CAPITULO 86:
Al salir de la cárcel se encuentra a Uriel
Vaya muchacho ahora veo el porque mi hija se intereso en ti eres lo que llamo ella "un chico malo" saliendo de la cárcel como un "bad boy"-dijo Uriel
Señor Romero usted debería estar en la cárcel oficiales un fugitivo-grito Leonardo
Los oficiales salieron y arrestaron al señor Romero y lo llevaron a la cárcel
Le diré algo señor su hija se enamoro en eso no tengo problema mi problema es qie ella no sabe aceptar el NO me acosó persiguió e incluso persiguió al baño al punto que quería ver mi parte ¿debía mostrársela para que vea que no "la engañaba"-dijo Leo-usted escapó en prisión y el otro día al verlo denuncie su escape de la cárcel y hoy volvió a la cárcel pasará más años ahí dentro por escape
Al llegar a casa, Leo fue recibido por un pequeño tirón de su pantalón. Miró hacia abajo y vio a su hermana pequeña, Isa, que lo miraba con esos ojitos llenos de expectación, estirando su manita para llamar su atención. Leo sonrió al instante y se agachó a su altura.
¿Qué pasa, princesa? -preguntó, acariciándole la cabeza mientras se inclinaba hacia ella.
Isa, como toda una niña decidida, señaló su rostro y luego su cuerpo, diciendo con su vocecita tierna:
Baño, Leo, baño.
Leo no pudo evitar reír ante lo adorable que se veía. Isa ya no era la bebé que era antes; ahora tenía unos dientitos de leche que comenzaban a asomarse tímidamente en su sonrisa. Sus primeros dientes de verdad. Leo los observó con cariño y orgullo, como si fuera el logro más grande del mundo.
¿Quieres que te prepare un baño, princesita? -le preguntó, con una sonrisa más grande que nunca.
Isa asintió rápidamente, feliz y emocionada. Leo la levantó en brazos con facilidad y la llevó al baño. Mientras preparaba el agua para el baño, pensó en lo rápido que pasaba el tiempo. Isa ya era una niña con personalidad propia, y Leo sentía que todo lo que había vivido con ella, desde ser su protector hasta ahora ser el hermano que le concede todos sus deseos, le daba fuerza para seguir adelante.
Después de darle a Isa su bañito, Leo se quedó allí, cuidando de ella mientras jugaba con el agua, charlando sobre tonterías y riendo con su risa contagiante. Era el tipo de momentos que más atesoraba, pues aunque su vida tuviera sus altibajos, su hermana pequeña siempre era una razón para sonreír.
Leo estaba sentado en el sillón, acunando a Isa con cuidado mientras la mecía suavemente. La pequeña poco a poco fue cerrando los ojos, hasta quedar profundamente dormida en los brazos de su hermano mayor. Leo, sin moverse demasiado, observaba su rostro tranquilo y lleno de paz, sintiendo esa conexión especial que tenía con su hermana menor.
Justo en ese momento, Josefina y Martín entraron al salón. Al ver la escena, ambos se detuvieron, sin saber si acercarse o no. La imagen era tan tierna que dudaron si interrumpirla.
Mírala, Martín... -susurró Josefina con una sonrisa en los labios. -Parece un angelito en brazos de su hermano.
No sé si deberíamos llevarla a su cuna o dejarla con él -respondió Martín, también en voz baja. -Se ve tan cómodo con ella.
Ambos se quedaron de pie un momento, contemplando la escena.
Josefina sabía que Leo había desarrollado un lazo muy fuerte con Isa, y ese tipo de momentos eran algo que no quería interrumpir.
Finalmente, Josefina se inclinó hacia Martín. -Dejémoslos. Él la llevará a su cuna cuando se despierte o cuando ya no aguante más.
Josefina asintió, aunque todavía dudaba. Pero no quiero que él se incomode o se despierte con dolor en el cuello.
Martín sonrió y la tranquilizó:
Es Leo, sabes cómo es. Haría lo que sea por Isa, incluso dormir incómodo si eso significa que ella esté tranquila.
Con cuidado, Josefina tomó una manta ligera y se la acercó a Martín. Él se la colocó a Leo e Isa para asegurarse de que ambos estuvieran abrigados, mientras Josefina les daba un beso suave en la frente a cada uno. Ambos salieron del salón en silencio, dejando que sus hijos compartieran ese momento único de amor y calma.
Vamos Leo es un hermano mayor increíble y aunque no es nuestro hijo biológico yo hubiera deseado que fuera así como nuestro Leo-dijo Josefina-
Martín asintió y, con pasos ligeros, ambos salieron de la habitación, dejando que los hermanos disfrutaran de ese momento especial. Leo, aunque sabía que sus padres estaban allí, no se inmutó. Sus ojos estaban fijos en Isa, pensando que, por muy complicado que hubiera sido su vida en el pasado, momentos como ese hacían que todo valiera la pena.
El domingo, con el sol brillando y un cielo despejado, Leo decidió aprovechar el hermoso día para llevar a Isabela al parque. Por coincidencia, Verónica también estaba cuidando a su primito Bautista, de un año, así que los cuatro salieron juntos.
En el parque, Isa y Bauti se divirtieron explorando el área de juegos para niños pequeños. Isa, con su energía y curiosidad, intentaba subir al tobogán mientras Bauti la seguía gateando, soltando pequeñas risitas. Entre risas y juegos, los dos parecían disfrutar al maximo de la tarde.
Mientras tanto, Leo y Vero estaban sentados en una banca cercana, con un helado que compartían entre risas y conversaciones. Vero lo miró con una sonrisa juguetona.
¿Quién diría que serías tan bueno cuidando niños? -le dijo mientras le daba una cucharada de helado.
Leo se encogió de hombros, devolviéndole la sonrisa.
Es fácil cuando son ellos -respondió, señalando a Isa y Bauti.- No son tan complicados como algunos adultos.
Verónica rió y le dio un pequeño codazo. Tienes razón. Aunque admito que te ves adorable cuando estás en modo hermano mayor.
Leo bajó la mirada, un poco sonrojado, pero respondió con confianza: -Y tú no te quedas atrás siendo prima. Mira a Bauti, está feliz contigo.
Mientras hablaban, Isa corrió hacia ellos con una hoja enorme que había encontrado.
¡Leo, mira! -exclamó emocionada, mostrándole su "tesoro". Bautista no tardó en seguirla gateando, cargando una piedrecita que había recogido.
¡Wow, Isa, es genial! -dijo Leo, fingiendo admiración por la hoja. Luego miró a Bauti.- ¿Y tú qué tienes, campeón?
Bauti solo rió y levantó su piedra como si fuera un gran hallazgo. Vero y Leo no pudieron evitar reírse, disfrutando del momento. Fue un día lleno de alegría, amor y la simple felicidad de compartir tiempo con los más pequeños.
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