CAPITULO 98 PARTE 2:

El miércoles durante  la clase de matemáticas específicamente con el tema de geometría
Mientras el profesor recorría el salón entregando los exámenes, todos los estudiantes murmuraban entre ellos, ansiosos por ver sus notas. Cuando finalmente llegó al escritorio de Leo, el profesor sonrió ligeramente antes de colocar el examen frente a él.
Felicidades, Leonardo. Eres el único que sacó un 10 -anunció, y el salón quedó en completo silencio por un momento.
Leo levantó una ceja, mirando el examen como si fuera algo completamente inesperado. No estaba acostumbrado a recibir ese tipo de reconocimiento, pero no dejó que se notara. Simplemente asintió y guardó el examen en su mochila sin mucho alboroto.
Mientras tanto, Manuel, Danielle y Verónica revisaban sus propias notas. Manu y Dani sonrieron al ver sus 9, satisfechos con el resultado. Verónica, aunque feliz con su 8, hizo un pequeño puchero.
Rayos, pensé que iba a sacar un 9 también -dijo, girándose hacia Leo. -¿Cómo lo hiciste? Tú siempre dices que no te gusta estudiar.
Leo se encogió de hombros, tratando de restarle importancia.
Supongo que tengo mis momentos -respondió con un tono neutral, aunque internamente se sentía un poco orgulloso.
¡Ay, Leo, tienes que enseñarme cómo lo hiciste! -exclamó Dani con una sonrisa.
Sí, porque yo tuve suerte con ese 9 -añadió Manu, riendo.
Leo los miró y, aunque no era muy expresivo, una pequeña sonrisa se formó en su rostro.
Tal vez. Pero no se acostumbren -bromeó.
La conversación se desvió rápidamente hacia otros temas, pero el pequeño logro de Leo dejó una sensación cálida en su interior. No porque quisiera ser el mejor, sino porque era una prueba de que, a pesar de todo lo que había pasado, todavía podía sobresalir en algo si se lo proponía.
Mientras los cuatro amigos estaban sentados en su lugar favorito del patio durante el recreo, disfrutando de su tiempo libre, el parlante de la escuela interrumpió el bullicio del lugar con el característico sonido de estática previo a un anuncio.
Atención, estudiantes -la voz de la directora Lucrecia Vanderbille resonó por todo el campus con su tono serio pero entusiasta.- Me complace anunciar que nuestra escuela participará en el prestigioso Concurso Interescolar de Historia, y después de una cuidadosa deliberación, hemos seleccionado al estudiante que nos representará este año. Felicitaciones a Leonardo Francisco Rocket.
Un silencio momentáneo cayó en el grupo mientras todos procesaban el anuncio. Los ojos de Dani, Manu y Verónica se dirigieron inmediatamente hacia Leo, que estaba en medio de dar un mordisco a su manzana.
¿Qué? -murmuró Leo, confundido, con la fruta aún en la mano.
¡¿Qué hiciste para que te eligieran, Leo?! -preguntó Verónica emocionada, apenas conteniendo una carcajada.
Debe ser un error -dijo Leo, negando con la cabeza.- ¿Porqué me elegirían a mí? Apenas pongo atención en clase.
Danielle le dio un golpecito en el brazo con una sonrisa divertida.
Tal vez porque sacaste el mejor puntaje en el examen de la semana pasada.
O porque la directora piensa que tienes potencial -añadió Manu, tratando de imitar el tono solemne de Lucrecia Vanderbille.
Leo suspiró profundamente, mirando al cielo como si pidiera paciencia.
Esto es una pesadilla. ¿Qué voy a hacer en un concurso de Historia? No quiero hacerlo -dijo, dejando caer la cabeza hacia atrás en señal de resignación.
Vamos, Leo, no es tan malo. ¡Incluso podríamos ayudarte a estudiar! -dijo Verónica, claramente emocionada por la idea.
