CAPITULO 91:

 Cuando se quedaron solos, Verónica suspiró aliviada y abrazó a sus padres.

Gracias por apoyarme, de verdad -dijo con voz entrecortada.

Siempre vamos a estar de tu lado, hija -respondió Angélica, acariciándole el cabello. -Y mientras Leo te haga feliz, tendrá nuestro apoyo también.

Leo dejó escapar un suspiro profundo mientras Verónica terminaba de acomodar a Isa en sus brazos. La pequeña había dejado de llorar y ahora se acurrucaba tranquila contra el pecho de Vero.

Gracias, Vero, no sé que haría sin ti -dijo Leo, con una mezcla de alivio y gratitud.

Siempre puedes contar conmigo, Leo, tú y esta pequeña terremoto -respondió ella con una sonrisa cálida mientras acariciaba la cabeza de Isa.

Teodoro, observando la escena, se cruzó de brazos y miró a Leo con seriedad, aunque sin la dureza de antes.

Escucha, muchacho, no puedo decir que lo que nos contaste no sea impactante, porque lo es. Pero lo que veo ahora es a un joven que, a pesar de todo, se esfuerza por ser mejor. Y si mi hija cree en ti, entonces yo también lo haré dijo con firmeza.- Pero te lo advierto, Leo, si alguna vez la lastimas...

No tiene que preocuparse por eso, señor Teo- interrumpió Leo, mirándolo directamente a los ojos.- Amo a Verónica más de lo que puedo expresar, y haría lo que fuera por protegerla y hacerla feliz. Ella me salvó de muchas maneras.

Angélica sonrió suavemente, observando la sinceridad en las palabras de Leo. Se acercó a él y colocó una mano en su hombro.

Leo, no necesitas justificarte más. Verónica te conoce, y nosotros confiamos en ella. Y si necesitas ayuda con Isa o cualquier cosa, sabes que puedes contar con nosotros.

Leo asintió, claramente emocionado, pero antes de que pudiera responder, Isa dejó escapar un pequeño balbuceo que hizo reír a todos.

Creo que Isa está de acuerdo -bromeó Verónica, mirándolos a todos.

El ambiente en la casa se relajó notablemente, y mientras Verónica comenzaba a preparar las cosas para llevar a Isa al pediatra, Leo sintió por primera vez en mucho tiempo que, a pesar de su complicado pasado, había encontrado un verdadero hogar entre ellos.

Isa, Leo y Vero llegaron a la clínica rápidamente y se dirigieron a la sala de emergencias. Mientras esperaban su turno, Isa, aún algo incómoda, descansaba en los brazos de Leo, quien intentaba calmarla hablándole suavemente. Verónica, atenta a todo, aseguraba que nada les faltara.

Cuando el Doctor finalmente los llamó, les recibió con una sonrisa cálida.

¡Qué niña tan hermosa! -dijo mientras revisaba a Isa con cuidado. -Parece que tienes una pequeña guerrera aquí.

Una enfermera que ayudaba al Doctor dijo:

Qué niña tan hermosa!. Tiene unos ojitos muy expresivos, incluso estando mediadormida -comentó, haciendo sonreír ligeramente a Verónica y Leo.

Después de examinarla, el médico confirmó lo que Verónica había sospechado.

Sí, tiene una infección urinaria, pero no es grave. Con el tratamiento adecuado, se recuperará rápidamente. Le voy a recetar un antibiótico. Es en pastillas, pero pueden molerlas y disolverlas en agua o en su biberón para que sea más fácil de administrar.

El doctor les explicó la dosis exacta y las horas a las que debían darle el medicamento. También les aconsejó que mantuvieran a Isa bien hidratada y que regresaran si notaban algo fuera de lo normal.

Gracias, doctor -dijo Leo, claramente aliviado.- Haré todo lo que sea necesario para que se sienta mejor.

No tengo dudas de eso. Eres un buen hermano mayor -comentó el Doctor con una sonrisa, mientras escribía la receta.

Verónica, sosteniendo la mano de Isa, añadió:

Vamos a cuidar de ella juntos, no se preocupe.

El médico asintió, satisfecho con la actitud de ambos, y les deseó lo mejor antes de despedirlos.

De camino a casa, Leo compró el medicamento en la farmacia.Mientras esperaban su turno, Verónica compró un pequeño juguete de peluche en la tienda cercana para Isa.

Mira, Isa. Esto es para ti -dijo Vero, mostrándole el peluche de un osito blanco.

La niña extendió su manita hacia el osito y sonrió levemente, lo que hizo que el corazón de Leo se llenara de alivio.

Gracias, Vero. Realmente no sé que haría sin ti -murmuró Leo mientras la abrazaba con Isa entre ambos.

Siempre estaré aquí para ti, Leo. Y para Isa también -respondió Verónica con calidez.

 Apenas llegaron, prepararon la dosis para Isa. Aunque al principio la niña no parecía muy contenta con el sabor, Verónica logró que tomara el medicamento al mezclarlo con un poco de jugo.

Listo, Isa. Ahora vas a sentirte mejor muy pronto -dijo Verónica, acariciando su cabello.

Leo la miró con gratitud.

No sé que haría sin ti, Vero. Gracias por todo.

Siempre estaré aquí para ti, Leo. Para los dos -respondió ella con una sonrisa, abrazándolos a ambos.


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