CAPITULO 97:

Mientras Nicholas y Osvaldo empujaban el carrito hacia la caja, ambos seguían revisando la lista de compras, asegurándose de que no olvidaran nada importante. Osvaldo, que a pesar de ser más pequeño, ya empezaba a ser más organizado, vigilaba que todo estuviera en orden.
Cuando llegaron a la caja, Nicholas sacó la tarjeta de débito de su abuelo, Guillermo, y la entregó a la cajera. La mujer, con una mirada algo curiosa, levantó una ceja al ver que un joven tan joven estaba usando una tarjeta que claramente no era suya.
¿De dónde sacaste esta tarjeta? -preguntó la cajera con cautela, mirando a Nicholas.
Nicholas, que ya estaba algo acostumbrado a este tipo de preguntas, no dudó en dar su respuesta.
Mi abuelo me la dio para pagar. Es para las compras de la casa.
La cajera no insistió más, pero observó detenidamente la tarjeta antes de proceder con la compra. Nicholas sabía que a veces las personas no entendían la relación entre los abuelos y los nietos, pero él estaba acostumbrado a lidiar con esas situaciones.
Cuando la compra fue completada y las bolsas fueron entregadas, Nicholas suspiró con alivio.
Listo, ya terminamos -dijo, tomando las bolsas.
Osvaldo sonrió, contento de que todo estuviera resuelto.
Sí, pero la próxima vez, podrías comprar algo para ti, ¿no? -dijo, bromeando.
Nicholas sonrió de vuelta, aunque en su mente pensaba en las cosas que aún tenía que resolver en casa. Sabía que después de esta compra, tendrían que enfrentarse a otras situaciones, pero confiaba en que todo se iría calmando con el tiempo.
Oye, ¿crees que la cajera pensó que la habíamos robado?-pregunto Osvaldo 
Seguro. Siempre nos miran raro cuando usamos la tarjeta del abuelo.-dijo Nicholas 
Pero tú ni te inmutaste.-dijo Osvaldo 
Ya estoy acostumbrado. Que piensen lo que quieran.-dijo Nicho
 ¿Y por qué no querías venir hoy?-pregunto Osva
Porque ya había cuidado de ti esta mañana… y quería seguir jugando.-dijo Nicholas 
¡Eres tan adolescente!-exclamó Osvaldo 
¿Y tú tan viejito en cuerpo de niño?-preguntó Nicholas 
¿Tú crees que la mamá de Verónica me pueda ayudar también?-preguntó Osvaldo 
¿Tú también estás en crisis existencial?-le preguntó Nicho
No, pero siempre quise hablar con una psicóloga. Quiero saber si estoy loco.-dijo Osva
Te lo confirmo sin cita previa.-dijo Nicho en broma
Oye... gracias por llevarme con vos.-Agradeció Osva
Tranquilo. Somos hermanos, ¿no?-dijo Nicho

En la escuela
Cuando Leo y Vero salían para ir al parque
Charlaban todo lo más bien hasta que mientras pasaban junto a un grupo de personas hasta que una lo reconoció a Leo
Sivia la madre de Gustavo el amigo de Nicholas qué Leo asesino en su tiempo como sicario lo asesino por el lema de "sicario herido debe ser eliminado para no dejar testigos"
Tú!tú eres el culpable-grito llamando la atención de la pareja
La conozco señora?-preguntó Leo confundido-
Tu!asesinaste a mi hijo Gustavo-dijo Silvia
Gustavo Gustavo-dijo Leo intentando recordar
Gustavo el amigo de tu hermano Nicholas
Ah ese Gustavo señora no era mi intención que se muriera pero estábamos en un fuego cruzado y había riesgo que hasta yo estuviera muerto además Gustavo fue usado de escudo y el lema era eliminar a los heridos para no dejar testigos-dijo Leo Silvia, con lágrimas en los ojos y furia en su voz, avanzó hacia Leo, apuntándolo con un dedo tembloroso. -¡¿Cómo puedes decir eso tan tranquilo?! ¡Era solo un niño! ¡Mi hijo no tenía nada que ver con ese mundo, y tú lo asesinaste como si nada!
