la cárcel de hombres, Saúl tampoco estaba pasando sus días con tranquilidad. Su compañero de celda, un hombre corpulento y rudo con cicatrices que contaban historias de violencia, lo tenía bajo su dominio. Para este hombre, Saúl no era más que un "puerquito", alguien que merecía cada golpe que recibía.
¿Te duele, Saúl? -dijo el compañero, sonriendo sin compasión mientras lo empujaba contra la pared de la celda.- Pues eso es nada comparado con lo que le hiciste sentir a tu hijo. ¿Cómo te sentirías si alguien te tratara como trataste a tu propio hijo?
Saúl intentó defenderse, pero antes de que pudiera decir algo, recibió un puñetazo en el estómago que lo hizo doblarse de dolor.
¿Te cuesta respirar? -dijo el hombre, burlándose. -Pues imagina cómo se sintió tu hijo cuando lo traicionaste una y otra vez. ¡Obligarlo a estar con una acosadora! ¡Ni siquiera buscarlo cuando lo secuestraron! ¿Qué clase de padre hace eso?HASTA LE PEGASTE LE PEGASTE Y LE CAUSAS UN MIEDO DE NO REGRESAR
Saúl, jadeando y con las manos en el abdomen, trató de incorporarse. Pero antes de que pudiera levantarse por completo, el hombre lo empujó al suelo.
Si crees que aquí te van a tratar bien, estás equivocado. Aquí las cosas se pagan, Saúl. Y tú, por lo que hiciste, mereces cada golpe que te dé. POR LO QUE TU HICISTE DE NO IMPORTARTE SI TU HIJO SE SUICIDABA TÚ DECIDISTE QUE ERA MAS IMPORTANTE EL ABSURDO DINERO QUE TU HIJO..QUE BUEN PADRE RESULTASTE PUERQUITO-dijo con sarcasmo-
El compañero de celda tomó la bandeja de comida de Saúl y, con un movimiento brusco, la lanzó al suelo.
Hoy tampoco cenas, puerquito. Aprende lo que es el dolor y el hambre. A lo mejor así entiendes un poquito lo que le hiciste a tu hijo. Aunque, siendo honesto, dudo que puedas entender algo con esa cabeza tuya.
El resto de los prisioneros observaba desde las celdas cercanas, pero ninguno intervenía. En el mundo de la cárcel, el pasado de cada uno dictaba su destino, y Saúl estaba pagando el precio de sus acciones con cada golpe y humillación.
Cuando Leo llegó a la sección de la cárcel donde se encontraba Lorena, notó que su madre biológica lucía abatida. Su rostro reflejaba un agotamiento emocional que Leo no había visto antes. Era evidente que las palabras de la prisionera la habían afectado profundamente.
Cuando lo vio, Lorena se levantó rápidamente y, sin decir nada, lo abrazó. Al principio, Leo permaneció rígido, pero luego cedió y permitió que lo abrazara. Aunque no podía olvidar todo el daño que ella le había causado, también sabía que, en algún momento, había sido una madre que lo amó.
Perdóname, Leonardo -dijo Lorena con la voz quebrada. -Todo lo que dijo esa mujer es cierto. Me cegaron el egoísmo y las prioridades equivocadas... Te fallé como madre, y no tengo excusas.
Leo suspiró y cerró los ojos, recordando los pocos momentos felices de su infancia. Pensó en cómo ella lo había cargado cuando era bebé, cómo lo había ayudado a dar sus primeros pasos, cómo lo había cuidado en sus noches de fiebre, y cómo había celebrado sus primeras palabras con lágrimas de alegría.
Tú me diste la vida, Lorena. Estuviste conmigo cuando era pequeño, cuando aún te importaba. No puedo olvidar el daño que me hiciste después, pero tampoco puedo ignorar que una vez fuiste una buena madre.
Lorena lloró aún más, aferrándose a Leo como si él fuera su único punto de salvación.
Te fallé, hijo... Te fallé cuando más me necesitabas. Me perdí en mi egoísmo, en mis errores, y nunca podré reparar lo que te hice.
Leo se apartó suavemente y la miró a los ojos.
No lo haces por mí, Lorena. Lo haces por ti misma. Porque aunque me diste la vida, los últimos años fuiste parte del dolor que casi la destruye. Aprende de esto. Cambia. Si no puedes ser una madre para mí, al menos hazlo para ti misma.
Lorena asintió, aunque seguía llorando. Por primera vez en mucho tiempo, sentía que Leo, aunque distante, le estaba dando una oportunidad de redimirse, aunque fuera para su propia paz interna.
Lorena lo miró a los ojos, con la esperanza rota pero con gratitud porque él no la rechazaba por completo.
Eras tan pequeño... eras tan curioso, tan adorable... siempre te trepabas a los muebles, me sacabas canas verdes con tus travesuras, pero eras mi hijo, mi primer bebé. Nunca olvidaré la primera vez que sonreíste, que caminaste, que dijiste "papá". Yo... yo te amé, Leo, pero me perdí. Perdí el rumbo, y en el proceso, te lastimé.Gracias por venir, Leonardo. Gracias por escucharme -dijo Lorena con un hilo de voz.
Te di una oportunidad para hablar, porque me diste la vida. Pero, mamá, lo que pase de aquí en adelante depende de ti. Si algún día quieres recuperar algo de lo que perdimos, empieza por cambiar. No lo hagas por mí; hazlo por ti misma.
Leo permaneció en silencio por un momento, sintiendo el temblor en los brazos de su madre biológica. Finalmente, habló con una voz serena pero firme:
Sabes, mamá... siempre me pregunté por que cambiaste tanto. ¿Qué pasó con la mujer que solía cantar para mí cuando me dormía, que celebraba mis logros como si fueran suyos?. Y ahora entiendo que todo ese amor no desapareció. Simplemente te perdiste en el camino.
Lorena lloraba más fuerte, su rostro hundido en el pecho de Leo.
Fui débil, Leonardo. Dejé que mis miedos, mi egoísmo y las expectativas me dominaran. Pero no hay un solo día en esta cárcel que no me arrepienta de todo lo que te hice pasar.
Leo la sostuvo por los hombros y la apartó suavemente, mirándola a los ojos.
Te perdono, mamá. No porque te lo merezcas, sino porque necesito dejar este peso atrás. Pero también espero que uses este tiempo para reflexionar y cambiar. No puedes arreglar el pasado, pero tal vez aún puedas hacer algo por el futuro, por ti misma.
Lorena asintió, con las lágrimas cayendo libremente por su rostro.
Gracias, hijo. Gracias por ser más fuerte de lo que yo jamás fui.
Leo respiró hondo y le dio un último abrazo, sintiendo que, aunque las heridas no se borrarían, tal vez había logrado algo de cierre para ambos.
Leo se levantó y se dirigió hacia la salida. Antes de irse, giró la cabeza por última vez y, con un tono sereno pero firme, dijo:
Haz algo bueno con lo que te queda, Lorena. Porque esta es la última vez que vengo a verte.
Y con esas palabras, Leo salió, dejando atrás a la mujer que le dio la vida, pero también al fantasma de su pasado, cerrando un capítulo que llevaba abierto durante demasiado tiempo...
Comentarios
Publicar un comentario