CAPITULO 9:

 Leo estaba sentado en su lugar, afinando la guitarra que el profesor Carlos Romera le había asignado para la práctica del día. Música era una de las pocas materias donde Leo se sentía realmente tranquilo, ya que el profesor Romera siempre mostraba comprensión y fomentaba la creatividad de sus alumnos, sin juzgarlos.

De repente, la puerta del salón se abrió de golpe. Todos los estudiantes voltearon hacia la entrada, y el ambiente cambió en un instante cuando vieron a Lorena, la madre biológica de Leo, entrar con pasos firmes y el rostro cargado de enojo. Sin pedir permiso ni saludar al profesor, caminó directamente hacia Leo, ignorando por completo a los demás.

Leonardo Gómez Padilla, ¿qué demonios te pasa?-dijo Lorena, con una voz que resonó en todo el salón.

El rostro de Leo palideció al instante. Sabía que no sería algo bueno, y la vergüenza comenzó a invadirlo al notar las miradas curiosas de sus compañeros.

Lorena ¿qué haces aquí? Estoy en clase... -respondió, con un tono bajo pero lleno de tensión.

¿Clase?-replicó Lorena, cruzándose de brazos.-¿Te parece normal lo que hiciste? Tirar a una profesora por las escaleras y meterte a golpear a un compañero. ¡¿Qué clase de comportamiento es ese?!

El profesor Romera, incómodo por la situación, intentó intervenir con calma.

Señora, entiendo que pueda estar molesta, pero este no es el lugar para discutir estas cosas. Estamos en una clase, y sería mejor hablarlo en privado después.

Con todo respeto, profesor, esto no es asunto suyo -replicó Lorena con brusquedad, sin siquiera mirarlo. -Este muchacho tiene que aprender que sus acciones tienen consecuencias, y no voy a esperar a después para decírselo.