Leo, aunque intentaba mantener la calma, sintió un nudo en el estómago. Miró a Verónica de reojo, quien se quedó inmóvil, sin saber cómo intervenir.
Señora, entiendo su dolor -respondió Leo con un tono firme pero bajo. -Pero no era una elección. En ese momento yo tampoco tenía opciones. Era un mundo en el que o eras el cazador o la presa, y yo era solo un arma en manos de otros.
¡No justifiques lo que hiciste! -gritó Silvia, cada vez más alterada. La atención de las personas alrededor empezó a centrarse en la escena. -¿Sabes cómo es vivir sabiendo que no puedo abrazar a mi hijo porque alguien como tú decidió que no merecía seguir viviendo?
Leo tragó saliva y apretó los puños. Recordar esos momentos oscuros siempre era un golpe para él, pero no podía permitirse perder el control.
Silvia, no busco justificarme. Sé que nada que diga va a devolver a Gustavo. Pero lo que hice... lo hice porque no tenía otra opción. Era un niño que fue forzado a hacer cosas que no quería. No fui libre, y lo siento, de verdad lo siento.
Silvia lo miró, su expresión cambiando entre la furia y el dolor.
¿Crees que con un "lo siento" basta? Tú sigues vivo. Tú tienes una novia, una vida. ¿Y mi hijo? Él no tiene nada. Tú le robaste todo.
Leo bajó la mirada. Por primera vez, las palabras de Silvia atravesaron su capa de frialdad.
Tiene razón -murmuró después de un momento. -Nada de lo que diga va a cambiar lo que pasó. Y no espero que me perdone. Solo quiero que sepa que... cada día vivo con esas sombras, y daría lo que fuera por haber tenido otra vida, por no haber sido un peón en ese juego.
Verónica, que había permanecido en silencio, decidió intervenir al ver que Silvia estaba a punto de colapsar de la rabia. Señora, entiendo su dolor, pero este no es el lugar ni el momento. Él está enfrentando su pasado, aunque usted no lo crea. Y yo sé que no cambiará nada, pero él está tratando de ser mejor.
Silvia los miró a ambos con una mezcla de incredulidad y amargura.
No mereces la paz, Leonardo. Espero que esas sombras te sigan hasta el fin de tus días -dijo finalmente antes de dar media vuelta y alejarse, dejando a Leo con un peso más en su ya cargada conciencia.
Verónica colocó una mano en el hombro de Leo, pero él no levantó la mirada. Vamos al parque -murmuró. -Necesito despejarme.
Y juntos se alejaron en silencio, mientras los murmullos de los curiosos se desvanecían poco a poco.
Mientras caminaban apresuradamente hacia el parque, Leo no podía evitar mirar constantemente a su alrededor. Su respiración era pesada, y su cuerpo estaba en alerta máxima, como si esperara que alguien lo emboscara en cualquier momento. Verónica lo observaba con preocupación, notando cómo sus manos temblaban ligeramente y cómo apretaba los puños, listo para atacar si algo o alguien se acercaba demasiado.
Leo, tienes que calmarte -dijo ella con suavidad, colocando una mano en su brazo. Pero Leo se soltó instintivamente, casi como un reflejo.
No puedo, Vero. ¿Y si los policías vienen por mí? ¿Y si ella empieza a hablar y... todo vuelve a salir a la luz? -murmuró, mirando hacia atrás. Sus ojos estaban oscuros, llenos de paranoia. -No quiero volver a ese lugar. No quiero volver a perder todo.
Verónica se detuvo y lo hizo girar hacia ella, obligándolo a mirarla. -Escúchame, Leo. Ya no estás en ese mundo. Ya no eres ese chico que no tenía opción. Eres libre ahora. Sí, Silvia puede hablar, puede intentar acusarte, pero tú no estás solo. Yo estoy aquí. Mis padres también. Incluso Manu y Dani. No vamos a dejar que te hundas de nuevo.
Leo respiró profundo, tratando de absorber sus palabras, pero el miedo seguía ahí.