Sí, hermano, además, es una gran oportunidad. ¿Quién sabe? Tal vez ganes y dejes a todos boquiabiertos -añadió Manu, dándole una palmada en la espalda.
Leo resopló, entre irritado y divertido por la reacción de sus amigos.
Bien, pero si pierdo, voy a culparlos a ustedes por no dejarme renunciar -bromeó con un atisbo de sonrisa.
Trato hecho -dijo Dani, extendiendo la mano para sellar el acuerdo.
Mientras el recreo continuaba, la idea del concurso dejó de parecerle tan terrible a Leo. Después de todo, con sus amigos a su lado, cualquier cosa parecía un poco más soportable.
Manuel levantó una ceja, sorprendido, mientras miraba a Leo.
Espera, ¿qué? Apenas pones atención en temas que no te interesan, pero te sabes toda esa información de memoria -dijo Manuel incrédulo. O sea, ¿cómo eran las vidas de los zurdos antes de 1960? ¿O el rol de las mujeres en aquellos años, como Remedios de Escalada?
Leo sonrió con suficiencia y se encogió de hombros.
Aquellos años fueron... peculiares -empezó, dejando la manzana a un lado.- Cuando la mujer por fin pudo ir a la escuela, tenía que conseguir su título primario y secundario, pero no podía asistir a la universidad. ¿Porqué? Porque supuestamente su lugar era en la casa, barriendo, cuidando a los hijos y atendiendo al marido. Eso era lo que esperaban de ellas. Pero todo cambió cuando empezaron a alzar la voz, a luchar por su voto, por sus derechos y, finalmente, por ser iguales a los hombres.
Los otros tres amigos lo miraron con atención, claramente impresionados.
¿Y tú cómo sabes todo eso? -preguntó Verónica, cruzando los brazos con curiosidad.
Leo lee mucho -respondió Dani antes de que Leo pudiera contestar.
Bueno, sí, pero no cualquier cosa -aclaró Leo. -Por la dislexia, prefiero leer libros escritos por mujeres en lugar de hombres. A mi parecer, ellos no tienen tanto talento para escribir historias infantiles y bonitas como ellas.
¿De verdad? ¿Algún ejemplo? -preguntó Manuel, aún incrédulo.
Beatrix Potter, la de Peter Rabbit. Su historia tienen esa calidez y esa magia que simplemente... conectan. Nada pretencioso, solo historias reales o fantásticas que te hacen sentir bien.
Dani sonrió.
Eso explica porqué pareces saber tanto de historia, pero solo en los temas que te interesan.
Leo se encogió de hombros otra vez, esta vez con una ligera sonrisa.
Bueno, lo que me interesa lo investigo. Y lo que no, simplemente lo dejo pasar. Pero gracias por decirlo, Manu, porque acabo de darme cuenta de que probablemente me eligieron para ese concurso porque la Directora sabe que puedo hablar de estas cosas sin problemas.
Manuel soltó una carcajada y le dio un golpecito en el hombro.
Te lo dije, hermano. Aunque no quieras admitirlo, eres un genio en lo que te importa.
Si ganar este concurso significa que me dejen en paz por un tiempo, supongo que vale la pena intentarlo -dijo Leo con un suspiro, antes de darle otro mordisco a su manzana.
Una vez Leo llegó a casa fue recibido por su hermanita que llegó corriendo
Leo la alzó y fue a la cocina donde pego el examen en la heladera
Isa miró curiosa la hoja y se apoyo en el hombro de Leo
Martín y Josefina entraron en la cocina al escuchar que su hijo llegó de la escuela
Josefina al ver el examen lo felicito por el examen y por derribar esa barrera de superar la dislexia por no rendirse por lo complicado que fuera el caso que le costará la materia
Gracias ma-dijo Leo ajustando a Isa en brazos- y hoy anunciaron que fui elegido para competir en el concurso de historia para representar a la escuela
Josefina sonrió con orgullo al escuchar a Leo. Se acercó a él, le dio un beso en la mejilla y le acarició el cabello.
