CAPITULO 95:
Finalmente al casi terminar las clases
Leo busco a Isabela la cual estaba dormida en una de las cunas
La maestra la alzó con cuidado y se la entrego al hermano mayor quien la abrazó e Isa instintivamente lo rodeo con sus bracitos
Leo subió al tercer piso donde entro al salón y la coloco en la carriola donde Isa siguió durmiendo
Vero sonrió al verla y solo le susurró a Leo que era un angelito cuando duerme
Al salir de la escuela, Leo empujaba la carriola de Isa mientras caminaba junto a Verónica. El día estaba soleado, pero con una brisa suave que hacía el clima perfecto para una salida tranquila. Decidieron pasar por la heladería cercana, un lugar que ambos conocían bien y donde solían ir cuando querían disfrutar un momento a solas.
¿De qué lo quieres?-preguntó Verónica mientras miraba las opciones en el mostrador.
Chocolate, como siempre. ¿Y tú? -respondió Leo sin pensarlo mucho.
Fresa y vainilla, ya sabes que siempre cambio de combinación -dijo con una sonrisa traviesa.
Después de pedir, se sentaron en una banca cercana, bajo la sombra de un árbol. Isa seguía dormida en la carriola, lo que les permitió relajarse un poco.
Por fin un momento tranquilo, ¿no crees? -comentó Verónica mientras tomaba una cucharada de su helado.
Leo asintió, tomando una cucharada de su propio helado y dejando escapar un suspiro.
Sí, aunque con Isa nunca sabes cuánto va a durar. Es como una bomba de tiempo.
Verónica rió suavemente.
Bueno, por ahora es un angelito dormido. Tienes que aprovechar.
Leo sonrió, mirando a su hermana mientras disfrutaba del helado. A pesar del cansancio del día, había algo reconfortante en esos pequeños momentos. Verónica, a su lado, también parecía disfrutar de la paz, y por un rato, todo parecía más simple.
Mientras conversaban, Verónica lo miró de reojo y comentó con suavidad:
Eres un gran hermano, Leo. Isa tiene suerte de tenerte.
Leo se encogió de hombros, intentando restarle importancia, pero su sonrisa lo delató.
Solo hago lo que puedo, Vero. No es fácil, pero es mi hermana.
Ella se inclinó ligeramente hacia él y le dio un beso rápido en la mejilla.
Pues lo haces increíble.
Leo se sonrojó ligeramente, algo que siempre intentaba ocultar, y respondió con una sonrisa tímida antes de cambiar el tema hacia algo más ligero, dejando que la tarde continuara con tranquilidad.
Mientras terminaban el helado, un leve movimiento en la carriola llamó la atención de Leo. Isa comenzó a removerse, abriendo los ojos lentamente y emitiendo un pequeño sonido de queja mientras se desperezaba.
Hola, terremotito, ¿ya despertaste? -dijo Leo con cariño mientras se inclinaba para verla mejor.
Isa lo miró con sus grandes ojos curiosos y luego levantó los brazos hacia él, pidiendo que la sacara de la carriola.
Parece que la siesta fue corta -comentó Verónica con una sonrisa.
Leo recogió a su hermana y, tras asegurarse de que estuviera cómoda, la bajó para que caminara. Juntos se dirigieron hacia la parte de la plaza donde estaban los juegos infantiles. Isa, emocionada, comenzó a correr hacia el área de los columpios, mientras Leo la seguía de cerca, siempre alerta.
Isa, despacio. No vayas tan rápido -le decía, aunque sabía que era inútil.
Verónica, mientras tanto, empujaba la carriola vacía, observando la dinámica entre los dos hermanos. Era evidente que Isa tenía a Leo en la palma de su pequeña mano, y eso le sacaba una sonrisa a Vero.
En cuestión de minutos, Isa ya estaba probando todos los juegos. Se subió al tobogán varias veces, corrió hacia el sube y baja e incluso intentó escalar una pequeña estructura. Leo estaba siempre detrás de ella, listo para sostenerla si era necesario.