No entiendes, Vero. Ellos no ven a la persona que soy ahora. Solo ven lo que fui. Y si esos policías empiezan a investigar, no sé qué podría pasar.
Verónica, firme, tomó su rostro entre sus manos, obligándolo a concentrarse en ella. Mírame, Leonardo. Tú has luchado demasiado para salir de todo eso. No voy a dejar que caigas otra vez. Nadie va a tocarte, ¿me escuchaste? Y si te preocupan los policías, no tienen pruebas. No pueden hacer nada solo con lo que esa mujer diga.
Leo asintió lentamente, dejando que su respiración se estabilizara.
Lo siento... casi perdí el control. Pensé que tendría que defenderme otra vez.
No tienes que disculparte, Leo. Sé lo que cargas, pero no estás solo. Ahora, vamos al parque. Cambiemos un poco de aire, ¿sí? -dijo Verónica, dándole una pequeña sonrisa tranquilizadora.
Leo soltó un suspiro y asintió.
Gracias, Vero. Por estar aquí. Siempre.
Siempre estaré, Rocket. Ahora, vamos antes de que algo más pase.-Beso su frente y tomó su mano, entrelazando los dedos, y juntos continuaron su camino, dejando atrás el caos y los fantasmas, al menos por un momento.
Llegaron a la casa de Leo donde Josefina estaba durmiendo a Isabela
Hola Leo ¿que paso?-pregunto dejando a Isa con Martin
Nos encontramos a la madre de Gustavo uno de los chicos a los que asesine en ese momento del sicariato-dijo Leo-me acusa de haberlo matado y no escucha razones de que lo hice por el lema y de porque así era esa vida
Josefina, quien había estado tranquilizando a Isabela momentos antes, miró a Leo con una mezcla de preocupación y tristeza. Su rostro reflejaba que entendía el peso de lo que Leo llevaba consigo. Dejó a Isabela en brazos de Martín, quien la llevó a la cuna, y se acercó a su hijo.
Leo... -dijo con suavidad, pero con firmeza.- Ven, siéntate conmigo.
Leo suspiró y se dejó caer en el sofá junto a su madre, mientras Verónica se sentaba a su lado, apoyando una mano en su pierna como señal de apoyo.
Cuéntame exactamente qué pasó -pidió Josefina.
Leo pasó una mano por su cabello, frustrado.
Estábamos caminando con Vero, saliendo de la escuela, cuando Silvia, la madre de Gustavo, me reconoció. Empezó a gritarme, acusándome de ser el asesino de su hijo. Intenté explicarle, pero no escucha. Solo me ve como un monstruo. Y... lo entiendo. Pero... -Se interrumpió, mordiéndose el labio para no dejar salir toda la rabia y la culpa que sentía.
Ella está dolida, Leo -dijo Josefina con calma. -Perder un hijo no es algo que se supere fácilmente, y al verte, revivió todo ese dolor. Pero tú no eres esa persona que ella imagina.
No importa lo que yo sea ahora- replicó Leo, su voz cargada de frustración.- Para ella, siempre seré el asesino de su hijo. Y lo peor es que ni siquiera puedo decir que no lo fui. Porque sí lo hice, mamá. Le quité a su hijo.
Josefina colocó una mano en el hombro de Leo, obligándolo a mirarla.
Hijo, tú tomaste decisiones difíciles en un entorno que te dejó sin opciones. No estoy justificando lo que pasó, pero tampoco puedes seguir castigándote por algo que ocurrió cuando estabas atrapado en ese mundo. Lo importante es quién eres ahora y las decisiones que tomas hoy.
Tu mamá tiene razón, Leo -intervino Verónica.-Silvia no va a escuchar razones porque está cegada por el dolor, pero tú no puedes dejar que eso te arrastre. Lo que viviste fue horrible, pero saliste de ahí, y eso dice mucho de ti.
Leo bajó la mirada, sintiendo que el peso de las palabras de ambas mujeres empezaba a calmarlo. Pero el miedo seguía ahí, persistente.
