CAPITULO 94:

 Al Día siguiente 

En la escuela privada 

Mientras Leo llegaba con la carriola de Isa 

Sus amigos Manuel y Danielle junto a su novia Verónica se acercaron 

Leo los calmo diciendo que como él debía venir a la escuela y sus padres estarían afuera hasta la noche y no habían conseguido niñera se trajo a Isabela 

Antes de entrar al salón 

¡Leo! ¿Y esa pequeña? -preguntó Danielle mostrando una expresión de sorpresa.

Leo simplemente levantó una mano en un gesto tranquilo, como si ya estuviera acostumbrado a la sorpresa de los demás.

Mis padres están fuera todo el día, y no pudimos conseguir niñera, así que me traje a Isa. -Leo intentó restarle importancia al asunto, mientras ajustaba la carriola y sonreía levemente, tratando de hacer que todo pareciera normal.

Verónica, siempre preocupada por Leo, frunció el ceño y lo miró con una mezcla de curiosidad y compasión.

¿Estás seguro de que está bien traerla aquí? -preguntó con suavidad.

Leo asintió con firmeza.

Sí, Vero. No es tan complicado. Ya me he acostumbrado. Además, no la dejaría sola en casa. Además Nicholas se ofreció a cuidarla pero tenía un examen hoy entonces le dije que vaya al examen termine su día y que de última la venga a buscar y en esos 15 minutos de espera la lleve a la plaza

Manuel, notando que la situación no era tan simple como parecía, caminó junto a Leo y le dio una palmadita en el hombro.

Sabes que no tienes que cargar con todo esto solo, ¿verdad? Si necesitas ayuda, lo que sea, aquí estamos.

Leo lo miró con una mirada agradecida, aunque no lo mostró completamente. Su orgullo y su temor a cargar con el peso de la responsabilidad de manera abierta eran más grandes que cualquier ayuda.

Gracias, Manu, pero en serio, no es para tanto.

Antes de que la conversación pudiera continuar, Leo asintió hacia la entrada del edificio y, con un breve vistazo a Isa, que jugaba tranquilamente con un juguete en la carriola, les dijo.

Voy a la oficina de la Directora para explicarle la situación, solo un momento.

Sus amigos se despidieron con un gesto amistoso y Leo se dirigió hacia la oficina de la Directora, Lucrecia Vanderbille, una mujer estricta y con una mirada que podía parecer dura, pero que al mismo tiempo comprendía las situaciones que a veces escapaban al control.

Al llegar a la puerta de la oficina, Leo tocó ligeramente, antes de entrar. Lucrecia estaba ocupada revisando algunos papeles, pero levantó la vista al escuchar el golpe suave.

Ah, Leo. ¿Cómo estás?-saludó la Directora con una expresión neutral, aunque le dio un ligero asentimiento de bienvenida.

Leo respiró hondo, se acercó al escritorio y, sin mucha preámbulo, explicó la situación con Isa.

Directora, mis padres están fuera todo el día y no logramos conseguir niñera. Como no quería dejar a Isa sola en casa, decidí traerla conmigo. Sé que no es lo ideal, pero prometo que no causará problemas.

Lucrecia observó a Leo en silencio durante unos segundos, evaluando la situación. No era la primera vez que veía a Leo enfrentarse a responsabilidades más allá de las que correspondían a su edad, y de alguna forma, eso le despertaba una mezcla de respeto y preocupación.

Leo, entiendo tu situación, pero sabes que no es lo habitual traer a un niño pequeño a la escuela... Sin embargo, haré una excepción hoy, solo esta vez, para que puedas concentrarte en tus clases. Si en algún momento se vuelve difícil o hay inconvenientes, avísame de inmediato.

Leo asintió, aliviado de que no hubiera mayores complicaciones.

Gracias, Directora. Lo prometo, no causará problemas.

Después de obtener la autorización de la Directora, Leo se dirigió hacia su salón. Isa seguía jugando tranquilamente en la carriola, ajena a la incomodidad que a veces sentía Leo por su presencia en un lugar que no era el adecuado para un niño tan pequeño.

Mientras se acomodaba en su lugar, con Isa a su lado, Leo se dio cuenta de que las cosas estaban cambiando lentamente, aunque no del todo. Estaba empezando a aceptar la idea de que no tenía que ser perfecto en todo, ni cargar con el peso de su mundo él solo. Y aunque esa sensación de soledad nunca desaparecería por completo, había algo reconfortante en saber que, al menos por ahora, tenía el apoyo de sus amigos.