Tienes más energía que todo un equipo de fútbol, Isa -dijo Leo mientras ella reía con entusiasmo.
Verónica se acercó con la carriola y observó la escena con ternura.
Creo que nunca había visto a alguien agotarte tanto como Isa -bromeó.
Te sorprenderías. Es como si nunca se cansara -respondió Leo, aunque no podía evitar sonreír al ver la felicidad de su hermana.
Isa se detuvo un momento y corrió hacia Leo, abrazándolo rápidamente antes de señalar el columpio.
Columpio, Leo -dijo con su vocecita.
Leo la levantó y la sentó en el columpio, comenzando a empujarla suavemente mientras ella reía y extendía los brazos hacia el cielo. Verónica se sentó en una banca cercana, disfrutando de la vista y de la tranquilidad de ese momento.
Aunque el día había sido largo, el sonido de la risa de Isa y la presencia de Verónica hacían que todo valiera la pena.
Al regresar a casa, Isa parecía tener aún más energía de la que había mostrado en el parque. Apenas cruzaron la puerta, comenzó a corretear por la sala, riendo y explorando como si fuera su primera vez ahí.
Leo, que ya estaba acostumbrado a estas explosiones de energía, suspiró con una mezcla de resignación y cariño. Sabía que tenía que ingeniárselas para mantenerla entretenida, o el caos estaba garantizado.
Está bien, terremotito. Vamos a jugar, pero tienes que seguir las reglas, ¿ok? -le dijo mientras Isa lo miraba con ojos brillantes.
Primero, comenzaron con un clásico: las escondidas. Leo cerró los ojos y contó hasta diez mientras Isa se apresuraba a encontrar un escondite. Claro que sus risitas la delataban de inmediato, y Leo no tardaba en "encontrarla".
¡Ahí estás, pequeña terremoto! -dijo fingiendo sorpresa, lo que hizo que Isa estallara en carcajadas.
Después, pasaron a un juego de búsqueda del tesoro. Leo escondió pequeños objetos por la sala y la cocina, dándole pistas sencillas para que los encontrara. Isa corría de un lado a otro, celebrando cada vez que encontraba uno de los "tesoros".
¡Mira, Leo! ¡Lo encontré! -exclamaba con entusiasmo mientras le mostraba sus hallazgos.
¡Eres toda una exploradora! -respondía Leo, animándola a seguir buscando.
Por último, cuando Isa comenzó a mostrar señales de agotamiento pero todavía quería jugar, Leo sacó su carta maestra: el monstruo cosquillas.
¡Cuidado, Isa! El monstruo cosquillas está suelto... ¡y va por ti! -dijo con una voz grave y exagerada, acercándose lentamente.
Isa gritó de alegría y trató de escapar, pero Leo la atrapó suavemente y comenzó a hacerle cosquillas, arrancándole carcajadas incontrolables.
¡No más, no más! -decía Isa entre risas, aunque claramente estaba disfrutando el juego.
Tras un rato, finalmente el cansancio comenzó a ganarle, y Isa se dejó caer en el sofá, respirando agitadamente pero con una enorme sonrisa en el rostro.
¿Listo, terremotito? ¿Hora de descansar? -preguntó Leo, aunque ya sabía la respuesta.
Isa bostezó mientras se acurrucaba junto a él, y Leo aprovechó para cubrirla con una manta. Aunque el día había sido agotador, momentos como ese hacían que todo valiera la pena.
Mientras Isabela dormía aunque sea 10 minutos
Leo preparo algo de comer
Una vez su snack preparado fue a la sala y prendió su consola y comenzó a jugar
Al ver que Isa despertaba dejo su mando y la levantó haciendo su tarea de hermano mayor de preparar su merienda
Al regresar a la sala mientras Isa bebía del biberón Leo siguió jugando hasta que siente unas manitas encima de las suyas y vio a Isabela queriendo agarrar el mando
Leo sonrió al ver a Isa, quien, con sus manitas pequeñas y curiosas, intentaba alcanzar el mando de la consola. Lo miraba con una mezcla de fascinación y emoción, como si quisiera unirse al juego de inmediato. Leo se detuvo, dejando el mando de lado para no darle una mala influencia, pero no pudo evitar reírse suavemente por lo adorable de la situación.