¿Y si los policías empiezan a investigar? ¿Y si todo vuelve a salir a la luz?
Josefina suspiró. -Si eso ocurre, enfrentaremos la situación juntos. No estás solo, Leo. Nosotros estamos aquí para apoyarte.
Verónica tomó su mano y la apretó suavemente.
Y yo también. Siempre, Leo.
Leo asintió lentamente, dejando que las palabras de ambas lo reconfortaran. Gracias. A veces siento que no merezco todo esto, pero... gracias.
Josefina lo abrazó, y en ese momento, Leo sintió un pequeño alivio, aunque el miedo y la culpa aún estaban ahí, latentes. Sabía que su pasado siempre lo acompañaría, pero también sabía que tenía personas a su lado dispuestas a ayudarlo a enfrentar lo que fuera.
Después de el abrazo
Josefina mando a Leo a darse una ducha relajante
Vero lo espero en la cama
Una vez Leo vestido
Vero se encargó de peinarlo
Leo dejó escapar un suspiro mientras se sentaba en la cama, dejando que Verónica tomara el cepillo y comenzara a peinarlo con movimientos suaves. Su cabello húmedo de la ducha caía rebelde, pero el toque de Verónica era tranquilizador.
Hey levanta esa carita Leo eres un chico increíble no importa lo que digan tu ya no eres ese Leonardo del pasado en el presente eres un hermano mayor de una niña preciosa de 1 año un niño inteligente de 5 años y al pequeño adolescente de 13 años-dijo Vero-que está descubriendo el mundo. Ellos te necesitan, Leo. Te admiran. Y yo también.
Leo la miró, con los ojos brillando por la emoción que sus palabras provocaban. Verónica dejó el cepillo a un lado y acarició su rostro.
Yo sé que es difícil -continuó ella. -Sé que a veces el pasado te pesa más de lo que deberías cargar, pero mírate, Leo. Mira todo lo que has logrado. Has salido de la oscuridad y has encontrado la manera de construir una vida mejor. Eso no lo hace cualquiera.
Leo tragó saliva, sintiendo que las palabras de Verónica le daban una fuerza inesperada. La abrazó con fuerza, apoyando su cabeza en su hombro.
Gracias, Vero -susurró. -No sé que haría sin ti.
Ella sonrió y lo estrechó en sus brazos. -No tienes que agradecerme. Estamos juntos en esto, siempre.
Después de unos minutos, Leo se separó del abrazo y la miró con una pequeña sonrisa en el rostro, sintiéndose un poco más ligero.
¿Qué haría yo sin ti? -repitió, esta vez con un tono más relajado.
Verónica se rió y le dio un pequeño golpe en el hombro.
Probablemente te dejarías el cabello como un desastre. Anda, vamos abajo antes de que Josefina y Martín empiecen a preguntar que tramamos.
Leo asintió y, con el ánimo renovado, bajaron juntos. Por primera vez en el día, Leo sintió que podía respirar con un poco más de calma, sabiendo que, sin importar lo que enfrentara, no estaba solo.
Gracias, Vero -murmuró Leo, sin mirarla directamente.
Verónica, con un gesto suave, tomó su barbilla y lo obligó a mirarla a los ojos.
No me agradezcas. Solo estoy recordándote algo que deberías saber. Eres un hermano mayor increíble, un novio maravilloso y, sobre todo, una persona que está luchando por ser mejor cada día. Eso es lo que importa, Leo, no lo que digan los demás.