Durante el recreo, Leo aprovechó el momento para salir con Isa al patio. Empujó la carriola hacia un rincón más tranquilo donde pudiera atenderla con calma. Isa, siempre curiosa y activa, no dejaba de observar todo a su alrededor, señalando con su dedito cualquier cosa que llamara su atención.

Leo sacó todo lo necesario para cambiarle el pañal. Aunque Isa había mostrado señales de querer dejarlo, todavía no era el momento, y Leo prefería evitar accidentes en la escuela. Trabajó rápido y eficientemente, algo que se había convertido en rutina para él. Mientras lo hacía, Isa comenzó a juguetear con un mechón de su cabello, envolviéndolo en sus pequeños dedos y llevándolo a su boca.

¡Isa! -exclamó Leo con suavidad, apartando su cabello de sus manitas. -El cabello no es comida.

Isa lo miró con una sonrisa traviesa, como si entendiera perfectamente pero decidiera ignorarlo. Leo suspiró y le dio un pequeño juguete para distraerla mientras terminaba de acomodarla.

Después de asegurarse de que estaba cómoda, llevó la carriola hacia el kiosco de la escuela y compró algo ligero para comer. Tomó una botella de agua y un paquete de galletas, sabiendo que Isa también querría algo. Se sentó en una banca cercana, colocando a Isa en su regazo mientras le ofrecía un pedacito de galleta.

Toma, Isa. Esto sí es para comer, no mi cabello. -Le dijo con una sonrisa mientras ella tomaba la galleta con entusiasmo.

Mientras Isa masticaba felizmente, Leo miró alrededor, notando a otros estudiantes jugando y riendo en el patio. Por un momento, sintió el contraste entre su vida y la de los demás chicos de su edad. Pero en lugar de sentirse abrumado, simplemente aceptó su realidad.

Isa volvió a intentar alcanzar su cabello, pero esta vez Leo estaba preparado.

¡Isa, no! -dijo con firmeza pero con una sonrisa. Luego le hizo cosquillas en el estómago, provocando una risita contagiosa que iluminó el momento.

En ese instante, a pesar de las responsabilidades y los desafíos, Leo sintió una pequeña chispa de felicidad. Isa podía ser traviesa, pero su risa y su compañía le recordaban que, aunque el mundo fuera complicado, todavía había momentos simples que valían la pena.

En ese momento, Verónica se acercó con una sonrisa juguetona. Sin previo aviso, se inclinó y le dio un suave beso a Leo en los labios.

Leo, que estaba concentrado en Isa, parpadeó sorprendido, pero no pudo evitar sonreír.

¿Y eso? -murmuró con una sonrisa mientras seguía sosteniendo la botella para Isa.

Antes de que Verónica pudiera responder, un sonido inesperado interrumpió el momento.

 Isa soltó un pequeño sonido de protesta, una mezcla entre un puchero y una queja, mientras golpeaba ligeramente con sus manitas la pierna de Leo.

¡Celos! -exclamó Isa, inflando sus pequeñas mejillas y frunciendo el ceño en una expresión que mezclaba diversión y "indignación".

Verónica se rió suavemente, llevándose una mano a la boca para disimular, mientras Leo soltaba una carcajada.

¿Celos, Isa? -dijo Leo, alzándola con cuidado y plantándole un beso en la frente.- No te preocupes, tú eres mi pequeña consentida.

Isa, sin embargo, no parecía convencida y se cruzó de brazos, girando la carita con una exageración adorable que hizo que tanto Leo como Verónica se rieran aún más.

Creo que tienes competencia -bromeó Verónica, mirando a Isa con ternura.

Leo asintió, fingiendo un suspiro dramático.

Sí, creo que mi hermana menor acaba de declararte la guerra.

El pequeño momento trajo un alivio a la rutina pesada de Leo. Aunque Isa era una niña, su energía y expresiones siempre lograban hacer que todo pareciera un poco más ligero, incluso en los días más complicados.

Un poco antes de volver a clase

Leo se quedó con Isa paseando que se agotara lo más posible 

Isa caminaba con Leo detrás 

La Directora que volvía del piso de jardín sonrió al ver a Leo con su hermanita y fue a hablarle 

Leo-dijo ella

Directora ya me voy al salón estoy haciendo que la terremoto se canse lo más posible le avise al profesor que estaré afuera-dijo Leo 

Te venía a decir que hable con la Directora del jardín y aceptó tenerla en la sala de 1 y 2 años para que puedas concentrarte

Leo frunció el ceño ligeramente, sorprendido por la propuesta.

¿En serio? -preguntó, mirando brevemente a Isa, que ahora intentaba perseguir una mariposa imaginaria. -¿Puedo ir a buscarla al almuerzo?

La Directora asintió 

 Puedes ir a buscarla al momento del almuerzo o en todo caso una hora antes de que acaben las clases

Pequeña terremoto no vayas hacia ese salon-dijo Leo-

La Directora soltó una ligera risa ante el apodo cariñoso de "terremoto" para Isa.

Leo soltó un suspiro aliviado.

Gracias, Directora. En serio. Esto me va a ayudar bastante.

No tienes que agradecer, Leo. Sé que estás haciendo un esfuerzo enorme por cuidar de tu hermana y al mismo tiempo mantener tu educación. Queremos que ambos estén bien.

Leo asintió con una leve sonrisa de gratitud.

Está bien. Solo déjeme avisarle a Isa. -Miró a su hermanita, que seguía absorta en sus propios juegos, y se inclinó para llamarla.- Isa, ven acá, terremotito.

Isa tropezó corriendo hacia él con su sonrisa de siempre. Leo la levantó en brazos y le habló con calma.

Escucha, Isa. Vas a jugar con más niños un rato, ¿sí? Después voy a buscarte para almorzar juntos.

Isa lo miró con una expresión seria por un momento, como si estuviera evaluando sus palabras, pero luego asintió con entusiasmo.

La Directora sonrió nuevamente y les indicó a ambos el camino hacia el jardín. Leo, con Isa en brazos, la siguió, sintiendo una carga menos pesada sobre sus hombros. Aunque el día seguía siendo largo, al menos tendría un pequeño respiro para concentrarse en sus clases.

Al llegar al piso de jardín, Leo bajó las escaleras con Isa en brazos, sosteniéndola con firmeza mientras ella jugueteaba con su cabello una vez más. La diferencia de ambiente entre secundaria y el jardín era evidente: todo en el primer piso estaba decorado con colores brillantes, dibujos infantiles y juguetes distribuidos por doquier. Isa miraba todo a su alrededor con ojos curiosos, claramente interesada en las nuevas vistas.

Leo se detuvo frente a la puerta del salón de 1 y 2 años, leyendo el letrero antes de tocar suavemente. La puerta se abrió al instante, y la maestra, una mujer de mediana edad con una sonrisa cálida, los recibió con entusiasmo.

¡Oh, pero qué niña tan hermosa! -exclamó la maestra al ver a Isa, sus ojos iluminándose al instante. -¿Y quién eres tú, pequeña princesa?

Isa se escondió tímidamente en el pecho de Leo, agarrando su camisa con una mano mientras miraba a la maestra con curiosidad.

Leo sonrió un poco, acariciándole la espalda a Isa para tranquilizarla.

Ella es Isabela, mi hermana menor.

¡Oh, pero qué niña tan hermosa tienes aquí! -exclamó, mirando a Isa con admiración mientras la pequeña se escondía tímidamente en el cuello de Leo.-La Directora me dijo que podía dejarla aquí un rato mientras termino mis clases.

La maestra asintió comprensivamente y extendió los brazos hacia Isa.

Claro que sí, Leo. Aquí estará bien cuidada. Tenemos muchos juguetes y actividades para que se divierta.

Leo dudó por un momento, mirando a Isa como si estuviera asegurándose de que ella estuviera de acuerdo.

Isa, ¿quieres jugar aquí con los demás niños? -preguntó con suavidad.

Isa lo miró, luego miró a la maestra, y finalmente asintió lentamente, aunque seguía sosteniéndose de su hermano.

La maestra rió suavemente.

Es normal que esté un poco pegada a ti, pero no te preocupes, se adaptará en poco tiempo.

Leo le dio un beso en la frente a Isa antes de entregársela a la maestra.

Pórtate bien, terremotito. Voy a venir a buscarte para almorzar, ¿vale?

Isa asintió otra vez, aunque seguía observándolo atentamente mientras la maestra la llevaba hacia un grupo de niños que jugaban con bloques.

La maestra miró a Leo antes de que él se fuera.

No te preocupes por nada, Leo. Ella estará bien. Y tú, tranquilo, concéntrate en tus clases.

Leo asintió, sintiéndose un poco más aliviado. Aunque le costaba soltar a Isa, sabía que esto era lo mejor para ambos. Mientras subía nuevamente las escaleras hacia secundaria, no pudo evitar sonreír al imaginar a Isa jugando felizmente con los otros niños.

¡Pero qué preciosa! Tienes unos ojos tan bonitos, Isa. Estoy segura de que te divertirás mucho aquí.

Isa antes de entrar volteo a ver a su hermano el cual ya le saludo espero a que entre y se fue al tercer piso

Leo volvió a su salón sentándose con Vero donde finalmente se concentro en sus clases sin preocuparse con que cuidar a Isa

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