¡Eso es increíble, hijo! Sabía que podías lograrlo. Lo que has logrado con tu esfuerzo, superando la dislexia y todo, es algo que realmente te hace especial. Estás derribando barreras y mostrándole al mundo lo fuerte que eres, y eso me llena de orgullo.
Leo sonrió ligeramente, un poco incómodo con el afecto, pero apreciándolo a su manera. Mientras tanto, Martín se acercó a su hijo, dándole una palmada en el hombro.
Eso es lo que me gusta escuchar, Leo. Has trabajado duro, has mejorado y ahora tienes la oportunidad de mostrarle a todos de lo que eres capaz. El concurso de historia suena genial, ¿qué tema vas a elegir?
Leo miró a su mamá y luego a su papá, pensando por un momento.
Creo que voy a hablar sobre el rol de las mujeres en la historia. Cómo, a pesar de todo, siempre han tenido un impacto importante en la sociedad, aunque muchas veces se les haya ignorado o minimizado. También podría hablar sobre los derechos de los zurdos... Es algo que siempre me ha interesado.
Isa, que había estado mirando curiosamente la hoja del examen, levantó sus pequeños bracitos como si intentara imitar a su hermano y lo abrazó. Leo la apretó un poco más cerca, sus ojos suavizándose al sentirla en sus brazos.
¿Vas a ser famoso, Leo? -preguntó Isa, mirando al examen con una sonrisa inocente.
Leo soltó una pequeña risa y asintió.
No, pequeña, pero gracias por creer en mí. Solo quiero hacerlo bien y mostrarles a todos que, aunque las cosas no siempre fueron fáciles, uno puede seguir adelante si se esfuerza.
Josefina miró a Leo con ternura, sabiendo lo que su hijo había atravesado, y lo que aún seguía luchando por alcanzar.
Y lo harás, hijo. Lo sé. Eres más fuerte de lo que crees.
Martín, orgulloso, abrazó a Leo por los hombros.
¡A seguir brillando, muchacho! Sabemos que lo harás increíble.
Y claro, tendré que enseñarle a Isa todo sobre historia, para que en el futuro, si le interesa, pueda hacerlo mejor que yo. -dijo Leo con una sonrisa traviesa, sabiendo que su hermanita lo admiraba mucho.
Josefina y Martín se rieron al ver cómo Leo interactuaba con su hermanita. Era evidente que, aunque se tratara de un joven serio y lleno de desafíos, tenía un corazón muy grande para su familia.
Leo, aunque no siempre mostraba su gratitud de manera abierta, sintió el amor y apoyo de sus padres. A pesar de todo lo que había vivido, de todo lo que aún enfrentaba, en ese momento se sintió, por fin, como parte de una familia que lo comprendía.
Mientras Leo bañaba a Isa en el lavabo de la cocina, la pequeña no paraba de salpicarlo con agua, riendo a carcajadas. Leo, con la paciencia de un hermano mayor dedicado, suspiraba y sonreía, aunque intentaba cubrirse con una toalla para evitar mojarse más.
¡Isa, ya basta! Si sigues así, terminaré más mojado que tú -le dijo con una sonrisa, mientras la pequeña seguía chapoteando en el agua con sus manitas.
Justo en ese momento, Leo escuchó una risa detrás de él. Al darse vuelta, vio a Verónica apoyada en el marco de la puerta, con una sonrisa divertida en el rostro.
Vaya, vaya... -dijo Vero, entre risas.- ¿Este es el famoso Leonardo Rocket, el temido y rudo chico, siendo derrotado por su hermanita en una batalla de agua?
Leo resopló, intentando mantener su dignidad.
No me hagas caso, Verónica. Isa tiene sus propias reglas y yo solo trato de sobrevivir -respondió, mientras Isa reía y agitaba sus manitas, aparentemente encantada con la atención extra.
Vero se acercó con una sonrisa y tomó una toalla del mostrador.