Días después
Era miércoles un día que Leo cuidaba de Nicholas Osvaldo y de Isabela
En la casa de los abuelos Guillermo y Antonella
Pronto escucharon un ruido y algo derribo la puerta:era Silvia
Aquí estas asesino como tu me quitaste a mi hijo yo voy a asesinar a uno de tus hermanos para que sientas el mismo dolor-disparo-
Los hermanos se lograron esconder en la lavandería
Leo viendo a Osvaldo le entregó su teléfono y a Isabela le pidió que se vayan a la casa de Vero
Leo no te quiero dejar-dijo el pequeño Osvaldo
Osvaldo es una orden vete ya-dijo Nicholas
Oh Leonardo no hay caso que te escondas alguien de los tuyos morirá-dijo Silvia buscándolos-
Váyanse ya vamos usen la ventana y váyanse-dijo Leo
Leo?-preguntó Isa-
Yo te amo princesa ¿confías en mi?vete con Osvaldo
Osvaldo escapó por la ventana donde al aterrizar al suelo le pasaron a Isa
Los pequeños salieron de la casa y lograron entrar en una comisaría donde Osvaldo intentó redactar lo sucedido y luego llamo desde el teléfono de Leo a Verónica
Vero pensó que era Leo pero al escuchar la voz de Osvaldo y decir que él e Isabela estaban en comisaría no lo dudo les dijo que se queden ahí y que iba de inmediato
Al llegar a comisaría
Un oficial debió verificar que conozca a los menores
Su hermano mayor es mi novio-dijo Vero
En casa de los abuelos
Leo estaba con Nicholas aun escondidos
Nicholas llamo a su abuela explicando la situación
Al ver que Silvia estaba por la cocina aprovechó el momento y con una escoba que en vez del cepillo tenía palas de jardinería salieron y corrieron al segundo piso
Entraron al cuarto de Nicho y Osva donde se mantuvieron a salvo
Leo sabía que proteger a Nicholas era su prioridad por lo que lo dejó encerrado con llave en el cuarto y salió
Al encontrarse cara a cara con Silvia
Esta estaba por disparar a Leo asumiendo que es mejor matar al propio asesino pero no contaba que al momento del disparo Nicholas se metiera protegiendo a su hermano mayor
Nicholas-gritó Leo-Nicho Nick Nicky-dijo  Leo sacudiendo el cuerpo inconsciente de su hermano menor-
Sivia Agaristan queda arrestada por intentó de homicidio llevensela-dijo la Agente Gimenez  a los oficiales-Aquí Agostina Gimenez me urge una ambulancia hay un infante herido de bala repito infante herido de bala muchacho de 13 años
La escena en la casa de los abuelos era un caos total. El sonido de los pasos apresurados de Leo retumbaba en sus oídos, mientras el miedo y la adrenalina se apoderaban de él. A lo lejos, escuchaba a Silvia gritar, pero su atención estaba completamente centrada en Nicholas, quien había arriesgado su vida para protegerlo.
Nicholas, no... no puedes estar... ¡no!- Leo dijo entre sollozos, su voz quebrada al ver a su hermano menor tendido en el suelo, sangrando. El disparo había sido certero, y el dolor de ver a su hermano herido de esa manera casi le partía el alma.
Mientras tanto, Leo estaba arrodillado junto a Nicholas, su corazón latiendo frenéticamente.
¡No, por favor! ¡No, Nicholas!- El miedo y la desesperación lo estaban consumiendo mientras intentaba detener la sangre que salía de la herida de su hermano. -¿Porqué hiciste esto, porqué te pusiste en peligro?-murmuró, pero sabía la respuesta. Era su hermano, y Nicholas siempre había estado dispuesto a protegerlo.
En ese instante, Verónica irrumpió en la casa, acompañada de la ambulancia. Al ver la escena, su rostro se transformó en horror.
¡Leo! ¡Nicho!-exclamó, corriendo hacia ellos.
Verónica...- Leo respiró aliviado al verla, pero su rostro estaba pálido y lleno de angustia.
Él... Nicholas... le dispararon...
Verónica se arrodilló junto a ellos, mirando a Nicholas con el corazón roto.
Por favor, aguanta, por favor,-suplicó mientras los paramédicos comenzaban a trabajar rápidamente para estabilizar al niño herido.
La ambulancia se llevó a Nicholas rápidamente, y Leo no podía despegarse de él.
No lo puedo perder, Vero, no puedo perder a mi hermano-murmuró, las lágrimas cayendo libremente por su rostro.

Lo salvarán, Leo- le dijo Verónica, dándole una mano reconfortante.-Él es fuerte, lo sacarán de esto. Pero necesitas mantenerte fuerte también. Ahora más que nunca. 

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