Los murmullos comenzaron a extenderse entre los estudiantes. Leo apretó los puños, luchando por mantener la calma, pero la humillación era demasiado.
¿De verdad tenías que venir aquí?-preguntó Leo, levantándose de su asiento con los ojos llenos de rabia contenida.- ¿Delante de todos?¿No podías esperar a que llegara a casa?en verdad sos idiota en verdad eres una tarada
No, no podía esperar -respondió Lorena con firmeza.-Parece que no entiendes lo que significa respeto, así que lo aprenderás aquí y ahora.-le pegan cachetada-
El profesor Romera intentó calmar a Leo, poniendo una mano en su hombro.
Leo, respira. No dejes que esto te saque de tus casillas.
Pero Leo ya estaba al límite. Miró a su "madre" con una mezcla de dolor y furia.
¿Respeto?¿Hablas de respeto?¿Dónde está el tuyo, Lorena?¿Alguna vez te importó cómo me siento? Solo te preocupas por ti misma y por cómo te hago "quedar mal"pero nunca te detienes a pensar en mí.-dijo Leo-
El salón quedó en silencio absoluto. Lorena, sorprendida por las palabras de su hijo, no supo que responder de inmediato. El profesor Romera, viendo que la situación se salía de control, habló con firmeza.
Señora, creo que es mejor que salgamos al pasillo para hablar de esto. La clase no es el lugar adecuado para resolver problemas familiares.
Lorena, sin decir nada más, respiró hondoy salió del salón, pero no antes de lanzarle a Leo una última mirada de desaprobación. El profesor le dio una señal a Leo para que lo acompañara al pasillo.
Leo, ve y habla con tu madre. Yo me aseguraré de que la clase siga tranquila -le dijo Romera, con empatía en la voz.
Leo suspiró profundamente, recogió sus cosas y salió del salón. Afuera, Lorena lo esperaba con los brazos cruzados y una expresión que mezclaba enojo y frustración.
Leo salió al pasillo, cerrando la puerta detrás de él. La tensión en el aire era palpable. Lorena lo miró con el ceño fruncido, mientras él evitaba su mirada, sintiendo una mezcla de enojo y resignación.
No entiendo, Leo -comenzó Lorena, con un tono más bajo, aunque seguía cargado de reproche. -¿Qué tienes en la cabeza?¿Cómo se te ocurre lanzar a una profesora por las escaleras?¿Y luego meterte en una pelea? No te crié para esto.
Leo soltó una risa sarcástica y finalmente la miró, sus ojos reflejando todo el dolor que llevaba dentro.
¿Criarme?¿De verdad tienes el descaro de decir que me criaste? -dijo, con una voz que temblaba entre ira y tristeza.- Nunca te importé. Nunca. Y ahora vienes aquí a humillarme frente a todos, como si yo fuera el único problema.
Lorena pareció sorprendida por sus palabras, pero se recuperó rápido.
¡No me hables así! Soy tu madre, y te exijo respeto.
Leo dio un paso hacia adelante, su voz más fuerte y firme.
¿Respeto?¿Quieres respeto? Entonces empieza por respetarme tú. Sofía me obliga a leer en voz alta sabiendo que tengo dislexia. Me humilla frente a todos, me hace sentir como si fuera un tonto. Y tú, en lugar de escucharme, vienes aquí a regañarme sin siquiera entender lo que pasó.
Lorena lo miró, confundida.
¿Qué tiene que ver Sofía? Tú fuiste el que...
¡Ella me empujó al límite! -interrumpió Leo, con los ojos llenos de lágrimas que se negaba a dejar caer. -Se burló de mi dislexia. Me hizo quedar en ridículo frente a toda la clase. ¿Y David?¿Sabías que estaba golpeando a Verónica?¿Sabías eso, Lorena?
Lorena abrió la boca para responder, pero Leo no le dio oportunidad.
No, claro que no. Porque nunca te importa el porque. Solo te importa el cómo me haces quedar. Estoy cansado, Lorena. Cansado de que nunca me veas. Cansado de ser el problema en lugar de tu hijo.
Por primera vez, Lorena pareció dudar. Su expresión se suavizó por un instante, pero rápidamente volvió a endurecerse.
Eso no justifica lo que hiciste, Leo. No importa lo que te hayan hecho, no puedes ir por ahí actuando de esa manera. Tienes que aprender a controlarte.
Leo dio un paso atrás, dejando escapar un suspiro tembloroso.
Claro. Es más fácil decirlo que hacerlo, ¿verdad? Pero tú no entiendes. Nunca has intentado entender.
Lorena lo miró horrorizada, el color desapareciendo de su rostro al escuchar las palabras de Leo. Su hijo, su propio hijo, hablaba de asesinato como si fuera algo cotidiano, y ella no sabía cómo responder. Leo, en cambio, parecía al borde del colapso, su voz temblaba entre rabia y desesperación.
¿Eso es lo que querías oír, Lorena? -continuó Leo, mirándola directamente a los ojos.-¿Eso es lo que querías saber? Que durante cuatro años fui un puto sicario. Que la única forma que conozco para enfrentar el dolor, el abuso, es con violencia. ¿O acaso pensaste que iba a salir de todo eso sin cicatrices?
Lorena dio un paso hacia atrás, como si las palabras de Leo fueran golpes físicos.
Leo...- murmuró, su voz apenas un susurro.- No digas eso. No puedes hablar así.
¿Porqué no?-respondió él, alzando la voz-¿Porque te hace sentir incómoda?¿Porque no encaja con la imagen de "tu hijo perfecto"? Pues adivina que: no soy perfecto. Soy un desastre. Estoy roto. Y Carmen y Sofía...-Leo apretó los puños, cerrando los ojos un momento para contener las lágrimas. -Te juro que estoy al límite, Lorena. Estoy al límite de querer matarlas. De querer ponerle fin a su odio, a su burla, a su desprecio.
La Directora, que había escuchado parte de la conversación desde la puerta de su oficina, se acercó con expresión grave pero controlada.
Leonardo, cálmate. Nadie va a resolver nada si seguimos en este tono.
Leo soltó una risa amarga, mirando a la Directora.
¿Calmarme? Llevo años tratando de calmarme. Pero nadie me escucha. Nadie me ayuda. Y ustedes, los adultos, solo aparecen cuando algo explota, nunca antes.
Lorena intentó acercarse a él, su voz mostrando un poco de ternura mezclada con temor.
Leo, hijo...tienes que hablar con alguien. Esto no es normal. No puedes seguir así.
¿Hablar?-replicó él con amargura.-Ya no sé si quiero hablar, mamá. Porque cada vez que lo hago, me ignoran. Tú, Saúl, los maestros. Y ahora quieren que yo sea el problema, otra vez. Estoy harto.
La Directora se acerco con calma
Leonardo, lo que necesitas no es castigo, sino ayuda. Vamos a trabajar juntos para encontrar una solución. Pero prométeme algo: nada de violencia. No más.
Leo respiró hondo, sus hombros tensos, y finalmente asintió con lentitud.
No prometo nada, pero... lo intentaré.-dijo-pero quiero que tu y papá entiendan algo yo no soy el mismo Leo que criaste al que viste nacer ahora soy un chico marcado por el dolor emocional y eso tu y Saúl son los culpables 

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