Déjame ayudarte. Creo que estás perdiendo esta batalla, Leo.
Leo entrecerró los ojos en broma mientras la miraba.
¿Viniste solo para reírte de mí, o había otra razón?
Vero le guiñó un ojo mientras ayudaba a secar a Isa.
Quizás un poco de ambas cosas. Pero bueno, quería pasar a verte. Además, tenía que comprobar si de verdad eres tan buen hermano mayor como siempre presumes.
Leo fingió indignación, aunque una sonrisa comenzaba a formarse en sus labios.
¿Dudas de mis habilidades? Mira a Isa, está completamente feliz.
Sí, y tú completamente empapado -bromeó Vero, mientras le pasaba una toalla para secarse la cara.
Isa, como si entendiera el momento, soltó una carcajada y salpicó agua hacia ambos. Verónica no pudo evitar reírse más mientras Leo negaba con la cabeza.
Esta niña tiene un futuro como comediante -dijo Leo, mientras sacaba a Isa del agua y la envolvía en una toalla.
Vero lo miró con ternura mientras él secaba cuidadosamente a su hermanita.
Sabes, Leo, eres un hermano increíble. Isa tiene mucha suerte de tenerte.
Leo levantó la vista y, por un instante, dejó de lado sus respuestas sarcásticas.
Gracias, Vero. Pero la suerte es mía. Ella me hace recordar lo que realmente importa.
Vero sonrió y, acercándose un poco más, dejó un beso rápido en la mejilla de Leo.
Bueno, parece que a las dos nos tienes encantadas.
Leo, ahora un poco sonrojado, desvió la mirada mientras Isa reía alegremente en sus brazos.
Una vez que Isa estuvo vestida con su pañal y un conjuntito cómodo, Leo se sentó en el sofá con la pequeña sobre su regazo. Con paciencia y dedicación, le hizo dos colitas perfectamente simétricas, asegurándose de que cada mechón de su suave cabello estuviera en su lugar. Isa, mientras tanto, jugaba con las gomitas para el pelo, aunque de vez en cuando movía la cabeza, complicándole el trabajo a su hermano mayor.
Isa, si no te quedas quieta, las colitas van a terminar pareciendo antenas de insecto -bromeó Leo, lo que provocó una carcajada en su hermanita.
Finalmente, cuando terminó, la bajó del sofá y sonrió al verla inspeccionar sus colitas frente al espejo. Isa, orgullosa de su nuevo peinado, dio unos pasitos mientras Leo le decía:
Listo, princesa. Ahora, a conquistar el reino.
Isa salió corriendo emocionada, explorando cada rincón de la casa mientras reía alegremente. Sus pequeños pies resonaban en el suelo, y su energía llenaba cada espacio con vida. Verónica, que aún estaba en la casa, observó la escena con una sonrisa.
Tienes talento para esto, Leo. ¿Alguna vez pensaste en ser estilista?
Leo rodó los ojos, aunque se notaba que estaba de buen humor.
Por supuesto, es mi verdadera vocación. ¿Qué puede ser más desafiante que peinar a Isa? respondió con sarcasmo, pero con una sonrisa orgullosa mientras miraba a su hermanita correr de un lado a otro.
Verónica rió suavemente, cruzándose de brazos mientras veía cómo Leo mantenía un ojo atento en Isa, asegurándose de que estuviera segura mientras exploraba.
Eres un buen hermano, Leo. Isa no podría tener a alguien mejor cuidándola.
Leo se encogió de hombros, aunque sus ojos reflejaban el cariño que sentía por su hermanita.
Solo hago lo que debería hacer. Ella merece todo.
Isa, como si entendiera el momento, regresó corriendo hacia Leo y se subió a sus brazos, dándole un beso baboso en la mejilla. Leo soltó una risa y la alzó, girándola en el aire mientras Isa gritaba de felicidad.
Creo que me acaba de pagar por mis servicios de estilista -bromeó Leo, mientras la abrazaba con fuerza.
