CAPITULO 92:
Finalmente Isa tomó el medicamento y se durmió ya que su hermano mayor y su novia la consintieron jugando con ella mirando sus programas e incluso de lo que Isabela se ha hecho fan en el último tiempo los autos o como ella decía bumbum por el sonido del motor
Aunque el médico había asegurado que la infección urinaria no era grave, ellos querían asegurarse de que la pequeña estuviera lo más tranquila y feliz posible.Con algo de esfuerzo, lograron que Isa tomara el medicamento que le habían recetado. Vero, con paciencia infinita, trituró la pastilla y la mezcló con un poco de agua en su biberón. Al principio, la niña frunció el ceño por el sabor amargo, pero con palabras suaves y gestos cariñosos, finalmente terminó todo el contenido.
Muy bien, Isa. ¡Eres toda una campeona! -dijo Vero, dándole un beso en la frente.
Leo, al verla relajarse un poco, sonrió aliviado.
¿Qué te parece si jugamos un rato, peque? -preguntó, levantándola en brazos mientras ella reía suavemente.
Durante la siguiente hora, ambos se dedicaron a consentirla. Primero jugaron con sus muñecos favoritos, luego miraron juntos algunos de sus programas de dibujos animados preferidos. Isa se animó un poco más cuando vio que estaban poniendo episodios sobre vehículos. Últimamente, había desarrollado una fascinación especial por los autos, o como ella los llamaba, "bumbum", imitando el sonido del motor.
¿Quieres que pongamos más "bumbum"? -preguntó Leo, divertido, mientras buscaba videos de autos en su celular.
Isa aplaudió emocionada, señalando la pantalla con su dedo pequeño.
¡Bumbum!
Vero rió, encantada con la reacción de la niña.
Es una fanática de los autos. ¿Te imaginas si de grande quiere ser piloto o mecánica?
Leo la miró mientras Isa seguía completamente hipnotizada con las imágenes en la pantalla.
Si quiere serlo, la vamos a apoyar en todo -dijo con una sonrisa.
Después de un rato, Isa comenzó a bostezar. Era evidente que el cansancio y el medicamento comenzaban a hacer efecto. Vero la cargó mientras Leo preparaba su cuna.
Ya es hora de dormir, peque. Mañana será un día mejor -susurró Vero mientras acunaba a Isa.
Finalmente, la pequeña se quedó dormida profundamente. Leo y Vero se quedaron un momento junto a su cuna, observándola con ternura.
Lo hicimos bien hoy, ¿no crees? -preguntó Leo, dejando escapar un suspiro de alivio.
Vero sonrió y le tomó la mano.
Sí, lo hiciste muy bien, Leo. Isa tiene suerte de tenerte como hermano mayor.
Leo bajó la mirada, un poco emocionado, y luego susurró:
Creo que soy yo quien tiene suerte de tenerla a ella... y a ti también.
La noche terminó tranquila, con Isa descansando plácidamente y con Leo y Vero sintiéndose más unidos que nunca después de un día agotador, pero lleno de amor.
Verónica finalmente se fue a su casa y Leo se quedó solo en casa
Se hizo la cena
Y luego se fue a dormir
Mientras dormían Leo e Isabela
Llegaron Josefina y Martín los cuales habían ido a una cena con amigos
Josefina junto el plato que Leo había dejado en la sala junto al biberón de Isa los puso en el fregadero y fue a los cuartos de sus hijos
Subió las escaleras al segundo piso primero fue al de Isa
La niña dormía profundamente con su chupete su osito y su manta favorita
Luego fue al cuarto del mayor
El cual estaba dormido profundamente
Josefina le dio un beso en la frente y apago la luz dejando que durmiera
Eres un hermano mayor increíble hijo-dijo en susurros y salió del cuarto-
El amor en sus palabras era claro, un reflejo de la admiración que sentía por la fortaleza y dedicación que Leo tenía con su hermana.
Mientras cerraba la puerta detrás de ella, una sensación de paz llenó la casa. Los tres, aunque con historias y caminos diferentes, compartían ahora el mismo techo, y cada día parecía fortalecer más los lazos que los unían. Con todo lo vivido, Leo había aprendido a ser protector, amoroso y, sobre todo, alguien que se entregaba por los demás. Josefina y Martín sabían que su hijo era más que capaz de cuidar y querer a Isa como si fuera su propia hija.
Y así, la noche continuó, tranquila y llena de amor, mientras todos descansaban, preparando el terreno para un nuevo día.
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