¿Tú también quieres jugar, Isa? -le dijo en tono juguetón, mientras la levantaba con cuidado y la sentaba a su lado, poniéndole una almohada para que estuviera cómoda.
Isabela, aún pequeña, no entendía del todo lo que estaba sucediendo, pero su risa contagiosa llenó la habitación. Leo la miró y, a pesar de que siempre había sido serio y cargado de tantos recuerdos oscuros, algo tan simple como ese momento con su hermanita lo hizo sentirse tranquilo.
No sé si tienes la edad para jugar, pero siempre puedo mostrarte cómo se hace -dijo Leo con una sonrisa afectuosa mientras le pasaba el mando.
Isabela, con sus ojos brillantes de curiosidad, tomó el mando con ambas manos, aunque claramente aún no podía sostenerlo bien. Leo la observó mientras le ayudaba a colocar los dedos sobre los botones, guiándola con delicadeza.
No es tan fácil, pero cuando crezcas, serás una experta, te lo prometo -le dijo, sintiendo un impulso protector hacia ella.
Isa, al ver los botones brillar en la pantalla, se entretuvo por un momento, pulsando sin mucha precisión, pero a Leo le encantaba ver cómo ella disfrutaba de su compañía. Aquella pequeña distracción le recordaba lo que realmente importaba: a pesar de todo lo que había vivido, en ese instante, tenía algo por lo que valía la pena seguir adelante.
El sonido de la televisión y la risa de Isa se mezclaron, y por un momento, Leo dejó de lado los pensamientos oscuros de su pasado, disfrutando de un simple y precioso momento de normalidad.
Josefina y Martín abrieron la puerta, dejando sus abrigos en el perchero al entrar. Se detuvieron un momento al escuchar las risas de Isabela provenientes de la sala. Al asomarse, encontraron a Leo concentrado en su consola mientras Isa sostenía un joystick desconectado, imitando los movimientos de su hermano mayor con una sonrisa enorme.
¿Y qué está pasando aquí? -preguntó Josefina con una mezcla de sorpresa y ternura, cruzando los brazos mientras miraba la escena.
Leo pausó el juego al escuchar a su madre adoptiva y se giró con una sonrisa culpable, aunque claramente divertido.
Nada fuera de lo normal, mamá. Isa y yo estamos... entrenando para ser los mejores jugadores de la casa. -Le guiñó un ojo a Isabela, quien soltó una carcajada y agitó su mando en el aire, como si estuviera "ganando".
Martín, conteniendo la risa, se acercó y revolvió el cabello de Leo.
Bueno, parece que tienes una gran aprendiz. Aunque no sé si ella quiera pasar más tiempo contigo o simplemente apoderarse de la consola -bromeó, mirando a Isa, quien ahora golpeaba los botones al azar.
Es una campeona en potencia, ¿no lo ves? -respondió Leo mientras miraba a Isa con orgullo fingido. Luego, le sonrió a Josefina.- Pero no te preocupes, ya comió y le cambié el pañal. Todo bajo control.
Josefina negó con la cabeza, aunque claramente estaba encantada con lo que veía.
Eres un buen hermano mayor, Leo. Aunque quizás la próxima vez deberías enseñarle algo más educativo... como armar rompecabezas. -Su tono era más de broma que de regaño.
Lo tendré en cuenta -respondió Leo mientras recogía el mando desconectado de Isa, quien hizo un puchero. La alzó en brazos y le susurró: -No te preocupes, Isa. Siempre puedes ser mi compañera de equipo.
La pequeña se acurrucó contra el pecho de Leo, ya algo cansada por tanto "jugar". Martín y Josefina intercambiaron una mirada de complicidad, sabiendo que Leo había encontrado un refugio y una razón para sonreír en la pequeña Isabela.
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