Una vez que Isa estuvo vestida con su pañal y un conjuntito cómodo, Leo se sentó en el sofá con la pequeña sobre su regazo. Con paciencia y dedicación, le hizo dos colitas perfectamente simétricas, asegurándose de que cada mechón de su suave cabello estuviera en su lugar. Isa, mientras tanto, jugaba con las gomitas para el pelo, aunque de vez en cuando movía la cabeza, complicándole el trabajo a su hermano mayor.
Isa, si no te quedas quieta, las colitas van a terminar pareciendo antenas de insecto -bromeó Leo, lo que provocó una carcajada en su hermanita.
Finalmente, cuando terminó, la bajó del sofá y sonrió al verla inspeccionar sus colitas frente al espejo. Isa, orgullosa de su nuevo peinado, dio unos pasitos mientras Leo le decía:
Listo, princesa. Ahora, a conquistar el reino.
Isa salió corriendo emocionada, explorando cada rincón de la casa mientras reía alegremente. Sus pequeños pies resonaban en el suelo, y su energía llenaba cada espacio con vida. Verónica, que aún estaba en la casa, observó la escena con una sonrisa.
Tienes talento para esto, Leo. ¿Alguna vez pensaste en ser estilista?
Leo rodó los ojos, aunque se notaba que estaba de buen humor.
Por supuesto, es mi verdadera vocación. ¿Qué puede ser más desafiante que peinar a Isa? respondió con sarcasmo, pero con una sonrisa orgullosa mientras miraba a su hermanita correr de un lado a otro.
Verónica rió suavemente, cruzándose de brazos mientras veía cómo Leo mantenía un ojo atento en Isa, asegurándose de que estuviera segura mientras exploraba.
Eres un buen hermano, Leo. Isa no podría tener a alguien mejor cuidándola.
Leo se encogió de hombros, aunque sus ojos reflejaban el cariño que sentía por su hermanita.
Solo hago lo que debería hacer. Ella merece todo.
Isa, como si entendiera el momento, regresó corriendo hacia Leo y se subió a sus brazos, dándole un beso baboso en la mejilla. Leo soltó una risa y la alzó, girándola en el aire mientras Isa gritaba de felicidad.
Creo que me acaba de pagar por mis servicios de estilista -bromeó Leo, mientras la abrazaba con fuerza.
Desde la sala, se escuchó la risa de Isa mientras perseguía una pelota que había encontrado. Martín, que estaba en su escritorio trabajando, salió a mirar qué estaba pasando.
¿Quién dejó libre a esta tormenta? -preguntó Martín en broma mientras Isa corría a abrazarlo.
Leo, desde la cocina, levantó las manos en señal de rendición.
No me culpes, papá. Isa tiene su propia agenda.
La pequeña siguió correteando feliz por la casa, mientras todos sonreían al verla tan llena de energía. Vero se acercó a Leo y le dio un codazo juguetón.
Te ves bien como hermano mayor. Quizás deberías dar clases.
No te pases -respondió Leo, aunque en el fondo no podía evitar sentirse orgulloso. Isa era una parte importante de su vida, y verla feliz siempre le alegraba el día.
Eres increíble, Leo. De verdad que Isa te adora.
Leo, sin quitar la vista de su hermanita, respondió con una sonrisa tranquila:
¿Y cómo no? Soy irresistible. Además, esta casa sería un desastre sin mí cuidándola.
Vero soltó una risita y le dio un leve empujón en el hombro.
Modesto como siempre. Pero tienes razón, Isa está feliz porque sabe que la cuidas con todo el amor del mundo.
Leo miró a Vero por un momento, agradecido por sus palabras, y luego volvió a enfocarse en Isa, que ahora estaba jugando con un peluche en la sala.

Es mi hermanita, Vero. Por ella hago lo que sea. 


Comentarios

Entradas más populares de este blog

Maxwell

Maxwell 2

CAPITULO 99: